• hambre.jpg
  • limpios.jpg
  • lloran.jpg
  • mansos.jpg
  • misericordiosos.jpg
  • paz.jpg
  • perseguidos.jpg
  • pobres.jpg

Fuentes de predicación

(Fragmento)

Dos grandes predicadores católicos, el hermano Salvador Gómez y José H. Prado Flores, nos han aportado excelentes enseñanzas para nuestro ministerio de predicadores. Hoy tomamos algunos apartes de su obra “Formación de predicadores” con la cual nos introducen en “manantiales inagotables” de material para seguir creciendo en nuestro ministerio de predicación.

Exploramos cuatro fuentes que nos conducen a manantiales inagotables de materia prima para nuestras predicaciones.

Hay que recorrerlas con los ojos abiertos y los oídos atentos para descubrir mensajes a cada paso.

Al llamarles fuentes, estamos indicando que se trata de un manantial al que hay que acudir y abrevar en él, llevar nuestras tinajas y llenarlas para nuestras predicaciones.

A.   Vía cosmológica

B.   Vía antropológica

C.   Vía de revelación

D.   Vía del Magisterio de la Iglesia

A. Vía cosmológica

“Lo Invisible de Dios, desde la creación del  mundo se deja ver a la Inteligencia a través de sus obras: su poder eterno y su divinidad”.  (Rm. 1, 20). Dios se encuentra en el mundo que Él ha creado. La naturaleza es como una huella que nos deja entrever la grandeza del Creador. Por eso el salmista al ver el cielo, obra de las manos del creador exclama extasiado: “Qué glorioso es tu nombre en toda la tierra”   (Sal. 8, 1.9)

El predicador debe ser sensible al lenguaje de la creación.

Debe indagar el mundo de la naturaleza. Debe extasiarse y descubrir la maravilla de la creación, para luego traducir en lenguaje sencillo el cúmulo de riquezas que ha descubierto. La naturaleza nos presenta mil detalles que, bien utilizados, tornan más valioso el mensaje que ofrecemos. Ilustrar nuestra predicación con ejemplos tomados de la creación, enriquece su contenido. Una abeja, las estrellas, el átomo y un bosque, están pictóricos de mensajes para el comunicador.

B. Vía antropológica

El hombre en sí mismo es presencia de Dios en este mundo. Estamos hechos a su imagen y semejanza; el descubrir a Dios en el hombre, su historia y su vida, es la aventura más fascinante y reveladora.

1.       El organismo

El organismo humano por su complejidad y la perfección de sus funciones, nos remite a Dios:

  • Su constitución genética, base de la herencia.
  • Su cerebro, que es la más perfecta de las computadoras.
  • Su capacidad de convertir objetos particulares y concretos en ideas abstractas y universales.
  • Su inteligencia, imaginación y memoria.
  • La diferenciación celular en el proceso de gestación.

Con razón exclama el salmista: “Maravilla soy. ¡Sí, una maravilla hechura de tus manos... Apenas un poco inferior a los ángeles me hiciste….” (Sal. 8, 6)

2.      La historia

A Dios siempre le ha gustado revelarse a través de los acontecimientos de la historia de los hombres. Cada acción, época y cultura tienen un mensaje salvífico para todos nosotros. Basta asomarse por la ventana del tiempo y descubriremos grandes enseñanzas en los personajes del pasado, la gente sencilla, los héroes y todo tipo de acontecimientos. Aunque los periódicos, revistas y noticieros hablan de tantos problemas, conflictos y guerras, el buen predicador sabe descubrir la ausencia de Dios en esos hechos.

Si no todas las cosas son buenas, todas son susceptibles de llegar a serlo al impregnarlas de un mensaje. Aún los acontecimientos negativos y de los desastres, pueden ser reutilizados para transmitir mensajes evangelizadores.

El predicador debe encarnarse en la vida de los hombres, para poder estar cerca de ellos y manifestarles la salvación de Dios. El objetivo es tanto denunciar la ausencia de Dios, como anunciar también su presencia divina. Jesucristo nos salvó encarnándose en la historia: Por ello, la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros. Se hizo semejante a nosotros, para ser capaz de comprender la fragilidad del ser humano.

La predicación de Pablo en Atenas es una joya para todo predicador.

La historia de cada pueblo nos permite tocar sus raíces y las fibras más sensibles. Los museos son santuarios que exponen sus triunfos, obras de arte, pero también sus crisis y sufrimientos, como el museo del Holocausto en las afueras de Jerusalén.

3.       La música

Las canciones de moda son un trampolín maravilloso para predicar en el lenguaje de todos los días.

4.      Biografías

Es muy útil también para un predicador, el estudio de biografías. Es muy efectivo ilustrar con vidas y obras de científicos, héroes, deportistas, santos, gobernadores, hasta ladrones o estafadores. De esta forma sus mensajes no sólo son novedosos, también pedagógicos. Todos estos recursos son como anclas que afianzan el mensaje en la mente de los oyentes.

5.       Cultura

El comunicador debe invertir tiempo para conocer la historia, los valores, tradiciones, folklore y criterios del pueblo en que está predicando.

El predicador es un hombre que explora el terreno que pisa, y parte de él para poder anunciar el mensaje de salvación. Reconoce los valores de cada cultura, así como denuncia los antivalores.

La cultura popular incluye formas de hablar, comida, vestido y música. Las canciones de moda son un medio maravilloso para resaltar en el lenguaje de todos los días, criterios del mundo que se promueven en los medios de comunicación.

  • Películas.
  • Literatura.
  • Pintura.
  • Arquitectura y escultura.

6.        Análisis de la realidad

No hay mejor puerta para que la gente se abra al mensaje, que partir de su situación. Se necesita hacer un “estudio del suelo”, análisis de la realidad, para poder responder mejor a los destinatarios de la evangelización.

El predicador tiene los ojos abiertos para ver las necesidades de los demás. Como la Virgen María, es la primera que se da cuenta que hace falta el vino de la alegría en los matrimonios, la comprensión, el diálogo y la paz. Cualquier gente puede pasar distraída por la calle, menos el predicador. Los anuncios, los nombres de las calles, las tiendas, y el movimiento son material de su próxima predicación.

7.       Iluminar la realidad

El predicador siente el peso de su pueblo. Sufre con él y por eso es capaz, iluminando la situación con la Palabra de Dios, de dar una respuesta a las situaciones concretas de la vida. No se trata sólo de enfrentar la realidad, ni menos de remarcar lo negro de la misma, sino de irradiar sobre ella la Palabra divina, por lo que se nos presentan dos alternativas:

  1. Anunciar la presencia de Dios a través de los rasgos de amor, generosidad y altruismo de los seres humanos.
  2. Denunciar su ausencia en las guerras, injusticias, divisiones y todo tipo de egoísmo y crueldad. “Si no todas las cosas son buenas, todas son susceptibles de llegar a serlo, al ser redimidas” (Teilhard de Chardin).

Los acontecimientos negativos y los desastres pueden ser utilizados para trasmitir mensajes evangelizadores. En este sentido la Constitución Gaudium et Spes del Concilio Vaticano II nos muestra de manera genial la presencia de Dios en el mundo y la historia.

C. Vía de la revelación

Todas las religiones son una búsqueda de la divinidad por los hombres. Por eso se procura agradarla, aún a costa de sacrificios humanos. Pero la religión judeo- cristiana es diferente: Dios ha tomado la iniciativa y ha iniciado un diálogo con el hombre. Y lo maravilloso es que Dios ha alcanzado al ser humano enviando a su Hijo Único, el cual nos ha revelado quien es Dios y cómo es Él.

La Palabra de Dios no tiene punto de comparación con ningún otro libro, ni revelación privada o aparición de la Virgen. Sin embargo a veces algunos predicadores se concentran en ciertas espiritualidades que en la fuente de la que dimanan todas las riquezas que hay en la Iglesia.

Por eso resulta incongruente aquel predicador que no hace alusión a la Palabra de Dios. Otros prefieren complicarse con elucubraciones teológicas, en vez de reducirse a la sencillez del Evangelio.

Así el predicador que ha tenido contacto directo con Dios, ha estado inmerso en el mar de su misericordia, ha experimentado su perdón incondicional, ha tenido un encuentro, cara a cara, con Dios. Su corazón ha ardido al escuchar al maestro... y al final puede exclamar: ¿A quién iremos? Sólo tú tienes palabras de vida eterna.

La auténtica interpretación de la Biblia pertenece a la Iglesia, dirigida por su Pastores y Maestros. La libre interpretación de la Biblia desemboca en que cada quien encuentre lo que quiera, y hasta haga decir a la Biblia lo que pretende. El Espíritu Santo continúa revelando los secretos de Dios en el corazón de los discípulos de Jesús. Dios se sigue manifestando en el corazón de los creyentes. Somos cartas de Cristo redactadas por el Espíritu de Dios. Cada uno de manera personal, pero no individualista, es enseñado por Dios (Jer. 31, 33), y eso es lo que trasmite a los demás.

Redescubrir el valor de la Biblia es una gracia del Espíritu Santo. El amor y la inteligencia de las Escrituras son un don que el espíritu concede a quienes tienen un corazón sencillo y abierto. El buen predicador no es el que repite lo que leyó o escuchó, sino lo que aprende a los pies de Jesús cada día para incendiar su corazón con el fuego de su Palabra viva y eficaz

D. Vía del Magisterio de la Iglesia

El Magisterio de la Iglesia, los Santos Padres y los Documentos Oficiales de la Iglesia son manantiales inagotables para encontrar mensajes muy ricos. El Magisterio no está supeditado a la Palabra, sino a su servicio (Dei Verbum Num. 21). Pero al mismo tiempo los apóstoles y sus sucesores representan a Jesús de una manera muy especial: “Quien a vosotros recibe, a mí me recibe, y quien me recibe a mí, recibe a Aquel que me ha enviado.”   (Mt.10, 40)

El Magisterio es como una mina que se necesita explorar para luego sacar el oro y la plata.

Los Santos Padres tienen escritos maravillosos, interpretaciones originales y ejemplos muy pedagógicos para ayudarnos a descubrir mensajes.

El Oficio de Lecturas siempre nos trae trozos de sus escritos que pueden servirnos de manera maravillosa en nuestra predicación. Ignorarlos seria desaprovechar una de las fuentes de las que el Espíritu Santo ha estado hablando en la historia de la Iglesia.

Los documentos del Vaticano II y el Nuevo Catecismo son fundamentales para todo predicador. No se trata de leérselos a la gente, sino de entresacar las enseñanzas, digerirlas primero nosotros y después entregar la piedra preciosa ya pulida y resplandeciente.

También son muy valiosos los documentos de los episcopados, especialmente en nuestro caso los Documentos de Puebla, Santo Domingo e Iglesia en América, Aparecida, que contienen la adaptación del mensaje a nuestro marco histórico y cultural, de acuerdo al análisis de la realidad de nuestro Continente.

Compendio por: Nelly Rincón