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Reflexiones

¡Adorar desde el corazón!

Adorar desde el corazón…Pues lo que de Dios se puede conocer está en ellos manifiesto: Dios se lo manifestó. Porque lo invisible de Dios, desde la creación del mundo, se deja ver a la inteligencia a través de sus obras; su poder eterno y su divinidad, de forma que son inexcusables… (Rm 1,19-20).

La importancia de alabar y adorar desde el corazón, no se fundamenta en participar de un ministerio de alabanza y adoración. Si eso fuera así, la adoración estaría limitada a un espacio, a una hora concreta, a un culto, a qué canto debo interpretar, lo cual te desviaría del conocimiento de lo que significa la adoración para todo aquel que ama, cree y sigue la obra del Señor, y aún de aquellos que por diferentes situaciones o circunstancias están o quieren estar alejados de Dios.

 

No es un privilegio de unos cuantos hombres y mujeres, con un talento, habilidad musical o una forma de orar, la adoración, sino un estilo de vida de todos los seres humanos, que creados por el amor de Dios, dejan que brote de la profundidad de su propio corazón el mismo Amor que Dios ha puesto en sus corazones: …Pues lo que de Dios se puede conocer está en ellos manifiesto (Rm 1,19). Un amor que renueva, transforma, sana, libera, bendice y llena de gran alegría su existencia, su historia y la de todos aquellos que le rodean.

No hay experiencia alguna que pueda compararse el tener un “encuentro personal” con el Señor a través de la adoración, pues ésta no se detiene en un espacio concreto (se perdería lo esencial), sino que envuelve de gran manera a todos aquellos que quieren vivir como bienaventurados, con corazón puro y limpio, lejos de odios, males, rencores, egoísmos, idealismos causados por las seducciones que ofrece el mundo, que casi siempre son temporales y destructivas para nosotros y para nuestros hermanos.

Adorar con el corazón es participar en la mesa del reino de Dios; vivir en la Casa de Dios; estar adheridos a la acción diaria que renueva el Espíritu de Dios; beber del Agua viva que procede del corazón de Dios. Y, te preguntarás, ¿cuál es esa Agua viva? ¿Dónde está la mesa del Reino de Dios? O ¿Cómo podré adherirme a la acción transformante de Dios?

Todos los hombres y mujeres conocen a Dios, aún aquel que es necio, indiferente, porque ese Amor está cercano a ellos, está en tu corazón, lugar donde quiere deleitarse el Señor. Por eso, cuando dejas transparentar ese Amor de Dios, pasar a través de tus poros esa divina gracia, te haces testigo de lo que acontece y se mueve en tu corazón, y ayudas a que tus hermanos y familia, amigos o vecinos tengan también una experiencia cercana con el Señor.

Entonces, la adoración desde el corazón consiste en una graciosa acción del Amor de Dios en cada uno de nosotros. ¿Y cómo lo puedes saber? Cuando acoges incondicionalmente la realidad de Dios; te apropias de ese amor y obras para que otros conozcan las rebosantes bondades y misericordias de Dios.

María, como mujer adoradora, te enseña a vivir esta experiencia, personal y comunitaria. Al comienzo del evangelio de Lucas, en el acontecimiento de la Anunciación, María acoge sin condicionamientos la voluntad de Dios en su corazón:…hágase en mí según tu palabra… (Lc 1, 38b). La voluntad, fundamentada en el amor, porque Dios es Amor (1Jn 4,8). Un amor que se desborda desde el corazón, y que mueve a María a correr con prontitud a la misión, al servicio, a fin de que la familia de Zacarías tuviera una experiencia gozosa de Dios.

Que como hombres y mujeres, templos del Amor, dejemos que el Señor encienda ese Fuego de Amor en nuestros corazones, para que seamos hogueras, antorchas que ardan continuamente, luz latente y preciosa, que irradia amor a un mundo con necesidad de Dios. Y, así, logremos con la Ayuda del Amado Espíritu santo hacer que muchos se… conviertan de las tinieblas a la luz…y entren en la herencia del pueblo santo de Dios (Hch 26,18).

Por: Luis Fernando Castro Parra - Teólogo PUJ