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Reflexiones

Temas que nos invitan a superar las adversidades y a acercarnos más al Padre.

Un aporte concreto a la sociedad

Serie de Talleres "Familia vive tu misión", Obras Misionales Pontificias, Nro. 11

Introducción

En esta oportunidad Jesús nos invita a saber obedecer, y esa obediencia está encaminada básicamente en el cumplimiento y en la sumisión a la voluntad Divina. Esta invitación va acompañada de la promesa que nos hace Jesús de estar con nosotros todos los días de la vida hasta el fin del mundo.
 

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Bienaventurado el corazón dulce del Adorador

Por Luis Fernando Castro, Teólogo PUJ
 
…Dad culto al Señor, Cristo, en vuestros corazones… (1Pedro 3,15)
 
Se busca un verdadero adorador. Recompensa: 1.000.000 de bendiciones por orden del CreadorHay un camino para el adorador que lleva a la verdadera felicidad: el camino de ser bienaventurado, y no el malaventurado. Es decir, el camino a la vida y no a la muerte; el camino de la felicidad y, no a la desgracia; el camino del bien, y no el de estar inclinado al mal, al pecado, a la oscuridad; el camino, la búsqueda y abandono constante en Dios, y no sólo, en los intereses particulares y egoístas del ser humano.
 
El hombre ha sido creado para adorar a Dios, para adorar lo eterno, ya que ha sido creado por Amor y para el Amor. Quien adora a Dios hace de su tierra, de su vida y de su existencia un cielo, una eternidad, una experiencia de relación profunda en el Amor. Y, es ese el mayor culto que el cristiano, el servidor, el adorador puede dar desde su corazón al buen Señor, aún en medio de las persecuciones, del dolor, de la aflicción, o de los problemas que pueden estar tocando a su puerta.
 

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La acción de la Tercera Persona según S. Juan

Apartes de las “Catequesis del Santo Padre Juan Pablo II sobre las Verdades del Credo” dedicadas al Espíritu Santo en el Antiguo Testamento
 
Introducción
 
En el Evangelio de San Juan se pone de manifiesto ese vínculo de relación del hijo con el padre y esto hace que se abra para los apóstoles el camino de la revelación del Espíritu Santo como persona.
 
En el discurso de despedida del cenáculo, en donde se manifiesta la partida del hijo que vuelve al padre por medio de la cruz y la ascensión, es cuando Jesús dice: “Yo pediré la padre y os dará otro paráclito, para que esté con vosotros para siempre” (Juan,14,16). También debemos estar seguros que es el Espíritu Santo el que nos lo enseñará y recordará todo como bien lo dice en su palabra.
 

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Quiero dar frutos en tu viña

Serie de Talleres "Familia vive tu misión", Obras Misionales Pontificias, Nro. 10
 
Introducción
 
Dios es nuestro Padre, Él nos ha escogido como sus hijos, somos sus elegidos, se ha fijado en cada uno de nosotros, por ello tenemos la vida de Cristo, la vida cristiana.
 
Como elegidos y escogidos como hijos suyos nos envía para que vayamos y demos fruto y fruto  en abundancia y que este fruto permanezca; Poseemos el elemento fundamental para dar fruto: La unión con Cristo.
 
 El fruto que el Padre espera de nosotros es el de las buenas obras, el de la práctica de las virtudes para dar testimonio de aquello en lo que Jesús insiste: “Yo os he elegido a vosotros, y os he destinado para que vayáis y deis fruto” (Juan 15,16).
 

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La gracia de ser intercesor

Por María Adix Marín V.
 
Dios creó al hombre con tres propósitos principales
 
1. Reflejar la naturaleza de Dios
 
Entonces dijo Dios:”Hagamos al ser humano como a nuestra imagen y semejanza” (Gn.1, 26). Esto nos indica que fuimos creados para tener su naturaleza y su carácter moral.
 
Para que el hombre desarrolle la imagen y el carácter de Dios, es indispensable tener comunión intima con El.  Es este uno de los grandes propósitos para lo cual Dios nos creo y así reflejemos, su carácter, amor, bondad, misericordia, santidad, paz, autoridad y poder.
 
2. Plasmar sus planes, propósitos y voluntad en la tierra
 
Dios dota al hombre de características especiales para este fin:
 

¿Para qué me sirve la Fe?

Por: Marina Espinosa de Salgar
 
Este año de la fe que ya casi termina hemos aprendido mucho sobre ella; ha refrescado nuestro conocimiento y nos ha hecho pedir con mucho más fundamento Señor aumenta nuestra fe.
 
Hemos leído durante todo este año muchos de los documentos que tanto el papa emérito Benedicto XVI, como Ss. el papa Francisco han publicado, para afianzarnos en nuestra fe católica y crecer como discípulos misioneros del Resucitado.
 
Todos esos documentos nos han dicho qué es la fe, cómo nace, cómo vivirla, cómo la hacemos crecer, cómo transmitirla, etc.. Pero después de hablar de todo esto en un panel en el que participábamos, especialmente hablando de cómo transmitirles la fe a nuestros hijos, una señora tomó la palabra y dijo que a ella le parecía por su experiencia, que lo que se debía hacer era dar mucho  amor y afecto a nuestros hijos; habló de la seguridad que esto daba a los hijos y de otras cosas más.
 
En ese instante yo pensé: para eso no se necesita fe. La señora tiene razón en que todo ser humano necesita muchísimo amor y afecto en su vida, especialmente en los primeros años, para crecer sano y emocionalmente estable. El “pero” está en que cualquier persona puede amar a su hijo, darle afecto, inculcarle valores y buenas costumbres y no tener fe. En ese momento me surge la pregunta que titula este artículo: ¿De qué me sirve la fe?

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