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COMUNIDAD  HOMBRES Y  MUJERES  DE  FUTURO

MINSITERIO  DE  FORMACION

GUIA  DE  PREDICACION

MAYO 23 DEL 2012

 

La iglesia sacramento de Cristo y templo de su Espíritu.

 

OBJETIVO

Recordar el nacimiento de nuestra amada iglesia en la fiesta de Pentecostés. Preparémonos para recibir una nueva efusión del Espíritu Santo con sus dones y frutos para seguir creciendo como iglesia.

INTRODUCCION

Después de celebrar la resurrección de Jesús, los cristianos nos preparamos durante 50 días para celebrar el nacimiento de la Iglesia: la fiesta de Pentecostés. A lo largo de estos días, la Iglesia no cesa de cantar su alegría por el misterio de la Resurrección de Jesucristo y se ha venido reflexionando sobre el Libro de los Hechos de los Apóstoles, donde se nos narra de qué manera se iba formando la Iglesia y cómo el Espíritu Santo, el día de Pentecostés, hizo retoñar del antiguo pueblo de Israel a la Iglesia. El Espíritu Santo, que es su alma, la anima, la renueva, la santifica y la sostiene en toda circunstancia; es quien la va guiando hacia la Verdad Completa, y hace de los creyentes “piedras vivas” edificadoras del templo (1 Pe 2, 4-5).

La Iglesia es Templo del Espíritu Santo porque él hace su morada en lo más profundo de los cristianos que la conforman y, “Esa es la honda alegría de la Iglesia, saber que a pesar de las dificultades, de sus pecados, y de su marcha difícil, por los siglos, El Espíritu de Dios está siempre con ella, siempre amándola, siempre purificándola, guiándole siempre y siempre iluminándola”.

DESARROLLO

En el Libro de los Hechos de los Apóstoles,  en el capítulo 2, se nos narra cómo al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos con un mismo objetivo. De repente vino del cielo un ruido como una impetuosa ráfaga de viento, que llenó toda la casa en la que se encontraban… (Hch 2, 1-4).  Este acontecimiento es considerado como el aniversario del nacimiento de la Iglesia, y la fiesta de la vida según el Espíritu para los que vivimos verdaderamente en Cristo.

En varios textos de la Biblia, se nos expresa la presencia del Espíritu Santo en la comunidad y en cada persona con la palabra “efusión” o con sus equivalentes: “infusión” y “derramamiento”, términos usados para hablar de un líquido que se vierte.

“Derramaré agua sobre el sediento suelo, raudales sobre la tierra seca. Derramaré mi espíritu sobre tu linaje, mi bendición sobre cuanto de ti nazca”. (Is.  44, 3).

También en el profeta Ezequiel aparecen expresiones similares:

“Infundiré en ustedes un espíritu nuevo. Quitaré de su carne el corazón de piedra y les daré un corazón de carne, infundiré mi espíritu en ustedes y haré que se conduzcan según mis preceptos” (Ez. 36, 26-27).

“Infundiré mi espíritu en ustedes y vivirán” (Ez. 37, 14).

En el numeral 4.4 de las conclusiones de la V Conferencia General  del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, celebrada en Aparecida, Brasil, se nos referencia a la animación por El Espíritu Santo, así: Mc 1, 12-13: Jesús al comienzo de su vida pública, después de su bautismo, fue conducido por el Espíritu Santo al desierto, para prepararse a su misión y, con la oración y el ayuno, discernió la voluntad del Padre y venció las tentaciones de seguir otros caminos. Ese mismo Espíritu acompañó a Jesús durante toda su vida (Hch 10,38).  También nos hace referencia de cómo, a partir de Pentecostés, la Iglesia experimenta de inmediato fecundas irrupciones del Espíritu, vitalidad divina que se expresa en diversos dones y carismas (1 Co 12, 1-11) y variados oficios que edifican la Iglesia y sirven a la evangelización (1 Co 12,28). Por estos dones del Espíritu, la comunidad extiende el ministerio salvífico del Señor hasta que Él de nuevo se manifieste al final de los tiempos (1 Co 1, 6-7). El Espíritu en la Iglesia forja misioneros decididos y valientes como Pedro (Hch  4,13) y Pablo (Hch 13, 9) y señala los lugares que deben ser evangelizados y elige  quiénes deben hacerlo. (Hch 13, 2).

El Espíritu Santo prepara a los seres humanos, por su gracia nos atrae hacia Cristo, nos manifiesta al Señor resucitado, nos recuerda su Palabra y abre nuestra mente para entender su muerte y su resurrección. Nos hace presente el misterio de Cristo, sobre todo en la Eucaristía, para reconciliarnos y para conducirnos a la comunión con Dios para que demos mucho fruto. (Jn 15,5.8.16)

La iglesia es sacramento de Cristo, templo de su Espíritu y es allí donde realiza Su misión.

CONCLUSION

Es muy importante reconocer y experimentar los efectos sensibles y prodigiosos de la presencia maravillosa del Espíritu Santo dentro de nosotros y de nuestra Iglesia, especialmente el gozo, que nos lleva a cumplir con excelencia la misión que tenemos como discípulos y misioneros del  Señor en su obra evangelizadora.

Debemos apropiarnos del Espíritu Santo, y de un amplio conocimiento acerca de quién es, qué hace en nuestras vidas, y qué hace en la Iglesia, porque “nadie ama lo que desconoce”. Debemos conocerle y alimentar el deseo de vivir en su divina efusión, anhelar su presencia, sus dones y sus frutos, en cada uno y en la iglesia universal.

 

BIBLIOGRAFIA
Documento de Aparecida.
¡Espíritu Santo, Ven! P. Diego Jaramillo.
Crecer en el Espíritu. J.A. Suárez
Catecismo de la iglesia católica.