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COMUNIDAD HOMBRES Y MUJERES DE FUTURO

MINISTERIO DE FORMACIÓN

GUÍA DE PREDICACIÓN

Junio 27 2012

Sacerdocio Común, nuestro servicio a la obra del Señor

Objetivo:

  • Saber por qué es importante el sacerdocio en la iglesia católica como señal de vida y comunión.
  • Descubrir que el sacerdocio común es presencia viva del Señor en el mundo y que todos estamos llamados a participar de su vida y de su obra por la gracia del Espíritu Santo.
  • Comprender el sentido de ser bautizados con el fin de vivir el sacerdocio común en la comunidad, la sociedad y la familia.

Introducción

Todas las personas incorporadas o bautizadas en la iglesia universal, han sido ungidas con el aceite del sacerdocio con un fin: servir, pastorear, enseñar al pueblo de Dios que Jesucristo está vivo por la gracia y la fuerza del Espíritu Santo.

Sacerdote tiene como etimología ser un mediador para ofrecer sacrificios al Señor. Ser un bautizado es ser un sacerdote, embajador y representante de Cristo; aquel hombre o mujer que son imagen del Padre, presencia de Jesucristo, templo de la gracia del Espíritu Santo. La iglesia católica es presencia viva del resucitado y por consiguiente, eminentemente sacerdotal, lo cual significa que la dimensión sacerdotal en el cristiano no sólo se refiere a quienes han recibido la vocación de ser ministros o presbíteros, sino que está dada a todo ser humano, hijo de Dios.

En la primera Epístola de Pedro 2, 9 se expresa que “somos una familia escogida, un sacerdocio al servicio del rey, una nación santa, un pueblo adquirido por Dios… para anunciar las obras maravillosas de Dios… sacadas de la oscuridad para entrar en la luz maravillosa”. Este pasaje bíblico del Nuevo Testamento muestra que toda la Iglesia es sacerdotal como lo era Israel en el contexto del Antiguo Testamento o tiempo veterotestamentario: “ustedes me serán un reino de sacerdotes consagrado a mí” (Ex 19, 6) o como lo afirma también el profeta Isaías 43, 10: “Ustedes son mis testigos, mis siervos que yo elegí para que me conozcan y confíen en mí y entiendan quién soy yo.”

El libro de la Apocalipsis 5, 8-10 nos escribe: “Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos, porque fuiste degollado y compraste para Dios con tu sangre hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación; y has hecho de ellos para nuestro Dios un Reino de sacerdotes, y reinan sobre la tierra.”

Contenido

El Concilio Vaticano II en su Constitución Dogmática Lumen Gentium Nº 10 ha invitado a todos los hombres y las mujeres a ejercer de manera responsable y consciente la gracia de ser sacerdotes. Este sacerdocio, llamado el Sacerdocio común, participa  de un único sacerdocio, el de la persona de Jesucristo. En algunos sectores de nuestra iglesia, el sacerdocio común no se ha valorado en la manera que debiera ser, si bien somos bautizados, sellados por la Persona del Espíritu Santo, recibiendo la gracia de ser sacerdotes, la historia nos ha mostrado que los cristianos, cuando se habla de sacerdotes, los referimos en un relieve ministerial y jerárquico, pero no en el campo de un estilo de vida de todo hijo de Dios, sacramento de vida y de comunión.

Sin embargo, los bautizados están destinados… a confesar delante de los hombres la fe que recibieron de Dios mediante la iglesia (Lumen Gentium Nº 11), es decir que somos sacerdotes en la medida que confesemos con nuestra existencia a un Dios resucitado, y por ende celebraremos y comeremos de su mesa.

¿Para qué hemos sido sellados con la identidad de sacerdotes? El documento de Aparecida Nº 285, nos entrega algunos elementos que son importantes para comprender el sentido del sacerdocio común en nuestra iglesia católica en la construcción de un edificio espiritual, ejercido en la comunión con Jesucristo y nuestro prójimo.

Un primer aspecto es entender que el sacerdocio común es una vocación con un modo concreto y distintivo de vivir la espiritualidad (una forma de vida), es decir que el sacerdocio no tiene lugar, espacio y tiempo para ser ejercido.

El segundo elemento que podemos comprender es que el sacerdocio se vive y se experimenta con profundidad y entusiasmo, en el ejercicio concreto de nuestras tareas cotidianas. Esto es, que en cada actividad que laboremos podemos estar celebrando con la persona de Jesucristo, lo cual se manifestará en el amor, la unidad, el perdón, la ayuda mutua a santificarse con todos aquellos con quienes interactuamos: familia, comunidad, sociedad, matrimonio. 

Un tercer elemento que podemos hallar en el sacerdocio común es la generosidad, entendiéndose que los cristianos no se cierran en una intimidad cómoda, sino que están siempre activos, creativos y felices por anunciar el mensaje de la salvación. El sacerdote se dispone como la persona de Jesús, a alimentar a aquellos hombres y mueres que tienen hambre y sed de Dios. La generosidad del sacerdocio nos llama a ser comprometidos con los reclamos de la realidad con el fin de encontrar un profundo significado a todo lo que nos toca hacer por la iglesia y por el mundo (Aparecida Nº 285).

El edificio espiritual formado por sacerdotes nos significa que como bautizados formamos el Cuerpo de Cristo, es decir que todos los creyentes del Señor estamos llamados a ofrecer alabanzas y oraciones a Dios, pero a su vez nos transformamos por la fuerza del Espíritu Santo en otros Cristos, piedras vivas, hostias vivas, con  lo cual descubrimos que la realidad más importante de nuestro sacerdocio común es la persona del Espíritu Santo: “Pero cuando el Espíritu Santo venga sobre ustedes, recibirán poder y saldrán a dar testimonio de mí” (Hechos 1, 8); “El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra” (Lc 1, 35).

El sacerdocio común es un sello que llevamos en el corazón para ofrecer continuamente nuestra vida al Padre en Cristo, muriendo al hombre viejo y abriéndonos a una nueva vida en el Espíritu. Ningún cristiano es sacerdote por sí mismo pero, en Cristo, todo cristiano debe ser sacerdote. Esto significa que el sacerdocio común está como don para el bautizado destinado a crecer. San Pablo le enseña esto a los que ya eran bautizados: “Os exhorto, pues, hermanos, por la misericordia de Dios, que ofrezcáis vuestros cuerpos como una víctima viva, santa, agradable a Dios: tal será vuestro culto espiritual. Y no os acomodéis al mundo presente, antes bien transformaos mediante la renovación de vuestra mente, de forma que podáis distinguir cuál es la voluntad de Dios: lo bueno, lo agradable, lo perfecto” (Rm 12,1-2).

Por lo tanto, el sacerdocio común es tan importante como lo es el sacerdocio ministerial, pues es sal y fermento para el mundo, luz y esperanza para los pueblos, alimento y generosidad para a aquellos que son débiles y vulnerables. Dejar que el sacerdocio común brille delante de la gente es abrir las ventanas y las puertas del cielo para que todos unidos seamos uno con el Padre (Jn 17, 20-22), y siendo uno con el Padre, aquellos que por alguna razón no caminan en la luz vean en el ejercicio del sacerdocio el amor de Dios, y “todos alaben al Padre que está en el cielo” (Mt 5,16).


Conclusión

El sacerdocio común es la imagen visible del amor de Dios en el mundo. De ahí que está llamado a adquirir una nueva sensibilidad en el dinamismo de nuestra existencia como hijos de Dios inmersos en la iglesia, una sociedad, una familia. Aprender a ver la acción del Padre en el mundo es abrir nuevos espacios de vida y de esperanza a un pueblo sediento de Dios. La edificación espiritual abre la posibilidad a la comunidad cristiana para vivir su sacerdocio común como factor de libertad en la medida que se pueda ser fiel al Evangelio, buena nueva para todos los hombres y mujeres en el mundo. En este sentido, es válido pensar que los bautizados, sacramento y sacerdocio real son responsables de liberar todo aquello que puede afectar la obra del Señor para que reinen los valores y principios cristianos.

Taller

  1. ¿Cómo estoy viviendo mi sacerdocio común en mi familia, comunidad y sociedad?
  2. ¿Qué otros elementos puedo adicionar a mi llamado como sacerdote real para que reine el amor, la esperanza y la vida de un pueblo sediento de Dios?

¿Cuál es tu compromiso concreto y personal para que el sacerdocio común sea una piedra viva en la edificación espiritual del Cuerpo de Cristo?