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COMUNIDAD HOMBRES Y MUJERES DE FUTURO

MINISTERIO DE MAESTROS - GUÍA PARA FRATERNIDAD

NOVIEMBRE 14 / 2012

¡Velad pues, porque no sabéis el día ni la hora! (Mateo 25  1-13)

 

Objetivos:

  • Entender que con nuestras propias fuerzas no lograremos sobrepasar los retos que nos presenta el cristianismo.
  • Aprender cómo debe ser la espera al Señor y cuál es el aceite que debemos tener.

Ser cristiano no es solo volverse bueno, ser buenas personas.  Buenas gentes hay en todas partes: en los ateos, los musulmanes, budistas… para eso no vino Cristo a derramar su sangre y a sufrir al extremo, para traer solo un mensaje de “pórtense bien, sonriamos y seamos buenas personas”.

 Lo hizo porque hay bloqueos fundamentales, hay barreras que nosotros no logramos derribar con nuestras fuerzas y buenos propósitos.

 El que no descubra esto, difícilmente puede llamarse cristiano. Si tú crees que todo lo que te propongas lo logras, que con tu inteligencia y tu buena voluntad todo se puede y que para que este mundo sea mejor, basta con que todo el mundo piense lo mismo, ¡Tu eres un humanista ¡  igual podrías ser ateo, musulmán o lo que fuera. Para pensar así no se necesita ser cristiano.

Uno empieza a ser cristiano convencido cuando se estrella con las limitaciones y debilidades y uno dice “de esta no me salvo yo, necesito ser salvado, solo Dios puede hacerme distinto…. el cristiano sí sabe que solo Dios puede cambiar nuestra vida, la de los demás y la humanidad entera.  Ahí comienza la vida cristiana, cuando descubrimos esa verdad.

Perseverar hasta el final en la fe, es pura gracia”. Nadie puede transformarse a sí mismo. La vida es como una cadena  y esa cadena no se sostiene así misma, tiene que estar agarrada de algo más fuerte que es Dios y cada eslabón es un día más en nuestra vida.

Nada ni nadie nos garantiza que perseveraremos hasta el final, es decir hasta el último día. Solo la gracia y la misericordia de Dios nos lo permiten.

No peques por presunción en pensar que “como yo ya conocí al Señor” a mí no me va a pasar; tú no sabes que tipo de tentaciones te pueden llegar…hay obispos, sacerdotes, religiosas y laicos comprometidos que se apartaron de la fe, y murieron separados de la iglesia…no busques tu firmeza en ti… la perseverancia final hay que suplicarla, hay que rogarla, justamente porque no sabemos el día ni la hora.

Como no sabemos el día ni la hora, tengo que aguardar a mi Señor. Pero como en el texto de las diez doncellas y sus lámparas, tengo que aguardar con calidad de espera. No se les critica que se durmieran esperando, sino la calidad de la espera. Unas tenían aceite y las otras no. Qué significa ese aceite y cuál es la diferencia entre las doncellas que tenían aceite y las que no. Las que no, debieron salir a buscarlo a otra parte y al llegar no alcanzaron a entrar al banquete de bodas.

Entonces calidad de espera significa que si tú puedes responder por ti mismo, tú tienes el aceite. Si tú tienes que depender de lo que otros digan, tú no tienes el aceite. Tiene el aceite aquella persona que tiene la convicción radical,  de que no depende del testimonio de otros, que no depende de las circunstancias exteriores.

El que para creer en Dios depende de las circunstancias exteriores, por ejemplo que tenga salud, afecto, que le fue bien, que sea aceptado, no tiene aceite. El que, en cambio, tiene una convicción tal que aunque estuvieran cerradas todas las tiendas y sigue con su lámpara encendida, ese si tiene el aceite.

Calidad de espera significa esperar a Jesucristo de tal manera que aunque todo fallara, que aunque todo el mundo dejara de creer, aunque fallaran todos los testimonios externos, aunque la enfermedad nos abrazara, el fracaso económico nos ahorcara, nuestra fama fuera destruida y nadie nos diera una gota de aceite, aún con todo esto, nuestra vocación cristiana siga firme.

Eso es tener el aceite, tener una convicción  que no dependa de nadie, de que las cosas me salgan bien,  de que me agradezcan, de que me aplaudan, de que mis razones sean acogidas.

Solo cuando uno espera a Jesús con esa calidad de espera, uno puede encontrarse finalmente con el Señor. 

Pidamos  una fe indestructible, indoblegable, que pase por encima del rechazo, la incomprensión, el aplauso, de lo que hagan o digan las demás personas. Eso es la calidad de espera que debemos tener.

Jesucristo nos invita a velar, a estar despiertos, a estar atentos. No es no estar dormidos; velar es una actitud espiritual; uno puede estar despierto cerebralmente, y estar dormido a muchas cosas. La invitación es a estar profundamente despierto empezando a ver a cuales cosas uno está insensible. Cristo no dijo “no durmáis” El dijo “velad” y esto es ser infinitamente sensible. Si repasamos, desde que conocemos a Dios uno se vuelve muy sensible a más cosas; entonces a ¿A qué estamos despiertos? ¿A mis intereses, a mis afectos, a mi trabajo, a mi dinero, a mis ascensos? Hay quienes están despiertos solo a lo que afecta directamente a ellos, pero están dormidos a lo que le afecta a Dios.

Velar es estar despierto a la manera de Cristo, es tener la sensibilidad a los intereses de Cristo, esa es la calidad de la vigilancia.

Taller:

  • ¿Cuál ha sido la mayor limitación tuya que Cristo haya derribado?
  • Comparte un cambio que Cristo haya hecho en algún miembro de tu familia.
  • ¿Eres consiente de que debes permanecer aguardando al Señor? ¿Oras por esa perseverancia?
  • ¿ Crees que tu fe es indoblegable? O depende de las respuestas de Dios a tus necesidades o ¿de la opinión que otros tengan sobre Dios?
  • Esperar a Jesucristo, es entre otras cosas creer en Él aunque la enfermedad nos abrazara,  aunque todo fallara,  aunque todo el mundo dejara de creer, aunque fallaran todos los testimonios externos, aunque el fracaso económico nos ahorcara, nuestra fama fuera destruida y aún así nuestra vocación siga firme, ¿Cómo te sientes frente a este postulado?
  • Velar es una actitud espiritual, es volvernos mucho más sensibles a los intereses de Dios, a este respecto, califica tu sensibilidad de uno a diez y comparte por qué tu calificación.