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FUNDACIÓN  HOMBRES  Y  MUJERES  DE  FUTURO

MINISTERIO DE EVANGELIZADORES - GUIA  DE  PREDICACION

Enero 29  / 2014

EL BAUTISMO DE JESÚS Y EL BAUTISMO DEL CREYENTE

San Mateo 3, 13-17

 

OBJETIVO

Recordar a los asistentes la importancia que tiene el Bautismo en la vida del creyente.

INTRODUCCION

Hace pocos días escuchamos en la Eucaristía dominical, del Evangelio según San Marcos (1,9-11), el pasaje que nos narra el bautismo del Señor. Con este acto, Jesús  da comienzo a su llamada “vida pública” y da final a unos treinta años de existencia sencilla y trabajadora, después de los episodios más reveladores de la infancia que se nos narran en la Palabra.

DESARROLLO

La palabra bautismo deriva del verbo griego baptein/baptizein, que significa sumergir, lavar. El bautismo es pues una inmersión o ablución (lavatorio)

Juan el Bautista,  por su humildad, se niega a bautizar al Señor, porque él sabía que Jesús no necesitaba el bautismo para convertirse; pero obediente siempre a la Voluntad de Dios, acepta bautizarlo y por eso es testigo de la acción del Espíritu Santo que unge a Jesús como el Cristo, el Mesías y ve también como se abre el cielo para la humanidad, se abre la esperanza de volver a ese paraíso del cual fuimos expulsados a causa del pecado, porque Jesús, el Hijo de Dios, el Amado, el Elegido, ha venido al mundo para devolvernos la vista y podamos ver la presencia de Dios en toda nuestra historia.  Él ha venido a abrirnos los oídos, para que podamos escuchar cómo Dios nos habla en cada instante de nuestras vidas.  Él ha venido a rescatarnos de la cárcel del pecado y de la mentira, convirtiéndonos en hombres y mujeres libres por el conocimiento de la verdad.

Con su bautismo, Jesús santifica el agua con la que después nos pediría que nos bautizáramos, para renacer del agua y del Espíritu. Esto es rememorado en la bendición del agua que realiza el sacerdote en el sacramento del bautismo,  para que luego, los bautizados nazcan a través de esa agua a una vida nueva con Cristo, como hijos de Dios, como miembros de la Iglesia universal de Cristo.

El bautismo de Jesús es, finalmente, una gran epifanía (manifestación) trinitaria: del Padre, que muestra al Hijo ante el mundo y lo consagra con el Espíritu Santo.

El bautismo del creyente

Hoy tenemos que reflexionar sobre nuestro bautismo. Nosotros fuimos bautizados con esa misma agua que Jesús santificó en su bautismo y fuimos también ungidos por el Espíritu Santo para hacernos semejantes a Cristo, para hacernos sacerdotes, profetas y reyes.

El día del bautismo Dios nos concede cuatro dones maravillosos, son estos:

1º. Nos hace hijos de Dios (Desde ese día ya no somos inferiores a nadie. Somos iguales a cualquier otro hermano(a), porque somos “Hijos de Dios”)

. Nos hace hermanos de Jesucristo desde esa fecha somos de la mejor familia del mundo. Nuestro hermano es nada menos que el Hijo de Dios: Jesucristo.

. Nos hace Templos del Espíritu Santo: desde el día del bautismo, cuando no tenemos pecado mortal en el alma, llevamos siempre en nosotros al Espíritu Santo.

4º. Nos hace herederos del cielo. 

Con nuestro  bautismo hemos sido sumergidos en el Espíritu Santo para vivir la vida que el Padre nos ofrece, para poder llevar a cabo el plan que Él tiene para cada uno(a) de nosotros, desafortunadamente, también el mundo nos bautiza, nos sumerge en una vida de materialismo, consumismo, competitividad, hedonismo, relatividad y superficialidad que a veces nos arrastra y perdemos por completo el sentido de nuestro bautismo cristiano.

Rescatemos para nosotros ese sentido trascendente que nos da el bautismo para poder vivir como renacidos del agua y del espíritu y obtener así una eternidad bienaventurada.

TEXTO COMPLEMENTARIO

Lucas 3,15-16.21-22

Estamos frente al Evangelio que marca el inicio del cumplimiento de la misión de Jesús. Por primera vez se manifiesta de una manera tan evidente la Santísima Trinidad, El Hijo que se bautiza, el Espíritu Santo que desciende sobre Él y el Padre que deja escuchar su Voz.

En el texto descubrimos dos cosas interesantes para nuestra vida: 1° La espera del Señor y la confesión sobre Cristo de Juan el Bautista y 2° su profecía acerca de Jesús: “…os bautizará con Espíritu Santo y fuego”, está hablando aquí de una purificación suprema.

Los cristianos esperamos una segunda venida de Cristo, por eso en la pasada navidad cantábamos ven, ven, ven,  porque esperamos que cuando vuelva el Señor nos presentemos delante de Él y rindamos cuentas de nuestra vida, para alcanzar la anhelada vida Eterna.  De Su venida no sabemos ni el día, ni la hora, sólo sabemos que debemos estar listos en la Gracia de Dios.

Acerca de la visión que tiene el Bautista de Jesús, podemos concluir que si Jesús es quien bautiza en Espíritu Santo y fuego, es quien marca nuestra vida con el sello indeleble de Dios, que no se destruye por ningún motivo y por tanto se convierte en la razón de ser de  nuestra existencia, queda nuestra vida orientada a su divina presencia y majestad.

Al igual que el Bautista debemos reconocer humildemente quiénes somos y quién es el Señor.  Saber que a Él nos debemos, permitirle que su Fuego abrasador saque de nosotros toda idolatría, toda situación que quiera desplazar del primer puesto a Dios de nuestra vida.  Reconocer que Jesucristo es el Señor y que Estamos por Él marcados, sellados.

Taller

1.    ¿Qué significado tiene para mí el bautismo que recibí? ¿Cómo lo vivo?

2.    ¿Pienso que estoy sumergida(o) en el bautismo del mundo?