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FUNDACIÓN HOMBRES Y MUJERES DE FUTURO

MINISTERIO DE FORMACIÓN - GUÍA DE PREDICACIÓN

JULIO 23 - 2014

TÚ PUEDES SER OTRO ELÍAS, ATIENDE EL LLAMADO

OBJETIVO:

  • Descubrir que el ser profeta desde el lenguaje de la Biblia es un ser inspirado por el Señor para comunicar y conducir a los hombres en el pensamiento y el querer divino.
  • Comprender el sentido del profeta Elías en la historia de salvación, con el fin de hallar características que aporten al crecimiento espiritual de los creyentes.
  • Captar elementos de la figura del profeta Elías con el fin de que vivamos para la construcción del Reino de Dios en nuestra familia, comunidad  y en la sociedad.

Introducción

En este tiempo maravilloso de llamado a todos los cristianos a contemplar, discernir y orar la Palabra de Dios, presentamos a uno de los grandes profetas en la tradición del antiguo testamento: Elías. Las características de este profeta impresionan al mundo en la historia de salvación por su carácter y obediencia a Yahveh. Un hombre fuerte y valiente a la hora de enfrentar a los poderosos, cuando éstos amenazaban con ofender la fe del pueblo de Israel. Esta actitud resplandecía por la confianza que expresaba en Yahvé, no obstante, como ser humano no se vio ajeno a las limitaciones, dificultades y a querer evadir responsabilidades. Elías, más que un hombre de palabras, era un hombre de acción[1]. El libro del Eclesiástico 48, 1 lo celebra afirmando: …”vino un profeta como un fuego, cuya palabra era como un horno ardiente”.

Es significativo realizar en la Palabra de Dios un seguimiento del profeta Elías en el Libro primero de los Reyes, en su capítulo 17, extendido hasta el segundo libro de los Reyes capítulo 2, donde se conserva su tradición. Los evangelistas y más aún la tradición judaica lo mantuvo presente en los textos escritos. Por ejemplo, si miramos en el episodio de la transfiguración y de la Cruz de Jesús, Elías aparece como personaje co-protagonista de la figura del Hijo de Dios: Jesucristo.

Contenido

Haciendo un poco de historia sobre el contexto del profeta Elías, debemos señalar que el pueblo de Israel tenía una organización social que respetaba las necesidades del pueblo. Aunque había dificultades, el pueblo participaba de la vida social y política, lo cual buscaba mantener la unidad del Israel. Sin embargo, hacia el año 1030 a.C. los israelitas adoptaron un régimen monárquico, volviéndose más fuertes, pero a su vez menos escuchados; los valores y costumbres prioritarias de la organización social pasaron a un segundo nivel: se pagaron impuestos y se sucumbió en una opresión que afectaba a los trabajadores; pasado el tiempo se proclamaron independientes del reino del sur, haciéndose llamar reino de Israel o conocidos también como el reino del Norte, reino de Judá.

El pueblo de Israel ya no estaba unido, ni a sus semejantes, como tampoco a Yahvé. El pueblo se adormeció, fue inseguro, indeciso y sin intereses. Un pueblo que develaba penumbras de injusticia. Además, la situación social del mundo alrededor de Israel tampoco era la mejor. Ajab hijo de Omrí se casó con una fenicia (Jezabel), lo cual trajo consecuencias políticas, pero sobre todo cultuales porque Ajab construyó un templo para Baal como santuario oficial, no sólo para la familia real, sino para una parte de su verdadera liga de estados[2], lo cual no respetaba el orden social y ético de hermanos y hermanas, no favorecía el culto a Yahvé, y en efecto las costumbres serán un modelo diferente para Israel. Y es aquí en este contexto donde entra en acción el profeta Elías, situado en un tiempo aproximado entre los años 910 y 850 a.C. y quien será recordado como aquel hombre que enfrentó a la reina Jezabel y al culto de su dios Baal (1 Reyes 18, 20-40); comprometido con su pueblo y con su Dios: Elías captando el grito callado del pobre lo devuelve al pueblo[3] .

Elías significa: Yahvé es mi Dios. No se tiene claridad del lugar de nacimiento. Para Herrmann (texto base Pág. 273), como para el texto bíblico (1 Reyes 17, 1) Elías procedía de Tisbí en la Cisjordania, moradores de Galaad. Sin embargo, esta referencia no es tan relevante cuando podemos aseverar que Elías ha sido el profeta de fuego que Dios ha levantado en la antigüedad y en la cual sus palabras como sus hechos son dignas para imitar, aunque difíciles de comparar e igualar.

Elías para la comprensión de nuestro contexto bíblico es un hombre que defendió con su vida la fe y el modelo social de su pueblo, ya que por las costumbres del Baal, crecía en la pobreza (la figura de la viuda de Sarepta: 1Reyes 17, 10-16) y los derechos de los indefensos se pisoteaban, el abuso y la esclavitud primaban, y ese no era el querer de Dios. El profeta resistió a reyes, anunció la ruina de una determinada dinastía y denunció y luchó contra la idolatría. Anunció, además las exigencias absolutas morales del Reino de Dios en Israel, buscando recuperar los orígenes, descubriendo cómo el Dios de Israel es el único capaz de salvar. Elías fue aquel hombre que dejó su casa, sus costumbres en Tisbeh para avanzar hacia Samaria para increpar a Jezabel y así determinar una lucha contra la religión nueva: el culto de Yahvé se enfrenta con el de Melkart (Baal).

El ciclo de Elías presenta seis episodios en la vida del profeta: su predicción de sequía y su posterior huída (1Reyes 17), el encuentro en el monte Carmelo, tres años después (1Reyes 18): compárese Lucas 4, 25 y Santiago 5, 17 que siguen la tradición judía. La huída a Horeb (1 Reyes 19): Horeb es el monte sagrado en el que se manifestó el Dios del pacto de Moisés, y el viaje de Elías a este lugar representa el retorno de un profeta leal, pero descorazonado, a la fuente misma de la fe por la cual había luchado. Aparentemente la comisión final en 1 R. 19:15–18 fue sólo parcialmente cumplida por Elías, ya que la persecución no logra doblar al profeta. Por el contrario, entra en contacto con Yahveh, discierne y vislumbra cómo recuperar el terreno perdido, sobre todo, cómo hacer creíble a Yahvé en medio de situaciones adversas. Allí en la misma actitud de Dios con él, Elías descubre la bondad, la misericordia, la fortaleza, la verdad y la rectitud, comportamientos típicos de Dios. Yahveh no abandonó a su amigo[4].

El cuarto episodio es el incidente de Nabot (1 Reyes 21). Elías aparece como el campeón de las demandas éticas de Yahvé. El quinto episodio es el oráculo acerca de Ocozías (2Reyes 1). El sexto momento es su traslado o arrebatamiento (2Reyes 2,12). Con excepción del último, todos se refieren básicamente al choque entre la adoración de Yahvé y Baal.

Elías, aún en medio de las persecuciones de Ajab y Jezabel, se mantuvo firme en la fe de Yahvé, y más aún desafío al rey Ajab, el cual aceptó la proposición del profeta: un reto al dios de Melkart sobre la cima del Carmelo. Es allí donde el acontecimiento más grande y triunfal de la vida del profeta Elías aparece el llamado Juicio de Dios en el Carmelo (1 Reyes 18, 20-40).

El ministerio de Elías nos puede dejar dos observaciones: La primera nos ayuda comprender que la obra de este profeta está fundamentada en el esfuerzo por hacer volver a su pueblo a la religión establecida en tiempos de Moisés, tanto en la adoración a Yahveh (triunfo del monoteísmo), como la proclamación de una ética de justicia establecida en el corazón de Israel. Un segundo elemento es observar que a través del profeta, se asegura la fidelidad de Israel al participar del mismo espíritu de Moisés. De ahí, el regreso de Elías al monte Carmelo. Pero a su vez en estos elementos no podemos descartar la oración de un profeta que accionaba el poder de Dios a favor del pueblo. Elías reabastecía su vida con oración y comunión con Yahvé, encarnando lo anterior en la historia de su pueblo.

Conclusión

Los criterios para ser aplicados desde la figura de Elías, tienen un alto contenido de fuerza y valor por hacer que el señorío de Jesús reine en la familia, en la iglesia, en el mundo. El modelo de profeta que nos presenta la Biblia es un código para discernir nuestro liderazgo, y a su vez nuestra vida cristiana, en la medida en que estamos llamados a ser imagen del Dios vivo para que unidos reine su justicia, su amor en todas las áreas humanas: la justicia es inseparable de la caridad (Caritas in Veritate: La caridad es verdadera nº 6). Sin las características de este profeta el mundo se sale de su orbita. Necesitamos ser conductores de la buena doctrina y principios de Dios en un mundo que está hambriento y sediento por volver a los pies de Cristo. Por ende, es necesario que nosotros oremos y actuemos con decisión para que la edificación del Reino de Dios sea un compromiso eterno donde la globalización no sea sólo un acto de acercamiento y conocimiento de culturas, sino que sea como nos lo ha exhortado el Papa Benedicto XVI una hermandad, seamos hermanos (Caritas in Veritate: La caridad es verdadera nº 19).

 

Taller

  1. ¿Qué postura tenemos frente a los conflictos, dificultades y adversidades que se originan en nuestra familia, comunidad e iglesia?
  2. ¿Cómo es nuestra oración? ¿es transparente y viva en medio de la familia, la comunidad?
  3. ¿Cómo hemos ejercido la unción de profetas que recibimos en el bautismo? ¿Ha sido de lucha por conducir a mi familia, a mi comunidad por los caminos del Señor?

 



[1]STEINMAN,J. Figuras bíblicas. Ediciones Sígueme, Salamanca, 1996. Pág. 33

[2]HERRMANN, Siegfried. Historia de Israel: en la época del AT. Síguem Salamanca 1985. Pág. 271

[3]MESTERS, Carlos. El Profeta Elías: Hombre de Dios, Hombre del Pueblo. Colección Biblia 13. Pág. 22

[4]En palabras de Jesucristo, narradas en el evangelio de Mateo se afirmaría que: Jesús es el Emmanuel, el Dios con nosotros (1, 23) y …yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo (28, 20b)