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FUNDACIÓN HOMBRES Y MUJERES DE FUTURO - MINUTO DE DIOS

MINISTERIO DE PREDICACIÓN - GUÍA DE PREDICACIÓN

Septiembre 17 / 2014

SÓLO DARÁS FRUTO SI PERMANECES EN ÉL

(Jn 15, 4ss)

Objetivo

Reconocer que sólo en una íntima unión con Cristo nosotros podremos dar fruto; un fruto abundante y que permanezca, pues esto es lo que da gloria al Padre (Jn 15,8)

Introducción:

Vivir la vida diaria en el Espíritu a veces no es fácil. Es dulce la Palabra cuando la vamos degustando, pero al llegar al estómago se vuelve amarga. Ahí es cuando debemos ser coherentes con esa Palabra que nos guía, nos educa, nos confronta y a la que queremos seguir, pero que se nos dificulta por momentos.

¿Te has detenido alguna vez a contemplar una vid en invierno? Cuando ya no tiene follaje y se ve la enredadera misma, negruzca, nudosa, retorcida, realmente no es hermosa, como si nunca más pudiese volver a la vida; nada que ver con la hermosa parra llena de hojas y de racimos que van madurando hasta llegar el tiempo de la vendimia. Esta visión de la vid nos hace recordar a Aquél de quien dijo Isaíascomo raíz de tierra árida. No tenía apariencia ni presencia; (le vimos) y no tenía aspecto que pudiésemos estimar”. (53, 2)

No siempre será hermoso y sencillo hacer la voluntad de Dios, pero ese varón de dolores, despreciable y desecho de hombres, cargó con nuestras culpas y pecados para darnos la salvación. Por eso Él es la única Vid, el único tronco del que tenemos que depender para dar fruto.

Desarrollo:

No deja de ser muy curioso que Jesús nos haya dicho “Yo soy la vid verdadera y mi Padre es el Viñador”…Si nos fijamos, la vid es una enredadera que necesita soporte, no puede sostenerse por sí sola, necesitan apoyo. Qué hermoso este símil que hace el Señor para enseñarnos que así como Él dependía totalmente del Padre, así nosotros dependemos totalmente de Él.

Según la parábola hay dos tipos de sarmientos: los que dan fruto y los que no.

Dice el Señor claramente “Todo sarmiento que en mí no da fruto, lo corta, y todo el que da fruto, lo limpia, para que dé más fruto.”.  Es decir, no es posible dar buen fruto sin estar unidos a Él, pero también es posible que aunque estemos “unidos” a Él, dependiendo del grado de intimidad podremos ser sarmientos sin fruto.

Un ejemplo claro de esto es Judas Iscariote: Jesús les dio poder a los Doce para echar fuera a los demonios, resucitar muertos, sanar a los enfermos, etc. Sin embargo Judas no permaneció y fue cortado, no por una acción arbitraria de Dios sino por su propia decisión. Muchas personas se han convertido, pero por los problemas, los afanes del mundo, la riqueza, los ídolos, etc., deciden no permanecer unidos a la Vid verdadera.

La otra clase de sarmiento es aquél que da fruto, abundante y que permanece, este es el que da gloria al Padre. Con todo, dice la Palabra que aquellos que dan fruto son limpiados para que den más fruto. Muchos se sueltan del tronco en este momento, aun habiendo dado fruto, no resisten la poda del Viñador.

Esta parábola nos enseña a contemplar al Padre como un viñador que mantiene una actitud permanente de cuidado incansable, paciencia y de esperanza en su cosecha, así se relaciona con sus hijos.

Una vida de oración (intimidad con Cristo), la vida sacramental (especialmente la Eucaristía) y el proceso comunitario (Ayudando a llevar las cargas y sirviendo) son la clave para permanecer unidos al Tronco, única fuente de toda santidad. Esto será lo que nos lleve a dar frutos de amor en abundancia y que permanezca, no cuando nos nazca, no cuando nos sintamos bien, no cuando estemos de buen ánimo, sino siempre y en todo momento.

Conclusión:

Dar frutos de Espíritu es un anhelo que no siempre será sencillo pero que es vital para glorificar al Padre que permanece como Viñador amoroso.

Puede ser que por momentos no nos guste mucho la Vid, que el panorama no sea claro o no nos parezca tan atractivo, pero si Jesús necesitó depender del Padre para poder llevar a cabo su misión, ¿qué nos hace pensar a nosotros que con nuestras propias fuerzas y nuestra autosuficiencia podremos hacer algo? Bien lo dijo el Unigénito de Dios, “separados de mí no podéis hacer nada”