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FUNDACIÓN HOMBRES Y MUJERES DE FUTURO

Guía de predicación

Julio 15 – 2015

 

…CONVERSIÓN DE CORAZÓN

Evangelio Según San Marcos 7,1-13

 

Objetivo:

Tomar conciencia de que la conversión es un acontecimiento que se lleva a cabo en el corazón y que debe cambiar nuestra manera de pensar y nuestra forma de vida. No consiste en meros ritos o fórmulas carentes de sentido, que hacemos a nuestro antojo buscando que Dios haga nuestra voluntad.

Desarrollo

“Los fariseos con algunos escribas llegados de Jerusalén se acercaron a Jesús, y vieron que algunos de sus discípulos comían con las manos impuras, es decir, sin lavar.Los fariseos, en efecto, y los judíos en general, no comen sin lavarse antes cuidadosamente las manos, siguiendo la tradición de sus antepasados; y al volver del mercado, no comen sin hacer primero las abluciones. Además, hay muchas otras prácticas, a las que están aferrados por tradición, como el lavado de los vasos, de las jarras y de la vajilla de bronce.

Entonces los fariseos y los escribas preguntaron a Jesús: "¿Por qué tus discípulos no proceden de acuerdo con la tradición de nuestros antepasados, sino que comen con las manos impuras?". 

Él les respondió: "¡Hipócritas! Bien profetizó de ustedes Isaías, en el pasaje de la Escritura que dice:Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. En vano me rinde culto: las doctrinas que enseñan no son sino preceptos humanos. Ustedes dejan de lado el mandamiento de Dios, por seguir la tradición de los hombres". Y les decía: "Por mantenerse fieles a su tradición, ustedes descartan tranquilamente el mandamiento de Dios. Porque Moisés dijo: Honra a tu padre y a tu madre, y además: el que maldice a su padre y a su madre será condenado a muerte. En cambio, ustedes afirman: "Si alguien dice a su padre o a su madre: declaro Korbán –es decir, ofrenda sagrada– todo aquello con lo que podría ayudarte..." En ese caso, le permiten no hacer más nada por su padre o por su madre. Así anulan la palabra de Dios por la tradición que ustedes mismos se han transmitido. ¡Y como estas, hacen muchas otras cosas!"

El pasaje del Evangelio presenta en su escenario una controversia entre Jesús y los fariseos. El tema de la discusión parte o se fundamenta por unas costumbres religiosas de aquel tiempo, que si bien eran respetadas por miedo o superstición, también hay que decirlo, no estaban ligadas ya tanto a la existencia y a la realidad del ser humano, y en efecto habían perdido sentido.

Los fariseos y los escribas se lavaban sus manos antes de comer, ya que consideraban que al no hacerlo se haría impuro (excluido de la comunión con Dios, marginado en la comunidad de fe). Allí, la pureza no era cuestión de higiene corporal solamente, sino también espiritual. Sin pureza (santidad) no se podía entrar en la presencia del Señor. Ellos, como autoridad viniendo de Jerusalén, como “inspectores” constatan que los discípulos de Jesús no realizan el ritual de la Ley: …algunos de sus discípulos comían con manos impuras…, y por ende, lanzan la acusación.

Jesús respondiendo poco a poco, y primero a los escribas y fariseos, hace alusión al texto del profeta Isaías, destacando la prioridad de la Palabra de Dios: este pueblo me honra con los labios, pero su corazón sigue lejos de mí (29,13). Es que, efectivamente, los formalismos que subyacen en algunos pueden causar esclavitud, en lugar de dar sentido y libertad al ser humano. Tanto podemos mantenernos en lo superficial que perdemos y  no nos permitimos percibir el fondo de la novedad de la vida. Y en efecto, al observar los cambios que nos regala cada situación o circunstancia de la vida, nos podrán parecer “incoherentes”, raros sin sabor y sin juicios.

El honrar a Dios sólo con los labios, no es suficiente, necesita de algo más, honrarlo con el corazón. Ahí, se determina el criterio de saber si una persona está “lejos” o está “cerca” de la voluntad de Dios. Por eso, Jesús haciendo un breve comentario, afirmará que por conservar la tradición se viola el mandamiento de Dios, pero a su vez, da un ejemplo propicio y concreto, tomando como ejemplo el cuarto mandamiento: honrar a padre y madre.

La prioridad de la Palabra de Dios es importante, pero ésta no está para esclavizar, sino para dar vida, esperanza, luz a todos los seres humanos. La Palabra de Dios no es exclusiva para algunos, sino para todos los hombres y mujeres. Si esto sucediera, la misma Palabra no tendría sentido en la realidad de las personas, y por lo tanto, se anularía por mantener la tradición y no abrirse a las diferentes situaciones que en la historia del hombre emergen.

Etiquetar personas, actitudes o formas de comportamiento, pensamiento y vestido, puede ocasionar discriminaciones, prejuicios, elites que no dejarán ver más allá, la riqueza que nos ofrece el amor de Dios. No dejarnos inquietar por la novedad, puede adormecer el corazón. ¿Cuántos se pierden el atractivo de escuchar nuevas letras de canciones, sólo por querer estar repitiendo por décadas la misma música? ¿Cuántos se viven burlando por la forma que otro ora por pretender mantener su propio estilo de oración?

Quedarnos en hacer lo mismo, sólo llevará a que la vida pierda el sabor, y sucumba en rutina y en la monotonía. ¡Rompamos los formalismos! No nos miedo de ahondar en las cosas nuevas que nos regala como don el buen Señor. Tal vez al hacerlo podemos hallar cosas diferentes que no sólo nos ayudarán a crecer, madura y profundizar, sino que además, nos podemos sorprender, haciendo lo que menos imaginábamos.

No importa, si para algunos no es tan atractivo o no les llama la atención o nos rechazan. Si aquello que hacemos lo hacemos por el bien de los demás, es importante que lo hagamos y no nos limitemos, pues el amor de Dios no se agota, siempre se renueva.

La apariencia, oculta en un tradicionalismo puede alejarnos de la voluntad de Dios. Démonos la oportunidad de hallar sentido y realización, no sólo a nuestra vida, sino también a la de los demás; sobre todo en esos momentos de contacto cercano, de relación y de diálogo con aquellos que hacen parte de nuestra familia, o de nuestro trabajo, amigos o vecinos.

¡Qué importante que no nos fijemos sólo por las cosas externas! Porque lamentablemente, el quedarnos en estos paradigmas nos traerá problemas que nos alejan hasta de quienes más apreciamos. No valoremos a las personas por la forma de vestir o hablar, pensar o actuar. Permitámonos hoy a la luz del evangelio darnos la oportunidad de conocer más a fondo a quien, tal vez creemos conocer, pero que en realidad no conocemos porque tiene mucho que decirnos hoy.

No dejemos de lado a quienes piensan distinto a nosotros en la periferia de la vida. Démonos la oportunidad de compartir con ellos y de aprender un mundo que tal vez, desconocemos. No los acusemos, creyendo que todo lo sabemos, y que lo que digamos es lo único importante. Abramos el corazón al Señor y a su Palabra creadora para dar frutos espirituales, especialmente para aquellos que miramos raro porque no son como nosotros. Ahí está la verdadera riqueza de la vida.

Y, callemos los labios para no actuar guiados por prejuicios. No olvidemos que lo importante para valorar a alguien se mide desde el amor y no sobre patrones estéticos. La persona humana, la vida, la familia, han de ser lo primero. No dejemos que la rutina o los tradicionalismos nos atrapen y nos impidan ver la riqueza del Don de Dios.

Conclusión

Hoy el Señor nos está pidiendo ser cristianos de corazón, cristianos con los ojos volcados a él, no solo  que aparenten ser buenos cristianos, sino que vivan una adhesión real a Cristo y a su proyecto salvífico. Cristianos que vivan el auténtico amor de Jesús y que todo lo hagan y juzguen con los ojos del amor.

Taller

  • Te has preguntado alguna vez ¿por qué eres católico(a)? ¿Por tradición porque tu familia es católica?
  • ¿Crees verdaderamente que eres católico(a) por  convicción?