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FUNDACIÓN HOMBRES Y MUJERES DE FUTURO
GUIA DE PREDICACION

Septiembre 7- 2016

¡Tú eres mi hijo; yo soy tu Padre!

“Más a cuantos lo recibieron, a los que creen en Su Nombre, les dio el derecho de ser hijos de Dios.
Estos no nacen de la sangre, ni por deseos naturales, ni por voluntad humana, sino que nacen de Dios”

(Juan 1: 12-13)

Objetivos:

  • Descubrir el verdadero significado de la palabra “dignidad” y el significado de dicho título aplicado a cada uno de nosotros.
  • Experimentar la paternidad de Dios y descubrir la maravillosa experiencia de ser hijo de Dios y lo que conlleva esta experiencia.

Introducción

Hoy día nosotros nos hacemos llamar “hijos de Dios” y llamamos a Dios “nuestro Padre”. Se usan tanto estos términos que casi han perdido la fuerza del impacto que originalmente causaron. Que un simple ser humano de carne y hueso, con defectos y virtudes, haya sido adoptado por Dios como hijo es una verdad tan sorprendente que al judío del primer siglo familiarizado a lo largo de su historia con la grandeza y la santidad de Dios, le parecía una blasfemia digna de la pena de muerte (Jn. 5: 18; Mr. 14:61-65).

Para los mismos apóstoles y profetas, esta verdad era sorprendente. Pablo comienza su epístola a los Efesios con una alabanza a Dios por habernos elegido: "eligiéndonos de antemano para ser sus hijos adoptivos por medio de Jesucristo, según el beneplácito de su voluntad" (Ef. 1: 5).

Juan dice con gran admiración: “Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios, pues ¡lo somos!…” (1ª. Juan 3: 1). En el texto, Juan reflexiona en la parte sorprendente de la adopción. Nosotros no éramos dignos de ser parte de la familia eterna de Dios. No podríamos habernos ganado el derecho a serlo por nuestros propios esfuerzos o méritos. Sin embargo Él lo hizo posible a través de la muerte y resurrección de Jesucristo. El derecho a ser hijos de Dios no fue ganado, heredado o logrado por voluntad humana, sino fue dado por Dios gratuitamente mediante Cristo. El punto es que el sacrificio de Cristo en la cruz hizo posible que Dios otorgara gracia a quienes no lo merecían. 

¿Tiene usted el derecho de ser un(a) hijo(a) de Dios? Debemos reflexionar en el sorprendente privilegio que esto representa. No solo somos adoradores, no solo somos sus siervos, somos sus hijos. Compartiremos la herencia que nos dará el padre, con Cristo. De lo que por derecho se le dará a Jesucristo, se nos dará a nosotros también. Aunque Cristo es el único hijo que no es adoptado en la familia de Dios, Dios nos trata igual que a Él (Rom 8: 16-17).

LA DIGNIDAD HUMANA LA DA EL SER HIJO DE DIOS

¿Qué significa dignidad? Dignidad es grandeza, excelencia; es una calidad o bondad superior por la que algo o alguien goza de especial valor o estima.

La dignidad humana se basa en que el hombre posee gran dignidad por motivos principalmente espirituales. Algunos de esos motivos son:

  • Estar dotados de un alma espiritual e inmortal.
  • Hemos sido creados a imagen y semejanza divinas.
  • Poseemos entendimiento y voluntad.
  • Dios se ha hecho hombre: la Segunda persona de la Santísima Trinidad ha tomado la naturaleza humana.
  • Dios nos ama.
  • La gracia otorga al hombre la dignidad especial de hijo de Dios. De ahí que un pecado mortal es lo que más daña al hombre y a su dignidad pues hace perder el don de la gracia y la filiación divina.

Dignidad respecto al alma humana.

Ante todo es importante evitar el pecado y si se ha cometido, conviene confesarse pronto para recuperar la gracia y con ella la dignidad de hijos de Dios. En general, se trata de cuidar el alma propia y ajena: Respetando la inteligencia propia y ajena, buscando y diciendo siempre la verdad, siendo caritativos con el prójimo, rechazando odios, burlas y murmuraciones, amando y respetando la libertad de los demás, evitando los fanatismos. Desvelándonos por la vida espiritual propia y ajena. Sirviendo, dando, formando y enseñando al que no sabe.Llevando a cabo la misión que se nos encomendó.

Dignidad y respeto al cuerpo humano

El cuerpo humano participa de la dignidad de la persona y debe ser tratado con el respeto y cuidado correspondientes. Teniendo en cuenta: El respeto a la propiedad de los demás. Ayudando a quienes lo necesiten, siendo solidarios. Cuidando de la vida propia y ajena. Rechazando el aborto, la eutanasia. Apartando las drogas.Adornando y vistiendo correctamente el cuerpo humano usando una moda digna.   Respetando el cuerpo propio y ajeno. Incluye la moderación en la comida y bebida, y el uso correcto del sexo.

Uso digno y correcto del sexo

 La dignidad del hombre en estos aspectos exige varias cosas:

  • El cuerpo humano no debe ser objeto de uso o intercambio (hoy con una persona, mañana con otra). Sólo debe entregarse a alguien cuando previamente hay un compromiso firme, ante testigos (boda) de quererse para siempre.
  • Las facultades generadoras de la persona humana tienen una misión de gran categoría: traer al mundo otros seres humanos. Usarlas únicamente para obtener placeres es rebajar enormemente su dignidad.

Esta pérdida de dignidad es bastante clara, y cualquier persona se siente maltratada cuando se da cuenta de que está siendo usada o como objeto que da placer.

¿Qué es utilizar?

Utilizar es emplear algo para conseguir un fin. Se utiliza un martillo para clavar un clavo. Se usa un perro para vigilar una casa, etc.

El Creador dispuso un fin que hace feliz al hombre -el cielo junto a Él- pero quiso que fuéramos inteligentes y libres, y por tanto deseó que el hombre pueda auto dirigirse hacia ese fin. Esta libertad forma parte importante de la dignidad humana.

La pérdida de dignidad en este aspecto puede ser de dos modos:   Por imposición de un fin, atentando contra la dignidad de un hombre libre. En este caso el hombre entero es utilizado y usando las cosas de un modo inferior a la dignidad natural que poseen, recibida del Creador. Así se emplea mal una cualidad humana.

Algunos ejemplos donde se priva al hombre de la vida, cosa que ninguna persona desea perder, así queda claro que es un fin impuesto, contrario a la libertad y dignidad humanas cuando utilizamos o nos dejamos utilizar.

  • En la esclavitud, el siervo carece de derechos y está completamente sujeto a la voluntad y fines que su amo desee.
  • En el nazismo, los judíos eran masacrados con el fin impuesto de mejorar la raza.
  • En el aborto, los embriones humanos son destruidos para conseguir fines ajenos al embrión.
  • En el terrorismo, aterroriza o se mata a seres humanos con un fin político que ellos no desean.
  • En la Eutanasia, el ser humano priva de la vida, derecho que solo tiene Dios como el dador que es de la misma.

La pérdida de dignidad por mala utilización, es siempre decisión del hombre y no de Dios. Por ejemplo:

  • Utilizar la inteligencia para robar o dañar a otros es una pérdida de dignidad para ese entendimiento.
  • Aquí se incluye lo mencionado respecto al sexo. Emplearlo únicamente para obtener placeres rebaja mucho la dignidad de la sexualidad, despreciando el gran don de traer hijos al mundo.
  • Usar el tiempo principalmente solo para la diversión deteriora la dignidad operativa del hombre que deja de hacer obras buenas. La capacidad humana de hacer el bien se desprecia.

Somos hijos de Dios. Nuestra identidad nos viene de ser hijos del padre, esto es lo que nos define más profundamente. El está al inicio de nuestra existencia, No somos productos del azar, nuestra vida no le pertenece a una falla sino a la voluntad creadora del Padre Dios. Dios nos pensó y por eso existimos, existimos porque Dios lo quiso.

Características de la paternidad de Dios:

Al ser Padre, Dios presenta unas características: Padre que alimenta,Padre refugio, Padre educador. Heb. 12, 7 ss. Jn 15.Padre que sostiene, Padre consuelo. 2 Cor 1, 3.Padre que corrige con amor.

Frente a estas características de Padre, hay unas actitudes de hijo por parte nuestra: Abandono en Él, esperanza, trascendencia del aquí y el ahora. Nos hacemos hacedores de nuestra historia, teniendo en cuenta que nuestro Padre Dios nos ha hecho libres y que eso nos lleva a discernir antes de actuar. Eclo 15, 11-20, Dt 30, 15-20. Dios nos ha hecho responsables, somos responsables de nuestros actos  Gn 2, 17. St 4, 4

Dios no nos quiere fanáticos, ni supersticiosos, ni con falsas esperanzas. Dios está con nosotros para llenarnos de fuerza Is 43,  Dios nos da promesas a nosotros: Ap 2, 7.  Mt 28, 20. Rom 8, 37, pero la batalla hay que darla, la conquista es con trabajo no con falsas esperanzas. Jos 1, 10

Conclusión

Nuestra dignidad no nos la da un título, ni un apellido, ni el dinero, o el poder; nuestra dignidad viene de que somos hijos de Dios, por esto nunca perdemos nuestro valor. Ni el pecado puede arrebatarme la dignidad de hijo (Rm 5, 20). La derrota no me quita mi carácter de vencedor (1 Cor 4, 7-11). El paso obligado hacia la tierra prometida es el desierto donde soy moldeado para dar testimonio de que soy hijo(a) de Dios, lo cual me da mi dignidad (1 Cor 10, 1-12).

Comportarnos como dignos hijos de Dios implica vivir conforme al Espíritu. No debemos acomodarnos al entorno que nos rodea, debemos luchar en contra-corriente. Tenemos que estar dispuestos a defender nuestra dignidad de hijos y nuestra fe especialmente con nuestra conducta

Taller

  1. ¿Te siente realmente hijo(a) de Dios? ¿Por qué?
  2. Sabiendo ahora cuál es la verdadera dignidad del ser humano, ¿Sientes a Dios como un Padre que cuida de ti?

Bibliografía

  • Pío XII, Mensaje, la recta formación de la conciencia cristiana en la juventud, 23 de marzo de 1952, A.A.S., 44 (1952), p. 271
  • Conc. Vat. II, Const. dogm. Lumen Gentium
  • Juan XXIII, Enc. Mater et Magistra, 15 de Mayo de 1961