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Fundación Hombres de Futuro – Minuto de Dios

 

Guía de predicación,

Noviembre 2 - 2016

“AMA Y HAZ LO QUE QUIERAS” (San  Agustín)

Mateo 22, 36-40

 

Objetivo

Redescubrir el significado del verbo amar desde la perspectiva de la Palabra de Dios, para poder vivir nuestra vida en ese amor y que todas nuestras actuaciones estén orientadas por ese amor verdadero.

 

Introducción

En el mundo en el que vivimos, el verbo amar se utiliza con tanta frecuencia y de manera tan inadecuada, que ha perdido su valor real y se ha alterado su verdadero significado.

Encontramos en esta lectura que el verbo más importante que existe en todas las lenguas es el verbo amar. Recordemos lo que nos dice san Pablo en su carta a los Corintios, que aunque tenga todos los dones y carismas, si no tengo amor, no soy nada.  (1° Cor 13)

 

Desarrollo

La primera tarea (que en realidad es un mandato) que se nos propone en este texto es amar a Dios con todas las fuerzas que tengamos. Las facultades que aquí se mencionan son:

  • El corazón: la dimensión volitiva (de lavoluntad) del hombre, su “querer”, sus “decisiones”.
  • El alma: que en la antropología bíblica es la “fuerza vital”.
  • La mente: la dimensión intelectiva, nuestra capacidad de representar el mundo.

Con ello se quiere decir que debemos emplear todas nuestras fuerzas, sin excepción, en el amor a Dios. La entrega a él y por él debe ser total, por eso a cada dimensión enunciada se le añade el término “todo”.

Quien ama a Dios, se esfuerza y persevera con la ayuda de la gracia para vencer las tendencias de la carne.Este Mandamiento envuelve la fe, la esperanza y la caridad, puesto que quien ama a Dios cree en El, espera en El.

¿Qué actitudes del hombre van en contra del amor de Dios?

  • Indiferencia:desprecia ese amor.
  • Ingratitud:no reconoce el amor divino y por tanto no responde a él.
  • Tibieza:es vacilación o negligencia para responder, que no permite disfrutar el gozo que viene de Dios.
  • Rechazo a Dios: es originado por el orgullo, que se opone al amor de Dios por su rechazo al pecado.

La segunda tarea (mandato) es: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”.  El amor que tenemos por nosotros mismos es el parámetro del amor que debemos tener por nuestros hermanos. Este amor por nosotros mismos no consiste en fuertes sentimientos y emociones, sino en la serena aceptación de nosotros mismos con todo lo que somos, lo que tenemos, lo que constituye nuestra personalidad, nuestras potencialidades y nuestras limitaciones.  Cuando nos aceptamos a nosotros mismos le decimos “sí” al amor de Dios que nos ha creado, a ese amor que toma forma en nuestra persona, y para poder salir al encuentro del otro, debemos encontrarnos primero con nosotros mismos.

El amor al prójimo debe ser de la misma naturaleza del amor por nosotros mismos. Esto es, aceptar al prójimo en su singularidad, reconocerlo como un “otro” amado y creado por Dios. Por eso el amor al prójimo es también un reconocimiento a la voluntad creadora de Dios y la relación con él un motivo de alabanza a Dios. No se puede amar a Dios sin amar al prójimo. Pretender separar en la vida cristiana el mandamiento del amor a Dios y del amor al prójimo, sería tan absurdo como intentar separar en Cristo lo humano y lo divino. En ambos casos cabe una distinción, pero nunca una separación.

No estaba claro en las escuelas rabínicas quién debía ser tratado como prójimo (Lc 10, 29-37) y, en general, creían que el prójimo era el correligionario o por lo menos el simpatizante, pero de ningún modo el extranjero y el pagano;  pero Jesús enseña que el prójimo es cualquier necesitado que encontremos en nuestro camino, es todo el mundo, incluido el extranjero y hasta el desconocido. Prójimo es cualquiera que es objeto del amor de Dios; es decir, todos. Pero nosotros permanentemente caemos en la tentación de delimitar el concepto de prójimo, de hacer una clasificación, como si algunos hombres contaran y otros no.

Para Jesús, el mandamiento del amor a Dios y al prójimo no es simplemente el mandamiento que hay que colocar encabezando  la lista, y ni siquiera el mandamiento más importante; es el centro del cual deriva todo y que todo lo impregna; cualquier otra ley que quiera presentarse como voluntad divina debe ser expresión de este doble amor.

En esta misma línea, Santiago afirma rotundamente que "la religión pura e intachable a los ojos de Dios" es cuidar del prójimo en sus necesidades (St 1, 27).

Los libros de la Ley y de los Profetas son el compendio escrito de la alianza de Dios con Israel. Pues bien, el que ama a Dios y ama al prójimo, cumple todos los mandamientos contenidos en esta alianza. El amor es la única manera de ser fiel a la alianza, de responder al amor de Dios.

Conclusiones:

  1. Amar es cumplir la ley entera, esto quiere decir que sicumplimos a cabalidad este primer mandamiento, sin proponernos le daremos cumplimiento a todos los demás, puesto que el amor nos lleva a actuar en todo momento como Dios espera que lo hagamos.
  2. Quien ama a Dios no hará nada que desagrade a Dios y quien ama al prójimo no hará nada que perjudique al prójimo.  Es nuestra falta de verdadero amor la que nos lleva a hacer en tantas ocasiones, cosas que ofenden a Dios y a los hombres. 
  3. Son muchas las cosas que hechas sin amor pierden su sentido, como por ejemplo el ejercer autoridad sin amor, me puede convertir en un tirano; y realizar mi trabajo sin amor me puede llevar a ser un esclavo, hacer justicia sin amor nos puede llevar a la venganza.
  4. Podemos asegurar que LA VIDA SIN AMOR NO TIENE SENTIDO.

Taller:

  1. ¿Realmente amo a Dios sobre TODO?
  2. ¿Mi relación con Dios parte de lo más profundo de mi ser, de mi fuerza vital, o la siento como un peso, como una obligación una rutina? ¿Me mueve hacia él la fuerza del amor? ¿O un interés particular?
  3. ¿A quién o a qué le he dado mayor atención?

  

Recordemos la oración de San Agustín, “Ama, y haz lo que quieras”

 

Ama, y haz lo que quieras,
Si callas, callarás con amor.
Si gritas, gritarás con amor.
Si corriges, corregirás con amor.
Si perdonas, perdonarás con amor.
Si está dentro de ti la raíz del amor,
ninguna otra cosa sino el bien
podrá salir de tal raíz.