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FUNDACIÓN HOMBRES Y MUJERES DE FUTURO
Guía de predicación

Octubre 26 - 2016

Los peligros de no trabajar por la unidad

Lc. 9, 43b-50

 

Objetivo

Concientizar a las personas de los peligros y de las consecuencias de no trabajar por la unidad, con el fin de fructificar como comunidad familiar viviendo unidos, venciendo toda condición que divida y abriendo la puerta a la construcción del reino de Dios que es comunión, amor de Dios para la humanidad.

Introducción

“Cuando crece la conciencia de pertenencia a Cristo, en razón de la gratitud y alegría que produce, crece también el ímpetu de comunicar a todos el don de ese encuentro. La misión no se limita a un programa o proyecto, sino que es compartir la experiencia del acontecimiento del encuentro con Cristo, testimoniarlo y anunciarlo de persona a persona, de comunidad a comunidad, y de la Iglesia a todos los confines del mundo (cf. Hch 1, 8)” (DA N° 145). Sin embargo, en el contexto de las diversas y diferentes comunidades, surgen dificultades por las que, a los discípulos del Señor, les cuesta poder seguirlo y construir el anhelo de la comunión, la unidad y el trabajo en equipo.

Algunas personas piensan que unos de los peligros más contundentes para que en una comunidad no prevalezca la unidad, es la falta de fe (cf. Lc 9, 37-43), o el anhelo por la grandeza fruto del egoísmo y del miedo. Esto es importante, pero también en los procesos comunitarios y familiares existen otros peligros que traen sus propias consecuencias, afectando el trabajo de la unidad, provocando separación y división que en ocasiones se convierten en anti- testimonio de vida para la comunidad y la sociedad, confundiendo, cerrándose a la comprensión y entendimiento de la voluntad de Dios.

Desarrollo

El texto del evangelio de Lucas comienza afirmando que los discípulos estaban maravillados de todas las cosas que su maestro hacía (cf v. 43b), así que todos estaban asombrados, llenos de estupor por la acción poderosa del Hijo del hombre en favor de toda la humanidad. Sin embargo, cuando Jesús revela su pasión, los discípulos encuentran impotencia para salir de la ambigüedad en la que no comprenden que la cruz hace parte de la acción poderosa de Dios en la persona de Jesús.

El imperativo “pongan en sus oídos”, significa que el discípulo del Señor está llamado a una nueva operación, a dar un nuevo comienzo del algo que no ha hecho, pero que el ser humano se siente incapaz de hacerlo y de responder con eficacia porque sencillamente se ha vuelto incapaz de escuchar. La sordera impide conocer, y en efecto hace imposible que el discípulo ame y construya unidad, trayendo como consecuencias realidades que dejan vacíos y huecos que conducen a la ignorancia y a la sospecha acerca de Dios y de los hermanos (cf. Gen 3, 10).

Veamos cuáles son esos peligros en la formación de los discípulos del Señor que el evangelista pone sobre la mesa, y que llegan a ser impedimento para hacer posible la unidad de los hermanos:

1.   Incomprensión (Lc 9, 43b 45): La Palabra dice que los discípulos no entendían eso de que el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres. Estaba velado su sentido, es decir, que tenían dificultades para recibir correctamente el mensaje que le comunicaba la persona de Jesús, quedando interrumpida la comunicación, la comunión y el trabajo en equipo por la incomprensión del contenido y el anuncio de la muerte de Jesús.

No comprender las palabras de Jesús, trae como consecuencia que los discípulos del Señor se queden solamente en el campo de la admiración, impresionados por las obras y acciones de Jesús, pero cerrados a la acción de Dios y a aquello a lo que deben alcanzar como hijos de Dios: aquellos propósitos y metas que se han elaborado, dejando a medio camino lo que se comenzó, rechazando a todo el mundo e imponiéndose en su propia voluntad.

La incomprensión es una reacción de los seres humanos ante aquello que no se entiende, o que no se acepta por las decisiones o actuaciones de otras personas. Cuando se siente impotencia por no lograr cambiar a las personas, se sucumbe en la incomprensión, y en lugar de guiar o conducir de manera didáctica, o de sugerir sin herir susceptibilidades, se llega a rechazar.

El lado afectivo de la incomprensión es la falta del conocimiento de la persona con la cual se interrelaciona. Así que los discípulos del Señor estaban admirados de sus acciones, pero no le conocían (cf. Jn 1,11). Esta incomprensión también se encuentra en el nivel de los hermanos de comunidad o en las relaciones de familia, pues dentro de la sensibilidad humana se llega a despreciar lo de los demás para aceptar solamente lo nuestro, convirtiéndonos en robots, llevando una vida mecánica fundamentada en dichos, hábitos, acciones y expresiones, tales como aquí siempre se ha hecho lo mismo.

La incomprensión trae como consecuencia no permitir la confraternidad, ya que se quiere solamente que las personas piensen, actúen y vivan conforme al interés personal, sin importar la forma de pensar o sentir del otro. Cuando no se entiende, en efecto se repudia, cayendo en la violencia que trunca las relaciones humanas y el trabajo por la unidad familiar y comunitaria; lejos de una larga vida de amor y felicidad.

Por la incomprensión se llega a odiar, a despreciar y a atacar quitando del medio a quienes parecen obstáculo. De manera que para el discípulo del Señor es mejor actuar con inteligencia, comprendiendo y aceptando a las personas tal como son, sin maquillajes, sin protocolos y sin ceremonias, recordando que si todas las personas estuvieran en las mismas condiciones, esto no sería un proceso sino un paraíso, en el que no habría porqué trabajar por la unidad, cuando ya se está en comunión con el Señor.

2.   Rivalidad y competencia(Lc 9, 46-48): El texto de Lucas avisa sobre la ignorancia de la Palabra, el velo que impide captarla y la resistencia de no conocerla, fruto de la rivalidad y de la competencia. Se suscitó una discusión entre los discípulos, por saber quién sería el más grande (v. 46).

La rivalidad y la competencia viciada en una comunidad se convierten en un peligro para el trabajo hacia la unidad, trayendo como consecuencia el actuar con soberbia, alejándose del camino que lleva a alcanzar metas importantes que ayudarán a la construcción de la vida comunitaria, personal y familiar.

La enemistad u oposición es fuente de rivalidad, la cual consiste en que varias personas aspiran a lograr una misma cosa, pero en lugar de unir fuerzas, cada una busca su propio beneficio, sin interesarle el esfuerzo y el pensamiento del otro. Su único interés es ser importante, aunque esto no signifique que sea útil.

La rivalidad entre hermanos es muy común en una familia, pero también lo hay en las comunidades, cuando se buscan los primeros lugares o sencillamente viven ansiosos, angustiados, queriendo controlarlo todo o usando su autoridad para despreciar, lastimar, incluso usando a los mismos, pues no puede confiar sino en sí mismo o en los que piensan como él o ella.

La rivalidad y la competencia se vencen trabajando en equipo, tomando conciencia de las diferencias, de las cualidades, de los carismas de cada persona, invitando a la acción concreta para construir y aprender del otro.

La clave central para contrarrestar la rivalidad y la competencia se llama humildad (cf. V 48), un camino de crecimiento que no solo bloquea la soberbia, sino que a su vez permite descubrir que todo lo que es la persona proviene de Dios (Él es el grande y yo el pequeño).  Dios en su misericordia quiere que unidos a Él trabajemos en equipo, siendo canal de bendición, de esperanza, de amor y de gozo. Dicho de otra forma, el humilde es aquel que ama, que depende y se reconoce necesitado del Padre, confía plenamente en Él, todo le cree, le es obediente y dócil, es fiel, es manso, imita al Padre y su inocencia es la pureza.

3.   Intolerancia (Lc 9, 49-50): El tercer peligro en el trabajo de la unidad es muy común en la comunidades familiares, evangelizadoras y sociales: la intolerancia, como actitud de personas que no respetan las opiniones, las ideas, o actitudes de los demás; todo lo buscan racionalizar para restarle importancia a la actividad positiva que ha logrado el otro, o sencillamente por el hecho de que aquella persona no pertenezca a la comunidad, se le relativizan sus ideas o se apropia de ellas para afirmar que en la comunidad ya se está elaborando o desarrollando tal tema o actividad.

Juan tomó la palabra y le dijo al Maestro: hemos visto uno que expulsaba demonios en tu nombre y tratamos de impedírselo, porque no viene con nosotros (v. 49). Los discípulos protestan porque se imaginaron que ellos eran los únicos poseedores de la verdad y los únicos que podían desarrollar legítimamente la obra de la persona de Jesús.

La intolerancia cierra los grupos, cierra las comunidades, las introduce como a seres dentro de una urna, lejos de la realidad y de las situaciones de otros. Algunos le restan importancia a los estudios de los otros, cayendo en una eclesiolatría, la cual consiste en hacer menos visible al otro para ser más grande. De ahí la respuesta de Jesús: No se lo impidáis, pues el que no está contra vosotros, está por vosotros (v.50).

El verdadero seguimiento a la persona de Jesús no consiste en usar rótulos o razones sociales para pertenecer a determinada institución, sino en practicar la misericordia, el amor, la vida, la buena relación entre los hermanos, incluyendo a quienes son, piensan y actúan diferente, haciendo posible que todos sean libres. Esto significa que aunque se encaje en una comunidad, no siempre quiere decir que le pertenezca. La Iglesia católica, como acción universal no excluye a ninguno y respeta la libertad de cada persona, haciendo ver que cada ser humano es único e irrepetible, y que toda diversidad no sólo debe ser tolerada, sino que es positiva porque en ello se reconoce al Señor, que es hermano de todos.

CONCLUSIÓN

Es importante tomar conciencia de los peligros que afectan el trabajo de la unidad en una comunidad de hermanos, o de familia, o en el entorno laboral, porque darán frutos de libertad y de vida en las relaciones humanas. No se pensará tanto en un yo y los otros, sino en un nosotros y los diferentes en el que se acoge a todos, alejándose de una comunidad psíquica para que prevalezca una comunidad verdaderamente espiritual, pneumática, universal, fundamentada en el único Señor de todos: Todo aquel que en Él crea, comprenderá y será consciente del Amor de Dios por el hombre, que tome entonces la decisión de agradar a Dios y de reconciliarse con el Padre y de ser con Él uno solo, como el Hijo y el Padre son uno solo.

TALLER

  1. ¿Cuáles otros peligros crees que hay y que traen consecuencias de división hoy en la comunidad social y en la familia?
  2. ¿Cómo podrías superar las actitudes de competencia y rivalidad entre los hermanos de comunidad y los hermanos en una familia?
  3. ¿Nos hemos sentido en algún momento dueños de la verdad?, ¿creemos que todo lo sabemos y le restamos importancia a las opiniones de los demás? ¿Cómo lo superaría?

BIBLIOGRAFÍA

  • Biblia de JERUSALEN.
  • Biblia de Estudio Dios habla hoy.
  • DA - V CONFERENCIA GENERAL DEL EPISCOPADO LATINOAMERICANO Y DEL CARIBE Aparecida, 13-31 de mayo de 2007
  • STORNIOLO, Ivo. Cómo leer el evangelio de Lucas: Los pobres construyen la nueva historia. San Pablo, Bogotá 2008.