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FUNDACIÓN HOMBRES Y MUJERES DE FUTURO

GUÍA DE PREDICACIÓN

 

Noviembre 23 / 2016

ÁNIMO Y CONSUELO DE DIOS PARA TI.

(Isaías 51, 12-14). 

 

Objetivo

Entender que el ánimo y consuelo de Dios van a la raíz del dolor y lo sana. Pero esto no basta, su consolación va más allá de las situaciones del corazón porque quiere sanar incluso las situaciones causadas por la injusticia social.

Introducción

En el corazón de las personas hay mucho sufrimiento y no son pocas las que experimentan en su interior tristeza, soledad o el peso de las culpas; y ese dolor es mucho más pesado que el físico.

Por esto debemos volcar nuestra mirada al Dios consolador que es el único capaz de sanarnos integralmente. Este actuar de Dios consolador bien descrito por Isaías tiene un fondo precioso: se trata de su gran amor. El Dios que consuela es el Dios Padre- Madre de su pueblo (Isaías 66, 13-14a)

DESARROLLO

¿Qué entendemos por ánimo y consuelo?

Ánimo: Valor, esfuerzo, energía.  Se usa para alentar.

Consuelo:Acción y efecto de consolar: aliviar la pena o aflicción de las personas.

La fe, que nos lleva a nuestro Dios, es el remedio más poderoso para calmar las penas de la vida.  Pero desgraciadamente son pocas las personas que tienen una fe tan potente como para trascender el dolor y transformarlo en fuente de paz, de redención, de testimonio. Miraremos el dolor desde el punto de vista de la fe y comprenderemos que el dolor visto desde aquí es el más liberador, tiene, definitivamente un valor corredentor muy importante.

No hay especialista que con su análisis y terapia pueda liberarnos del sufrimiento.

Ánimo y consuelo desde el punto de vista de la fe: la tercera Bienaventuranza presenta una idea que puede sonar absurda, puesto que declara felices a los que sufren: “Bienaventurados los que están afligidos porque ellos serán consolados” (Mateo 5,5). Precisemos ante todo que en esta Bienaventuranza no se está hablando del dolor en si mismo sino de su causa; Jesús se está refiriendo a gente que ha sufrido desgracias y que en la actualidad vive en una situación de tristeza.  En la lógica del Reino de Dios el dolor es una Bienaventuranza, porque abre una ventanita, para vislumbrar la luz de una nueva situación en la que Dios se manifiesta con todo su poder.

¿Por qué son bienaventurados los que lloran? Porque Dios los consolará, es decir Dios vendrá a ellos y Él mismo se convertirá en consuelo. Pero atención, no se trata de un consuelo superficial, como aquellas condolencias que recibimos en tiempo de desgracia, pero que en realidad cambian poco nuestra situación. Este consuelo se genera desde aquella región interior del que llora, habitada por la paternidad amorosa, consoladora y acogedora de Dios. (Sal 94,19; 119,52 / 76; 2Cor 1,4)

Si nos detenemos un momento, miramos hacia atrás en nuestras vidas y reflexionamos un poco descubriremos que tantos acontecimientos dolorosos de nuestro pasado que en su momento nos parecieron desgracias, hoy, al cabo de los años comprobamos que nos han traído mucha bendición, desprendimiento y libertad interior; y han resultado ser no desgracias sino hechos providenciales en nuestras vidas. Lo que sucede es que este desprendimiento o comprobación sobreviene muy lentamente. Cuando el cristiano se encuentra de repente con el sufrimiento su primera reacción suele ser la rebeldía, “¿por qué?” y la protesta es lanzada en el fondo contra Dios, sin tomar en consideración que Aquel a quien se dirige la protesta estuvo en la cumbre del dolor, clavado en la cruz. Y la respuesta  al “¿por qué?” viene siempre de allí mismo, de lo alto de la cruz.

Si de verdad queremos que estas reflexiones se concreten en un consuelo real y fuente de alegría es imprescindible cumplir con una condición: vivirlo todo en la fe, que quiere decir que el cristiano que sufre debe unirse conscientemente al Cristo doliente a su cruz, debe acompañar, cargando con paz su propia cruz, a Cristo que sube al calvario llevando con amor la suya, debe, asumir amorosamente ese dolor en forma consciente y voluntaria, sabiendo que de esta manera su sufrimiento igual que el de Jesús se torna fecundo y creador, en fuente de vida y redención.  Esto, se dará siempre y cuando asumamos las pruebas de la vida en el Espíritu de Jesús, es decir de una manera personal, activa y consciente, uniendo, como ya dijimos, todo dolor, tristeza, inquietud o preocupación a su  cruz redentora.

Cuando el cristiano, en ese caminar asociado al Cristo doliente cesa en su rebeldía, toma su cruz, se entrega y adora, entonces hacen su aparición el sentido salvífico del dolor y el misterio redentor de la cruz.  En este momento el dolor y la muerte son vencidos y el cristiano es visitado por la alegría y la paz.

CONCLUSIONES

En la tristeza, en la enfermedad, en el duelo, en la persecución tiene el hombre necesidad de ánimo y consuelo. Cristo en efecto es fuente de toda consolación (Filipenses 2, 1).

Sin sufrimiento no hay sabiduría, pero la tristeza resulta tan amarga que el ser humano no quiere saber nada de eso y vuelve la cara a otra parte. Pero después de un cierto tiempo, al tomar una razonable distancia y perspectiva, y tender una larga mirada, la mirada de la fe, en ese momento la persona comienza a comprender que lo que sucedió fue una pedagogía divina, y en el fondo una acción  liberadora. Esto es muy consolador.

TALLER

  1. ¿Cuáles son las situaciones concretas que están causando sufrimiento en tu vida?
  2. ¿Cómo asumes el dolor: con desespero o con esperanza?
  3. ¿En mi casa y en mi trabajo, en mi comunidad soy portador(a) de ánimo y consuelo?

 

BIBLIOGRAFÍA:

El arte de ser feliz.  P. Ignacio Larrañaga

En brazos del Padre.  P. Fidel Oñoro  Consuegra