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FUNDACIÓN HOMBRES Y MUJERES DE FUTURO
GUÍA DE PREDICACIÓN

Agosto 15 - 2018

LA LEY DE DIOS ESTÁ INSCRITA EN NUESTROS CORAZONES

(Rom 2, 14 -7,25)

 

Objetivo:

Reconocer que el proyecto de Dios está inscrito en el corazón de todo hombre, conciencia que nos guía a lo largo de nuestra vida.

Introducción

Aún antes de que la revelación lo precisara, aun cuando no hayamos reconocido a Dios como creador o ignoremos la revelación, lo natural de los seres humanos es hacer la voluntad divina. Esto lo deduce san Pablo y nos lo cuenta en su carta a los romanos 2,14s: cuando los gentiles que no tienen ley observan por instinto natural lo que ordena la ley, vienen a convertirse en ley para sí mismos. Ellos dan prueba de que la realidad de la ley está inscrita en su corazón. (X. León Dufour VOCABULARIO DE TEOLOGÍA BÍBLICA)

Desarrollo

En lo más profundo de su ser descubre la persona humana la existencia de una ley que él no se dicta a sí mismo y a la cual debe obedecer. La voz de esa ley resuena en su corazón cuando es necesario, advirtiéndole que debe amar y practicar el bien y evitar el mal.

Esta es una ley escrita por Dios en el ser humano, en su corazón y en su obediencia consiste la dignidad humana, entre otras cosas y por la cual será juzgado personalmente.

Es la conciencia la que de modo admirable da a conocer esa ley, cuyo cumplimiento consiste en el amora Dios y al prójimo. La conciencia es el núcleo más secreto, el sagrario del ser humano, en el que nos sentimos a solas con Dios; y en el recinto más íntimo de ella, escuchamos su voz. La fidelidad a esta conciencia es lo que nos hace verdaderamente hermanos y nos ayuda a buscar la verdad y a resolver con acierto numerosos problemas que se nos presentan como personas.

Cuanto mayor es el predominio de la recta conciencia, tanta mayor seguridad tienen las personas y la sociedad para obrar el bien y apartarse del egoísmo y de pensar únicamente en el provecho propio.

La conciencia puede estar enceguecida u ofuscada por ignorancia, porque nos despreocupamos de buscar la verdad y el bien; y aunque la tenemos inscrita en el corazón, la conciencia se va ensombreciendo por el hábito del pecado.

A este respecto nos dice Pablo “Soy yo mismo quien con la razón sirve a la ley de Dios, mas con la carne, a la ley del pecado”. (Rom 7,25)

Porque la conciencia moral es un juicio de la razón, mientras que el dejarse llevar por las pasiones o la emocionalidad libertina nos hace obrar en la carne y su salario es la muerte. No son los demás, no son las circunstancias, somos nosotros mismos quienes optamos por decidir si con la recta razón o con la carne.

Cosas como el desconocer a Cristo y a su Evangelio, los malos ejemplos, la pretensión de una mal entendida autonomía de la conciencia, pueden conducir a desviaciones en el recto juicio de la razón.

Existen ciertas reglas que debemos observar para que como dice san Pablo, nuestra conducta sea irreprochable.

  • Nunca está permitido hacer el mal para obtener un bien.
  • La “regla de oro”: Por tanto, todo cuanto queráis que os hagan los hombres, hacédselo también vosotros a ellos” (Mt 7,12)
  • Dice Pablo en Rom 14,21 “Lo bueno es… no hacer cosa que sea para tu hermano ocasión de tropiezo o caída”.

 

En todo caso, la Palabra de Dios será siempre una luz para nuestros pasos; ella nos guiará y nos ayudará a mantenernos en la recta razón; leerla, meditarla y hacerla vida es nuestra tarea permanente.

Conclusión:

Dios es amor y es esta ley, la ley del amor, la que Él ha grabado en nuestros corazones. Nos dejó un mandamiento que resume todos los demás: que nos amáramos los unos a los otros; pero antes ya había grabado su ley en el corazón de sus hijos para que supiéramos, aún, ignorando a Cristo o a su Evangelio, que cualquier otra conducta está por fuera de su ley.

Bibliografía:

  • Constitución pastoral Gaudium et Spes
  • Catecismo de la iglesia católica
  • Vocabulario de teología bíblica X. León Dufour