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FUNDACIÓN HOMBRES Y MUJERES DE FUTURO
TEMA ASAMBLEAS

Marzo 25 / 2020

DICHOSO SERÁS CUANDO TENGAS MISERICORDIA

Personaje: DAVID

Objetivo

Aprender con David cómo es la misericordia de Dios. Este pasaje nos mostrará claramente, cómo es aquello que nos dijo Jesús en el monte de las bienaventuranzas: Bienaventurados, dichosos los misericordiosos porque ellos obtendrán misericordia.

Nota: Te sugerimos ver el siguiente video para preparar tu predicación:

http://fhfrecursos.hombresymujeresdefuturo.org/07 Del Rencor A La Misericordia.mp4

Introducción

La misericordia es una virtud indispensable para la sana convivencia y una paz estable en la familia.

Desarrollo

Lo contrario a la misericordia es el odio, el rencor. Miremos un poco la definición

Rencor: Entre otras cosas: Resentimiento, aversión, enemistad, mala voluntad, odio...

Es un sentimiento profundo y muy fuerte que no viene solo (consecuencias) pues esto hace que se obstruyan los canales de la gracia, nos incapacita para amar y la consecuencia inmediata es la amargura.

Cuando se permite la amargura, esta echa raíces y ya no se trata de un asunto sólo entre el ofensor y el ofendido, sino que todos los que están alrededor de la persona que no ha podido perdonar se ven afectados. De ello pueden brotar infinidad de pecados, pues se busca devolver golpe por golpe y surge la venganza, la agresión física y hasta el homicidio.

Lc 6,36-38: “sean compasivos”. Jesús es el único que puede salvarnos del odio, la amargura. Solo clamándole a Él y con su Divina ayuda podemos perdonar.

Misericordia: Virtud que nos hace tener compasión de los males ajenos. Podemos verlo en el antiguo testamento, en la paciencia amorosa de Dios con su pueblo; pues a pesar de las infidelidades de éste, Dios nunca deja de ser fiel, vuelve a perdonarlos, sigue alimentándolos y guiándolos.

En el nuevo testamento, vemos a Jesús siempre ayudando a los necesitados, a los que sufren, e inclusive perdonando al pecador (mujer adúltera).

Misericordia también es no juzgar al otro sin haber caminado por lo menos 1 Km con sus zapatos. Es darle el beneficio de la duda y escucharlo; es padecer con el otro, sufrir y llorar con el que sufre.

La misericordia Divina llegó a su culmen en Jesucristo, Dios que tiene corazón y siente también como hombre. Se hizo hombre para redimirnos, para revelarse y mostrarnos el camino del amor, el arrepentimiento, la esperanza y el perdón.

Recordemos sus palabras en la cruz, que no solo fueron por aquellos que lo estaban matando, si no que aún con un inmenso dolor no solo físico sino también moral, de verse sólo, traicionado, y abandonado, las pronuncia por todos aquellos a quienes había amado tanto, les había servido, sanado y los había hecho sus amigos, Sus palabras fueron: Padre, PERDÓNALOS PORQUE NO SABEN LO QUE HACEN (Lc 23, 34).

EL PERDÓN: Poder perdonar a alguien que nos ha ofendido, es una decisión y no un sentimiento. Yo decido perdonar como un acto de mi voluntad; es decir, aunque no me nazca, aunque no lo sienta. Decido que voy a perdonar y lo digo: tomo la decisión de perdonar a... Luego viene el proceso de la sanación con la ayuda de Dios, pues solos nos resulta muy difícil, pero con Él llega un momento en el que yo puedo recordar la ofensa, o el suceso sin sentir dolor y hasta puedo hablar de eso como un recuerdo cualquiera. No es cierto que si no se ha olvidado es que no se ha perdonado; lo cierto es que si ya no duele ya se ha perdonado, aunque venga de cuando en cuando el recuerdo a mi memoria.

Jesús no negó el pecado de la mujer que había cometido adulterio, pero al perdonarla, le dio una nueva oportunidad, le dio luz, le mostró que podía cambiar al decirle “y no peques más” (Jn 8, 11)

En el momento de la decisión de perdonar, más trabaja la voluntad que el corazón. Cuando no quiero perdonar porque no “siento” el deseo de perdonar, la persona que más se hace daño soy yo mismo; llevo una carga tan pesada que con el tiempo se me hace insoportable. Hay que perdonar, no porque sintamos el deseo de hacerlo, eso casi nunca sucede, sino porque es Dios mismo el que nos lo pide.

Cuando sintamos que alguien nos ofendió, no juzguemos sin adentrarnos un poco más en los motivos; calcémonos sus zapatos y caminemos con ellos. El padre Ignacio Larrañaga dice que, si “COMPRENDIÉRAMOS, NO HARÍA FALTA PERDONAR”.

Acaso ¿yo sé qué hay en el corazón del aquél? ¿Qué heridas tiene que pueden hacer que se comporte así? Hay que dar el beneficio de la duda.

No juzguéis y no seréis juzgados... no condenéis y no seréis condenados.

Personaje, DAVID

Para preparar la predicación:

1. Leer y reflexionar: momentos de perdón (misericordia) de David (1 Sam. cap. 18,6ss - 24 y 26)

Desde el capítulo 18 del primer libro de Samuel, nos cuenta la Palabra que Saúl le tenía envidia y lo buscaba para matarlo. Luego en los capítulos referidos, vamos a encontrar dos momentos muy puntuales en los que David tiene ocasión de matar a Saúl y no lo hizo, tuvo misericordia de quien era su rey.

2. Leer y reflexionar cómo David obtiene la misericordia de Dios en:  II Samuel 11 completo y 12, 1-13. En este último versículo leemos el momento de la misericordia de Dios: “También Yahveh perdona tu pecado, no morirás”

Como conclusión podríamos dar una frase en la que queda todo dicho:

Aquel que siembra misericordia cosechará misericordia

“Porque si ustedes perdonan a otros el mal que les han hecho, su Padre que está en el cielo los perdonará también a ustedes; pero si no perdonan a otros, tampoco su Padre les perdonará a ustedes sus pecados” (Mt 6,14)

Extractado del curso: Sanación del corazón desde las Escrituras