ENSEÑANZA ASAMBLEA VIRTUAL
Septiembre 9 - 2026
CUANDO CREER EN DIOS NO ES SUFICIENTE
“Dichosa tú, que has creído las cosas que te fueron dichas de parte del Señor “
(Lc 1, 45)
De creer que existe, a creerle que cumple.
OBJETIVO
Aprender qué es una promesa de Dios y por qué debemos creerle
DESARROLLO
Todos los que estamos presentes en esta reunión, seguramente creemos en Dios. Quizá si no fuera así, no estaríamos aquí. Seguramente vamos a misa los domingos, algunos rezarán el rosario y practicarán otras devociones, pero hay una diferencia enorme entre creer en Dios y creerle a Dios.
Cuando dices yo creo en Dios, estás diciendo yo creo que hay un Dios.
Cuando dices yo le creo a Dios, estás diciendo: yo confío en Dios porque lo conozco, confío en lo que me dice, porque sé que me conoce. Is 49,16: “Mira, en las palmas de mis manos te tengo tatuada”.
TRES RAZONES POR LAS QUE NO CREEMOS EN SUS PROMESAS.
1. Porque escuchamos más el problema que la Palabra.
Es decir, ponemos el problema entre el Señor y nosotros, de tal modo que el problema obstaculiza nuestra vista a Dios. Muchos leen la Palabra como información de algo que dice Dios, pero la Biblia fue escrita como una carta personal de Dios para un pueblo, y ese pueblo eres tú. La Biblia fue escrita para ti. Por eso cada vez que te encuentres con un nombre o referencia personal en la Biblia, cámbialo por el tuyo. Así, si dice por ejemplo: como en Jn 20,15, “¿mujer por qué lloras?” Quita la palabra mujer y pon tu nombre allí: Mario, Lourdes, Martha, Teresa, Gustavo, por qué lloras? Es el Señor Dios que te está preguntando: a ti qué te entristece, qué te angustia y enseguida viene a tu mente la promesa: (cuando conoces la Palabra de Dios) Ahora, Israel, (cambia por tu nombre) el Señor que te creó te dice: “No temas, que yo te he libertado; yo te llamé por tu nombre, tú eres mío. Si tienes que pasar por el agua, yo estaré contigo, si tienes que cruzar ríos, no te ahogarás; si tienes que pasar por el fuego, no te quemarás, las llamas no arderán en ti. Pues yo soy tu Señor, tu salvador, el Dios Santo de Israel”. (Is 43,1-3a)
Releamos las palabras que el Señor nos está diciendo: No temas... Pero a nosotros nos parece tan grande el problema que se nos hace difícil creerle a Dios. Aún no pensamos como Dios; quien lee la Palabra de Dios adquiere pensamiento de Cristo.
2. Porque desconocemos el tiempo de Dios.
Él les contestó: “No es cosa vuestra conocer el tiempo y el momento que el Padre ha fijado con su propia autoridad” (Hech 1,7)
Una cosa que aprenderemos hoy, es que Dios algunas veces demora el cumplimiento de la promesa mientras nos hace madurar para que ésta (promesa) llegue en el momento preciso y sea de más provecho. Todo está dentro de Su proyecto para cada uno de nosotros. El tiempo de Dios no es tu tiempo. Entre la promesa de Dios a Abraham de que le daría un hijo y el nacimiento de Isaac, pasaron 25 años.
3. Porque tenemos una imagen distorsionada de Dios
Muchas personas en el fondo ven a Dios como un patrón exigente y no como a un Padre. Creerle a Dios comienza por sanar la imagen que tienes de Él. Un patrón exige, no promete; un padre sí promete porque ama y el que ama quiere lo mejor para el otro.
¿CÓMO LOGRAR EL PASAR DE CREER EN DIOS A CREERLE A ÉL?
- No es con tus fuerzas, ni con tu voluntad, es construyendo una relación íntima con Él: Oración, lectura y meditación de la Palabra, visita al Santísimo, Eucaristía. Todos estos son lugares donde Dios hace su obra en nosotros, su obra transformadora, donde cambia nuestra manera de pensar y de ver y de estar en el mundo. El seguidor de Jesús piensa diferente a como piensa el mundo; vive de otra manera, generalmente en contracorriente de lo que el mundo quiere. El seguidor de Cristo vive para cumplir las expectativas de Dios sobre él y no las del mundo. Esta transformación que se lleva a cabo en esa intimidad con Él, te llevará a un conocimiento y un entendimiento más grandes de lo que tienes hasta ahora de Dios.
- Cambiando de lugar el problema y poniendo allí la promesa. No es negar el problema, el problema se acepta, es decir se reconoce, hay un problema, pero es quitar la mirada del problema y ponerla en la promesa hecha por Dios para ti.
Una promesa de Dios no es un deseo de Dios simplemente; es Dios mismo comprometéndose a actuar; es un pacto que Dios hace contigo, un pacto sellado con la sangre de su Hijo.
LAS PROMESAS
Promesa de PRESENCIA: (Is 41,10) “No tengas miedo, pues yo estoy contigo; no temas, pues yo soy tu Dios.Yo te doy fuerzas, yo te ayudo, yo te sostengo con mi mano victoriosa”.
Promesa de PROVISIÓN: (Fil 4,19) “mi Dios les dará a ustedes todo lo que les falte, conforme a las gloriosas riquezas que tiene en Cristo Jesús”.
(Mt 6,25-31) No se preocupen por lo que han de comer o beber para vivir, ni por la ropa que necesitan para el cuerpo. ¿No vale la vida más que la comida y el cuerpo más que la ropa?...
Promesa de PAZ Juan (14,27) “Les dejo la paz. Les doy mi paz, pero no se la doy como la dan los que son del mundo. No se angustien ni tengan miedo”
Promesa de PERDÓN (1°Jn1,9) “pero si confesamos nuestros pecados, podemos confiar en que Dios, que es justo, nos perdonará nuestros pecados y nos limpiará de toda maldad”.
Promesa de que DIOS ESTÁ A CARGO (Rom 8,28) “Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, a los cuales él ha llamado de acuerdo con su propósito”.
CÓMO PUEDES HACER TUYA UNA PROMESA
- Ante todo, conocer quién es el que está haciendo la promesa y después, conocer la promesa. Hay una promesa de Dios para cada circunstancia de tu vida, pero no la podrás hacer tuya si no la conoces. Hay que leer la Palabra de Dios para conocer sus promesas, para conocer Quién es el que está prometiendo.
- Creerle a Dios. Hebreos 11,11 nos dice: “Por fe también, aunque Sara no podía tener hijos y Abraham era demasiado viejo, este recibió fuerzas para ser padre, porque creyó que Dios cumpliría sin falta su promesa”. No es optimismo, es fe en el que está haciendo la promesa, que no es un hombre que miente, es Dios, Padre creador de todas las cosas y de toda criatura humana.
- Hablar de las promesas: (Heb 10,23) “Mantengamos firme la confesión de la esperanza, pues fiel es el autor de la Promesa”. Leer la promesa en voz alta y repetirla. Las palabras tienen poder.
Sin negar la realidad sino aceptándola, nos ponemos en las manos amorosas de aquel que nos dio la vida; entregamos la circunstancia con la certeza de que el Señor hará lo que sea mejor para el proyecto de vida que tiene para cada uno.
POR QUÉ CREERLE A DIOS
Jos 21,45: “No falló una sola de todas las espléndidas promesas que Yahvé había hecho a la casa de Israel. Todo se cumplió”.
Porque Dios no miente, Núm 23,19: “Dios no es como los mortales: no miente ni cambia de opinión. Cuando él dice una cosa, la realiza. Cuando hace una promesa, la cumple”.
Tú no entenderás cómo obra Dios, pero Él necesita que le creas. La duda ve el obstáculo, la fe ve la promesa.
CONCLUSIÓN
Queridos hermanos y amigos, el Dios que cumplió todas las promesas hechas, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, es el mismo Dios que te dio la vida a ti. Entonces, ¿por qué dudar que cumplirá ahora contigo?
Tal vez hoy te conectaste creyendo en Dios, pero sin creerle verdaderamente a Él.
Escucha lo que tiene hoy para ti: “No tengas miedo, pues yo estoy contigo; no temas, pues yo soy tu Dios. Yo te doy fuerzas, yo te ayudo, yo te sostengo con mi mano victoriosa... Eres precioso para mí y yo te amo (Is 41,10 ; 43,4)
Quizás hoy tú tengas algún temor, una gran necesidad o estás sin paz en tu corazón. Dios hoy te puso en esta plataforma, no para darte un mensaje, sino para recordarte un pacto que Él ya selló con la sangre de su Hijo.
El Señor no te pide que entiendas cómo lo hará, solo te pide que le creas que lo va a hacer. Puede que no sea exactamente lo que tú esperabas , pero sí será lo mejor para tu vida. Si lo hizo con el pueblo de Israel, lo hará contigo porque hoy, tú eres Israel.
OREMOS.
Señor:
Hoy no te pido que cambies mi situación al instante; te pido que ayudes a mi poca fe para que pueda creerte.
Hoy cambio mi miedo por tu promesa.
Hoy decido creerle a tu Palabra más que a mi circunstancia difícil; gracias porque tú nunca mientes y nunca olvidas.
Hoy te doy gracias porque me enseñaste que tú firmaste un pacto conmigo que nunca se vence mientras yo esté vivo(a). Ese pacto es una promesa tuya para mí,
y HOY he decidido creerte.
Nos entregamos a ti, seguros de que tus promesa se cumplirán.
Amén
