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COMUNIDAD HOMBRES Y MUJERES DE FUTURO 
GUÍA DE PREDICACIÓN

OCTUBRE 27 al 31, 2020

Somos guardianes de nuestros hermanos

(Gn 4,9)

Objetivos:

  • Crear conciencia de la misión que tenemos todos como miembros de la Iglesia, de que no podemos quedarnos indiferentes ante las necesidades de toda índole que vemos en nuestros hermanos, o en las familias que nos rodean.
  • Motivar a acciones concretas para llevar la luz y la esperanza del Evangelio a otros.

Introducción

El Señor dijo a Caín ¿"Dónde está tu hermano"?, contestó: no sé, replicó el Señor, ¿qué has hecho? (Gn 4,9) fue la pregunta de Dios a Caín, cuando éste mató a Abel. Los hombres y mujeres de hoy, las familias de hoy ¿seremos capaces de dejarnos interpelar por esta pregunta? ¿"y dónde está tu hermano"?

Hay muchas maneras de matar o hacer imposible el vivir. La "insensibilidad" o "inactividad”, “la indiferencia” ante la necesidad urgente que experimenta nuestro "hermano" nos afecta a todos, a cada uno de forma y medida diferente. Hace falta que todos recordemos la sentencia de Juan:

Todo el que odia a su hermano es un asesino;
y sabéis que ningún asesino
posee vida eterna en sí mismo.  (1Jn 3,15).

Como ya sabemos, estamos en el mes en que nuestra iglesia nos recuerda ese llamado que nos hiciera Jesús en Mt 28,19-20. Aprovechemos pues para vivir intensamente la misión que nos ha sido encomendada, es una maravillosa oportunidad para reflexionar en esta pregunta y ver como estamos llevando a cabo nuestra misión, con nosotros mismos, con la familia y con todo nuestro entorno.

Desarrollo

Ciertamente hay crisis de toda clase en el mundo, familiar, moral, espiritual, económica, etc. No entraremos a averiguar las causas y magnitud del problema. Tampoco buscaremos una solución técnica, pero sí lo veremos a la luz del Evangelio y a la luz del documento de Aparecida, en fidelidad al mandato misionero que tenemos sobre nosotros como fieles bautizados e hijos de Dios Padre.

El Evangelio nos invita a ser fermento en la masa, esto requiere ser testigos no solo con palabras sino sobretodo con nuestra propia vida, entregándola en servicio a nuestros hermanos por caridad y por amor a nuestro Padre.

Ante las crisis de todos los días, corremos el peligro de ver sólo nuestros intereses personales, quedarnos en buscar soluciones solo para nosotros. Pero ¿Cómo ir más allá? ¿Qué diremos al Padre cuando nos pregunte como a Caín, “y tu hermano?, ¿qué has hecho?” En este caso la "indiferencia" puede llegar a ser una especie de homicidio. Hay mucha gente, muchos "hermanos", que no pueden vivir con dignidad. Han perdido el trabajo, el hogar, la salud... Todavía no piden por la calle. Todavía no se ven forzados a robar. Ni lo harán, por ética y por dignidad personal.

Pero precisamente por eso hace falta que abramos los ojos, que nos demos cuenta del problema y de los que lo sufren en nuestro entorno. Estamos seguros de que, si abrimos "los ojos", abriremos también la "mente" y el "corazón". Se nos ocurrirán soluciones, maneras de ayudar de diferentes maneras... El amor es ingenioso. Lo ha sido siempre.

La historia de la Iglesia nos muestra a muchos hombres y mujeres de buena voluntad. Nuestra Iglesia, nuestra comunidad, nuestras familias están llenas de "buenos samaritanos" que, una vez que han visto, han sabido pararse y acercarse y atender, al malherido, porque han descubierto en la persona necesitada a un "hermano". Aunque suene duro el silencio y la indiferencia son formas de asesinato.

Gracias a Dios, también hoy hay muchas personas que no son "indiferentes" y están surgiendo por todas partes iniciativas generosas y desinteresadas, familias y comunidades que a la luz del Evangelio van interpelando, impregnando, contagiando a otros de esa misión a la que todos estamos llamados.

Hace falta que sigamos acercándonos e interesándonos por nuestros "hermanos", por otras familias que sufren.

El buen samaritano no preguntó quién había herido a aquel caminante y por qué. Pero atacó la causa más profunda… El egoísmo y la codicia de los violentos que habían dejado medio muerto a aquel hombre cerca del camino, fueron vencidos por la fuerza del amor de una sola persona.

De hecho, es el egoísmo y la avaricia con todos sus derivados lo que está en la raíz.  Por eso hace falta que no esperemos a que otros lleven a cabo la misión, si no que todos nosotros conscientemente nos movamos, propongamos, inventemos medidas contra la crisis... Pero no podemos olvidar de dónde proviene todo, para no equivocar la solución, Jesús… misionero del Padre, El, que nos hace ver dónde esta nuestro hermano y nos impulsa a servirle, como personas y como familia.

“¿Y dónde está tu hermano?” cuando tantos se están siendo afectados, no solo por deudas, problemas familiares y muchas otras cosas; esto es fuerte pero no lo es menos la crisis de valores y el valor primero, el valor absoluto, la vida que Jesús nos dio a través de su sacrificio en la cruz de donde emanan todos los demás valores, pero que tantos han olvidado y a veces despreciado. Nos faltaría sinceridad, si habláramos de derechos y de cómo mejorar muchas cosas, pero no tuviéramos radicalidad y firmeza para trabajar por las necesidades de los hermanos.

Es el caso del aborto. Una vida humana es siempre un sujeto a defender, a proteger. Máxime, cuando es más indefenso. Su "existencia" no puede ser nunca objeto de debates para llegar a un consenso.

En esta protección y defensa se manifiesta de una manera especial el nivel humano, personal, ético e incluso intelectual de una sociedad y de todos sus miembros sea cual sea su nacionalidad, ideología, política o religión. Todos tenemos que ser defensores de la vida. La vida siempre es el bien por excelencia. A la pregunta de Dios ¿"donde está tu hermano"?, no podemos responder como Caín: "No lo sé. ¿Acaso soy el guardián de mi hermano"? (Gn 4,9). En algunas ocasiones, convivir con la injusticia es duro, no sólo por la injusticia en sí, sino también por la soledad en la batalla en que están tantos, soledad, por no saber cómo combatirla, cómo sobrellevar a veces la incomprensión o la insensibilidad de los demás. Nadie está libre de culpa, la verdad, pero también en otras ocasiones, hemos sido guardas unos de otros.

Ante esto, ¿cómo responderemos? ¿Cómo enfrentarse al hecho de que haya Caínes matando de diferentes formas, de que la lucha sea ardua, de que nuestros seres queridos o amigos estén ahí unas veces o a veces fallen? ¿Cómo hacerlo sin perder la cabeza? ¿En qué creer para seguir? Tenemos la respuesta… la respuesta está en lo que Dios piensa, lo que Dios siente, en lo que Dios quiere: “Replicó Yahvé: «¿Qué has hecho? Se oye la sangre de tu hermano clamar a mí desde el suelo»” (Gn 4, 10). Dios oye los gritos de la sangre de Abel. Ese es el Dios en el que creemos: El Dios que oye los gritos de los necesitados, el Dios de los enfermos, el Dios de los débiles, el Dios de los pobres, el Dios de los Anawin, el Dios que ama a los pecadores aunque aborrezca el pecado… en una frase , el Dios de los crucificados (Mc 15, 34), Dios le da vida (Mc 16, 6); el Dios que se enfrenta contra la injusticia y la opresión, que no permanece inmóvil ante los hechos, sino que se enfrenta a Pedro, manda envainar la espada y cura al que ha sido herido (Lc 22, 49-51); el Dios que se ha hecho presente para instaurar el Reino, el Dios  que bendice a quienes tienen hambre y sed de justicia (Mt 5, 6), a quienes trabajan por la paz (Mt 5, 9).  El Dios que sacia todas nuestras necesidades. En el está la respuesta, en Él está la esperanza, en Él está el gozo y la alegría. No hay más, escucharlo a Él, escuchar a los hermanos, ver el rostro del crucificado en nuestros hermanos. Ser guardas de nuestros hermanos es enseñarlos a guardar todo lo que Jesús nos ha enseñado.

Conclusión

Nos queda el reto… escuchar los clamores de la sangre de nuestros hermanos, vivir con el aliento de Dios que da vida, enfrentarnos a la injusticia, alimentar nuestra hambre y sed de justicia. Caminar hacia el Reino, cargando la cruz y siendo guardas de nuestros hermanos y quizás llegando hasta el extremo en el amor... de ser para ellos cirineos, ayudándoles a cargar su cruz, (Esto es vivir en comunidad) todo un reto…espíritu de Bienaventuranzas.

Andar por hogares, sitios de trabajo, campos, ciudades, proclamando la Buena  Noticia del Reino de Dios, siendo guardas de nuestros hermanos, inaugurando así un  discipulado de iguales, irrumpiendo en el mundo con la fuerza del Espíritu que nos da valentía (octava Bienaventuranza) para guardar a nuestros hermanos anunciándoles lo que es bueno y lo que no, denunciando lo no esta de acuerdo a los valores del Reino como profetas, pero llenos de amor y de misericordia sin quitar la mirada del crucificado, para proclamar la esperanza para aquellos hermanos que vamos encontrando a la vera de nuestro camino.

Taller

Haz una lista de las cosas puntuales que vas a llevar a cabo como persona o como familia para acercarte a las necesidades de tus hermanos.