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FUNDACIÓN HOMBRES Y MUJERES DE FUTURO

Guía de predicación

Marzo 24 - 2021

¿Soy verdaderamente miembro activo del cuerpo de Cristo?
(Rom. 12)

OBJETIVOS:

  • Comprender que cada católico debe ser miembro activo de la iglesia, porque todos somos miembros del cuerpo de Cristo.
  • También discernir sobre los dones que Dios nos ha otorgado y si los hemos puesto al servicio del cuerpo de Cristo.

INTRODUCCIÓN

Continuamos con nuestra preparación para la Semana Santa y este tema nos ayudará a profundizar en nuestro crecimiento personal como miembro de la Iglesia fundada por el Señor.

¿Con San Pablo aprendemos qué es el Cuerpo de Cristo?

Contrariamente a la concepción que tenemos, el cuerpo no es simplemente un conjunto de carne y huesos que el hombre y la mujer posee en su vida terrena. Para Pablo, el cuerpo tiene una dignidad muy superior; LA DEL CUERPO DE CRISTO, por él hemos sido rescatados.

En el N.T. EL CUERPO DE CRISTO desempeña una función primordial en el misterio de la redención. Pero la expresión reviste diferentes sentidos: unas veces designa el Cuerpo individual de Jesús, otras su Cuerpo Eucarístico, otras el cuerpo del que nosotros somos miembros y que es la Iglesia.

Por la experiencia Eucarística y por nuestra experiencia comunitaria tomamos conciencia de que SOMOS MIEMBROS DEL CUERPO DE CRISTO. (1Cor 10, 16ss).

Nuestra unión con Cristo debe entenderse de forma muy real, pues nosotros somos verdaderamente sus miembros. San Pablo dice que todos nosotros formamos un solo Cuerpo (1Cor 12, 12ss). Que somos miembros unos de otros (Rom 12, 5ss).

Su propio cuerpo unifica los miembros que forman los creyentes por el bautismo y por la comunión Eucarística.

En Cristo cada cristiano tiene una función particular con miras al bien de todos para formar un solo pueblo de hombres y mujeres nuevos, reconciliados en él.

Iniciando el capítulo 12 de Romanos San Pablo dice:

“Transformaos mediante la renovación de vuestra mente, de forma que podáis distinguir cual es la voluntad de Dios: LO BUENO, LO AGRADABLE, LO PERFECTO”.

Requisito para agradar a Dios y para servir como Dios quiere, es cambiar nuestra manera de pensar dejándonos impregnar por la presencia de Jesucristo y su manera de pensar.

En el v. 3 dice: “no os estiméis en más de lo que conviene”. Al respecto Fil 2,3 nos dice: “nada hagáis por ambición ni por vanagloria sino con humildad y considerando a los demás como superiores a uno mismo”. Para llegar a esto, es absolutamente necesario CAMBIAR MI MANERA DE PENSAR.

En nuestro Cuerpo cada órgano tiene su función para bien del mismo Cuerpo; nuestras manos trabajan consiguiendo el sustento para el Cuerpo, nuestros pies ayudan a desplazar ese cuerpo, nuestros ojos lo orientan y lo guían y así  mismo cada órgano. De igual manera es la labor de cada uno de nosotros en el cuerpo de Cristo que es la Iglesia.

Por el Don de la Fe creemos que Dios nos ha entregado DONES diferentes a cada uno, y como sabemos, esos dones no son para guardarlos egoístamente, creyendo que son privilegio propio pues, Dios por medio de Jesucristo los otorga para ponerlos al servicio de la comunidad. Es allí donde germinan, se hacen árboles y dan fruto ¡SON DADOS PARA LA FORMACIÓN DEL CUERPO DE CRISTO!

Somos canales de bendición para los otros, con nuestra labor, sea la que sea... todos tenemos responsabilidad en la construcción de la Iglesia, una iglesia que debe ser cada vez más fortalecida y vigorosa en su capacidad misionera. cada miembro de este Cuerpo se debe preocupar por el más necesitado ya que en el cuerpo de Cristo todos somos iguales, nadie es más que nadie. Las altas jerarquías deben estar al servicio de los más pequeños y sencillos, a la manera de Jesús que dio la vida por nosotros. (Esta es la razón del Cuerpo).

“Si no tengo amor, nada soy... tened entre vosotros los mismos sentimientos de Cristo”.

Abrámonos a los dones que nos da el Espíritu para construir una mejor Iglesia, una mejor sociedad y transformar el mundo.

En los v. 9 al 13, se amplía la exigencia para unirse al cuerpo de Cristo