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COMUNIDAD HOMBRES Y MUJERES DE FUTURO
TEMA DE PREDICACIÓN, Abril 21 - 2021

EL INVALUABLE FRUTO DEL DISCERNIMIENTO

OBJETIVO

Reconocer la importancia del discernimiento para nuestra vida, pues todos en un momento dado nos encontramos ante problemas y situaciones en donde no vislumbramos fácilmente la voluntad de Dios.

INTRODUCCIÓN

La vida humana comporta una gran cantidad de opciones, pues Dios nos creó libres, y puso nuestra propia realización en nuestras manos. No está exento de dificultades el camino de nuestra santificación. Todos nos encontramos ante problemas y situaciones cuya solución no se vislumbra fácil, acertada, clara y rápida. Se nos presentan dilemas. ¿Qué puedo hacer? ¿Qué debo hacer? Para el no creyente, o para la persona con una fe que no afecta su vivir diario, las decisiones suelen basarse únicamente en la razón, pesando los pros y los contras de las opciones, o en la intuición, fruto muchas veces de las emociones, caprichos o preferencias. Sin embargo, para quien posee una fe viva y operante, la pregunta «¿Qué debo hacer?» se convierte en: ¿Cuál es la voluntad de Dios para mí en esta situación? ¿Qué haría Jesucristo en este caso concreto?

DEFINICION

La palabra “discernimiento” proviene del latín “cemere” (cernir) que significa “escoger”, en el sentido de seleccionar, separar.  El prefijo “dis” refuerza la idea de división, de escoger.  Por lo tanto, “discernimiento” significa separación.

¿Por qué necesitamos el discernimiento?

Para poder comprender mejor la necesidad del discernimiento, partamos de un primer hecho: somos creaturas amadas por un Dios que ha querido compartir con nosotros su vida, su amor, y quiere que lleguemos a la plenitud de felicidad para la cual nos ha creado en la eternidad. Siendo tan bello su plan, ¡cuán importante resulta discernir los caminos que nos llevan a cumplir su voluntad! Dios no se desentiende de nosotros; vino para habitar entre nosotros y dentro de nosotros. No solo se encarnó, además, por nuestro bautismo nos hemos convertido en su morada. La Santísima Trinidad habita en nosotros por la gracia santificante. Somos «templos del Espíritu Santo», y gozamos de sus inspiraciones en nuestra conciencia.

Vayamos a un segundo hecho: debido a nuestra condición de creaturas caídas (pecadoras), a nuestra inteligencia obscurecida se le dificulta conocer la voluntad de Dios, y a nuestra voluntad debilitada le molesta seguir esta voluntad, aunque la conozca. Nuestras pasiones y sentimientos se han desordenado; muchas veces parecen niños caprichosos, como bien los describe San Juan de la Cruz, nunca satisfechos y siempre buscando obtener cuanto nos piden.

Reconozcamos un tercer hecho, que permanece como una verdad en nuestra fe católica: existe el demonio y sentimos su influencia en nosotros mismos y en el mundo. Él es el “padre de la mentira”, odia a Dios, y cifra su único interés en apartarnos de Él utilizando diversas estrategias.

Por tanto, conocer la voluntad de Dios para nosotros cuando nuestra voluntad está debilitada y nuestra inteligencia obscurecida, sumado a las influencias del “padre de la mentira”, nos muestra la necesidad de recibir ayuda para discernir la voluntad de Dios para nosotros; cuáles movimientos en nosotros nos llevan a verla con más claridad y a cumplirla, y cuáles nos apartan de ella.

Doble dimensión del discernimiento

Podemos decir, que existe una doble dimensión del discernimiento: El aspecto mental u ordinario, que es adquirido y brota en nosotros por el influjo de un conocimiento o de afectos humanos, por ejemplo: cuando siento la moción de ayudar a quien veo necesitado. Y el aspecto espiritual en donde prima la acción del Espíritu Santo. El verdadero discernimiento espiritual es el proceso por el cual nosotros examinamos a la luz de la fe, cuáles de las cosas que estamos viviendo nos llevan al Señor y a un servicio más perfecto a Él y a nuestros hermanos, y cuáles nos apartan de este fin. En el discernimiento espiritual el Espíritu Santo da luz al entendimiento e impulso a la voluntad.

Obstáculos para el discernimiento

Los mayores obstáculos al progreso del discernimiento provienen, efectivamente, de la emocionalidad y son:

Los grandes apegos, el deseo egoísta de felicidad, la emocionalidad mal manejada.

El apego excesivo a las personas o a las cosas ofusca la fluidez del Espíritu e impide elegir de modo sabio y discernir el camino correcto.  Así mismo, el deseo egoísta de felicidad no deja ver de modo objetivo y claro, y puede conducir hacia el camino errado, impidiendo el verdadero discernimiento entre el bien y el mal.

De la misma manera, la emocionalidad mal manejada o su inmadurez ofuscan los procesos de discernimiento.

Todos estos obstáculos al discernimiento, que provienen de la emocionalidad, pueden ser superados lentamente por el progreso de una vida de oración y contemplación.

Requisitos para un auténtico discernimiento espiritual

Para poder discernir auténticamente, necesitamos unas predisposiciones:

1) Deseo de hacer la voluntad de Dios. Necesitamos querer lo que Dios quiere, si no, es imposible discernir el bien. Debe existir en nosotros el deseo genuino de querer hacer siempre lo que Dios quiere.

2) Apertura a Dios. Viene implícito en la primera disposición. Sin embargo, en ocasiones queremos elegir según nuestro propio gusto queriendo que sea el gusto de Él. Deseamos trabajar para Él, pero en el fondo, no nos gusta que sea de verdad el jefe. Dios tiene sus misterios; en ocasiones resulta desconcertante y «escribe derecho con líneas torcidas».

3) Conocimiento experiencial de Dios. Conocer a Dios significa experimentarlo. No es saber de Él, es haber tenido una experiencia de Él, conocer sus gustos, conocer lo que le agradaría más. Por eso, también se acude al director espiritual en busca de alguien que, además de la gracia de estado, tiene tal experiencia de Dios que les puede ayudar a discernir sus gustos. (Thomas H. Green)

Refiriéndonos al discernimiento espiritual, no es un ejercicio extraño y complicado.  Todos los días a toda hora estamos ante situaciones que exigen un cierto grado de discernimiento espiritual.  Lo importante es que vayamos aprendiendo de la experiencia diaria y vayamos haciendo nuestros, de una manera más consciente, los valores del Evangelio, para acertar en nuestras búsquedas de la voluntad de Dios a cada instante.

El discernimiento como don del Espíritu (1 cor 12-10)

Existe el discernimiento infuso, que es un don de Dios. Un carisma dado para ayudar a los demás. Hay sacerdotes, religiosos o seglares que, sin una gran formación teológica o espiritual, tienen sin embargo una gran capacidad de discernimiento y consejo. San José de Cupertino, San Juan María Vianney (mejor conocido como el santo Cura de Ars), Santa Teresa de Jesús, por mencionar algunos, son ejemplos de esta capacidad infusa.
El discernimiento supone el aprendizaje de una serie de técnicas y procedimientos que pueden ayudar a buscar y hallar la voluntad de Dios en la propia vida.  Sin embargo, las técnicas no son suficientes.  Es necesaria la práctica diaria de la oración y del examen de conciencia para aprender de la experiencia que vamos teniendo cada día.  Una persona que está acostumbrada a revisar su propia vida desde los ojos de Dios se irá haciendo, poco a poco, un maestro en el discernimiento espiritual.

Es importante señalar que el discernimiento no se puede quedar sólo en el descubrimiento de lo que Dios nos pide en un momento determinado de nuestra historia personal o comunitaria.  Es indispensable que llevemos a la práctica eso que hemos descubierto. Porque no entrará en el Reino de los cielos el que diga “Señor, Señor”, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial (Mateo 7, 21).

CONCLUSION

  • El discernir consiste en identificar lo que procede de la voluntad de Dios y lo que no.
  • Muchas veces nos acomodamos con las circunstancias de la vida, pero eso no quiere decir que sepamos discernir.
  • A veces pensamos que tomamos decisiones con discernimiento, pero en realidad solo son decisiones de conveniencia.
  • En fin, está en cada uno el de acertar la decisión en el momento apropiado, y esto no es cuestión de acomodar las cosas a nuestro favor, si no más bien es una cuestión de estar atento a la Voluntad de Dios.

TALLER

  1. En grupos de a tres compartir: ¿estoy realmente tratando de hacer la voluntad de Dios en mi vida, o vivo según mis convicciones personales?