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FUNDACIÓN HOMBRES Y MUJERES DE FUTURO

Tema de predicación Junio 2/ 2021

EL AMOR, ÚNICA TAREA PARA LOS DISCÍPULOS DE CRISTO.

(Jn 13,34-35)

Objetivo

Precisar el concepto de la palabra amor y especialmente del amor de Dios, amor cristiano, que no es otra cosa que la misma caridad. Así también darle al amor su verdadero significado, enfatizando su importancia como forma de vida.

Introducción

El amor es una realidad complicada que toca los diferentes aspectos de nuestro ser y determina nuestra existencia, en las distintas relaciones y diferentes roles que desempeñamos en la vida; por ejemplo: el amor de amistad, amor al prójimo, amor entre cónyuges, amor de Padres a Hijos, amor a Dios etc. El amor es una necesidad básica que debe ser saciada en la persona desde su concepción, para un sano desarrollo físico, mental, emocional y espiritual de esta.

Naturaleza del amor

El ser humano es la única creatura capaz de amar y únicamente ella es digna de ser amada, no puede realizarse plenamente si no es mediante la entrega desinteresada de sí mismo.

El Evangelio de San Juan nos dice que Dios es amor; entendemos entonces que la esencia del amor es y está en Dios. Dios que resucitado vive en el corazón del hombre en espera de comunicarle su propio ser.

Esto nos ayuda también a comprender que no estamos hablando del amor como sentimiento, pues Dios no puede ser simplemente un sentimiento. Estamos hablando del amor como una fuerza de la voluntad, que nos lleva a salir de nosotros mismos para el bien del otro. En suma, es una decisión.

Al respecto Santo Tomás nos dice “Por lo tanto, es el hombre completo el que ama, pero a través de la voluntad y a su vez ésta "impera, (…), movida por un gran amor’, y ese motor que nos impulsa a amar es Dios mismo en el corazón del ser humano. Es decir, que el cristiano no ama simplemente cuando siente ese impulso de afecto por otra persona, sino que toma la decisión de amar gratuitamente y sin esperar nada a cambio. Respecto a la gratuidad, dice el padre Ignacio Larrañaga: El amor o es gratuito, o no es amor. En cuyo caso no es otra cosa que egoísmo.

Este es el amor que debemos aplicar por ejemplo en el caso del amor a los enemigos. (Mt 5,44) y nos lo describe hermosamente en el pasaje del buen samaritano.  (Lc 10, 30).

Leer y explicar, cómo a pesar de ser un enemigo religioso, el samaritano toma todas esas acciones para con su prójimo, herido de muerte y abandonado por sus coterráneos.

El nuevo mandamiento

Jn 13,34-35: “Os doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros. Que, como yo os he amado, así os améis también vosotros los unos a los otros. En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os tenéis amor los unos a los otros.”

Haciendo una exégesis rápida de este texto observamos cómo, siendo tan corto, se repite tres veces la frase del mandato. Esto quiere decir que este mensaje es de suma importancia, tiene una relevancia superior a otros textos.

Nos damos cuenta también de que no es una posibilidad o una opción, simplemente es un mandato.

Dios nos amó primero

Desde el Génesis hasta el Apocalipsis hay una línea que atraviesa la Biblia y es precisamente el amor de Dios. Dios que crea al ser humano a su imagen y semejanza por amor. Lo libera de la esclavitud por amor, alimenta a su pueblo y lo acompaña durante toda su vida, por amor, aún a pesar de la infidelidad de su pueblo. Lo llama, lo reúne y lo perdona por su amor eterno.

Dios nos ama gratuitamente, nada tenemos que hacer para merecer Su amor. Dios es amor y gratuidad, y su amor es eterno, esa es su naturaleza.

El escándalo del amor

Que no es otra cosa que el mismo escándalo de la cruz. Dios que, en su infinito, decisivo e intenso amor por su creatura, decide enviar a su unigénito para salvarlo de la muerte eterna (el pecado). Y es precisamente Cristo quien viene a mostrarnos la grandeza y el poderío del amor del Padre y a enseñarnos la manera en que los cristianos, sus discípulos, debemos amar.

Cristo verdadero hombre, que ama a pesar de todo y por ello obedece al Padre sin reparo alguno, pasó por el mundo haciendo el bien, haciendo de la voluntad del padre su alimento, amando a los suyos sin esperar nada a cambio, amando aún en el aparente silencio del Padre, en la total soledad y abandono humano, sin embargo, perdonando a sus verdugos y acogiendo a los que se arrepentían, hasta último momento. Este fue el verdadero escándalo, que cuando el mundo pensó que todo estaba terminado, que todo había sido en vano, era el Amor el que estaba salvando al ser humano del pecado, y restaurando su posibilidad de eternidad.

Exigencias cotidianas del amor.

En la primera carta a los corintios, capítulo 13, San Pablo nos manifiesta la naturaleza y la grandeza del amor, con todo y sus exigencias en el diario vivir. (Hacer una pequeña exégesis de este texto).

En la versión griega se nos habla de la caridad. Dice que sin caridad nada tiene valor y que sólo ella sobrevivirá a todo. Entendemos que la caridad es el mismo amor, pero el amor de los hijos de Dios, el amor que gratuitamente lo da todo y no quiere nada a cambio. Este himno a la caridad de san Pablo nos enseña que así es como nos ama el Padre y así es como Él espera que nos amemos a nosotros mismos y a nuestro prójimo; ni más, ni menos.

El amor como don.

Nuestra adhesión al amor divino no es cuestión de conocimiento, o de razonamiento humano, hace falta el don del Espíritu que crea en el hombre un “corazón nuevo” (Confrontar Jer 31,33).

De la misma manera, el Espíritu derramado en pentecostés, y que nos es dado en el bautismo, es un amor que nos apremia, del que nadie podrá separarnos y que nos prepara al encuentro definitivo entre Creador y creatura. (1Cor 13,12).

Es ese mismo amor que procede del Espíritu el que nos hace crecer en comunidad con verdadero amor fraterno, amor de hijos de Dios con un solo Padre.

Conclusión

Ese amor, don de Dios, esa caridad cristiana, única tarea de los discípulos de Cristo, tiene como leyes: la gratuidad, el perdón sin límites, el gesto espontáneo para con el enemigo, la paciencia, el bien devuelto a cambio del mal. En definitiva, una renuncia a sí mismo con Cristo crucificado. Una renuncia que nos llevará a extender el anuncio del Reino por amor, solo por amor al Cristo que nos envió a esta misión y a nuestros hermanos que están sedientos de Su amor y de su Reino