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FUNDACIÓN HOMBRES Y MUJERES DE FUTURO
GUÍA DE PREDICACIÓN
Febrero 28 – 2018
¿QUÉ DECIMOS CUANDO DECIMOS PADRE NUESTRO?
Mt 6,7-15
Objetivo
Profundizar en el concepto que tenemos sobre el Padre eterno y en la clase de relación que tenemos con Él y con nuestros semejantes.
Introducción
Este tiempo de cuaresma es un espacio muy propicio para reflexionar en uno de los Evangelios propuestos por la iglesia y es aquél en el que Jesús enseña a sus discípulos algunas claves para la oración, qué deben hacer y qué no, al orar. Es entonces, cuando les enseña la hermosa y profunda oración del Padre nuestro, quizá no como una fórmula de oración, sino como una manera de estar frente al Padre.
Desarrollo
Quizá los discípulos de Jesús vivían impactados de ver la forma como Él oraba y de la relación tan cercana y afectuosa que tenía con el Padre del cielo. De hecho le llamaba “Abbá”, un tratamiento ciertamente cercano que se daba entre un padre y su hijo. Abbá, quiere decir como papito, papaíto.
Nunca antes alguien había tratado a Dios de esa manera, con tanta confianza y cercanía, con tanta ternura y cariño.
Les hizo entender a los discípulos, y con ellos a nosotros, que el suyo era un Padre al que uno se puede dirigir en cualquier momento, con mucho respeto, pero con total confianza. Nos transmitió que nadie es huérfano, pues cada persona es sin excepción, intensamente y por siempre un hijo amado por Él.
Un hijo no se dirige a su papá como un súbdito, invocándolo con nombres que quizá, lo hagan sentir lejos de Él, sino como su criatura, alguien que puede permitirse llamarle Abbá, papito. Un hijo es aquél que sabe que depende de alguien, Alguien que tiene un proyecto para Él.
El Abbá que nos enseña Jesús es todo lo contrario a un patrón. Este Padre es uno que, para escándalo de muchos, rompe las rígidas reglas del patriarcado antiguo, un padre que depone su honor, que arriesga el respeto a su autoridad para lograr la vuelta a casa del hijo desvergonzado.
Por eso el Padre Nuestro no es simplemente una fórmula sino un estilo, una forma de estar ante Dios. Es la misma manera como está un hijo con su papá, cosa que al mismo tiempo nos indica la forma en que debemos estar con los demás, como hermanos; somos una familia.
Es curioso que en el Padre Nuestro nunca se dice “yo” y mucho menos el posesivo “Mío”. El Tú y el nuestro, revierten la tendencia de las oraciones egoístas, narcisistas.
Ese ‘nuestro’ que nos enseña Jesús, habla de las necesidades de todos, no como apuros individuales, sino como lo propio de la dinámica de una familia que necesita alimento y bajo cuyo techo lo comparte; que vive la reconciliación cuando las relaciones se deterioran, y el apoyo solidario cuando apremian las ganas de claudicar.
Esa es la voluntad de Dios Padre: que nos sintamos como una familia, porque si decimos “Padre Nuestro” es porque estamos aceptando al otro como mi hermano.
Esta familia debe vivir con el perdón a flor de piel. Fijémonos que, de todas las peticiones, Jesús solo subraya una: “porque si perdonan…también el Padre los perdonará”.
Lo que el Señor nos dice aquí es que podremos ser grandes pecadores y aun así orar el Padre Nuestro y pedir perdón, pero con la condición de querer perdonar, de no guardar ningún resentimiento en el corazón. Solo así seremos verdaderos hijos de este Padre.
Conclusión
El Padre Nuestro nos dice que somos sus hijos y que podemos tratarlo como a un papá cercano, tierno, amoroso y providente; nos dice también el ámbito en que nos debemos mover: su Reino, y cuál debe ser nuestro proyecto de vida: su voluntad. Que esta cuaresma nos sirva para revisar si realmente la estamos viviendo conforme al proyecto de Dios Padre para nosotros sus hijos. Si estamos “sacando provecho” de esa paternidad y si nos sentimos verdaderos hermanos de nuestros hermanos los hombres.
Taller
- ¿Te sientes verdaderamente hijo de Dios? ¿Le dejas actuar en tu vida como Padre?
- ¿Sientes a tu prójimo como tus hermanos, miembros de una misma familia?
Bibliografía
Tomado de la lectio Divina del padre Fidel Oñoro C. cjm, del Evangelio de san Mateo 6,7-15
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FUNDACIÓN HOMBRES Y MUJERES DE FUTURO
GUÍA DE PREDICACIÓN
Febrero 21 – 2018
DEL INDIVIDUALISMO A LA SOLIDARIDAD
Lc. 10, 27
Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo.
OBJETIVO
Tomar conciencia que es posible mantener familias, comunidades y una sociedad donde reine el amor, la solidaridad y la misericordia entre los hermanos, y vivir lejos de todo brote del individualismo que está azotando nuestra sociedad y acabando con la armonía y la fraternidad entre los hijos de Dios.
INTRODUCION
La humanidad ha sido sometida a vivir un individualismo implacable y destructivo; se olvidó que el Creador de este paraíso instituyó el nuevo mandamiento “Amaos los unos a los otros.” (Jn.13,34) Y el mundo responde “acabaos los unos a los otros”
El afán del triunfo, del poder y de escalar prontamente en la sociedad sin importar quien está al lado y a quién se puede excluir y desaparecer, ha sumido a la sociedad en el desorden del orgullo, la soberbia, y el egoísmo personal.
Es el momento de permitir que Dios sea el centro de la creación, del universo y de nuestras vidas; sólo así lograremos la verdadera justicia, la verdadera paz, el amarnos los unos a los otros como Él nos amó, el compartir la vida con el prójimo solidariamente.
DESARROLLO
Definición de Individualismo: Se utiliza para hacer referencia a la preeminencia del individuo como elemento importante y central de todas las cuestiones relacionadas con la vida humana. Si bien hoy en día la noción de individualismo expresa una connotación ciertamente despectiva y negativa, la misma surge en el siglo XV como revalorización del lugar del individuo frente a Dios y a la religión.
Así una persona individualista ya no es comprendida como una persona libre, sino como una persona que se interesa solamente en sí misma, que no tiene en cuenta las necesidades o intereses de aquellos quienes la rodean y que actúa siempre en su beneficio https://www.definicionabc.com/social/individualismo.php
Ejemplos de individualismo
- Primero el YO, busca complacerse a sí mismo
- Hace lo que quiere, cuando quiere y como quiere
- Causa explotación y sometimiento en su entorno. Hogar, trabajo, familia
- No acepta los acuerdos (Ir juntos de camino con alguien que no piense como él)
Definición de Solidaridad: La solidaridad muestra la ayuda altruista, generosa y desinteresada que surge del corazón a partir de la máxima que afirma que “hay que dar sin esperar nada a cambio”, porque aquel que da lo mejor de sí mismo al otro, descubre que ya recibe el mayor premio y la mejor recompensa. El bien es un tesoro que aporta una inmensa satisfacción personal tanto a aquel que lo da como aquel que lo recibe.
La solidaridad es un aprendizaje que se adquiere al tomar conciencia de un problema real. Es ponerse en práctica en el entorno más cercano. Ser solidario es apostar por la inteligencia emocional de vivir siendo verdaderamente humano.
... Via Definicion.mx: https://definicion.mx/solidaridad/
Mientras la humanidad continúe en ese letargo espiritual y acomodada a toda iniquidad, el mundo que fue creado con tanto amor por un Dios de Amor y por amor y para el amor, se irá extinguiendo, destruyendo y convirtiendo en vida sin sentido donde reina el egoísmo, el aislamiento, la apatía. La comunicación se hace más distante cada día y nos estamos volviendo personas de puertas y corazón cerrado y la Palabra de Dios nos enseña que una persona en soledad se muere.
Dice Jesucristo en la Bienaventuranza: “Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.” Mt. 5, 6.
Es la bienaventuranza de la solidaridad, de la reconciliación, de la unidad. Los justos son aquellos que se desviven por los demás, aquellos que buscan relaciones equitativas y solidarias con la familia y con la comunidad. El justo es generoso y sigue las indicaciones de Jesús: “si te piden la túnica, entrega también la capa; si quieren que camine una milla, acompáñalo dos, …”. Es el amor al prójimo puesto en marcha, dando de sí al otro sin esperar nada a cambio.
Dejemos los golpes de pecho, los juzgamientos y demos el primer paso a analizar, ver, juzgar y actuar frente al incumplimiento del evangelio que es nuestro alimento espiritual.
Es tiempo de conciliar con nuestro interior para dar la batalla y comenzar a edificar un nuevo mundo. “Dios hace nuevas las cosas cada día” (Ap.21,5) y permitiendo que Dios sea el Centro de todo lo creado, la vida se llenará de colores, los corazones volverán a amar, respetar, crear, animar; la mansedumbre, la humildad, el servicio y entrega a los demás, serán la fuerza y la alegría de vivir.
CONCLUSION
Animémonos!!! Vamos, es hora de rescatar los valores, de ser solidarios, de volver el corazón al evangelio, a nuestros hermanos, al prójimo… qué nos puede detener, comencemos por nuestro corazón, analicemos qué tanto individualismo nos acompaña y qué tanto daño ha causado y sigue causando en el entorno.” Dios te quiere libre”. Para ser libre te liberó Cristo. (Gal.5,1)
TALLER:
¿Cuál va a ser tu compromiso frente a este flagelo del individualismo y qué te motiva a hacerlo?
BIBLIOGRAFIA
Sagrada Biblia
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FUNDACIÓN HOMBRES Y MUJERES DE FUTURO
GUÍA DE PREDICACIÓN
Febrero 07 – 2018
PAZ Y RECONCILIACIÓN
(Ef.2,14-17)
Objetivo:
Reconocer que la paz no es algo que se alcanza porque algunas personas firman unos documentos, sino que requiere una actitud personal y grupal de todas las partes, que involucra entender (ser comprensivos), perdonar, ser tolerantes y acoger sinceramente al otro.
Para eso, todos y cada uno tenemos que sanar las heridas dejadas por la confrontación y, como el proceso es difícil y algunas veces doloroso, pedir la presencia del Espíritu Santo para que nos dé la fortaleza y perseverancia necesarias hasta lograr la completa reconciliación.
Introducción:
Las obras de la carne han ejercido dominio en el ser humano, haciéndolo esclavo de todas sus malas acciones, propiciando divisiones, guerras y grandes conflictos consigo mismo y con los demás. Como cristianos, receptores de la gracia de Dios, estamos llamados a generar paz, unidad, armonía y reconciliación.
Dios Padre, en su infinito amor, creó un universo totalmente poblado de grandes maravillas, con el fin de proveer a sus hijos todo lo que les ocasionara paz, armonía y bienestar. La desobediencia del hombre hizo que se perdieran todos estos privilegios y desde entonces el mundo vive en guerra, injusticia, inmoralidad, hechos de los que no se escapa nuestro País, sociedad y familias.
Desarrollo:
SHALOM= PAZ,palabra bíblica conocida desde el A.T. que hace referencia a bienestar en el sentido más amplio de la palabra, como paz interior, calma, tranquilidad, sosiego, independientemente de las circunstancias
RECONCILIACIÓN =Jesucristo, en Su abundante amor y misericordia, estableció el Sacramento de la Confesión, para que nosotros como pecadores tuviéramos la posibilidad de obtener el perdón de nuestros pecados y reconciliarnos con Dios y la Iglesia. El sacramento “nos lava y limpia”, y nos renueva en Cristo.
Reconciliación también es buscar solucionar conflictos, disputas o discrepancias dados entre dos o más personas, pueblos o naciones. Es convicción y trabajo de las dos partes para perdonar, amar y ser comprensivos, llegando así a acuerdos y actitudes que a todos beneficien y les permitan vivir en paz y armonía.
La historia de nuestro país registra cómo desde hace más de sesenta años ha vivido una guerra fratricida, generando muerte, desplazamientos, secuestros, desigualdad social y el creciente e ilícito poder económico del narcotráfico.
Estas confrontaciones han involucrando a gente de todos los estratos sociales, que, por su afán desmedido de tener y poseer sin límites, hacen que los conflictos, las rivalidades y el odio aumenten. Así como se han fomentado grupos disociadores, también los gobiernos han venido trabajando y buscando estrategias que logren restablecer la paz y la reconciliación en el país, trabajo que ha dado algunos resultados favorables.
La pregunta es ¿La reconciliación y la paz es un trabajo solamente del gobierno?
Cada uno de nosotros debemos ser conscientes de no quedarnos solamente con decir: me gustaría que la paz sea una realidad, pero yo personalmente no perdono a quien me hizo daño cuando busco vengarme, o pensar que ese no es mi problema. Hoy tenemos jóvenes que se enfrentan a sus padres, padres que abandonan a sus hijos, muertes a causa de la violencia intrafamiliar.
El conflicto puede estar muy cerca, en tu propia casa. ¿Qué harías en tu familia, en el sector donde vives, como estudiante, en tu entorno laboral, para aportar y lograr la paz? No basta firmar unos acuerdos, es un trabajo diario donde cada uno con sus buenos hechos, el respeto, actitudes y acciones sanas que beneficien a todos, va construyendo la tan anhelada paz. Es una responsabilidad de todos.
Otra pregunta que surge es ¿Qué clase de familia, sociedad, país le voy a dejar a mis hijos?
Como seguidores de Cristo estamos llamados a dar testimonio de esa misma paz que llega en y con Él:
“Porque él es nuestra paz: el que de los dos pueblos hizo uno, derribando el muro que los separaba, la enemistad, anulando en su carne la Ley de los mandamientos con sus preceptos, para crear en sí mismo, de los dos, un solo Hombre Nuevo, haciendo la paz, y reconciliar con Dios a ambos en un solo Cuerpo, por medio de la cruz, dando en sí mismo muerte a la Enemistad. Vino a anunciar la paz: paz a vosotros que estabais lejos, y paz a los que estaban cerca” (Ef.2, 14-17)
La paz es don divino y cuando “Él” que es “Paz” mora en el corazón del hombre, hay un renuevo dado por su gracia haciéndolo capaz de cambiar el odio por el perdón, la injusticia por la justicia, la dureza por la sensibilidad, el desamor por el amor, la división por la unidad; hace vida el amor en sí mismo y en el hermano del que nos habla el mismo Jesús: “Amaos los unos a los otros como yo os he amado” (Jun. 13, 34)
“Bienaventurados los que buscan la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios” (Mt.7, 7-12) Jesús da esta promesa a los hacedores de paz, que además de buscar la reconciliación, la unidad y el perdón, también aceptan e incluyen a todos los que habían rechazado, ya sea por pensar distinto, porque le habían ofendido o hecho daño, o por ser de condiciones diferentes.
Según la Biblia, la reconciliación con los demás está unida a la reconciliación con Dios, y nuestra respuesta a su plan salvífico se da cuando ponemos en práctica la regla de oro: “Así pues, hagan ustedes con los demás como quieran que los demás hagan con ustedes” (Mt.7, 12)
Conclusión:
- Todo está hecho en la persona de Jesucristo quien es la misma paz, nos reconcilió con Dios, perdonó todo nuestro pecado y nos dio su santo Espíritu, por medio de su muerte en cruz y su resurrección.
- No es huir del conflicto, es convertirnos en hacedores de paz, siendo pacificadores no conflictivos, perdonando y amando al hermano, acogiéndolo, haciendo el bien sin mirar a quien.
- La paz es don de Dios y fruto del fruto del Espíritu Santo, quien da la gracia para perdonar y restaurar la relación con Dios, con el hermano y consigo mismo.
- Si yo logro la reconciliación con mis semejantes, mi entorno será de paz; ese entorno de paz irá generando cambios de actitud en los que me rodean y a su vez su entorno también alcanzará la paz. Así podremos alcanzar la verdadera paz en los corazones de todos y cada uno y en nuestro querido país.
Taller:
Mira tu historia y piensa si has tenido conflictos con alguien, si fueron bien resueltos, o si aún persisten.
¿Cuál será tu actitud a partir de hoy, según el llamado que Dios te está haciendo?
Bibliografía:
- Biblia Jerusalén
- http://www.catolicosregresen.org/answers-about-confession.php
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FUNDACIÓN HOMBRES Y MUJERES DE FUTURO
GUÍA DE PREDICACIÓN
Enero 31 – 2018
DE LA CORRUPCIÓN A LA RECTITUD
¿Quién subirá al monte del Señor?
¿Quién podrá permanecer en su santo templo?
(Salmo 22, 3-6)
Objetivo:
Reafirmar los valores de la honestidad, rectitud y transparencia, que son la limpieza de corazón que el Señor bendice y sobre la cual nos envía su Promesa de ver a Dios. Reconocer que en nosotros también existen tendencias o actitudes que manchan el alma y que debemos eliminar y entregar al Señor.
Introducción:
Estamos viviendo un momento en la historia de nuestro país en el que es necesario retomar la importancia de ciertos valores que parecen olvidados. Son aquellos valores que nos hacen ser personas transparentes, cristianos de limpio corazón y de manos limpias. Es decir, personas de mente y cuerpo renovados en el Espíritu, cuya conducta refleje de quién somos hijos.
Desarrollo:
En estos últimos años ha sido evidente para los colombianos cómo el país se ha hundido en la más terrible corrupción y descomposición moral, cosa que nos escandaliza y nos lleva a cuestionar a nuestros dirigentes y políticos. Se volvió una forma de vida el soborno, el pedir dinero a cambio de un favor, el conseguir un contrato o un empleo, pero con triquiñuelas y hasta con títulos falsos. Y cuando decimos que se volvió una forma de vida es porque de alguna manera, nosotros también hemos caído en esto, cuando sobornamos al policía de tránsito para evitar el parte, cuando decimos que está bien que no nos den la factura para que nos salga más barato aquello que estamos comprando y así no pagar el IVA, cuando compramos contrabando, cuando hacemos toda suerte de cosas para alterar la declaración de renta y no pagar al gobierno los impuestos, etc. Todos sabemos que estamos obrando mal;nos hemos corrompido y, sin embargo, encontramos toda clase de justificaciones para hacerlo: Ladrón que roba a ladrón tiene 100 años de perdón, si no me lo robo yo otro sí lo va a hacer, si todo el mundo lo hace, ¿yo por qué no? Y como éstas, tenemos muchas más excusas para no obrar correctamente.
Definición
El diccionario de la lengua española dice que corromper es: Pervertir o hacer que una persona o una cosa sea moralmente mala y corromperse:volverse moralmente mala o deshonesta [una persona].
Hay otra definición que vienen muy al caso del cristiano pues dice: Corromper es Hacer que un cuerpo o sustancia orgánica se descomponga de manera que huela mal o no se pueda utilizar. Cuando el cristiano se corrompe huele mal al Padre y ya no puede cumplir su misión, aquello para lo que fue puesto en la tierra.
El Señor nos ha dicho en su Palabra: Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios (Mt 5,8)
¿Quiénes son los limpios de corazón?
Son todos aquellos en quienes reina Cristo resucitado, todos los que se dejan gobernar por aquél que se dejó clavar en una cruz por amor a cada uno de nosotros. Son todos los que han echado fuera al hombre y a la mujer viejos porque son una nueva criatura en Cristo por la obre del Espíritu Santo. Son todos los que al presentarse la ocasión se dejan llevar por la voz del Espíritu que te dice “no lo hagas” y rechazan las justificaciones, aunque duela, aunque nos haga ver como puritanos o pasados de moda etc.
La Palabra de Dios: Salmo 24,3-6
Volvamos a ese hermoso texto que nos ocupa hoy:
¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede permanecer en su santo templo?
El que tiene las manos y la mente
limpias de todo pecado;
el que no adora ídolos
ni hace juramentos falsos.
El Señor, su Dios y Salvador,
lo bendecirá y le hará justicia.
Así deben ser los que buscan al Señor,
los que buscan la presencia de Dios.
El Señor nos da instrucciones claras de lo que quiere que seamos, de la forma en que debemos comportarnos. Entrará a ver al Señor aquél que permite que el Espíritu le guíe y obra de manera correcta, aquél que tiene la presencia “activa” de Cristo en su existencia, un Cristo que hará todo para mantenerte fuera de pecado si le obedeces, si le sigues con docilidad. Aquél que no adora ídolos como el ídolo del dinero, del tener, del poseer, del placer, aquél que pone a su Señor por encima de TODO. Entonces el Señor su Dios y Salvador lo bendecirá y le hará justicia.
Así, tu vida será limpia como el cristal, tu familia y tu entorno ahora sí serán verdaderamente rectos y confiables, y entre todos contribuiremos a hacer de nuestra ciudad, de nuestro país, el pueblo que Dios quiere.
Conclusión:
Hoy el Señor nos está llamando la atención sobre nuestro actuar y nos invita a revisar aquellas cosas que aún tenemos del hombre y la mujer viejos, esa levadura que contamina a nuestra familia y a nuestro entorno, ensucia nuestro cuerpo, mente y espíritu.
Volvámonos hoy al Señor con radicalidad y entonces: el Señor, nuestro Dios y Salvador nos bendecirá y nos hará justicia.
Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres en quienes Él se complace. (Lc 2,14)
