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FUNDACIÓN HOMBRES Y MUJERES DE FUTURO
Guía de predicación
Noviembre 30 / 2016
TU FAMILIA, TERRITORIO DE PAZ
(Is 9,5)
Objetivo
Crear conciencia de que la paz la hemos de construir entre todos comenzando en nuestra familia. Es nuestro deber, como padres, sembrar paz en el corazón de cada miembro de la familia y así, procurar que alcance todas las realidades en que actuamos en nuestro diario vivir. Desde luego, para hacer esto tendremos que ser constructores de paz, rimero que todo en nuestro propio corazón.
Introducción
Este tiempo de adviento que comenzó el domingo anterior, nos recuerda que estamos esperando a Aquél que fue llamado por Isaías: “Maravilla de consejero, Dios fuerte, Padre de eternidad, Príncipe de la paz” El misterio dela Encarnación nos muestra el verdadero rostro de Dios, para quien el poder no significa fuerza y destrucción, sino amor, y su justicia no es venganza, sino misericordia. Por eso aprovechemos este momento litúrgico que estamos viviendo, para impregnarnos de ese Dios príncipe de paz y poder ser como familia, territorio de paz.
Desarrollo
La familia como comunidad educadora fundamental e insustituible, es el vehículo privilegiado para la transmisión de aquellos valores religiosos y culturales que ayudan a la persona a adquirir la propia identidad. Fundada en el amor y abierta al don de la vida, la familia lleva consigo el porvenir mismo e la sociedad; su papel especialísimo es el de contribuir eficazmente a un futuro de paz (Juan Pablo II, Mensaje para la celebración de la XXVII Jornada Mundial de la Paz)
Esto sólo lo podrá conseguir la familia mediante el amor recíproco de los cónyuges, llamados a una comunión de vida total y plena, ya que tal es su vocación, y también mediante el adecuado cumplimiento de la tarea educativa, que obliga a los padres a formar a los hijos en el respeto de la dignidad de cada persona y en los valores de la paz. Tales valores, serán enseñados por el testimonio de los padres en un ambiente familiar en el que se viva aquél amor oblativo que es capaz de acoger al otro en su diversidad, sintiendo como propias sus necesidades y exigencias, y haciéndolo partícipe de los propios bienes.
Las virtudes de cada familia cristiana están basadas en el respeto profundo de la vida y la dignidad de cada uno, así como de la comprensión, la paciencia, el estímulo mutuo y por supuesto, el perdón que se da y que se pide. Todas estas virtudes dan a la comunidad familiar la posibilidad de vivir la primera y fundamental experiencia de paz.
Fuera de este contexto de afecto y solidaridad recíproca y activa, los miembros de familia permanecen en un “ser para sí mismo, en una vida privada de sentido, si no se le revela el amor, si no lo experimenta y lo hace propio” (Juan Pablo II, Redemptor hominis 10). Tal amor, por lo demás, no es una emoción pasajera, sino una fuerza intensa y duradera que busca el bien del otro, incluso a costa del propio sacrificio (amor oblativo). Además, el verdadero a mor va acompañado siempre de la justicia, tan necesaria para la paz. Una familia en donde reine este amor, proyectará este amor a otras personas que no tienen familia y viven privados de un mínimo de protección y afecto, convirtiéndose así en agente primario de un futuro de paz. Una civilización de paz no es posible si le falta amor.
Una familia que vive contraria a su vocación de paz, resulta por desgracia un lugar de tensiones y de violencia interna que la vuelve una familia disfuncional, con los esposos en conflicto, malos tratos a los hijos, estos en rebeldía o también tensiones producidas por modelos de comportamiento inspirados en el hedonismo y el consumismo, los cuales empujan a los miembros de la familia a satisfacer sus apetencias personales por encima de lo que sea, más que a una fructífera vida de comunión y solidaridad, son tristes síntomas de una paz familiar seriamente amenazada que, en ningún caso podrá ser subsanada con la dolorosa separación de los esposos, verdadera “plaga” de la sociedad actual.
Una situación duradera de paz necesita instituciones que expresen y consoliden los valores de la paz. La institución más inmediata a la naturaleza del ser humano es la familia. Solamente ella asegura la continuidad y el futuro de la sociedad, por tanto, la familia está llamada a ser protagonista activa de la paz gracias a los valores que encierra y transmite hacia adentro y mediante la participación de cada uno de sus miembros en la sociedad (Juan Pablo II, XXVII Jornada Mundial de la Paz, enero 1° de 1994).
Conclusión
Tener una familia estable, con paz, sin duda es un deseo de todos; pero en todas las familias se presentan, en la convivencia diaria, roces, discordias, enfados, grandes o pequeñas dificultades que tendremos que superar en pro del bienestar y el buen funcionamiento de la primera y más importante institución generadora de paz que es la familia y de cada uno de sus miembros.
Pidamos en familia al Príncipe de la Paz que reine en cada uno de nuestros corazones, para que la nuestra sea un verdadero territorio de paz.
Taller
· ¿Qué estoy haciendo como padre o madre de familia para construir paz?
· ¿Qué haces para superar situaciones de conflicto en tu familia?
Bibliografía
Semana por la familia 2016- Familia hogar de misericordia -Conferencia Episcopal de Colombia
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FUNDACIÓN HOMBRES Y MUJERES DE FUTURO
GUÍA DE PREDICACIÓN
Noviembre 23 / 2016
ÁNIMO Y CONSUELO DE DIOS PARA TI.
(Isaías 51, 12-14).
Objetivo
Entender que el ánimo y consuelo de Dios van a la raíz del dolor y lo sana. Pero esto no basta, su consolación va más allá de las situaciones del corazón porque quiere sanar incluso las situaciones causadas por la injusticia social.
Introducción
En el corazón de las personas hay mucho sufrimiento y no son pocas las que experimentan en su interior tristeza, soledad o el peso de las culpas; y ese dolor es mucho más pesado que el físico.
Por esto debemos volcar nuestra mirada al Dios consolador que es el único capaz de sanarnos integralmente. Este actuar de Dios consolador bien descrito por Isaías tiene un fondo precioso: se trata de su gran amor. El Dios que consuela es el Dios Padre- Madre de su pueblo (Isaías 66, 13-14a)
DESARROLLO
¿Qué entendemos por ánimo y consuelo?
Ánimo: Valor, esfuerzo, energía. Se usa para alentar.
Consuelo:Acción y efecto de consolar: aliviar la pena o aflicción de las personas.
La fe, que nos lleva a nuestro Dios, es el remedio más poderoso para calmar las penas de la vida. Pero desgraciadamente son pocas las personas que tienen una fe tan potente como para trascender el dolor y transformarlo en fuente de paz, de redención, de testimonio. Miraremos el dolor desde el punto de vista de la fe y comprenderemos que el dolor visto desde aquí es el más liberador, tiene, definitivamente un valor corredentor muy importante.
No hay especialista que con su análisis y terapia pueda liberarnos del sufrimiento.
Ánimo y consuelo desde el punto de vista de la fe: la tercera Bienaventuranza presenta una idea que puede sonar absurda, puesto que declara felices a los que sufren: “Bienaventurados los que están afligidos porque ellos serán consolados” (Mateo 5,5). Precisemos ante todo que en esta Bienaventuranza no se está hablando del dolor en si mismo sino de su causa; Jesús se está refiriendo a gente que ha sufrido desgracias y que en la actualidad vive en una situación de tristeza. En la lógica del Reino de Dios el dolor es una Bienaventuranza, porque abre una ventanita, para vislumbrar la luz de una nueva situación en la que Dios se manifiesta con todo su poder.
¿Por qué son bienaventurados los que lloran? Porque Dios los consolará, es decir Dios vendrá a ellos y Él mismo se convertirá en consuelo. Pero atención, no se trata de un consuelo superficial, como aquellas condolencias que recibimos en tiempo de desgracia, pero que en realidad cambian poco nuestra situación. Este consuelo se genera desde aquella región interior del que llora, habitada por la paternidad amorosa, consoladora y acogedora de Dios. (Sal 94,19; 119,52 / 76; 2Cor 1,4)
Si nos detenemos un momento, miramos hacia atrás en nuestras vidas y reflexionamos un poco descubriremos que tantos acontecimientos dolorosos de nuestro pasado que en su momento nos parecieron desgracias, hoy, al cabo de los años comprobamos que nos han traído mucha bendición, desprendimiento y libertad interior; y han resultado ser no desgracias sino hechos providenciales en nuestras vidas. Lo que sucede es que este desprendimiento o comprobación sobreviene muy lentamente. Cuando el cristiano se encuentra de repente con el sufrimiento su primera reacción suele ser la rebeldía, “¿por qué?” y la protesta es lanzada en el fondo contra Dios, sin tomar en consideración que Aquel a quien se dirige la protesta estuvo en la cumbre del dolor, clavado en la cruz. Y la respuesta al “¿por qué?” viene siempre de allí mismo, de lo alto de la cruz.
Si de verdad queremos que estas reflexiones se concreten en un consuelo real y fuente de alegría es imprescindible cumplir con una condición: vivirlo todo en la fe, que quiere decir que el cristiano que sufre debe unirse conscientemente al Cristo doliente a su cruz, debe acompañar, cargando con paz su propia cruz, a Cristo que sube al calvario llevando con amor la suya, debe, asumir amorosamente ese dolor en forma consciente y voluntaria, sabiendo que de esta manera su sufrimiento igual que el de Jesús se torna fecundo y creador, en fuente de vida y redención. Esto, se dará siempre y cuando asumamos las pruebas de la vida en el Espíritu de Jesús, es decir de una manera personal, activa y consciente, uniendo, como ya dijimos, todo dolor, tristeza, inquietud o preocupación a su cruz redentora.
Cuando el cristiano, en ese caminar asociado al Cristo doliente cesa en su rebeldía, toma su cruz, se entrega y adora, entonces hacen su aparición el sentido salvífico del dolor y el misterio redentor de la cruz. En este momento el dolor y la muerte son vencidos y el cristiano es visitado por la alegría y la paz.
CONCLUSIONES
En la tristeza, en la enfermedad, en el duelo, en la persecución tiene el hombre necesidad de ánimo y consuelo. Cristo en efecto es fuente de toda consolación (Filipenses 2, 1).
Sin sufrimiento no hay sabiduría, pero la tristeza resulta tan amarga que el ser humano no quiere saber nada de eso y vuelve la cara a otra parte. Pero después de un cierto tiempo, al tomar una razonable distancia y perspectiva, y tender una larga mirada, la mirada de la fe, en ese momento la persona comienza a comprender que lo que sucedió fue una pedagogía divina, y en el fondo una acción liberadora. Esto es muy consolador.
TALLER
- ¿Cuáles son las situaciones concretas que están causando sufrimiento en tu vida?
- ¿Cómo asumes el dolor: con desespero o con esperanza?
- ¿En mi casa y en mi trabajo, en mi comunidad soy portador(a) de ánimo y consuelo?
BIBLIOGRAFÍA:
El arte de ser feliz. P. Ignacio Larrañaga
En brazos del Padre. P. Fidel Oñoro Consuegra
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FUNDACION HOMBRES DE FUTURO
Guía de predicación
Noviembre 16 - 2016
SOMOS COMO BARRO EN MANOS DEL ALFARERO
(Jeremías 18, 2-6)
Objetivo:
Llevar a las personas a identificar qué es el quebrantamiento y cómo dejarse moldear para tener Nueva Vida en Cristo Resucitado.
Introducción:
“Levántate y baja a la alfarería, que allí mismo te haré oír mis palabras.
Bajé a la alfarería, y resulta que el alfarero estaba haciendo un trabajo al torno.
El cacharro que estaba haciendo se estropeó como barro en manos del alfarero, y éste volvió a empezar, transformándolo en otro cacharro diferente, como mejor le pareció al alfarero.
Entonces me dirigió Yahvé la palabra en estos términos: ¿No puedo hacer yo con vosotros, casa de Israel, lo mismo que este alfarero? —Oráculo de Yahvé—. Lo mismo que el barro en la mano del alfarero, así sois vosotros en mi mano”.
¿Qué hace el alfarero?
El alfarero permanece en contacto con el barro, lo toma en sus manos limpiándoles las impurezas, moldea y humedece los terrones duros que impiden que el barro se deje moldear, para hacer la vasija apropiada de acuerdo a la necesidad. Esto mismo hace Jesús con nosotros cuando le permitimos moldearnos: primero nos limpia, nos purifica de nuestro mal camino, de nuestra mala conducta. Él, como buen alfarero, restaura en nosotros su imagen, la que nos dio desde el principio, Gen. 1,27. Dios restaura su imagen en nosotros, que ha sido desdibujada por nuestro pecado.
Somos barro en las manos de Dios, pero no un barro cualquiera; un barro escogido, especialmente un barro amado por Él mismo que nos dio la vida. Por eso no cambia el barro sino que vuelve a amasarlo y comienza una nueva vasija, pero siempre con el mismo barro.
El quebrantamiento
Quebrantarse es dejarse moldear, dejarse quebrar; es tomar conciencia sobre quién es usted, cómo está viviendo su vida, si realmente la está viviendo según el querer de Dios. Es tener la suficiente humildad de decir: Señor, rompe la vasija que soy y hazme de nuevo.
Recordemos el hijo que se rebela con su buen padre y se aleja de Él a vivir como él cree que debe vivir, Lc. 15. El hijo alejado del padre ha perdido su dignidad y lo reconoce, se quebranta. Toma Conciencia de su dignidad de Hijo y emprende el camino de regreso al padre. Allí es amado, esperado, reconocido, se siente hijo. El quebrantado experimenta el amor de Dios.
Quebrantarse es reconocer desde lo profundo del ser que hay Alguien que guía nuestra vida y que las iras, los enojos, las inconformidades, los rencores, los miedos, los odios, los chismes, la crítica destructiva y todo lo malo que se alberga en el interior del corazón y que no nos deja ser recipientes útiles, se convierte ahora por acción del Espíritu y renueva nuestro corazón. Leer Salmos 32 y 51.
El Hombre o la mujer que se dejan moldear se convierten en vasijas útiles para los mejores servicios.
Jesucristo muerto y resucitado en quien tenemos salvación
Esa transformación de nuestro barro, es, precisamente, pasar de la muerte a la vida con el Resucitado. Jesús, el siervo sufriente de Is. 53,7: “Fue maltratado, se humilló y no abrió la boca, como cordero al degüello era llevado y como oveja que ante los que la trasquilan está muda, tampoco abrió la boca”. Jesús el Siervo sufriente soportó en silencio los insultos, las burlas, los golpes…” “Y POR NUESTRA CAUSA FUE CRUCIFICADO” (Leer los capítulos 14 y 15 de Mc).
Jesús es el camino al Padre, quien es finalmente nuestra meta. Con nuestras fuerzas humanas no podemos cambiar nada en nosotros, ni en nuestra pareja, hijos etc. Por ello Dios se despojó de su Hijo, quien padeció, murió, resucitó y ahora vive en el corazón de cada uno de nosotros, es Dios vivo, habitando en nosotros para hacer posible la transformación de cada uno en otros cristos. Jesús vino a mostrarnos el ser humano que el Padre Dios quiere que seamos todos.
Su pasión y su cruz. Por nuestra salvación
“Toma tu cruz y sígueme”.Tenemos sufrimientos que no podemos superar, dificultades, enfermedades del cuerpo y del alma, algunas crónicas o de largo proceso. Son sufrimientos que debemos colocar en la cruz. Unir nuestros sufrimientos a la cruz de Cristo, crucificarnos con Él y morir con Él para resucitar con Él.
¿Y qué es resucitar con Él? Resucitar con Él es alumbrar nuestra vida con Su luz, que es amor, bondad, misericordia, perdón, paciencia, confianza, esperanza. Creer con absoluta fe que con Él “somos más que victoriosos… todo lo podemos en cristo que nos fortalece” Rm, 8-31
Rm. 6,10-11: “Su muerte fue un morir al pecado, de una vez para siempre, mas su vida es un vivir para Dios. Así también vosotros, consideraos como muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús.”
Taller:
- ¿Qué área de tu vida vas a colocar en las manos del ALFARERO Divino para que te moldee?
- ¿Cuál de las Bienaventuranzas aún no has disfrutado porque no te has dejado quebrantar por el Señor?
- ¿Cómo entiendes tu resurrección con Cristo y en Cristo?
- Haz una oración pidiéndole fortaleza a Cristo crucificado para que te de la fuerza de crucificar con Él aquel pecado que no has podido dejar.
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FUNDACIÓN HOMBRES Y MUJERES DE FUTURO
Guía de predicación
Octubre 26 - 2016
Los peligros de no trabajar por la unidad
Lc. 9, 43b-50
Objetivo
Concientizar a las personas de los peligros y de las consecuencias de no trabajar por la unidad, con el fin de fructificar como comunidad familiar viviendo unidos, venciendo toda condición que divida y abriendo la puerta a la construcción del reino de Dios que es comunión, amor de Dios para la humanidad.
Introducción
“Cuando crece la conciencia de pertenencia a Cristo, en razón de la gratitud y alegría que produce, crece también el ímpetu de comunicar a todos el don de ese encuentro. La misión no se limita a un programa o proyecto, sino que es compartir la experiencia del acontecimiento del encuentro con Cristo, testimoniarlo y anunciarlo de persona a persona, de comunidad a comunidad, y de la Iglesia a todos los confines del mundo (cf. Hch 1, 8)” (DA N° 145). Sin embargo, en el contexto de las diversas y diferentes comunidades, surgen dificultades por las que, a los discípulos del Señor, les cuesta poder seguirlo y construir el anhelo de la comunión, la unidad y el trabajo en equipo.
Algunas personas piensan que unos de los peligros más contundentes para que en una comunidad no prevalezca la unidad, es la falta de fe (cf. Lc 9, 37-43), o el anhelo por la grandeza fruto del egoísmo y del miedo. Esto es importante, pero también en los procesos comunitarios y familiares existen otros peligros que traen sus propias consecuencias, afectando el trabajo de la unidad, provocando separación y división que en ocasiones se convierten en anti- testimonio de vida para la comunidad y la sociedad, confundiendo, cerrándose a la comprensión y entendimiento de la voluntad de Dios.
Desarrollo
El texto del evangelio de Lucas comienza afirmando que los discípulos estaban maravillados de todas las cosas que su maestro hacía (cf v. 43b), así que todos estaban asombrados, llenos de estupor por la acción poderosa del Hijo del hombre en favor de toda la humanidad. Sin embargo, cuando Jesús revela su pasión, los discípulos encuentran impotencia para salir de la ambigüedad en la que no comprenden que la cruz hace parte de la acción poderosa de Dios en la persona de Jesús.
El imperativo “pongan en sus oídos”, significa que el discípulo del Señor está llamado a una nueva operación, a dar un nuevo comienzo del algo que no ha hecho, pero que el ser humano se siente incapaz de hacerlo y de responder con eficacia porque sencillamente se ha vuelto incapaz de escuchar. La sordera impide conocer, y en efecto hace imposible que el discípulo ame y construya unidad, trayendo como consecuencias realidades que dejan vacíos y huecos que conducen a la ignorancia y a la sospecha acerca de Dios y de los hermanos (cf. Gen 3, 10).
Veamos cuáles son esos peligros en la formación de los discípulos del Señor que el evangelista pone sobre la mesa, y que llegan a ser impedimento para hacer posible la unidad de los hermanos:
1. Incomprensión (Lc 9, 43b 45): La Palabra dice que los discípulos no entendían eso de que el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres. Estaba velado su sentido, es decir, que tenían dificultades para recibir correctamente el mensaje que le comunicaba la persona de Jesús, quedando interrumpida la comunicación, la comunión y el trabajo en equipo por la incomprensión del contenido y el anuncio de la muerte de Jesús.
No comprender las palabras de Jesús, trae como consecuencia que los discípulos del Señor se queden solamente en el campo de la admiración, impresionados por las obras y acciones de Jesús, pero cerrados a la acción de Dios y a aquello a lo que deben alcanzar como hijos de Dios: aquellos propósitos y metas que se han elaborado, dejando a medio camino lo que se comenzó, rechazando a todo el mundo e imponiéndose en su propia voluntad.
La incomprensión es una reacción de los seres humanos ante aquello que no se entiende, o que no se acepta por las decisiones o actuaciones de otras personas. Cuando se siente impotencia por no lograr cambiar a las personas, se sucumbe en la incomprensión, y en lugar de guiar o conducir de manera didáctica, o de sugerir sin herir susceptibilidades, se llega a rechazar.
El lado afectivo de la incomprensión es la falta del conocimiento de la persona con la cual se interrelaciona. Así que los discípulos del Señor estaban admirados de sus acciones, pero no le conocían (cf. Jn 1,11). Esta incomprensión también se encuentra en el nivel de los hermanos de comunidad o en las relaciones de familia, pues dentro de la sensibilidad humana se llega a despreciar lo de los demás para aceptar solamente lo nuestro, convirtiéndonos en robots, llevando una vida mecánica fundamentada en dichos, hábitos, acciones y expresiones, tales como aquí siempre se ha hecho lo mismo.
La incomprensión trae como consecuencia no permitir la confraternidad, ya que se quiere solamente que las personas piensen, actúen y vivan conforme al interés personal, sin importar la forma de pensar o sentir del otro. Cuando no se entiende, en efecto se repudia, cayendo en la violencia que trunca las relaciones humanas y el trabajo por la unidad familiar y comunitaria; lejos de una larga vida de amor y felicidad.
Por la incomprensión se llega a odiar, a despreciar y a atacar quitando del medio a quienes parecen obstáculo. De manera que para el discípulo del Señor es mejor actuar con inteligencia, comprendiendo y aceptando a las personas tal como son, sin maquillajes, sin protocolos y sin ceremonias, recordando que si todas las personas estuvieran en las mismas condiciones, esto no sería un proceso sino un paraíso, en el que no habría porqué trabajar por la unidad, cuando ya se está en comunión con el Señor.
2. Rivalidad y competencia(Lc 9, 46-48): El texto de Lucas avisa sobre la ignorancia de la Palabra, el velo que impide captarla y la resistencia de no conocerla, fruto de la rivalidad y de la competencia. Se suscitó una discusión entre los discípulos, por saber quién sería el más grande (v. 46).
La rivalidad y la competencia viciada en una comunidad se convierten en un peligro para el trabajo hacia la unidad, trayendo como consecuencia el actuar con soberbia, alejándose del camino que lleva a alcanzar metas importantes que ayudarán a la construcción de la vida comunitaria, personal y familiar.
La enemistad u oposición es fuente de rivalidad, la cual consiste en que varias personas aspiran a lograr una misma cosa, pero en lugar de unir fuerzas, cada una busca su propio beneficio, sin interesarle el esfuerzo y el pensamiento del otro. Su único interés es ser importante, aunque esto no signifique que sea útil.
La rivalidad entre hermanos es muy común en una familia, pero también lo hay en las comunidades, cuando se buscan los primeros lugares o sencillamente viven ansiosos, angustiados, queriendo controlarlo todo o usando su autoridad para despreciar, lastimar, incluso usando a los mismos, pues no puede confiar sino en sí mismo o en los que piensan como él o ella.
La rivalidad y la competencia se vencen trabajando en equipo, tomando conciencia de las diferencias, de las cualidades, de los carismas de cada persona, invitando a la acción concreta para construir y aprender del otro.
La clave central para contrarrestar la rivalidad y la competencia se llama humildad (cf. V 48), un camino de crecimiento que no solo bloquea la soberbia, sino que a su vez permite descubrir que todo lo que es la persona proviene de Dios (Él es el grande y yo el pequeño). Dios en su misericordia quiere que unidos a Él trabajemos en equipo, siendo canal de bendición, de esperanza, de amor y de gozo. Dicho de otra forma, el humilde es aquel que ama, que depende y se reconoce necesitado del Padre, confía plenamente en Él, todo le cree, le es obediente y dócil, es fiel, es manso, imita al Padre y su inocencia es la pureza.
3. Intolerancia (Lc 9, 49-50): El tercer peligro en el trabajo de la unidad es muy común en la comunidades familiares, evangelizadoras y sociales: la intolerancia, como actitud de personas que no respetan las opiniones, las ideas, o actitudes de los demás; todo lo buscan racionalizar para restarle importancia a la actividad positiva que ha logrado el otro, o sencillamente por el hecho de que aquella persona no pertenezca a la comunidad, se le relativizan sus ideas o se apropia de ellas para afirmar que en la comunidad ya se está elaborando o desarrollando tal tema o actividad.
Juan tomó la palabra y le dijo al Maestro: hemos visto uno que expulsaba demonios en tu nombre y tratamos de impedírselo, porque no viene con nosotros (v. 49). Los discípulos protestan porque se imaginaron que ellos eran los únicos poseedores de la verdad y los únicos que podían desarrollar legítimamente la obra de la persona de Jesús.
La intolerancia cierra los grupos, cierra las comunidades, las introduce como a seres dentro de una urna, lejos de la realidad y de las situaciones de otros. Algunos le restan importancia a los estudios de los otros, cayendo en una eclesiolatría, la cual consiste en hacer menos visible al otro para ser más grande. De ahí la respuesta de Jesús: No se lo impidáis, pues el que no está contra vosotros, está por vosotros (v.50).
El verdadero seguimiento a la persona de Jesús no consiste en usar rótulos o razones sociales para pertenecer a determinada institución, sino en practicar la misericordia, el amor, la vida, la buena relación entre los hermanos, incluyendo a quienes son, piensan y actúan diferente, haciendo posible que todos sean libres. Esto significa que aunque se encaje en una comunidad, no siempre quiere decir que le pertenezca. La Iglesia católica, como acción universal no excluye a ninguno y respeta la libertad de cada persona, haciendo ver que cada ser humano es único e irrepetible, y que toda diversidad no sólo debe ser tolerada, sino que es positiva porque en ello se reconoce al Señor, que es hermano de todos.
CONCLUSIÓN
Es importante tomar conciencia de los peligros que afectan el trabajo de la unidad en una comunidad de hermanos, o de familia, o en el entorno laboral, porque darán frutos de libertad y de vida en las relaciones humanas. No se pensará tanto en un yo y los otros, sino en un nosotros y los diferentes en el que se acoge a todos, alejándose de una comunidad psíquica para que prevalezca una comunidad verdaderamente espiritual, pneumática, universal, fundamentada en el único Señor de todos: Todo aquel que en Él crea, comprenderá y será consciente del Amor de Dios por el hombre, que tome entonces la decisión de agradar a Dios y de reconciliarse con el Padre y de ser con Él uno solo, como el Hijo y el Padre son uno solo.
TALLER
- ¿Cuáles otros peligros crees que hay y que traen consecuencias de división hoy en la comunidad social y en la familia?
- ¿Cómo podrías superar las actitudes de competencia y rivalidad entre los hermanos de comunidad y los hermanos en una familia?
- ¿Nos hemos sentido en algún momento dueños de la verdad?, ¿creemos que todo lo sabemos y le restamos importancia a las opiniones de los demás? ¿Cómo lo superaría?
BIBLIOGRAFÍA
- Biblia de JERUSALEN.
- Biblia de Estudio Dios habla hoy.
- DA - V CONFERENCIA GENERAL DEL EPISCOPADO LATINOAMERICANO Y DEL CARIBE Aparecida, 13-31 de mayo de 2007
- STORNIOLO, Ivo. Cómo leer el evangelio de Lucas: Los pobres construyen la nueva historia. San Pablo, Bogotá 2008.
