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FUNDACIÓN HOMBRES Y MUJERES DE FUTURO
Guía de predicación, Diciembre 2 - 2015
¿SOY UN BUEN ADMINISTRADOR?
Gn.1, 27-28
OBJETIVO:
Identificar a través de la enseñanza si estamos administrando bien nuestra vida, los dones, los talentos y bienes materiales que Dios nos ha dado, así como también descubrir las debilidades y fortalezas, con el fin de emprender el camino del cambio, de acuerdo a los designios de Dios.
INTRODUCCIÓN:
Desde el principio de la creación, Dios nos dio autoridad y nos puso a administrar todo lo que Él nos ha dado. Por lo tanto debemos concientizarnos que nada es nuestro, todo es de Dios; nos ha entregado el universo entero para que hagamos uso de todo y de la vida misma, para crecer, madurar y llevar a cabo la aventura humana hasta su vuelta a Dios mismo. Somos sus administradores y debemos administrar bien.
DESARROLLO:
En su infinito amor, Dios nos ha dado nuestra propia vida, una familia, el tiempo, los dones y talentos y los bienes materiales.
Es importante que seamos buenos administradores de nosotros mismos, que administremos nuestra propia vida, que reconozcamos que somos templo del Espíritu Santo (1Co.6, 19), por lo tanto no somos dueños de nuestro cuerpo, sino un simple administrador y que debemos presentarnos como ofrenda viva, consagrada y agradable a Dios (Rm.12, 1). Cuando no sabemos administrar bien el cuerpo, vienen consecuencias que pueden arruinar la vida. Por ejemplo, cuando por solucionar un problema se decide abortar, se comete el pecado del asesinato, siendo conscientes que el único dueño de la vida es Jesucristo. El estado posterior de aquellas personas es la ruina interior, el desasosiego, sentimientos de culpa. Otras consecuencias de la mala administración del cuerpo son: el sida, enfermedades venéreas. Nosotros no somos dueños de nada, ni siquiera de la vida, no podemos disponer de ella, es Dios quien dispone de ella.
También, es importante entregar nuestra mente a Dios. La mente es una de las riquezas más grandes que Dios nos ha confiado; por tanto debemos administrarla bien, llenarla de la verdad contenida en el evangelio y así agradar a Dios, desarrollando las facultades mentales que nos ha dado y las pongamos a su disposición. Una de las actividades más fructíferas de la mente es la comunicación con Dios por medio de los sacramentos, la oración y la meditación de su Palabra. Debemos disciplinar la mente, no dejar vagar los pensamientos, mantengamos en la mente pensamientos útiles, de bendición y organización. Aprendamos a organizar los pensamientos para la gloria de Dios.
También debemos administrar la voluntad, una facultad del alma, que hace parte de nuestro ser y que nos permite elegir entre el bien y el maly debemosaprender a someterlaa la voluntad de Dios, con la fuerza del Espíritu Santo.
De igual manera los sentimientos, -tener el mismo sentir de Cristo Jesús-, nuestras emociones dan sabor y calor a la vida, pero si no las controlamos son capaces de destruirnos. El administrador debe trabajar constantemente, para eliminar los sentimientos malos (Co.3, 5-8). Nuestro propósito debe ser: cambiar siempre lo malo en lo bueno, porque el fruto del Espíritu es: amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad, y dominio propio (Gal. 5, 22).
Administrar adecuadamente nuestro hogar: el primer paso para administrar el hogar es reconocer a Cristo Jesús como la cabeza del hogar y ponernos a su disposición para recibir su ayuda. El hogar es el sitio de descanso, por tanto debe reinar la paz y armonía entre todos los miembros de la familia, fomentar el cariño, respeto, afecto, caricias, amor y comprensión.
Administrar bien el tiempo: el tiempo es de Dios, por tanto debemos administrarlo de tal manera que le agrademos (Ef.5, 16-17). Sacar tiempo para extender el Reino de Dios. Recordemos que un día tiene 24 horas, diariamente, debemos darle a Dios el 10% (2 horas, 40 minutos) que se pueden distribuir así: Asistiendo a la Eucaristía “ración por excelencia, lectura de la biblia, oración personal, etc. Para poder vivir en la plenitud y bajo el poder del Espíritu Santo. Usemos el tiempo sabiamente, éste no se detiene, no se determina, no se acumula, no se puede estirar, el tiempo avanza irremediablemente dejando huellas en nuestra vida, los años pronto pasan, lo mismo que nosotros. Si aprovechamos bien el tiempo pronto conoceremos la voluntad de Dios y así vamos a poder vivir felices. Ya es tiempo de que cambiemos de vida, de que nos renovemos y de que nos comprometamos con Dios para la Salvación del mundo.
Administrar los Dones y Talentos que hemos recibido de Dios con la responsabilidad de usarlos para su gloria y el bien de la humanidad.
Administrar diligentemente el dinero el dinero y los bienes que tenemos no son nuestros, Dios los ha puesto bajo nuestra responsabilidad y administración para que los usemos en beneficio personal, familiar, de la humanidad y en la extensión del Reino de Dios.
Como hijos de Dios tenemos derecho a lo necesario para cubrir nuestras prioridades (Mt. 6, 31-34). Si sabemos invertir bien el dinero Dios nos dará la sabiduría y la fuerza para ganar más y nos prosperará para que podamos llevar a cabo sus planes. El dinero en sí no es bueno ni malo, lo que es bueno o malo es la actitud del corazón del hombre frente a las riquezas, es la forma como lo utiliza (1 Tim.6, 10-11). El dinero y los bienes materiales no son difíciles de conseguir, lo más complicado es saberlos administrar. Muchas personas se dejan llevar por las emociones, apariencias, el consumismo que vende la televisión y los medios de comunicación y gastan la mayor de las veces hasta lo que no tienen, no hacen cuenta de lo que realmente ganan, tarde o temprano su situación económica es aterradora, ocasionando angustia, preocupación, tensión y enfermedades físicas como taquicardias, presión alta, etc. El dinero tiene muchos enemigos y es indispensable saberlo administrar, muchos hogares se acaban por problemas económicos (por no tener dinero o por no saberlo administrar).
Causas que nos lleven a la esclavitud Financiera:
- No tener a Jesucristo como el centro de nuestra vida.
- Gastar desordenadamente más de lo que se gana.
- Gastar antes de recibir.
- Demasiada confianza en socios irresponsables.
- Crédito fácil.
- No hacer presupuesto.
- Comprar cosas que no se necesitan.
- Falta de ahorro.
- Los vicios. (alcoholismo, drogadicción, cigarrillo, juegos de azar).
- La ambición.
- La pereza que no permite trabajar.
- Negocios ilícitos.
REGLAS DE ORO DEL BUEN ADMINISTRADOR
- Poner en manos de Dios nuestra vida, el hogar, el tiempo, los dones, el dinero y los bienes.
- Tomar la decisión de salir de las deudas.
- Realizar un plan para salir de las deudas.
- Aprender a vivir con lo que se tiene.
- Aprender a ser organizado.
- Ser justo y honrado.
- Ser generoso en la parte que damos a Dios.
- Alcanzar la libertad financiera a través del diezmo.
CONCLUSIÓN:
- Nada es nuestro, todo es de Dios, somos sus administradores.
- Debemos administrar bien nuestra propia vida, nuestro hogar, el tiempo, los dones y talentos, los bienes y el dinero.
- Si administramos bien, Dios nos bendice.
TALLER:
Haga su presupuesto familiar y establezca un orden de prioridades de las necesidades, teniendo en primer lugar las indispensables (alimentación, vivienda, salud, educación, transporte, vestido), las necesarias (servicios públicos, ahorro, recreación, seguros, ofrenda, etc.)
Bibliografia:
- Bibliapara el pueblo de Dios.
- Biblia de Estudio Dios habla hoy.
- Biblia de Jerusalén.
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FUNDACIÓN HOMBRES Y MUJERES DE FUTURO
Guía de Predicación, Diciembre 9 - 2015
¿QUÉ SENTIDO TIENE EL ADVIENTO PARA TI?
Objetivo
Sintonizar la vida de cada uno de los que nos escuchan, con el tiempo litúrgico que estamos viviendo, en este caso el Adviento. La iglesia nos ayuda a vivir nuestra fe con estos tiempos, que nos marcan la pauta de cómo debemos integrar la vida diaria y la fe.
Introducción
El Adviento y la Navidad han experimentado tal incremento de su aspecto externo y festivo profano, que en el seno de la Iglesia surge una aspiración a un Adviento auténtico, recordándonos cuál es el núcleo de tal acontecimiento. El ánimo festivo por sí solo, carente de fundamento, se convierte en un motivo más de dar respuesta al mundo en su exigencia de consumismo de toda índole, con resultados muchas veces de sentimientos de vacío y tristeza: gastos extras, quizá deudas y hasta problemas de salud por excesos en el alcohol o en las comidas, etc.
Esto es precisamente lo que nos hace reflexionar y preguntarnos ¿Cuál es entonces el núcleo de la vivencia del Adviento?
Desarrollo
Podemos tomar como punto de partida la palabra «Adviento»; este término no significa «espera», como podría suponerse, sino que es la traducción de la palabra griega parusía, que significa «presencia», o mejor dicho, «llegada», es decir, presencia comenzada. En la antigüedad se usaba para designar la presencia de un rey o señor. Es decir, que el Adviento significa la presencia comenzada de Dios mismo. Por eso nos recuerda dos cosas: primero, que la presencia de Dios en el mundo ya ha comenzado, y que Él ya está presente de una manera oculta; en segundo lugar, que esa presencia de Dios acaba de comenzar; aún no es total, sino que está en proceso de crecimiento y maduración. Su presencia ya ha comenzado, y somos nosotros, los creyentes, quienes, por nuestra voluntad, hemos de hacerlo presente en el mundo. Es por medio de nuestra fe, esperanza y amor, con nuestra forma de vivir esa fe, esa esperanza y ese amor como Él quiere hacer brillar la luz continuamente en la noche del mundo.
Por medio de nosotros los creyentes que tenemos la certeza consoladora de que «la luz del mundo» se ha encendido ya en la noche oscura de Belén y ha cambiado la noche del pecado humano en la noche santa del perdón divino; por otra parte, la conciencia de que esta luz solamente puede —y solamente quiere— seguir brillando si es sostenida por aquellos que, por ser cristianos, continúan a través de los tiempos la obra de Cristo. La luz de Cristo quiere iluminar la noche del mundo a través de la luz que somos nosotros; su presencia ya iniciada ha de seguir creciendo por medio de nosotros.
El acontecimiento de Belén, ese inicio que se dio allí la noche de navidad, ha de ser en nosotros inicio permanente. Aquella noche santa es nuevamente un «hoy» cada vez que un hombre permite que la luz del bien haga desaparecer en él las tinieblas del egoísmo, del odio, de la envidia, de la violencia, etc. El niño ‑ Dios nace allí donde se obra por inspiración del amor del Señor, donde se hace algo más que intercambiar regalos.
Esto es precisamente lo que la iglesia quiere que vivamos por esta época: permitir que se suceda nuevamente en cada uno de nosotros el acontecimiento de Belén de Judá, que nazca el redentor en cada corazón, para que brille su luz en donde el ser humano no ve sino tinieblas.
Alegraos en el Señor
Alegraos, una vez más os lo digo: alegraos (Flp. 4, 4)
El sentido del adviento es un sentido de alegría, esencialmente por esa presencia comenzada que debemos estar viviendo, pero, ciertamente, la alegría de Cristo no es tan fácil de ver como el placer banal que nace de cualquier diversión y esto es lo que nos quiere decir san Pablo en este texto.
El apóstol evidentemente cree que toda verdadera alegría está en el Señor, y que fuera de Él no puede haber ninguna. Y de hecho es verdad que toda alegría que se da fuera de Él o contra Él no satisface, sino que, al contrario, arrastra al hombre a un remolino del que no puede estar verdaderamente contento. Por eso aquí se nos hace saber que la verdadera alegría no llega hasta que no la trae Cristo, y que de lo que se trata en nuestra vida es de aprender a ver y comprender a Cristo, el Dios de la gracia, la luz y la alegría del mundo. Pues nuestra alegría no será auténtica hasta que deje de apoyarse en cosas que pueden sernos arrebatadas y destruidas, y se fundamente en la más íntima profundidad de nuestra existencia, imposible de sernos arrebatada por fuerza alguna del mundo.
Estar preparados
«En el capítulo 13 que Pablo escribió a los cristianos en Roma, dice el Apóstol lo siguiente: “La noche va muy avanzada y se acerca ya el día. Despojémonos, pues, de las obras de las tinieblas y vistamos las armas de la luz. Andemos decentemente y como de día, no viviendo en comilonas y borracheras, ni en amancebamientos y libertinajes, ni en querellas y envidias, antes vestíos del Señor Jesucristo...”. Según eso, Adviento significa ponerse en pie, despertar, sacudirse del sueño, sacudirse de lo inmanente para despertar a lo trascendente, pues quien se hunde en lo material, permanece en la oscuridad, sin verdad.
Despertarse del sueño significa sublevarse contra el conformismo del mundo y de nuestra época, sacudirnos, con valor para la virtud de la fe,
Estar despiertos para Dios y para los demás hombres: he ahí el tipo de actitud a la que se refiere también el Adviento, la actitud que descubre la luz y proporciona más claridad al mundo».
Conclusión
Hoy el Señor nos está invitando a dejar de lado lo banal y superfluo de lo que significa para el mundo en general el Adviento y la Navidad. Hoy nos está diciendo que “Adviento” es una forma de vida, es la actitud que Él espera de cada uno de nosotros para que pueda brillar Su luz en el mundo entero.
Adviento es vivir esa presencia comenzada de Dios en la vida de cada uno de sus creyentes, que conoce la historia y vive en la certeza de una eternidad bienaventurada.
Taller
§ ¿Qué sentido tiene ahora el Adviento para ti?
§ ¿Qué cambios debe haber en tu vida para que Él pueda hacer brillar Su luz en ti?
Bibliografía
www.Aciprensa.com.:Sentido del Adviento (palabras de Josef Ratzinger)
Diccionario de la Biblia Xavier Pikaza
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FUNDACIÓN HOMBRES Y MUJERES DE FUTURO
Guía de predicación Noviembre 18 - 2015
¿CUÁL ES MI OFRENDA?
Mc. 12, 41-44
OBJETIVO:
Identificar a través de la enseñanza, si con lo que estoy ofrendando y de la manera como lo hago en las diferentes circunstancias, estoy agradando a Dios o por el contrario lo estoy lastimando.
INTRODUCCIÓN:
Recordemos que nuestros pensamientos son diferentes a los pensamientos de Dios y es por eso que debemos en nuestra cotidianidad agradarle en todo, estar vigilantes y atentos, hacer viva su palabra en nuestra vida.
DESARROLLO:
V. 41= Jesús en el templo ve a las personas haciendo ofrendas.
V. 42= se acercó también una viuda y echó dos moneditas de muy poco valor. Las moneditas hablan de su pobreza y el hecho de ser dos muestra su generosidad.
V. 43-44= comentario de Jesús a sus discípulos deja en claro cuál es la verdadera actitud religiosa. Dios no quiere lo que sobra, quiere una donación total de la persona, un desprendimiento, real de aquello a lo que estamos más apegados.
La ofrenda de la viuda simboliza concretamente las relaciones del Reino de Dios, que no se caracterizan por la superficialidad voluminosa, sino por la profundidad de la donación en su pequeñez.
Vemos como esta mujer viuda fue la única, entre tantos fieles, que había retribuido a Dios como se merece. Es la personificación de los innumerables pobres que no tienen prácticamente nada y que, sin embargo, se las ingenian para dar algo de lo poco o nada que tienen. Gente humilde es capaz de sacrificar algunas horas o días de trabajo pagado para ayudar a otro o para dedicarse al estudio en beneficio de sus compañeros. Otros dirán: “Él lo puede porque gana poco, pero yo perdería demasiado”. El escaso sueldo que pierden vale mucho más que el buen sueldo que no quiere perder la persona más acomodada. Sólo el pobre puede dar eso mismo que necesitaba para vivir.
CONCLUSIÓN:
- Debemos ser generosos y desprendidos, ofreciendo lo mejor para el Señor y no dar de lo que nos sobra.
- Nuestra donación debe ser total.
TALLER:
- Para nosotros hoy, ¿cuál es el significado de la ofrenda de la viuda?
- ¿Estás dispuesto(a) a dar de lo que necesitas por la construcción del Reino de Dios?
Bibliografia:
- BibliaLatinoamericana.
- Biblia de Estudio Dios habla hoy.
- Biblia de Jerusalén.
- EUCLIDES Martins Balancin, Cómo leer el Evangelio de Marcos, edit. San Pablo.
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COMUNIDAD HOMBRES Y MUJERES DE FUTURO
GUÍA DE PREDICACIÓN
Noviembre 18 – 2015
¿Quién gobierna tu vida?
Texto base: MC. 10, 23-27
OBJETIVO
Descubrir cuál es la verdadera riqueza o tesoro que hay en nuestra vida, en nuestro corazón, y en este momento darnos cuenta quién nos gobierna y nos dirige y a dónde nos dirige.
INTRODUCCIÓN
Si nos preguntáramos en este momento ¿quién de nosotros quiere entrar en el Reino de los Cielos? Tal vez responderíamos que queremos, pero surgiría otra pregunta: entonces ¿qué tenemos que hacer? Para entrar en el Reino de Dios hay unas exigencias; el Señor nos dice en su palabra: anda vende todo lo que tienes, dáselo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo. Después ven y sígueme. Cf. Mc.10, 21b. Me exige parar un momento y evaluarme, mirar quién está ocupando el primer lugar en mi corazón, en mi vida, quién o qué es lo más importante para mí. Cuando logramos identificar esto empezaremos a priorizar lo que debe ser más importante para nuestra vida.
DESARROLLO
¿Cómo nos podemos dar cuenta de que el Señor Jesús no es el que reina y gobierna nuestra vida? cuando en nuestra vida hay otra clase de dioses, de cosas que me dirigen, que controlan mi vida, aunque aparentemente pensemos que somos nosotros quienes tenemos el control, cosas como el poder, el tener y el placer. Creemos que estas cosas nos dan seguridad. Muchas veces ponemos nuestra confianza en el dinero o en las cosas materiales, en las riquezas de este mundo y pensamos que ahí esta nuestra felicidad, cuando realmente nos están quitando libertad porque nos volvemos esclavos, nos atan, nos amarran, nos quitan libertad porque la verdadera libertad es hacer el bien y sólo si Jesús es el Señor de tu vida podrás vivir para hacer el bien, sin apegos ni aprehensiones (leer Mt.6, 24).
Cuando una persona acumula bienes pierde mucho tiempo y energías tratando de resguardar, de proteger todo lo que tiene, así no sean muchas cosas. El apego a ellas hace que haya una guerra constante en el corazón. Cualquier detalle se vuelve una amenaza contra sus pertenencias o propiedades. Las “cosas” que una vez él pensó que eran suyas, se están apoderando de él, son esas cosas o pertenencias las que manejan su vida. Son las cosas del mundo las que se enseñorearon en su vida, ya no es libre.
Por esto es que el evangelista nos dice: Jesús, mirando a su alrededor, dice a sus discípulos: « ¡Qué difícil es que los que tienen riquezas entren en el Reino de Dios!»
El Señor nos quiere libres porque Él nos creó libres para Él, para que Él nos gobierne, nos guíe, nos dirija y sea el primero y único Señor de nuestra vida y nuestro corazón; así empezaremos a vivir el Reino de Dios en nuestras vidas, a ser verdaderos discípulos y servidores de Jesús.
CONCLUSIÓN
No acumulemos cosas en nuestra vida: ni cosas, ni dinero, ni nada material. Si nos sobran cosas en nuestra casa, donémoslas; alguien, con seguridad, está necesitando lo que ya no usas. El verdadero tesoro es el Señor Jesús, Él es la verdadera felicidad, la verdadera libertad, en quien debemos tener puesta nuestra esperanza y nuestra confianza. Él, que es el tesoro escondido, debemos buscarlo siempre sin cansarnos. Cada vez que renunciamos a nuestras esclavitudes, apegos a nuestros otros dioses, estamos dándole el primer lugar a Él y dejándolo que gobierne y dirija nuestra vida y esto lo podemos ir logrando a través de este caminar con el Señor y descubrir día tras día que Él es nuestra gran riqueza; que Jesús lo dio todo por nosotros con tal de que estemos con Él en el Reino de Dios junto al Padre en su Gloria por toda la eternidad. (1 Timoteo 6,17-19.)
TALLER
1. ¿Quién o qué gobierna tu vida?
2. ¿De qué o de quién dependo?
3. ¿Cuáles son mis seguridades?
