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COMUNIDAD HOMBRES Y MUJERES DE FUTURO
GUÍA DE PREDICACIÓN
Marzo 4 - 2015
El Espíritu Santo en los Sacramentos
TEXTO BASE: MT 28, 20
Objetivo
Conocer cómo el sentido del Espíritu Santo en los sacramentos se constituye en condición de posibilidad vital para la comunidad desde el quehacer cristiano para la construcción de un mundo más humano y solidario.
Introducción
La presencia y actuación de la persona del Espíritu Santo en la historia de salvación, es y ha sido, objeto de estudio en las diferentes comprensiones y reflexiones de la Iglesia, y de la comunidad cristiana. Como consecuencia, precisar el sentido del Espíritu en la riqueza de los sacramentos, se descubre que el camino de acceso a Jesús y al Padre es una experiencia del Espíritu Santo y de sus dones derramados en la comunidad de los hermanos de Cristo, discípulos y servidores para y en la humanidad. De manera, que no se trata de un espiritualismo, comprendido como la relación con las realidades invisibles, no corporales e inmateriales, es una acción que actualiza a Jesús que ha revelado al Padre, en la historia presente, en el ahora de la vida de sus discípulos y de la Iglesia: He aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo (Mt 28,20).
Por tanto, el punto de partida, será comprender que la acción del Espíritu Santo en los sacramentos no es una razón discursiva, encasillada o estática que pretende conservar en lo cotidiano un servicio pasivo, sino descubrir y captar en los sacramentos un encuentro personal y comunitario, creativo y dinámico entre la persona de Jesús y la comunidad que se reúne en un ámbito de fe, mediado, simbolizado, encarnado para renovar, constituir una comunidad, con sentido y valor a la misión, que construya y luche por el reino de Dios y su justicia en el mundo, desde la experiencia concreta y práctica de la acción del Espíritu en la historia.
Desarrollo
La gracia del Espíritu Santo en los sacramentos de la Iglesia, hace del discípulo del Señor, no solamente un miembro de la Iglesia, sino que además, lo compromete a ser testigo de Cristo en el mundo. De manera, que los misterios de la vida del Señor Jesús, no son cosa del pasado, sino por el contrario, se hacen presentes en la cotidianidad de los seres humanos. Los sacramentos, son expresión que abraza a la humanidad, a la familia y a todos los hombres dándoles el poder que proviene del Señor, como Verbo del Padre: Dios no es un concepto aprendido en el catecismo, Dios toca la existencia de los seres humanos, hombres y mujeres.
El Espíritu Santo en los sacramentos no viene a realizar algo nuevo y distinto a lo ya cumplido en Cristo (Cf. Jn 14, 26). El Espíritu Santo actúa siempre como Espíritu de Jesús. Es así, como se pretende comprender y conocer el sentido de la persona del Espíritu Santo en los sacramentos de la Iglesia.
¿Qué tiene de común los sacramentos y la persona del Espíritu Santo. Como primera premisa, los sacramentos, son saturación, acción del Espíritu Santo. Por ello, no se racionalizan o se piensan, sino que se viven y se experimentan, no como algo meramente ritual, sino en los diferentes espacios de la vida humana, ya sea familiar, social, comunitario. Es decir, que los sacramentos se hacen visibles en la relación con los otros y en la acción del servidor que con actitud transformadora busca responder al amor de Dios. De ahí, que los sacramentos, como signos visibles del amor de Dios se constituyen en posibilidad para los creyentes porque los invita a experimentar una y otra vez lo celebrado para sellarlo, con la ayuda del Espíritu Santo en la misión de la Iglesia, que no es otra cosa que comunicar la vida, el anuncio de la persona de Jesucristo en el mundo. Es decir que la acción del Espíritu Santo en los sacramentos no solo suponen y expresan la fe, sino que también la alimentan, la enriquecen con el fin de que quien los experimente, no se modifiquen solamente así mismos, sino que modifiquen el mundo: El sacramento e su corazón, la gracia su dinamismo[1].
La acción del Espíritu Santo en los sacramentos, se considera entonces, como aquella experiencia que hace de los hombres y de las mujeres, de la comunidad eclesial y familiar, personas nuevas, integrales, saturadas de la presencia de Dios, creaturas que hacen lo que él hace. Y así,…nos enteramos de si su amor está realizado entre nosotros[2].
La presencia eficaz de la persona del Espíritu Santo en la celebración de los sacramentos se convierte para los cristianos en una constante apertura a la acción y advenimiento de la persona del Espíritu Santo. Esta realidad maravillosa permanece en el seguimiento de todo aquel que busca transformar, la comunidad, la sociedad, la cultura.
La experiencia de los sacramentos, son una forma continua de recibir la gracia, el don poderoso, y siempre nuevo del Espíritu Santo. Don que anima, aviva, fortalece, alimenta y hace vivir a la comunidad, a la iglesia, a la humanidad según la acción del resucitado y salvador Jesucristo: …el Maestro interior que conduce al conocimiento de la verdad total, formando discípulos y misioneros. …por lo cual los seguidores de Jesús deben dejarse guiar constantemente por el Espíritu (Ga 5, 25), y hacer propia la pasión por el Padre y el Reino: anunciar la Buena Nueva a los pobres, curar los enfermos, consolar a los tristes, liberar a los cautivos y anunciar a todos el año de gracia del Señor (Cf. Lc 4, 18-19) (DA N° 152).
A través de la vivencia de los sacramentos, entonces, el advenimiento del Espíritu Santo llena los corazones de los hombres y de las mujeres, de sus carismas y dones, apuntando a que ellos descubran la acción, el amor de Dios personalmente, pero llamados a ser esa imagen visible de ese amor en el mundo: El amor humano encuentra su plenitud cuando participa del amor divino que se entrega solidariamente por nosotros en su amor pleno hasta el fin… (DA N° 117).
¿Por qué se implora la fuerza del Espíritu Santo en los sacramentos de la Iglesia? Porque todo lo que consagra el Espíritu Santo deja de ser lo que era para orientarlo, animarlo hacia la construcción del el Reino de Dios en el transcurso de la historia y de la realidad humana. La presencia del Espíritu Santo en los sacramentos rescata la dimensión comunitaria y la moral, la ética, los valores de la humanidad, buscando, hacer cosas nuevas, creaturas nuevas que hagan cosas mayores (Jn 14, 12).
En este sentido, el sacramento es la persona, el discípulo, el servidor, la comunidad, llena, bautizada, ungida del Espíritu Santo que “estalla” hacia afuera para inundar a otros de lo que ha recibido por gracia. De manera, que el servidor es carisma invadido por la persona del Espíritu Santo impulsado a salir de sí mismo, de sus egoísmo, de sus seguridades para hacer comunión con los demás seres humanos; esperanza y salud, para el mundo: en la medida que la persona se abra al acontecer divino del Espíritu Santo, el sacramento se hará vida, o si no de lo contrario, se quedará en un mero ritual.
De manera, que las palabras, los gestos que se realizan en la celebración de los sacramentos son signos que deben penetrar en el corazón de las personas, con el fin de discernir en la voluntad salvífica de Dios, donde el ser humano de fe encuentra lo que le agrada a Dios, de lo que le agrada al Señor. Es así como se comprende que las personas de fe no son jamás analfabetas, sino que son alguien capaz de leer el mensaje del mundo, un ser que, en la multiplicidad de lenguajes, puede leer e interpretar, pues no es un mero manipulador de su mundo, sino alguien capaz de leer el mensaje que el mundo trae en su interior[3].
Por tanto, la acción del Espíritu Santo en los sacramentos será una experiencia que parte desde el discernimiento de la persona, como un ser libre (Cf. Ga 5,1), espontáneo que no se deja encerrar en los distintos tipos de esclavitud. Es decir, que los discípulos del Señor desde el encuentro sacramental fundamentan su relación con la persona del Espíritu Santo y con los demás, asumiendo un compromiso, una responsabilidad de liberación integral. El sacramento no puede prescindir de la historia, de la realidad y del corazón del hombre porque significaría cortar con la raíz de la creación y de la vida. El encuentro personal y comunitario con el Espíritu Santo no se concibe bajo un parámetro espiritualista, es una espiritualidad, un estilo de vida, una forma de hacer presencia en el mundo, de concebir la existencia, y por ende de asumirla con alegría, con gozo, con deseo de renovarla y transformarla.
Conclusión
El sentido de la persona del Espíritu Santo en los sacramentos de la Iglesia, contienen una riqueza profunda y maravillosa, donde el centro es la persona de Jesucristo. Por ello, no puede el sacramento estar desligado del significado de la vida y de la historia de los seres humanos. Jesús a través de los sacramentos, se actualiza por la humanidad como comunidad del Espíritu, cuerpo de Cristo. De ahí, que por el Espíritu Santo, la comunidad, sacramento de vida, revela la realidad de Cristo, a pesar de que la historia revele una imagen desfigurada del Señor. Cada nueva comunidad, cada corazón abierto a la acción del Espíritu Santo es una nueva creación y humanidad nueva, un nuevo Pentecostés que va suscitando en sus discípulos el camino permanente del Señor en toda dimensión humana, ya sea social, comunitaria, religiosa, y familiar.
Taller
- ¿Qué puedes aprender de los signos y de los gestos que ves en los sacramentos?
- ¿Cuáles de los signos de los sacramentos puedes hacer vida en tu historia?
- ¿Qué significa para ti que la acción del Espíritu Santo obre en el sacramento de tu corazón?
BIBLIOGRAFÍA
CASTILLO, José M. El discernimiento cristiano. Por una conciencia crítica. Ed. Sígueme- Salamanca 1994
BOFF,Leonardo. Los sacramentos de la vida y la vida de los sacramentos. Sexta Edición. Iglesia Nueva, Bogotá 1987.
Documento de APARECIDA
Biblia de Jerusalén
[1]BOFF, Leonardo. Los sacramentos de la vida y la vida de los sacramentos. Sexta Edición. Iglesia Nueva, Bogotá 1987. Pág. 67
[2]CASTILLO, José M. El discernimiento cristiano. Por una conciencia crítica. Ed. Sígueme- Salamanca 1994. Pág. 119
[3] BOFF, Leonardo. Los sacramentos de la vida y la vida de los sacramentos. Sexta Edición. Iglesia Nueva, Bogotá 1987. Pág. 11
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COMUNIDAD HOMBRES Y MUJERES DE FUTURO
GUÍA DE PREDICACIÓN
Abril 1° -2015
Hacer Vida La Palabra
(HB 4,12-13)
Objetivo
Comprender que la Palabra de Dios es una experiencia que se debe vivir en carne propia en la relación con los demás, comunidad, familia, sociedad; que aunque es necesario, no es suficiente con el testimonio de otras personas a cerca de lo que es vivir la Palabra de Dios. Para vivir como discípulo de Cristo necesitamos hacer vida la Palabra.
Introducción
Dios ha querido desde siempre revelarse a su pueblo y desde antiguo lo ha hecho por medio de sus manifestaciones. Una de esas manifestaciones es la creación; la creación nos habla de Dios y Dios nos habla a través de ella. Toda la creación es huella imborrable del creador. Otra manifestación es la Biblia; Dios, en el Antiguo testamento, habla a su pueblo y a todos los hombres por medio de algunos privilegiados escogidos para trasmitir su Palabra, estos son los profetas y para todos ellos, la Palabra de Dios es lo que determina el sentido de su vida.
La concepción de la Palabra divina como Ley y regla de vida se remonta a los orígenes mismos de Israel. Desde el momento mismo en que Moisés da al pueblo las tablas de la Ley, ésta toma conciencia de que Dios habla y quiere dirigir el destino de su pueblo, de la esclavitud a la liberación total, del pecado a la salvación; por esta razón los sabios y los salmistas vieron en ella la fuente de la felicidad.
Desarrollo
1. Jesús, la Palabra hecha carne
Si en el Antiguo Testamento nos habla el Señor por medio de sus profetas, en el nuevo testamento nos habla el Padre por medio de su Hijo (cf. Hb 1,1-2).
Así pues, Jesús en cuanto verbo existía en Dios desde el principio y Él mismo era Dios (Jn 1,1s) era la palabra creadora en que todo fue hecho, la palabra iluminadora que brillaba en las tinieblas del mundo para aportar a los hombres la revelación de Dios.
Dios entra abiertamente en la historia de su pueblo y de todos los seres humanos haciéndose carne; vino a ser para los hombres objeto de experiencia concreta, de modo que todos nosotros pudiésemos ver su gloria. (Jn 1,14).
Así pues, la Palabra de Dios no es un conjunto de normas, requerimientos o sugerencias, la Biblia es la revelación del querer de Dios a los seres humanos, es la manera como Dios nos dice qué clase de seres humanos debemos ser y la última palabra nos la dijo con su Hijo. Jesús es esa clase de ser humano que el Padre quiere que seamos.
Fue Jesús el que nos reveló quién era el Padre, cómo tratarlo (Abbá, papito, Rm 8, 15b), fue Él el que nos dijo que teníamos un Padre todopoderoso al que debíamos obedecer incondicionalmente.
2. Lo que dice la Palabra de Dios de sí misma en la Biblia
“Ciertamente, es viva la Palabra de Dios y eficaz, y más cortante que espada alguna de dos filos. Penetra hasta las fronteras entre el alma y el espíritu, hasta las junturas y médulas; y escruta los sentimientos y pensamientos del corazón.
No hay para ella criatura invisible: todo está desnudo y patente a los ojos de Aquel a quien hemos de dar cuenta.” (Hb 4,12 - 13)
La Palabra de Dios leída y meditada con juicio es todo lo que el ser humano necesita para ser discípulo de Cristo; para conocerlo y amarlo, San Jerónimo nos decía que “Ignorar las escrituras es ignorar a Cristo” y ¿cómo amarlo si no lo conoces?
Dios mismo es quien nos habla a través de la Escritura, Él nos consuela, nos da luces, nos confronta con ella y nos guía por el camino correcto. La Palabra de Dios es como el manual de vida del cristiano, nos aconseja, nos da argumentos para obrar el bien y para no hacer el mal.
3. Y ¿qué es lo que dice la Palabra de Dios?
En el Antiguo Testamento se nos da a conocer el acontecer de Dios en el pueblo hebreo, nos muestra cómo obra Dios en el diario vivir de su pueblo enseñándonos que Él acontece en la cotidianidad, que no es un ser lejano que intervenga de vez en cuando en los asuntos del hombre, sino que está siempre con él, le da normas, ayudas, guía y lo cuida y lo protege. Ya en el Nuevo Testamento es Jesús quien nos viene a mostrar cómo es vivir en el Padre y cómo el Padre responde a su criatura en todo momento y lugar. Jesús nos da instrucciones concretas para seguirlo, para caminar de forma segura para poder llegar a nuestro destino final, el Padre.
Vivir la Palabra de Dios es pasar el mensaje de la Palabra de la comprensión de la mente al corazón, es hacer de esta Palabra una forma de vida.
Veamos:
El Señor nos dice en su Palabra:
“ámense los unos a los otros como yo los he amado”, pero ¿cómo hacemos eso?, Pues, si seguimos leyendo la Palabra, Él mismo nos dice cómo hacerlo y nos lo dice a manera de orden, veremos aquí algunas de ellas.
· Amen a sus enemigos
· Hagan el bien a los que los odian
· Bendigan a los que los maldicen
· Oren por los que los persiguen
· Presten sin esperar nada a cambio
· Sean misericordiosos, como el Padre de ustedes es misericordioso
· No juzguen y no serán juzgados
· Den y se les dará
· Perdonen hasta setenta veces siete
· Honra a tu padre y a tu madre
· Quien quiera llegar a ser grande, será servidor de todos.
Ahora toma uno por uno estos mandatos del Señor y confronta tu vida en ese aspecto determinado. Pues bien, vivir la Palabra es hacer de cada uno de los mandatos del Señor tu forma de vida, es obedecerla y ser dócil a ella.
4. ¿Cómo lo haremos?
Cristo vino a la tierra, padeció, fue crucificado y resucitó; ¿Tú crees esto? Al resucitar el Señor nos dio la fuerza de su Espíritu Santo, nos dio su poder para llevar a cabo todo lo que nos pide. Cristo vive en cada uno de nosotros por el poder de su Espíritu y es con ese poder que tú puedes poner por obra la Palabra de Dios, es Él viviendo en ti que podrás hacer de la Palabra tu forma de vida. Si miramos con atención cada uno de estos mandatos, son muy difíciles de poner en práctica, pero con la fuerza del Señor, con su poder en nosotros todo es posible porque nada es imposible para Dios, Él en ti hará la obra, hará posible que tú ores por esa persona que te hizo tanto daño, o que puedas responder al mal con un favor, con una buena obra, Él en ti hará que puedas perdonar, Él en ti hará que seas generoso(a) con tu tiempo, con tu dinero, Él en ti hará posible que ames y confíes nuevamente, solo… déjalo SER en ti, permítele obrar. Es Dios y te habita, tú y Él son un equipo invencible.
Conclusión
La Palabra de Dios es ley para sus hijos, no son recomendaciones o sugerencias. El Señor nos pide docilidad para obedecerla y así poder concluir en cada uno de nosotros su obra salvadora, si no la hacemos vida, será una tarea muy difícil de cumplir.
Taller
¿Tienes el hábito de leer y meditar la Palabra de Dios diariamente?
¿Puedes recordar cuándo fue la última vez que oraste por un enemigo tuyo?
¿Y la última vez que fuiste a pedir perdón sin excusas ni justificación?
¿Puedes decir con certeza que el Señor por su Palabra, ha transformado tu vida? Da un ejemplo.
¿En qué casos concretos de tu vida estás haciendo viva la Palabra del Señor?
Bibliografía
- Vocabulario teología Bíblica X León Dufour
- Biblia de Jerusalén
- Documento de Aparecida, Capítulos 6-8, Mayo 2007
- Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium, FRANCISCO
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COMUNIDAD HOMBRES Y MUJERES DE FUTURO
MINISTERIO DE MAESTROS - GUIA DE PREDICACIÓN
Abril 15 - 2015
Él es tu pastor, ¿por qué te angustias?
Objetivo:
Mostrar la manera como Jesús aborda a cada persona cuando se acerca para consolarla, con el fin de que nosotros aprendamos a hacerlo con los demás como Él lo hace.
El Señor siempre está consolándote con palabras que llenan el alma, observa el salmo 23 y mira cómo Él te cuida y te conforta.
Desarrollo
SALMO 23
“El Señor es mi pastor nada ME falta”
Él es TU pastor, es tuyo. El conoce de antemano tu necesidad, El tienen los ojos puestos en ti. El es tu centinela, tu vigilante, entonces si lo tienes a Él nada tienes que temer; y no tienes que temer porque no es que tengas las bendiciones de Dios sino al Dios de las bendiciones.
Entonces, ¿por qué tanta preocupación? ¿Por qué a veces no duermes? ¿Por qué te preocupas tanto?
“Me apacienta”
Apacentar, pastorear, es nutrir. Él te da pastos verdes, alimento fresco y de buena calidad. Él te da Su Palabra como alimento, ese alimento delicioso y nutritivo que te permite estar fuerte.
“Me conduce hacia aguas de reposo”
El descubre la realidad interior de tu corazón, un corazón reposado, apaciguado, un remanso de paz. Cuando estás en desasosiego, en confusión, en situación de crisis El te conduce a la paz. Tu pensamiento está revuelto, acelerado, congestionado y tú entras entre sus brazos, te dejas abrazar por El y ése abrazo te llena de una paz que sobrepasa todo el entendimiento.
“Me Conforta”
Te lleva a tanta placidez como la placidez de un bebé dormido. Si tu respiración es agitada Él te da nuevo aire, una respiración que hace volver como cuando decimos ¡Qué rico me volvió el alma al cuerpo!, volví a ser yo, volví a vivir. Tú puedes decir confiadamente en esos momentos: Si no hubiera sido por el Señor...
Es una completa conversión, un éxodo, es una ayuda eficaz, es un completo cambio de situación. No teníamos vida y el nos la dio.
“Me Guía”
El pastor es un maestro de vida. No es suficiente que te convierta, te reconforte, te haga pasar de aguas turbulentas a aguas de reposo sino que además te guía, te saca de esa situación, camina contigo, te guía por senderos de justicia, por los senderos que tú necesitas, por caminos seguros. “Si te desvías a la derecha o a la izquierda yo estaré a tu espalda y te diré por aquí no es el camino”.
“Los caminos de Dios no son nuestros caminos, sus pensamientos no son nuestros pensamientos”. (Isaías 55)
En el camino del desierto, de la sequía de nuestra vida Él nos enseña a desaprendernos, a quebrantarnos y a aprender nuevos caminos, nos enseña nuevos principios de vida, nos ayuda a descubrirnos, a conocernos a purificarnos. Sin ese Pastor – Maestro, no hay maduración, por eso es necesario dejarnos enseñar con su sabia pedagogía.
“Me Consuela”
La vara te da sosiego porque con su vara te defiende, en el momento que tú necesites Él mete la mano por ti, te pone las palabras que necesitas. Puedes dormir tranquilo(a) porque El es el centinela que va a tu derecha, está a tu lado, vigila tus entradas y tus salidas y aun cuando duermas, tu corazón vigila. Él no te deja estrellar, él te protege.
Con su cayado o bastón va marcando el paso, va contigo, no te deja ni un momento, tu puedes percibir su voz siempre, Él no se aparta de su rebaño, no lo descuida, él es fiel. Por la mañana pone su tula y la amarra al cayado, al bastón, haciendo presencia, nunca se va de tu lado, te acompaña en toda circunstancia. Así es tu Pastor: fiel y defensor.
“Es amigo”
Es un amigo especial porque te prepara un banquete, una cena especial. El mismo prepara la mesa y además te sirve y se sirve El mismo en la copa rebosante de su amor.
La mesa en el oriente es el sitio de socialización, de mayor intimidad, de cercanía, de compromiso. En la mesa se teje una relación de amistad profunda, de comunión, es decir “Quiero que seas mi amigo” “Quiero compartir mi vida con la tuya”, es una Eucaristía. Fíjate que el salmo dice: tú preparas un banquete, es decir, tú te ocupas personalmente de mí, gastas tiempo en mí, entregas tu corazón por mí. ¿No te parece el mejor de los gestos?
Y no solamente eso sino que Perfuma tu cabeza, te unge, te brinda su amistad que es como un perfume fino, signo de amor y entrega y rebosa tu copa, comparte contigo en alegría y júbilo, hablas con El, compartes con El, danzas con El en un vals infinito de amor.
Y termina con esa gran promesa hecha realidad: “DICHA Y GRACIA ME ACOMPAÑARAN TODOS LOS DIAS DE MI VIDA”. Te ofrece todo su amor, te sientes amado(a) por El, tu recompensa es El, tu tesoro es El, tu dicha, estar con El todos los días de tu vida y aún más “HABITARÁ EN LA CASA DEL SEÑOR” ¿y cuál es la casa del Señor? Tu corazón, El se instalará en la casa de Dios, en tu santuario, allí habrá seguridad, descanso.
Para el salmista es la casa del Señor, El cielo, la casa de mi Padre, por años sin término.
Es sencillamente maravilloso lo que hace Dios por mí, El, como Buen Pastor va siempre adelante guiando, va al lado apoyando, va detrás, discretamente acompañando, resguardando. El conoce las ovejas y las ovejas lo conocen a EL. El da la vida por las ovejas.
Jesús, tu Buen Pastor supo ser pastor porque primero supo ser oveja en los brazos de su Padre.
¿Quién va a tener miedo del futuro con un Pastor así?
¿Quién no quiere sentarse a su mesa y estrechar la amistad con Él?
¿Quién no quiere ser ungido con el perfume del amor y habitar en su casa por días sin término?
Imagino que te sentirás ahora mismo una ovejita consentida por Él y le contarás a muchos de ése buen Pastor.
Taller:
- ¿Te sientes realmente oveja del Buen Pastor?, es decir ¿le escuchas? ¿Reconoces su voz y le obedeces?
- ¿Has experimentado el que Dios te haya guiado en algún momento puntual?
- Sólo los amigos nos invitan a cenar; ¿Te consideras un amigo íntimo de Dios?, ¿con cuánta frecuencia compartes su Cena?
- ¿Sientes angustia por el futuro?
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Comunidad Hombres y Mujeres de Futuro
Guía de Predicación
Febrero 15 de 2015
Jesús me anima
Por: Humberto Díaz
Objetivo
Sentir cómo Jesús siempre está presente animándonos, consolándonos, sanándonos, calmándonos y dándonos valor y confianza en todas nuestras situaciones de vida.
Desarrollo
1. Mt 9, 2:“En esto le trajeron un paralítico postrado en una camilla. Viendo Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: « ¡Animo!, hijo, tus pecados te son perdonados.»”.
Jesús nos dice: ánimo yo conozco tu debilidad.
- Revisar las luchas internas
- El personaje que represento en diferentes momentos de la vida.
- Se muestra el poder de la intercesión
2. Mt 9,22: “Jesús se volvió, y al verla le dijo: « ¡Animo!, hija, tu fe te ha salvado.» Y se salvó la mujer desde aquel momento. ”.
Ánimo, tu fe te ha sanado. Es el encuentro de Jesús con la mujer que tenía el flujo de sangre desde hace 12 años.
Apropiado para situaciones de problemas corporales.
3. Mt 14, 27: “Pero al instante les habló Jesús diciendo: « ¡Animo!, que soy yo; no temáis.»”.
Ánimo soy yo, no tengan miedo.
Para problema emocional. Cuando se tiene miedo.
4. Juan 16,33: “Os he dicho estas cosas para que tengáis paz en mí. En el mundo tendréis tribulación. Pero ¡ánimo!: yo he vencido al mundo.»”.
Ánimo, yo vencí al mundo. Cuando hay tristeza ante las diversas circunstancias de adversidad.
5. Hch 23, 11: “A la noche siguiente se le apareció el Señor y le dijo: « ¡Animo!, pues como has dado testimonio de mí en Jerusalén, así debes darlo también en Roma.» “
Ánimo, así como diste testimonio aquí lo darás en Roma.
6. Mc 10, 49: “Jesús se detuvo y dijo: «Llamadle.» Llaman al ciego, diciéndole: « ¡Animo, levántate! Te llama.» “
Servidores de la RCC, ¡Ánimo!, es Él quien te llama.
