- Detalles
- Categoría: Guías de predicación
- Visitas: 3622
COMUNIDAD HOMBRES Y MUJERES DE FUTURO
MINISTERIO DE MAESTROS - GUÍA DE PREDICACIÓN
Diciembre 3 – 2014
PREPARANDO LA VENIDA DEL SEÑOR
(Lc 2, 6-20)
La virgen da hoy a luz al eterno
y la tierra ofrece una gruta al inaccesible.
Los ángeles y los pastores le alaban
y los magos avanzan con la estrella.
Porque tú has nacido para nosotros,
niño pequeño, ¡Dios eterno!
(Poema de san Román “el melódico”
Poeta litúrgico nacido hacia el año 490 DC)
Objetivo:
Sensibilizar los corazones de los presentes para preparar la venida de Cristo.
Introducción:
Desde el acontecimiento del pecado de Adán y Eva, Dios omnipotente y misericordioso comienza a crear un plan para nuestra salvación y lo cumple; la Biblia entera da testimonio del cumplimiento cabal de los designios de Dios.
Por esto durante siglos El Padre preparó uno de los más grandes acontecimientos para el ser humano: la venida de su Hijo Unigénito a la tierra para la salvación de todo aquel que le acoja y lo siga.
Desarrollo:
Al celebrar anualmente la liturgia del Adviento, los católicos actualizamos esta espera del Mesías retomando las lecturas que nos hablan de la preparación de la primera venida del Salvador. De esta manera renovamos el ardiente deseo de su segunda venida.
El más grande se hace pequeño
Jesús nació en la humildad de un establo de una familia pobre. Unos sencillos pastores son los primeros testigos del acontecimiento. ¡Asombroso!, en esta miseria se manifiesta la gloria del cielo. El más grande de los grandes se hace pequeño para enseñarnos que es en las cosas pequeñas como se manifiesta la gloria de Dios. No es en el huracán, ni en la tormenta, sino en la brisa suave.
Quizá es esta la razón por la que aún no hemos tenido el encuentro personal con Jesús: estamos esperando el milagro, el acontecimiento estruendoso y extraordinario para comprobar que sí es Dios quien se está manifestando.
Hacerse como niño con relación a Dios es la condición para entrar en el Reino. Para eso es necesario abajarse, hacerse pequeño.
Hacerse como niño es vivir abandonados en las manos del Padre, es confiar en Él, entregarle el control de nuestra vida, de todas las áreas de nuestra vida: del área económica, del área afectiva, de la salud, del área económica, etc.
Hacerse como niño es creer en sus promesas, es entender que tiene un plan para cada uno de nosotros y que no debemos estorbarle para su realización.
Nacer de lo alto
Para que el misterio de la navidad se haga realidad es necesario nacer de lo alto, nacer de Dios. El misterio de la navidad se realiza en nosotros cuando Cristo “se encarna” y toma forma en nosotros. Navidad es el misterio de este acontecimiento admirable.
Tal como El Santo Espíritu de Dios lo hizo con María, La Madre, quiere hacerlo contigo. El Espíritu del Resucitado quiere engendrar al Hijo de Dios en ti y hacerlo crecer para que tú lo des a luz y Él pueda continuar su obra salvadora.
San Juan lo siente de una manera apremiante y nos dice “es preciso que él crezca y que yo disminuya” (Jn 3,30).
El adviento es un tiempo de preparación para este acontecimiento maravilloso. Tiempo en el que festejamos y celebramos reunidos en familia, pero qué bueno que lo hagamos con esta conciencia de que Él ya nació en nosotros, ya tomó forma en nosotros y festejamos y celebramos esa navidad. No solo recordamos y celebramos que el Mesías llegó para salvarnos, sino que festejamos y celebramos que ya vive en cada uno de nosotros para completar su obra salvífica: llevar a cabo el designio del Padre Eterno.
Conclusión:
Ya llega el Salvador, “ven, ven Salvador nuestro por quien suspiramos” cantamos en este tiempo, como tratando de hacer conciencia de que Él ya vino, que la salvación está servida para todos y de que Él solo está esperando un resquicio en nuestro corazón para llenarlo. Hazte como niño y lánzate a sus brazos amorosos abiertos de par en par para ti. Este es un tiempo de esperanza por excelencia, vívelo y participa con tu familia.
Bibliografía
X. LÉON DUFOUR- VOCABULARIO DE TEOLOGÍA BÍBLICA
CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA
- Detalles
- Categoría: Guías de predicación
- Visitas: 4237
FUNDACIÓN HOMBRES Y MUJERES DE FUTURO
MINISTERIO DE MAESTROS - Guía de predicación para Familias
Nov 26/ 2014
LA FAMILIA ES ESCUELA DE COMUNIÓN
Hech 2, 42-47
Objetivo:
Animar a las familias y a todos los presentes a trabajar por una vida de familia en comunión, para lograr la paz en nuestra familia viviendo unidos y aprendiendo a compartir con los demás.
Desarrollo
“Familia, ¡sé lo que eres!”, dice la Exhortación Apostólica Familiaris Consortio (n.17) Es decir, familia, sé “una íntima comunidad de vida y amor conyugal” (Gaudium et spes, 48), llamada a dar amor y a transmitir la vida. (Beato Juan Pablo II)
La familia cristiana es, en esencia, una comunión de personas, reflejo e imagen de la comunión del Padre y el Hijo en el Espíritu Santo. Las relaciones dentro del seno familiar entrañan una afinidad de sentimientos, afectos e intereses que provienen sobre todo del mutuo respeto entre sus miembros. Este respeto será la base en donde se afirme la comunión y la vida fraterna en la familia.
La familia es una comunidad de vida y amor, en donde cada uno de sus miembros está llamado a dar todo de sí para la construcción de dicha comunidad.
Desafortunadamente, hoy el ambiente que rodea nuestras familias está marcado por un fuerte individualismo que trata de fracturar las relaciones en lo más íntimo de su tejido, convirtiéndose en un ataque a la familia puesto que esta se construye con el aporte sencillo, pero decidido de lo que cada uno es y tiene. Esto requiere sacrificio, paciencia, comprensión y sentido de servicio de cada uno de sus miembros.
La paz familiar se debe sentir no solo en la falta de pleitos sino en la amistad y el gusto de estar juntos. La comunicación verbal y no verbal revela esta paz o la ausencia de ella, en la mesa, en los saludos y despedidas y en el trato familiar. Si este trato amable y afectuoso es genuino, la paz y la comunión serán un hecho en la vida familiar.
La familia es escuela de socialidad y de humanismo, es el primer ámbito humano de comunión y de participación.
La comunión en el hogar se construye desde el reconocimiento sencillo y sincero de la dignidad de cada uno de sus miembros. Cada uno es persona humana, con derechos y deberes, cada uno con una historia propia llamado a realizarse en plenitud desde el punto de vista personal, familiar y social. La experiencia de la comunión nos lleva a reconocer al otro como un “don de Dios” que debe ser acogido, pero esto sólo se hará posible en la medida en que se ha vivido en la comunidad original de cada ser humano, es decir la familia.
La iglesia nos presenta la vivencia del amor y la comunitariedad en la familia en cuatro rostros:
El rostro del amor esponsal, que hace referencia al amor entre los esposos, el rostro de la maternidad-paternidad que corresponde al fruto del amor esponsal, el rostro de la filiación, primera y fundamental experiencia de todo ser humano, ser y sentirse hijo, y por último el rostro de la fraternidad, acoger a los hermanos.
La comunión familiar exige un ambiente apropiado que la fomente y la favorezca. Cuando uno o más miembros se aíslan para considerarse separadamente, sin mirarse como la comunidad de vida y amor que debe ser, corre el serio peligro de atomizar esta célula llamada a mantener su integridad y su unidad.
La promoción de una auténtica y madura comunión de personas en la familia se convierte en la primera e insustituible escuela de socialización ejemplo y estímulo para las relaciones comunitarias más amplias en un clima de respeto, justicia, diálogo y amor. Cada familia en el mundo tiene una función social muy importante puesto que la familia es la célula de la sociedad. Por esta razón, que la familia sea escuela de afecto y comunión es de vital importancia para una sociedad solidaria.
Conclusión
La familia cristiana tiene la tarea de formar buenos ciudadanos y buenos discípulos de Jesús. Por esto debemos comprometernos a impulsar la formación en valores y vida cristiana de todos los miembros de la familia y a fomentar la unidad y la comunión entre todos.
Taller:
Compartir en pequeños grupos:
¿Haces en tu familia alguna actividad para fomentar la unidad y la comunión?
Bibliografía
EL ABRAZO EN FAMILIA UN APORTE PARA LA PAZ. Folleto de la Conferencia Episcopal de Colombia.
CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA
- Detalles
- Categoría: Guías de predicación
- Visitas: 3822
FUNDACIÓN HOMBRES Y MUJERES DE FUTURO
MINISTERIO DE PREDICADORES - GUÍA DE PREDICACIÓN
Noviembre 19 / 2014
DIOS LLAMA AL PECADOR
Mt 9, 9-13
Objetivo:
Comprender que el llamado que nos hace Jesús nos conduce a una vida nueva.
Introducción:
En este pasaje del Evangelio Mateo nos narra el llamado de Jesús a Leví, mostrándonos que el llamado es para todos, especialmente para los que están “enfermos” diría el mismo Jesús en otro pasaje, pues somos los pecadores los que necesitamos un encuentro personal con Él y seguirlo para que nuestra vida sea transformada.
Leamos pausadamente el Evangelio y degustemos el mensaje que el Espíritu Santo nos quiere transmitir a través del evangelista.
-
Jesús vio a Mateo
- La iniciativa es de Jesús
- Vio a uno que estaba sentado (acomodado)
-
Le habla con autoridad
-
Actitud de Mateo
- Se levantó (se desacomodó, resurrección, despertar)
-
Lo siguió, dejó todo
-
Mateo invita a Jesús a su casa a comer
- Jesús está a la mesa con los pecadores
-
Unidad
-
Reacción de los fariseos
- Cómo trata Jesús al pecador
-
Todos somos incluidos en Jesús
-
La respuesta de Jesús
-
Jesús es el médico
-
Jesús es el médico
-
Misión y envío
- Id y aprended…
Conclusión:
Jesús es quien te vio y te está llamando a una vida nueva, te está invitando a seguirlo, a que cambies tu manera de pensar para que cambie tu manera de vivir y luego te prepara para enviarte a la misión.
- Detalles
- Categoría: Guías de predicación
- Visitas: 3379
FUNDACIÓN HOMBRES Y MUJERES DE FUTURO
MINISTERIO DE MAESTROS - GUÍA DE PREDICACIÓN
Noviembre 5 – 2014
¿Qué dices cuando dices SOY CRISTIANO?
OBJETIVO:
Fortalecer el conocimiento que tenemos sobre lo que significa verdaderamente ser cristianos.
INTRODUCCIÓN
Vivimos en un mundo y en una sociedad en donde es muy importante conseguir cosas, títulos, posesiones, prestigio, etc. Es decir tener. Es evidente que el mundo moderno te valora por lo que tienes, por todo aquello que posees en propiedad: una casa, uno o dos o más vehículos, un empleo con un cargo alto ojalá, o una industria, uno o varios títulos universitarios, todo aquello que signifique tecnología: un celular moderno, una tableta, uno o varios computadores, televisión de alta definición, en fin, si no estás al día en todo esto no cumples los estándares que el mundo te exige. Tú eres una persona para el mundo cuando puedes demostrar que “tienes”, que tus posesiones son muchas, que vives en un buen barrio y que tu prestigio está por encima de muchos. Para esta sociedad tú “eres” mientras “tengas”
En esta definición de persona del mundo moderno, ¿a dónde queda el ser cristiano, cuando la mayor posesión de un cristiano es su Maestro?
DESARROLLO
Pues bien, no diremos, ni mucho menos que tener cosas esté en contra del “ser” cristianos. Dios Padre de todos, quiere que sus hijos puedan tener un techo y una forma de vida conforme a lo que somos, a nuestra verdadera identidad: hijos de Dios. Pero el verdadero cristiano no se define por las cosas que posea, el verdadero cristiano está definido por ser seguidor de su único Maestro, Cristo.
Todo cristiano es discípulo y discípulo es todo aquel que voluntariamente se pone bajo la dirección de un maestro, comparte sus ideas y adhiere a su propósito, a su causa. En este caso entonces, tú que te llamas cristiano(a), que voluntariamente te has puesto bajo la dirección de Cristo, ¿compartes sus ideas y te has unido íntimamente a su propósito redentor?
Seguir a Jesús, según el evangelio, significa romper con el pasado para adherir a la persona de Jesús y a su obra. Así nos lo dice Pablo en su carta a los romanos
Y no os acomodéis al mundo presente, antes bien transformaos mediante la renovación de vuestra mente, de forma que podáis distinguir cuál es la voluntad de Dios: lo bueno, lo agradable, lo perfecto. (Rom 12, 2)
Esto es, no acomodarnos a lo que el mundo nos exige y vivir para darle respuesta al mundo. Pablo nos pide que cambiemos nuestra manera de pensar para que cambie nuestra manera de vivir, porque Jesús nos pide una manera diferente de vivir. Al Señor no le importa cuántos bienes tengamos, a Él le importa lo que hay en el corazón de cada uno. Lo que Él tiene en cuenta es si eres una persona justa, si amas verdaderamente a tu prójimo a pesar de todo, sin justificar un odio o el rencor, la falta de perdonar o de pedir perdón.
Esto es lo que nos quiere decir san Pablo en su carta a los Romanos 2, 29
El verdadero judío lo es en el interior, y la verdadera circuncisión, la del corazón, según el espíritu y no según la letra. Ese es quien recibe de Dios la gloria y no de los hombres.
Al verdadero cristiano no lo hacen las prácticas religiosas, o las apariencias, el verdadero cristiano se reconoce por su vida en el Espíritu, porque transparenta a un Jesús vivo y resucitado, el verdadero cristiano es una persona humilde que reconoce que todo lo que tiene le ha sido dado y por ello da gracias en todo momento y en todo lugar.
Esta persona que vive así, es un verdadero discípulo de Cristo. Su más preciada Posesión es su Maestro que es quien tiene el control de su vida. Vive abandonado en Él y tiene los ojos puestos en la misma dirección de Cristo: los pobres, que no son necesariamente o solamente los faltos de recursos, (dice el padre Ignacio Larrañaga que Pobre es todo aquel que vive una vida sin sentido trascendente), los necesitados,que son todos los que sufren alguna carencia, de afecto, de comprensión, decompañía, etc. Losrechazados, los indiferentes, en fin, todo aquel que creas que necesita del amor de Dios es un pobre y un necesitado.
Cuando tienes la mirada puesta en la misma dirección de Cristo y actúas de acuerdo a su Palabra, estas adherido(a) a Cristo y a su propósito redentor.
Así las cosas, los verdaderos cristianos no gozamos de mucha popularidad en el mundo, no vivimos tratando de responderle en cuanto a todas sus exigencias, vivimos para Cristo y a Él le respondemos, a sus mandatos, a su Palabra, con mansedumbre, con docilidad y transparencia y valentía.
El verdadero cristiano ya no vive para “tener”, vive para “ser” cada vez más como Su Maestro.
CONCLUSIÓN
El verdadero cristiano puede o no tener muchas cosas, pero lo que no le puede faltar es un corazón disponible, hecho conforme al corazón de su único Maestro, Cristo.
Taller:
· ¿Es Cristo tu Maestro, tu Señor?
· ¿Te sientes adherido a su propósito redentor?
Bibliografía
X.LÉON DUFOUR - VOCABULARIO DE TEOLOGÍA BÍBLICA
Textos tomados de la Biblia de Jerusalén
