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COMUNIDAD HOMBRES Y MUJERES DE FUTURO
MINISTERIO DE PREDICACIÓN - GUÍA DE PREDICACIÓN
Agosto 6 2014
¿DE DÓNDE PROVIENE TU DIGNIDAD?
(Gen, 1-27)
Objetivo
Recordar a la Asamblea la procedencia del ser humano, ya que el hombre con todo lo que lo rodea no existe porque sí, todo viene de Dios:la Sagrada Escritura dice:“Creó, pues, Dios al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios le creó, macho y hembra los creó.” (Gen 1,27)
Introducción
Esta verdad ha sido manifestada de diferentes formas y el mismo hombre ha utilizado imágenes para describir su creación y todo es importante pero lo realmente importante es tener la certeza de que es obra de Dios <don divino>
Desarrollo
El hombre es la única criatura en la tierra a la que Dios ha amado por sí misma (GS24, 3); solo él está llamado a participar, por el conocimiento y el amor en la vida de Dios. Para este fin ha sido creado y ésta es la razón fundamental de su dignidad.
El hombre es toda imagen y semejanza de Dios
La imagen y semejanza de Dios no está en lo físico, Dios es espíritu no cuerpo, cuando leemos en la Biblia que Dios creó al hombre a su imagen y semejanza, se está refiriendo al alma espiritual que el ser humano tiene, haciéndolo superior a otros seres vivientes que habitan la tierra. Es así como el hombre no es una cosa, sino una persona que puede pensar, amar, decidir, entender, hablar, componer, hacer cosas que ningún animal puede hacer.
Momento en el que hombre es imagen de Dios
Desde el mismo momento de su concepción es Dios quien da al hombre:
- Aliento de vida
- Dignidad de ser persona
- Autoridad <dominar sobre el mundo de las criaturas>
- La unidad de su cuerpo y su alma
- Ser hombre o mujer
- El relacionarse con Dios, consigo mismo y con todo su entorno
Propósitos de Dios al crear al hombre a su imagen:
- Reflejar su naturaleza y manifieste un aspecto de su esplendor infinito
- La criatura es imagen de Dios por el hecho de que participa de la inmortalidad –no por su naturaleza, sino como don del Creador.
- Plasmar sus propósitos, planes y voluntad en la tierra
- Tener comunión intima con Dios
- Amar a Dios sobre todas las cosas, luego a todo el que tiene semejanza con Dios, es decir a cada persona humana, pues todo ser humano esta hecho a imagen de Dios
Imagen de Dios para el hombre: Cristo.
El misterio del hombre se aclara, por tanto, sólo a la luz de Cristo, que es imagen perfecta “del Dios invisible generado antes de toda criatura” (Col 1, 15) y que nos introduce, mediante el Espíritu Santo, en una participación al misterio de Dios uno y trino.
Él nos ha revelado cómo es Dios. A la petición que Felipe hace a Jesús en la última cena diciendo “muéstranos al Padre y nos basta”, Jesús replica: “Quien me ha visto a mí, ha visto al Padre, ¿cómo dices tú muéstranos al Padre? (Jn 14,8-11).
Por otro lado, cuando se dice que el hombre es imagen de Dios, se quiere indicar con ello que tanto el hombre como Dios tienen algo en común y es, la capacidad amar, la voluntad, el entendimiento y la libertad; en otras palabras, el alma del hombre es lo que lo hace semejante a Dios.
La imagen Divina que está en todo ser humano, resplandece en la comunión de las personas a semejanza de la unión de las tres personas divinas entre sí.
Desafortunadamente, por el pecado el hombre nace con una imagen deformada. Cristo, al redimirnos, no solo rehace esta imagen desfigurada por el pecado, sino que nos ha dejado dones para embellecerla aún más: nos dejó la gracia, la Iglesia y en ella a los sacramentos. Por eso el momento de la crucifixión es la mayor muestra de amor, de libertad. El hombre se conoce mejor a esta luz y muchas realidades que eran incomprensibles como el sufrimiento humano y la muerte se comprenden y aclaran gracias a que Cristo se encarnó, murió y resucitó. Por eso se comprende que al final del Evangelio Jesús ordene a los discípulos que vayan por todo el mundo y bauticen en nombre de la Trinidad y enseñen lo que Él ha mandado (Mt 28, 19 y ss).
Conclusiones:
Todos los seres humanos desde ya somos imagen de Dios –a imagen de Cristo, aunque todavía no sea manifiesto lo que llegarán a ser sobretodo al fin de los tiempos, cuando el Señor Jesús vendrá sobre las nubes del cielo, para que Dios “sea todo en todos” (1 Cor 15, 28).
Todo Viene de Dios. Es Dios mismo quien hace este don especial al hombre. El hombre lo recibe gratuitamente; no es por tanto una conquista humana o una obra del hombre.
La actitud del hombre ante su creador ha de ser siempre de alabanza a Su grandeza y acción de gracias por Sus prodigios. (Sl.104)
Taller:
- ¿Eres consciente de la dignidad que tienes?
- ¿En qué momento crees que se deformó la imagen que Dios te dio?
- ¿Cómo expresas gratitud hacia tu Creador?
Bibliografía:
Biblia de Jerusalén
Catecismo de la Iglesia Católica
Catholic.net
Infovaticana
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COMUNIDAD HOMBRES Y MUJERES DE FUTURO
MINISTERIO DE FORMACIÓN - Guía de predicación
Julio 30 - 2014
"SOMOS FAMILIA DE DIOS"
"Ya no sois extraños ni forasteros sino conciudadanos de los santos y familiares de Dios". (Ef 2,19)
Objetivo
Conocer los deberes y derechos que obtenemos al reconocernos familia de Dios.
Introducción
Cristo ha resucitado y es hora de comenzar a vivir como verdaderos hijos de Dios. Él nos ha insertado en la familia de Dios, somos de la casa de Dios. En nuestro lenguaje familiar la casa es la familia, el lugar íntimo donde el individuo crece y se desarrolla sus relaciones de amor y fraternidad, de descanso, y comprensión; cuando hay una familia verdaderamente establecida da gusto estar en ella.
Desarrollo
Dios tiene su familia, él mismo es familia. El Padre, el Hijo y el Espíritu constituyen una "comunidad de amor" y en esa comunidad nos inserta a todos los creyentes y nos hace su familia. De ahí que las relaciones han de ser de intimidad, familiaridad y confianza. Lo importante es vivir como hermanos de la casa de Dios.
Tú, tu familia y tu comunidad son familia de Dios, somos suyos, participando así de su herencia y ésta siempre será un don, un regalo. Lo más bello de una herencia no solo es lo que se recibe sino el amor de donde proviene.
¿Cuál es la Herencia?
La herencia que recibimos es "LA VIDA ETERNA": La misma vida de Dios que nos permite realizarnos como humanos en la historia y para la gloria de Dios. Una vida que se experimenta ya desde aquí en la generosidad y la entrega al servicio de la familia y de la comunidad de hermanos.
La herencia del "Reino":La experiencia novedosa del señorío de Dios que nos conduce a una vida llena de felicidad, en la libertad y en el servicio a todos nuestros hermanos. Mt 25,34; ICor 6,9-10; Ef 5,5; ICor 15,50; Stg 2,5.
La herencia es también las "PROMESAS DE DIOS": Para educar a sus hijos acude frecuentemente a las promesas; ellas mantienen viva la tensión y el esfuerzo y se vuelven un reto para alcanzar. Las promesas de Dios están en todas las Sagradas Escrituras y los creyentes en la fe con su perseverancia, se hacen capaces de heredar las promesas del Señor. Heb.6-1
La herencia es "LA BENDICIÓN": es el conjunto de deseos y sueños de Dios con nosotros, con estos, busca nuestra plena realización. Esa bendición se ve en una vida de fraternidad, de misericordia, de humildad, generosidad, de transparencia y de valentía.
La herencia es "LA GLORIA": Es decir la realidad misma en que habita Dios, la plena posesión de la felicidad en el amor. Ef1,18. Con una herencia como ésta ¿No debería ser distinta nuestra vida? Pero en la práctica la "dilapidamos" y preferimos descender hasta el nivel más bajo en lugar de servir al único Padre.
"HIJOS Y HEREDEROS, NO ESCLAVOS": El Padre nos hace sus hijos por la sangre de su Hijo, nos hace posesión suya, y nos concede, al mismo tiempo, el don del Espíritu para que nos conduzca siempre y nos ayude a vivir como hijos; como hijos de Dios somos herederos y coherederos de Cristo, si compartimos sus sufrimientos para ser también "con El glorificados", Rm 8, 14-17; Gal 4,6-7
La herencia es "LA SALVACIÓN": La salvación no se conquista sino se recibe siempre como regalo del amor gratuito del Padre. Tu salvación es lo más importante para Dios y debería ser lo más importante para ti, por esto mandó a su Hijo único al mundo, para darte la salvación. Ya eres salvo, tú y tu familia están ya salvados. Sólo tienen que apropiarse de ella.
Una cosa debemos hacer y es estar constantemente rompiendo cadenas de las múltiples esclavitudes y ofertas del mundo con la fuerza del Espíritu y retomando el servicio gozoso y libre al Señor en la entrega a los hermanos.
Los hijos participan de una misma herencia precisamente porque son hermanos en la fraternidad y en el amor.
Tú mujer, tú hombre, tú hijo(a), habiendo ya recibido la herencia de Dios, estás comprometido(a) con El a dar esta herencia a tu familia y a tu comunidad, poniéndote a su servicio, siguiendo el ejemplo de Jesús cuando dice: "Yo he venido a servir y no a que me sirvan" y el lugar en donde debemos comenzar a servir es la familia.
Taller
En pequeños grupos compartir:
- Como familia ¿somos consientes de que somos familia de Dios?
- ¿Somos consientes de la herencia que el Padre nos tiene reservada?
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FUNDACIÓN HOMBRES Y MUJERES DE FUTURO
MINISTERIO DE FORMACIÓN - GUÍA DE PREDICACIÓN
JULIO 23 - 2014
TÚ PUEDES SER OTRO ELÍAS, ATIENDE EL LLAMADO
OBJETIVO:
- Descubrir que el ser profeta desde el lenguaje de la Biblia es un ser inspirado por el Señor para comunicar y conducir a los hombres en el pensamiento y el querer divino.
- Comprender el sentido del profeta Elías en la historia de salvación, con el fin de hallar características que aporten al crecimiento espiritual de los creyentes.
- Captar elementos de la figura del profeta Elías con el fin de que vivamos para la construcción del Reino de Dios en nuestra familia, comunidad y en la sociedad.
Introducción
En este tiempo maravilloso de llamado a todos los cristianos a contemplar, discernir y orar la Palabra de Dios, presentamos a uno de los grandes profetas en la tradición del antiguo testamento: Elías. Las características de este profeta impresionan al mundo en la historia de salvación por su carácter y obediencia a Yahveh. Un hombre fuerte y valiente a la hora de enfrentar a los poderosos, cuando éstos amenazaban con ofender la fe del pueblo de Israel. Esta actitud resplandecía por la confianza que expresaba en Yahvé, no obstante, como ser humano no se vio ajeno a las limitaciones, dificultades y a querer evadir responsabilidades. Elías, más que un hombre de palabras, era un hombre de acción[1]. El libro del Eclesiástico 48, 1 lo celebra afirmando: …”vino un profeta como un fuego, cuya palabra era como un horno ardiente”.
Es significativo realizar en la Palabra de Dios un seguimiento del profeta Elías en el Libro primero de los Reyes, en su capítulo 17, extendido hasta el segundo libro de los Reyes capítulo 2, donde se conserva su tradición. Los evangelistas y más aún la tradición judaica lo mantuvo presente en los textos escritos. Por ejemplo, si miramos en el episodio de la transfiguración y de la Cruz de Jesús, Elías aparece como personaje co-protagonista de la figura del Hijo de Dios: Jesucristo.
Contenido
Haciendo un poco de historia sobre el contexto del profeta Elías, debemos señalar que el pueblo de Israel tenía una organización social que respetaba las necesidades del pueblo. Aunque había dificultades, el pueblo participaba de la vida social y política, lo cual buscaba mantener la unidad del Israel. Sin embargo, hacia el año 1030 a.C. los israelitas adoptaron un régimen monárquico, volviéndose más fuertes, pero a su vez menos escuchados; los valores y costumbres prioritarias de la organización social pasaron a un segundo nivel: se pagaron impuestos y se sucumbió en una opresión que afectaba a los trabajadores; pasado el tiempo se proclamaron independientes del reino del sur, haciéndose llamar reino de Israel o conocidos también como el reino del Norte, reino de Judá.
El pueblo de Israel ya no estaba unido, ni a sus semejantes, como tampoco a Yahvé. El pueblo se adormeció, fue inseguro, indeciso y sin intereses. Un pueblo que develaba penumbras de injusticia. Además, la situación social del mundo alrededor de Israel tampoco era la mejor. Ajab hijo de Omrí se casó con una fenicia (Jezabel), lo cual trajo consecuencias políticas, pero sobre todo cultuales porque Ajab construyó un templo para Baal como santuario oficial, no sólo para la familia real, sino para una parte de su verdadera liga de estados[2], lo cual no respetaba el orden social y ético de hermanos y hermanas, no favorecía el culto a Yahvé, y en efecto las costumbres serán un modelo diferente para Israel. Y es aquí en este contexto donde entra en acción el profeta Elías, situado en un tiempo aproximado entre los años 910 y 850 a.C. y quien será recordado como aquel hombre que enfrentó a la reina Jezabel y al culto de su dios Baal (1 Reyes 18, 20-40); comprometido con su pueblo y con su Dios: Elías captando el grito callado del pobre lo devuelve al pueblo[3] .
Elías significa: Yahvé es mi Dios. No se tiene claridad del lugar de nacimiento. Para Herrmann (texto base Pág. 273), como para el texto bíblico (1 Reyes 17, 1) Elías procedía de Tisbí en la Cisjordania, moradores de Galaad. Sin embargo, esta referencia no es tan relevante cuando podemos aseverar que Elías ha sido el profeta de fuego que Dios ha levantado en la antigüedad y en la cual sus palabras como sus hechos son dignas para imitar, aunque difíciles de comparar e igualar.
Elías para la comprensión de nuestro contexto bíblico es un hombre que defendió con su vida la fe y el modelo social de su pueblo, ya que por las costumbres del Baal, crecía en la pobreza (la figura de la viuda de Sarepta: 1Reyes 17, 10-16) y los derechos de los indefensos se pisoteaban, el abuso y la esclavitud primaban, y ese no era el querer de Dios. El profeta resistió a reyes, anunció la ruina de una determinada dinastía y denunció y luchó contra la idolatría. Anunció, además las exigencias absolutas morales del Reino de Dios en Israel, buscando recuperar los orígenes, descubriendo cómo el Dios de Israel es el único capaz de salvar. Elías fue aquel hombre que dejó su casa, sus costumbres en Tisbeh para avanzar hacia Samaria para increpar a Jezabel y así determinar una lucha contra la religión nueva: el culto de Yahvé se enfrenta con el de Melkart (Baal).
El ciclo de Elías presenta seis episodios en la vida del profeta: su predicción de sequía y su posterior huída (1Reyes 17), el encuentro en el monte Carmelo, tres años después (1Reyes 18): compárese Lucas 4, 25 y Santiago 5, 17 que siguen la tradición judía. La huída a Horeb (1 Reyes 19): Horeb es el monte sagrado en el que se manifestó el Dios del pacto de Moisés, y el viaje de Elías a este lugar representa el retorno de un profeta leal, pero descorazonado, a la fuente misma de la fe por la cual había luchado. Aparentemente la comisión final en 1 R. 19:15–18 fue sólo parcialmente cumplida por Elías, ya que la persecución no logra doblar al profeta. Por el contrario, entra en contacto con Yahveh, discierne y vislumbra cómo recuperar el terreno perdido, sobre todo, cómo hacer creíble a Yahvé en medio de situaciones adversas. Allí en la misma actitud de Dios con él, Elías descubre la bondad, la misericordia, la fortaleza, la verdad y la rectitud, comportamientos típicos de Dios. Yahveh no abandonó a su amigo[4].
El cuarto episodio es el incidente de Nabot (1 Reyes 21). Elías aparece como el campeón de las demandas éticas de Yahvé. El quinto episodio es el oráculo acerca de Ocozías (2Reyes 1). El sexto momento es su traslado o arrebatamiento (2Reyes 2,12). Con excepción del último, todos se refieren básicamente al choque entre la adoración de Yahvé y Baal.
Elías, aún en medio de las persecuciones de Ajab y Jezabel, se mantuvo firme en la fe de Yahvé, y más aún desafío al rey Ajab, el cual aceptó la proposición del profeta: un reto al dios de Melkart sobre la cima del Carmelo. Es allí donde el acontecimiento más grande y triunfal de la vida del profeta Elías aparece el llamado Juicio de Dios en el Carmelo (1 Reyes 18, 20-40).
El ministerio de Elías nos puede dejar dos observaciones: La primera nos ayuda comprender que la obra de este profeta está fundamentada en el esfuerzo por hacer volver a su pueblo a la religión establecida en tiempos de Moisés, tanto en la adoración a Yahveh (triunfo del monoteísmo), como la proclamación de una ética de justicia establecida en el corazón de Israel. Un segundo elemento es observar que a través del profeta, se asegura la fidelidad de Israel al participar del mismo espíritu de Moisés. De ahí, el regreso de Elías al monte Carmelo. Pero a su vez en estos elementos no podemos descartar la oración de un profeta que accionaba el poder de Dios a favor del pueblo. Elías reabastecía su vida con oración y comunión con Yahvé, encarnando lo anterior en la historia de su pueblo.
Conclusión
Los criterios para ser aplicados desde la figura de Elías, tienen un alto contenido de fuerza y valor por hacer que el señorío de Jesús reine en la familia, en la iglesia, en el mundo. El modelo de profeta que nos presenta la Biblia es un código para discernir nuestro liderazgo, y a su vez nuestra vida cristiana, en la medida en que estamos llamados a ser imagen del Dios vivo para que unidos reine su justicia, su amor en todas las áreas humanas: la justicia es inseparable de la caridad (Caritas in Veritate: La caridad es verdadera nº 6). Sin las características de este profeta el mundo se sale de su orbita. Necesitamos ser conductores de la buena doctrina y principios de Dios en un mundo que está hambriento y sediento por volver a los pies de Cristo. Por ende, es necesario que nosotros oremos y actuemos con decisión para que la edificación del Reino de Dios sea un compromiso eterno donde la globalización no sea sólo un acto de acercamiento y conocimiento de culturas, sino que sea como nos lo ha exhortado el Papa Benedicto XVI una hermandad, seamos hermanos (Caritas in Veritate: La caridad es verdadera nº 19).
Taller
- ¿Qué postura tenemos frente a los conflictos, dificultades y adversidades que se originan en nuestra familia, comunidad e iglesia?
- ¿Cómo es nuestra oración? ¿es transparente y viva en medio de la familia, la comunidad?
- ¿Cómo hemos ejercido la unción de profetas que recibimos en el bautismo? ¿Ha sido de lucha por conducir a mi familia, a mi comunidad por los caminos del Señor?
[1]STEINMAN,J. Figuras bíblicas. Ediciones Sígueme, Salamanca, 1996. Pág. 33
[2]HERRMANN, Siegfried. Historia de Israel: en la época del AT. Síguem Salamanca 1985. Pág. 271
[3]MESTERS, Carlos. El Profeta Elías: Hombre de Dios, Hombre del Pueblo. Colección Biblia 13. Pág. 22
[4]En palabras de Jesucristo, narradas en el evangelio de Mateo se afirmaría que: Jesús es el Emmanuel, el Dios con nosotros (1, 23) y …yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo (28, 20b)
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Comunidad Hombres y Mujeres de Futuro
Ministerio de Formación - Guía de predicación
Julio 16, 2014
EL QUE QUIERA SER EL PRIMERO, QUE SIRVA
MT 20, 28
Objetivo:
Hacer conciencia de que las relaciones interpersonales deben estar sostenidas por la voluntad de servir;de que si todo lo que hacemos por los demás lo hacemos con y por amor, no por obligación o por interés, podremos disfrutar del inmenso placer de servir.
Introducción:
En la Biblia la palabra servicio tiene dos significados opuestos. Por un lado, se refiere a la sumisión del hombre a Dios, y por otro, la sujeción del hombre por el hombre en la esclavitud. La historia de la salvación enseña que la liberación del hombre depende de su sumisión a Dios y que “servir a Dios es reinar”. “Pues el servicio hecho al Padre no quedará en el olvido, será para ti restauración en lugar de tus pecados. Eclo 3, 14
Desarrollo:
¿Qué es servir? La Real Academia dice que es estar al servicio de alguien, haciendo lo que él quiere o dispone. También dice que es ser de utilidad, hacer algo a favor de alguien. Podemos asegurar sin temor a equivocarnos, que servir también es:
- Es amar con las manos
- Es darse, no dar cosas
- Es repartirse, no repartir
- Al modelo de Jesús, es hacerse pan para el otro, alimento y vida para el hambriento.
Dice el padre Diego Jaramillo que “quien sirve a Jesús, lo busca, lo encuentra, lo conoce, lo escucha, le obedece y lo ama y después de todo lo anterior, se entrega, colabora, vive y muere por El.”
Aprendemos a servir contemplando la vida de Jesús y escuchándolo en la oración. Marta de Betania quería servir al Señor pero no entendía que primero debía escucharle sentada a sus pies.
Servir no es un acto de generosidad sino de justicia:distribuyo lo que recibo de Dios para ser distribuido, y lo hago según sus instrucciones. Los dones que pongo al servicio de los demás, no me pertenecen, me han sido dados. Soy administrador del tesoro que Dios me ha dado.
El servicio, en griego "diakonía”, era, a los ojos de los griegos, una cosa indigna. Para ellos, el ser humano existía para dominar, no para servir; por eso les resultaba extraño todo sentido de servicio al prójimo. Pero, en la doctrina de Jesús, el concepto de servicio es vinculado al precepto del amor a Dios y lo propone como elemento central de las exigencias de Dios al hombre; la intervención de Jesús es la que nos hace levantarnos para que emprendamos el camino del servicio.
El servicio que nos exige Dios no se limita a un cultoritual; se extiende a toda la vida mediante la obediencia a los mandamientos. Fue sirviendo a Dios como Jesús nos salvó, y nos revela cómo quiere ser servido el Padre: quiere que nos consumamos en el servicio a los hermanos como El mismo lo hizo;...”tampoco el Hijo del hombre ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida...por muchos.... Mc 10,45. Para los judíos era un honor llamarse servidores de Dios, mas no de los hombres, pero Jesús fue el servidor de todos, dedicó su vida a servir. Él vivió siempre para los demás, estuvo siempre abierto a todos, a nadie cerró su corazón; se entregó totalmente al servicio de los necesitados, no dejó nada para sí, sino todo para los otros. Esta actitud de servicio total de Jesús a los hombres está representada en el hecho de ponerse de rodillas delante de sus amigos para lavarles los pies. Jesús ha querido ocupar el último lugar de todos, la cruz, para servir,dando hasta la última gota de su sangre por todos nosotros.
El único camino de liberación para toda la humanidad es la actitud de servicio. Seremos hombres auténticos sólo en la medida en que sepamos servir y ser útiles al prójimo, en la medida en que saquemos de nosotros el egoísmo y dejemos sitio en el corazón para todo el que nos necesita. Esta es la conversión que nos pide Jesús. El nos quiere libres para servir. Jesús, el Siervo y el Señor, es también aquel que llama. Llama a ser como Él, porque sólo en el servicio el ser humano descubre la dignidad propia y la ajena. Él llama a servir como Él ha servido. Nos indica el camino de nuestra verdadera realización humana: el vaciamiento, el camino de la cruz, la pequeñez, el servicio.
El servicio es la actitud que caracteriza al creyente; un servicio humilde, constante, atento, minucioso, sin desfallecer. Y, una vez cumplido con esmero, tener la conciencia de haber hecho sólo aquello que era su obligación, sin esperar, y menos exigir, recompensa alguna. Porque no se ha hecho nada especial, porque sólo se ha cumplido con el propio deber tanto en el servicio a Dios como en el servicio al hermano. La aspiración a lo más alto es algo grabado en el corazón del hombre, pero si el que se dice creyente "exige" a Dios una recompensa por su servicio, no ha entendido que el único camino para "llegar arriba" en el Reino de Jesús es ponerse al servicio de los demás. A la "voluntad de poder" Jesús opone la "voluntad de servicio". Benedicto XVI ha explicado que el primer servicio que estamos llamados a ofrecer los cristianos es el del anuncio de Jesucristo, único salvador.
En el evangelio de Mateo, Jesús advierte que “Nadie puede servir a dos señores, porque aborrecerá a uno y amará al otro; o bien se entregará a uno y despreciará al otro”. Esta enseñanza la podemos aplicar a varias combinaciones: Dios y el dinero, Dios y la fama, Dios y el placer, Dios y el poder, Dios y la política, y muchas otras. A Dios no le gusta que en nuestro corazón demos cabida a otros “dioses”. Él es celoso y quiere ser el único dueño, Señor y Rey de nuestra vida.
La Iglesia, una estructura de servicios
La iglesia primitiva, como toda sociedad humana compuesta por hombres y mujeres, tuvo momentos de crisis, lo que los llevó a organizar mejor entre sus miembros el servicio, la “diakonía”. En la Iglesia de Cristo, todo es servicio: servicio de la Palabra, servicio de la oración, servicio de las mesas, la colecta para los pobres, y todos son servidores, empezando por los responsables de la comunidad. A partir de aquel momento, en la Iglesia el servicio no se practica como un gesto aislado, sino como un estilo de vida. Solamente una iglesia servidora es una iglesia creyente.
“La Iglesia está llamada a servir a la humanidad de nuestro tiempo, confiando únicamente en Jesús, dejándose iluminar por su Palabra e imitándole en la entrega generosa a los hermanos”. Ad Gentes de Vaticano II.
María, humilde sierva del Altísimo
María es el mejor ejemplo de servidora. Nadie ama a Jesús como ella, y el servidor, primero aprende a amar, y si ama a su Señor amará también servirle. El servicio desinteresado fluye del corazón que ama. El documento de Aparecida dice que María, pendiente de sus hijos, como en Caná, ayuda a mantener vivas las actitudes de atención, de servicio, de entrega y de gratuidad que deben distinguir a los discípulos de Jesús, pues si El “no ha venido a este mundo para ser servido, sino para servir”, ellos no deben aspirar a otra cosa que al servicio amoroso a todos sus hermanos.
El hogar, escuela de servicio
La Exhortación apostólica “Familiaris Consortio”, de Juan Pablo II, asegura que el cometido fundamental de la familia es el servicio a la vida, transmitiendo la imagen divina de hombre a hombre. Al crear Dios al hombre y a la mujer a su imagen y semejanza, los llama a participar en su amor y al mismo tiempo en su poder de Creador y Padre, en la transmisión del don de la vida.
La armonía familiar supone que cada uno de sus miembros acepta y realiza, por amor, el servicio que le corresponde; cuando un miembro falla, daña a todos. Es importante la formación de hábitos en la familia, que provoquen el interés por los demás y sus cosas, y que fomenten obras de servicio concretas en la vida diaria, en el seno familiar, con los hermanos, familiares, vecinos, amigos, etc. Hay que insistir en que es muy importante descubrir las necesidades de los más cercanos como primer signo y manifestación de un amor generoso y abierto a todos los hombres. Se debe hacer conscientes a los hijos de que en la vida, si no se sirve a los demás, el egoísmo nos incapacita para la felicidad. Es frecuente que se presente en las familias el caso de que alguno de sus miembros se niegue a ser útil a pesar de recibir el servicio de los demás; la paciencia y la tolerancia son el servicio que se le debe prestar mientras reencuentra su papel dentro del hogar, pero nunca la complicidad.
Para nuestros hijos puede ser ejemplo la realización de algunas acciones, como hacer tareas de mutuo servicio en la familia, atención a enfermos y a ancianos, participar en colectas para personas necesitadas, y muchas otras. "Cuando una persona no solo cumple con su deber en la vida profesional y familiar, sino que además se compromete a ayudar a los demás, dedicando su precioso tiempo libre al servicio del hombre y de su dignidad, su corazón se dilata". Benedicto XVI. Teniendo siempre en cuenta que el amor a los cercanos no puede ser sustituido por el servicio a los lejanos, es decir caer a la tentación de ser “luz de la calle” y “oscuridad de la casa”. Servir no se trata de impresionar sino de amar. No se trata de activismo sino de ser dócil a la voluntad de Dios. Tampoco se tata de calmar consciencia, sino de dar de todo corazón y con total gratuidad.
Para tener en cuenta
- Los padres deben hacer ver a sus hijos que les sirven más por amor que por obligación
- Hay personas que nos sirven porque necesitan ganarse la vida. Agradezcamos su servicio y tratémoslas reconociendo su dignidad.
- Cuando, como familia, se decida prestar algún servicio a la sociedad o a la iglesia, se debe cumplir responsablemente.
- Si nuestro trabajo consiste en dar algún servicio, transformemos la obligación en amor al prójimo y hagamos más de lo que nos corresponde.
- Debemos dar ejemplo de servir con los brazos abiertos, no importando a quién, cómo y cuando.
Conclusiones:
- El que ha resucitado a Jesús de entre los muertos, sabrá resucitar y premiar en su día a los que ahora siguen los pasos de Jesús.
- Servir es sembrar siempre, siempre, sin descanso, aunque solo sean otros los que recojan y saboreen las cosechas.
- Servir es mucho más que dar con las manos algo que se tiene; es dar con el alma lo que, tal vez, nunca nos fue concedido.
- “Servir es ser como el árbol de sándalo, que perfuma el hacha que en ocasiones le hiere"
Taller:
- ¿Es Dios el único “Señor” de mi vida? O ¿estoy sirviendo a dos o más “señores”? (el trabajo, el dinero, la belleza, mi esposo/a etc). Identifícalos y haz un plan de acción para cambiar esta situación.
- ¿Limito mi servicio? O ¿sirvo sin importar que la persona sea amiga o enemiga, simpática o no, pobre o rica? O ¿que el servicio traiga beneficios a mis intereses o no?
- ¿Al prestar un servicio, me mueve el amor? O ¿lo hago por obligación, temor, interés, o únicamente por la remuneración que recibo?
- ¿Acepto incondicionalmente las tareas que se me encomiendan?
Bibliografía:
A la escucha del Maestro, Padre Fidel Oñoro
Documento de Aparecida
www.vatican.va
www.corazones.org
www.mercaba.org
