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COMUNIDAD HOMBRES Y MUJERES DE FUTURO
MINISTERIO DE FORMACIÓN - GUÍA DE PREDICACIÓN,
NOVIEMBRE 28/ 2012
¿EN QUIÉN ESPERARÉ CUANDO TODO TE FALLE?
Ro 4, 18-21
Objetivo
Concientizar a las personas, a las familias, de que lo mejor que se puede hacer cuando se tienen grandes dificultades, cuando se piensa que todo está perdido, es seguir el ejemplo de Abraham, quien según Pablo:
- esperó contra toda esperanza
- fue firme en la fe
- glorificó a Dios
- reconoció que Dios tiene poder para cumplir lo que promete
Introducción
Si hacemos un recorrido por la Biblia, encontramos que a lo largo de ella se repiten con frecuencia los ejemplos de personajes que como Abraham, por sus características humanas, eran los menos indicados para desempeñar la misión que Dios les tenía preparada. Moisés, tartamudo y Dios lo escoge para guiar al pueblo; Jeremías, joven inexperto se convierte en un gran profeta; David, siendo un simple pastor es elegido por Dios para ser rey de Israel y así muchos más. La característica común a todos ellos es que confían plenamente en que el poder de Dios es el que les permite vencer sus limitaciones y realizar su obra.
Desarrollo
En esta cita, Pablo nos muestra cómo fue la fe de Abraham para que podamos seguir su ejemplo; cuando no se dejó vencer por la fuerte presión de la realidad, sino que al contrario, se creció ante ella para dar gloria a Dios. Nosotros como creyentes y como familia, debemos seguir su ejemplo, mirar serenamente la realidad, aceptarla en lugar de desconocerla y confiar en Dios sin poner límites a su omnipotencia, con la seguridad de que, quien creó todas las cosas, hizo padre a Abraham siendo un anciano y tiene el poder para cumplir lo que promete, nunca nos fallará.
Analicemos una a una las actitudes que describe Pablo en su carta, de Abraham
1. Espera contra toda esperanza
En el libro del Génesis leemos: “Cuando Abraham tenía noventa y nueve años, el Señor se le apareció y le dijo:… “te daré una descendencia muy numerosa”,… “tú serás el padre de una multitud de naciones”. Su primera reacción fue de incredulidad por la edad suya y de Sara, pero a pesar de eso “cayó con el rostro en tierra” en señal de adoración a Dios y aceptación de su Palabra. Dio una muestra inmensa de fe, al esperar contra toda esperanza, puesto que la razón lo llevaba a pensar que la promesa de Dios era un imposible, pero dejó de lado sus razonamientos humanos y confió en Dios.
Jesús advirtió a los apóstoles horas antes de ser crucificado: …“en el mundo tendrán que sufrir; pero tengan valor: yo he vencido al mundo” (Jn 16, 33). Y es El a su vez, el mejor ejemplo de este esperar contra toda esperanza; en la cruz, cuando parecía que todo estaba perdido, se dio el triunfo más grande de la historia.
La esperanza es el único apoyo que nos sostiene cuando estamos viviendo momentos de dificultad y grandes pruebas. No podemos dejar de luchar, con la esperanza en Dios lo podemos todo, aún en los días oscuros y difíciles de la vida. Bien nos dice Isaías: “¡Sean fuertes, no teman: ahí está su Dios!... él mismo viene a salvarlos!” (Is 35, 4), y también “los acompañarán el gozo y la alegría, la tristeza y los gemidos se alejarán” (Is 35, 10b).
2. Es firme en la fe
La fe de Abraham se ajusta a la definición que da la carta a los Hebreos: “…fe es la plena certeza de las realidades que no se ven”, y es un ejemplo para la fe cristiana suscitada por Dios. Aunque para él era un imposible lo que Dios le prometía, creyó. Si todos los cristianos acogiéramos sin condiciones la Palabra de Dios, dotaríamos al mundo de un poder sobrehumano, porque cuando la fe es fuerte y firme, nos libera de gran parte de nuestras limitaciones. Además, cuando tenemos en todo momento de nuestra vida presente al Señor, los obstáculos que encontramos por el camino de la vida los vivimos con paz, aunque sea duro. El vivir por la fe hace que aunque estemos llenos de problemas, siempre tenemos salida; si tenemos preocupaciones no nos desesperamos; “nos persiguen pero no estamos abandonados y nos derriban pero no nos destruyen”, como dice Pablo en la segunda carta a los Corintios.
El Documento de Aparecida, hablando de la pastoral urbana, afirma que por la fe reconocemos que Dios vive en las ciudades en medio de las alegrías, anhelos y esperanzas como también en sus dolores y sufrimientos, y que las situaciones de violencia, pobreza, individualismo y exclusión no pueden impedirnos que busquemos a Dios en estos ambientes.
Y finalmente, “...la fe de ustedes, una vez puesta a prueba, será mucho más valiosa que el oro perecedero purificado por el fuego, y se convertirá en motivo de alabanza, de gloria y de honor…” (1 Pe 1, 7). Lo que significa que las pruebas y dificultades producen en el creyente efectos maravillosos que de otra manera no se lograrían.
En contra de lo que podríamos pensar, la fe no se puede desarrollar ni crecer si la persona confía excesivamente en sus propias capacidades, al contrario, la debilidad, la impotencia y la incapacidad nos llevan a reconocernos necesitados de Dios y a esperarlo todo solamente de Él, lo que conocemos como pobreza en el espíritu.
3. Glorifica a Dios
¿Qué es glorificar a Dios? Es darlo a conocer a otros, como personas y como familias y ¿cómo se hace? Además del ejemplo de Abraham, recordemos el caso que narra el profeta Daniel de los tres jóvenes lanzados al horno, en donde se dedicaron a cantar himnos alabando a Dios; Pablo y Silas, después de ser azotados y encarcelados también oraban y cantaban himnos a Dios mientras los demás presos escuchaban; y finalmente, el profeta Habacuc, en medio de las dificultades afirma: …la higuera no volverá a echar brotes, ni habrá más frutos en las viñas, los campos no darán alimento, faltará la oveja en el aprisco, y en los establos no habrá vacas. Mas yo en Yahvéh me regocijaré, me alegraré en Dios mi Salvador (Haba 3, 18).
Afirma con gran sabiduría una escritora que quien no ha sufrido tampoco ha vivido puesto que el sufrimiento es parte de la vida y ningún ser humano puede librarse de él. Sufren los ricos y los pobres, los hombres y las mujeres, los adultos y los jóvenes, los enfermos y los que cuentan con salud, todos. La diferencia la hace la actitud ante las dificultades. Hay dos opciones, lamentarse, desesperarse, perder la esperanza y el deseo de vivir, pelear con la vida y hasta con Dios, o seguir el ejemplo de los tres jóvenes, de Pablo y Silas y del profeta, que en medio de la más dura prueba, siguieron confiando en Aquel que todo lo puede y que, como dice el poema de “Huellas en la Arena”, cuando mayor es la dificultad, dispone sus brazos amorosos para acunar en ellos a sus hijos necesitados. Quien opta por esta segunda opción, glorifica a Dios, como Abraham, pues demuestra a todos los que lo rodean, que cree y confía en quien todo lo puede, es fiel y cumple a cabalidad sus promesas.
4. Reconoce que Dios tiene poder para cumplir lo que promete
Abraham no es el único personaje bíblico que creyó en que Dios podía cumplir lo prometido, aunque fuera algo en contra de las leyes de la naturaleza humana. Recordemos algunos de estos ejemplos; Rebeca madre de Esaú y Jacob, Raquel madre de José, Ana madre de Samuel, que concibieron en contra de las posibilidades humanas de hacerlo, y el caso de la Virgen María, más extraordinario aún puesto que quedó embarazada sin tener contacto con hombre alguno. Pero su fe en que Dios todo lo puede los hizo aceptar sus designios.
¿Cuántas promesas hechas por Dios a los hombres, a las familias de todos los tiempos encontramos en la Biblia? Son innumerables, pero si no las conocemos ¿cómo podremos confiar en que serán cumplidas en nuestra vida? Veamos algunas de ellas:
Is 41, 10: “No tengas miedo, pues yo estoy contigo; no temas pues yo soy tu Dios. Yo te doy fuerzas, yo te ayudo, yo te sostengo con mi mano victoriosa”.
Nah 1, 7; “El Señor es bueno con los que en él confían, es un refugio en el día de la angustia…”
Eclo 34, 16; “Los ojos del Señor están fijos en los que le aman, él es para ellos protección poderosa, apoyo firme, refugio contra el viento abrazador y elcalor del mediodía, defensa para no tropezar, auxilio para no caer…”
Después de estas promesas de Dios para nosotros, y muchas más, ¿cómo desanimarnos y perder la esperanza en el momento de la prueba?
Conclusiones
Quien acepta vivir, debe aceptar también el dolor puesto que vida y dolor siempre estarán juntos.
Por difíciles y oscuros que sean los días, no se puede abandonar la lucha. Con la esperanza puesta en Dios, TODO se puede.
El Papa Benedicto XVI en su encíclica Spe Salvi afirma: “Lo que cura al hombre no es esquivar el sufrimiento y huir ante el dolor, sino la capacidad de aceptar la tribulación, madurar en ella y encontrar en ella un sentido mediante la unión con Cristo, que ha sufrido con amor infinito”.
Taller
¿En qué o en quién tienes puestas tus esperanzas? En tus fuerzas, en los seres humanos, en la ciencia y el progreso, en el dinero, o ¿en Jesús de Nazaret, el único que todo lo puede?
¿Cómo es tu actitud o la de tu familia ante las dificultades? Se angustian y desesperan o al contrario, ¿dan gloria a Dios y confían en El?
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COMUNIDAD HOMBRES Y MUJERES DE FUTURO.
MINISTERIO DE FORMACIÓN - GUÍA DE PREDICACIÓN
NOVIEMBRE 21 / 2012
¿Comprendemos la profundidad de la Alianza de Dios con su pueblo?
OBJETIVO:
Descubrir y profundizar el concepto del Pacto (Alianza de Dios con su pueblo) y de los pactos que hacemos y nuestro compromiso de amor y responsabilidad para cumplir el que hemos aceptado con Dios, con nosotros mismos y con los demás.
INTRODUCCIÓN:
Pocas veces nos detenemos a meditar sobre nuestra interpretación del Amor que Dios nos tiene, su Alianza permanente con nosotros, su extremado amor para perdonar nuestras debilidades y pecados y nuestra escasa perseverancia para corresponder a su amor y fidelidad.
Alianza: pacto de amor entre Dios y la humanidad. En la Biblia significa una relación nueva entre Dios y el hombre e indica el compromiso divino de hacer o dar algo a favor de la criatura, y la obligación que el hombre tiene respecto de Dios.
El término hebreo es “berit” que también puede significar: pacto, convenio, contrato, que se podía hacer entre personas iguales o entre señores y vasallos. Alianza es pues, un compromiso, un juramento, hecho en forma solemne entre dos contrayentes. Podemos llamar antigua alianza al A.T, y nueva alianza al N.T.
La Alianza es una realidad que evoca la unión conyugal. Entre Dios y su pueblo existe una relación de amor parecida a la relación de amor de los esposos. En la Biblia, el amor de Dios se manifiesta en la línea del amor del padre para con el hijo, y del esposo para con la esposa, recordemos las hermosas imágenes nupciales y conyugales de los profetas Oseas, Ezequiel y todo el libro del cantar de los Cantares.LA Biblia siempre insiste en la fidelidad de una de las partes de la alianza que es Dios y la infidelidad del hombre que llega hasta el adulterio.
ALGUNAS ALIANZAS EN EL A.T.
*La Alianza de Dios con Noé y con todos los seres. Las estipulaciones son el respeto a la vida y a la sangre. El signo es el arco iris. Gn 9, 1-17
*La Alianza con Abraham y su descendencia, a los que garantiza fecundidad y una nación, el signo es la circuncisión. Gn 17.
*Alianza del culto en el Sinaí, mediada por Moisés y que tiene por beneficiario a Aarón y sus descendientes. Las estipulaciones son las leyes sobre el culto, Ex 25,30 y el signo es el sábado Ex 31,12-18, devolviendo la creación a su orden original, Gén 2,1-2.
*Alianza con el pueblo, ser “El Pueblo de la Alianza” es la definición esencial de Israel. Su relación con Dios, que lo ha escogido como “El Pueblo de su propiedad” es la razón de su existir a través de los siglos hasta el día de hoy. “no con nuestros padres concluyó Yahveh esta alianza, sino con nosotros que estamos hoy aquí, todos vivos”. dt 5,2-3
Pero a pesar de la fidelidad de Dios y del cumplimiento de sus promesas de Alianza, Israel ha ido de fidelidad a infidelidad; de olvido de Dios y pecado a retorno al Señor; de renovación continua de alianza a ruptura de la misma. Pero el plan de Dios para salvar al hombre no puede fracasar, subsistirá un pequeño “resto” y con ellos Dios sellará una nueva Alianza.
RUPTURA DE LA ALIANZA
Las cláusulas de la alianza de Dios con su pueblo, no consistieron solamente en no tener otro dios, ni únicamente en los Diez mandamientos; Ex 20,2-17, sino en toda la legislación que se encuentra en los cinco libros de Ley, y que es la relación de fraternidad, amor, justicia, derecho, misericordia, compasión y ayuda para todos los “hermanos de Israel”. Por ello los reclamos y denuncias de los profetas de todos los tiempos contra todas las clases sociales del pueblo condenando la opresión, la injusticia contra los pobres, los débiles, las viudas, los huérfanos, los forasteros. Jr 32,32-33. Robos, sobornos, asesinatos, violencia y despojo. “así habéis roto mi alianza con todas vuestras abominaciones´´. Ez 44,7.
EL AMOR DE DIOS, ESENCIA DE LA ALIANZA.
La Alianza supone la Elección; (Dios elige un pueblo para hacer alianza con él) y la elección es fruto del amor gratuito de Dios, de allí resulta un “Pueblo Consagrado”. El Amor de Dios es el principio, la fuente y manantial de la alianza con el pueblo de Israel. Dios Ama, elige y consagra en Alianza y El nunca falla porque es eternamente fiel. Dt 7,6-8’. Y el pueblo debe corresponder a ese amor y fidelidad. El plan de Dios para salvar al hombre no puede fracasar subsistirá un “pequeño resto” y con ellos Dios hará una nueva Alianza.
* una alianza nueva y superior, escrita en los corazones, individual y personal que lleva consigo el perdón de los pecados. jr 31,31-34.
Una alianza nueva al impulso del Espíritu de Dios. Ez 36,25-28.
El plan divino fue realizado gracias al misterio de la encarnación de Jesús el Hijo de Dios, que se hizo hombre para que nosotros pudiéramos ser hijos de Dios y que por medio de El nos entregó su infinito amor misericordioso y compasivo. 1Jn 4,9-10; Jn 3,16-17.
Jesús establece la nueva y definitiva alianza sellada con su sacrificio, entregándose por los hombres. Ella es celebrada en la eucaristía, memorial de la nueva y eterna unión de Dios con la humanidad. (Mc 14,14; 1 Co 11,25; Lc 22,20).
LA EFUSIÓN DEL ESPÍRITU SANTO EN LA ALIANZA NUEVA.
Ya hemos mencionado la promesa de Dios a través de los profetas; la Alianza entre Dios y su pueblo solamente podría ser observada si El infundía su Espíritu en el corazón de los fieles, era la Promesa por excelencia de la era mesiánica. Is 32,15; 44,3; Jl 3,1.
El Espíritu Santo es el Don de la Alianza nueva, Jesús promete enviarlo sobre sus discípulos. (Jn 15, 26; Lc 24, 49; Hch 1,4-8.)
Taller:
¿Has comprendido el significado de tu Alianza con Dios?
¿Sientes el amor de Dios por ti?
¿Qué crees que falta en tu corazón para ser lleno del Espíritu Santo?
BIBLIOGRAFÍA:
Biblia de Jerusalén.
La Alianza en Cristo. P. Salvador Carrillo.
Dios y su Pueblo, una Relación de Amor. P. Carlos G. Álvarez.
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EL DON DE LA DIFICULTAD Y LA PRUEBA
Noviembre 7 - 2012
OBJETIVO: Saber disfrutar la vida que el Padre Celestial nos ha dado, aunque estemos en medio de situaciones y momentos que nos parecen y sentimos adversos.
INTRODUCCION: El dolor es un regalo porque puede ser un medio de redención de santificación y también tiene valor intercesor. Para nuestro conocimiento humano parece un concepto erróneo, que no tiene lógica. Pero en la pedagogía de Jesús es una maravilla y de gran beneficio para el crecimiento espiritual del ser humano y para la extensión del Reino de Dios aquí en la tierra.
DESARROLLO DEL TEMA
St.1,2-4Hermanos míos, ustedes deben tenerse por muy dichosos cuando se vean sometidos a prueba de toda clase… (Ese texto nos ayuda a trascender cualquier situación adversa que estemos viviendo
1Co.10, 13“Ustedes no han pasado por ninguna prueba que no sea humanamente soportable.
La Oración y la Alabanza rompen cadenas: Hch.16, 25-34.
En este texto analizamos esa dificultad que estaban pasando Pablo y Silas, golpeados desnudos y metidos en lo mas profundo de la cárcel. (¿Ustedes en algún momento han estado en ésta situación?)
¿Cómo vivieron la prueba Pablo y Silas? Llorando…renegando… Los pobrecitos… ¡NO! Oraban y cantaban himnos a Dios.
Es un bello ejemplo para vivir nuestras pruebas y nuestras dificultades, porque nos hacen crecer y ser fuertes, disfrutamos de las grandezas de Dios (se abren las puertas, se rompen las cadenas) y además con el testimonio llevamos almas a Dios y se origina una gran fraternidad v.33-34
Hoy en nuestra sociedad estamos viviendo la época del “Sin dolor”, le tenemos miedo al dolor entonces se nos ofrece:
· Alcohol y drogadicción para no afrontar las situaciones difíciles
· Calmantes y sedantes para dormir y olvidarnos de las responsabilidades
· No me entiendo con mi pareja, entonces me separo
No queramos caminar por el camino ancho, no le pidamos que nos evite el dolor, pues, no se lo evitó a su hijo, ¿qué nos hace pensar que nos librará del dolor redentor? pidámosle más bien que nos dé fuerzas y resistencia para llegar a la meta
La única felicidad que vale la pena es la que nace del esfuerzo, del sacrificio, uniendo nuestro dolor a Su cruz convirtiéndolo en un dolor redentor.
¿Quién no conoce el pasaje de Jesús en el Huerto de los Olivos? Qué angustia!
Lc.22, 44 En medio de su gran sufrimiento Jesús oraba aún mas intensamente permitiendo que se hiciera la voluntad del Padre.
Es la invitación que nos hace Jesús aser fortalecidos mediante la oración y la confianza en el Padre.
Taller:
1 – En grupitos de 3 personas, cada uno recuerde y comente en qué momento de dolor y de prueba, reconoció la Gloria de Dios y fue momento de restauración para un área de su vida.
2 - ¿Hay en su vida un dolor que no se haya superado y por qué?
3 – Leer la carta apostólica del S.S Juan Pablo II Salvifici Doloris (sobre el sentido cristiano del sufrimiento humano). Dejarlo como tarea, va a enriquecer grandemente cada vida.
Sugerencia para los predicadores:
Con la Ayuda del Santo Espíritu de Dios, las personas que han de escuchar el mensaje deberán salir sintiéndose libres, descansados y dispuestos para vivir el gozo que viene de Dios.
¡Que Dios te bendiga!
Bibliografía:
Prédica del Padre Carlos García “ El valor de la prueba”
Sagradas Escrituras.
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Comunidad Hombres y Mujeres de Futuro
Ministerio de Formación - Guía de predicación
Octubre 24 - 2012
¿Te busco o me buscas?
(Jn 1, 35-39)
Objetivo:
Recordar que para poder ser cristianos de verdad es indispensable vivir un encuentro de fe con la persona de Jesús, como nos lo dicen los evangelios.
Introducción:
¿Qué tengo yo que mi amistad procuras?
¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,
que a mi puerta, cubierto de rocío,
pasas las noches del invierno oscuras?
Es la primera estrofa de un soneto escrito por el poeta Lope de Vega, en el que hace referencia a la permanente e insistente búsqueda que Jesús hace de cada uno de nosotros. ¿Cómo correspondemos a su actitud?
Desarrollo:
El hecho de encontrarse y quedarse con Jesús es lo queconvierte a un hombre en testigo y discípulo de Jesús. Son muchas las consecuencias que se producen en una persona cuando Cristo se cruza en su vida ya que se presenta una fuerza transformadora que sacude su conciencia y suscita el arrepentimiento y el amor, en resumen, da origen a una nueva criatura porque nace en ella la obediencia, o lo que es lo mismo, la escucha que cambia la vida y da inicio a un autentico proceso de conversión.
El evangelio de San Juan describe el impacto que produjo la presencia de Jesús en sus primeros discípulos, Juan y Andrés, y la invitación que Jesús les hace, “Vengan y lo verán”, que podemos considerar como la síntesis del método cristiano; reconocer la presencia de Jesucristo y además, seguirlo. Hay hombres de vida sencilla a los que ese encuentro transforma, cambiándoles incluso el nombre como Abrahán, porque cuando Cristo se cruza en la vida de una persona, trastorna su historia y sus proyectos, se produce un cambio radical que no admite vacilaciones y que nos encamina por una senda llena de dificultades, pero muy liberadora. Todo el que se encuentra con Jesús y comprende lo que Jesús significa en su vida, se siente irresistiblemente impelido a decirlo, a comunicarlo a los demás; la fe se propaga por irradiación. En cambio, el que se queda solo en el cumplimiento, el que esconde parte de su corazón a la mirada de Cristo, como le ocurrió al joven rico del evangelio, elimina también la posibilidad de un verdadero encuentro con Él, de llegar a contemplar su rostro, como sucedió a varios de sus contemporáneos que lo vieron y oyeron pero no se abrieron a su palabra.
¿De qué modo podemos encontrarnos con Jesús y escuchar su voz? Podemos asegurar que más que encontrar nosotros a Jesús, se trata de dejarnos encontrar por El, como lo describe Lope de Vega. Es Jesús quien se hace misteriosamente presente y pide acogida incluso en el corazón de aquellos que no lo conocen; pero es necesaria una actitud de búsqueda sincera del bien y la verdad para que Jesús, a través de su Espíritu, se haga presente en nuestra vida en forma de gozo, paz, fortaleza, y capacidad para amar y perdonar. Y escuchar su voz significará discernir en cada situación, bajo la acción del Espíritu, lo que es más conforme al evangelio, como son la confianza en el Padre, el respeto y el amor incondicional a los demás, la opción por los pobres, la paz, la solidaridad, y muchas más.
Si bien es cierto que el Espíritu de Dios sopla cuando y donde quiere, también es cierto que hay algunas condiciones que nos permiten experimentar más fácilmente la presencia del Señor y ver más claramente su voluntad. De acuerdo con el Documento de Aparecida (DA), son varios los lugares para ese encuentro con Jesús, pero por ahora nos limitaremos a analizar tres de ellos que son:
· La Sagrada Escritura
- Leída en la Iglesia
- Pastoral bíblica
- Lectio Divina
· La Sagrada Eucaristía
· Sacramento de la reconciliación
La Sagrada Escritura
Jesús nos prometió que estaría siempre con nosotros, “Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo” (Mt 28, 20); y ¿cómo lo hace? a través de su Palabra, que según Juan Pablo II es como el pan diario y quien carece de él está como muerto y no tiene nada que comunicar a sus hermanos.
La Palabra de Dios leída en la Iglesia es, junto con la Tradición, su fuente de vida y alma de su acción evangelizadora. Es por esto que el Papa Benedicto XVI afirma que hay que educar al pueblo en la lectura y meditación de la Palabra de tal manera que se convierta en su alimento, para que por su propia experiencia confirme que las palabras de Jesús son espíritu y vida como lo dice el evangelio de Juan.
El Documento de Aparecida nos dice que es necesario que se proponga a los fieles la Palabra de Dios para el encuentro con Jesús y que un discípulo de verdad debe nutrirse con el pan de la Palabra, acceder a la interpretación adecuada de sus textos para emplearlos como un medio para su diálogo con Jesús, y tomarlos como el fundamento de la evangelización y del anuncio de Jesús a todos. Es muy importante contar con un espacio para proclamar, conocer e interpretar adecuadamente la Palabra de Dios, lo que exige por parte de toda la Iglesia (obispos, presbíteros, diáconos y laicos), un acercamiento a la Sagrada Escritura no solo con la inteligencia sino con un corazón dispuesto, “hambriento de oír la Palabra de Dios” como dice Amós 8, 11; tarea que corresponde a la “pastoral bíblica”.
Existe un método actualmente muy conocido para acercarnos a la Sagrada Escritura, que estamos todos invitados a practicar y es la Lectio Divina o lectura orante de la Palabra. Si la practicamos adecuadamente, nos llevará al encuentro con Jesús, a conocerlo y entrar en comunión con El. Practicar los cuatro pasos que este método emplea de lectura, meditación, oración y contemplación, nos permitirá tener un encuentro personal con Jesús, como lo tuvieron tantos personajes del evangelio como Nicodemo (Jn 3, 1-21), la Samaritana, (Jn 4, 1-42), el ciego de nacimiento (Jn 9), Zaqueo (Lc 19, 1-10) y también es digno de mencionar el caso de Pablo de Tarso cuyo encuentro con el Señor resucitado ha tenido una influencia decisiva en la historia del cristianismo.
La Sagrada Eucaristía
De acuerdo con los documentos del Concilio Vaticano II, debemos hacer énfasis en las múltiples manifestaciones de la presencia de Cristo en la celebración de la Eucaristía. Está presente en el celebrante que renueva en el altar el sacrificio de la cruz. Está presente en los Sacramentos en los que actúa su fuerza eficaz. Está presente en la proclamación de la Palabra, puesto que es El mismo quien nos habla. Está presente en el corazón de los fieles. Además está presente en la comunidad, como cumplimiento de su promesa, “Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos"(Mt 18, 20) y está presente sobre todo bajo las especies eucarísticas; “El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él” (Jn. 6, 56).
La Eucaristía es el lugar privilegiado del encuentro del discípulo con su Señor.Es en la celebración de la Eucaristía en donde se abren nuestros ojos para reconocer a Jesús, quien se hace realmente presente entre nosotros. Es la Eucaristía la que quita la falta de comprensión, refuerza nuestra vocación y nos impulsa a realizar la acción misionera. Por esto debemos darle gran importancia al cumplimiento del precepto dominical en forma individual, familiar y comunitaria. Dice DA que si no participamos activamente en la celebración eucarística dominical no alcanzaremos la madurez necesaria de un discípulo y misionero. Y Benedicto XVI afirma que participar en la celebración dominical da al cristiano la energía necesaria para el camino que debe recorrer cada semana. Resulta lógico pensar que quien recibe esta gracia, está en mayor capacidad de amar y de servir al hermano y que además alimentado con el Pan de Vida queda más fortalecido para enfrentar las pruebas, para encarar el sufrimiento, para contagiar su fe y su esperanza y además para llevar a feliz término la misión, la vocación, que el Señor le otorgue.
Sacramento de la reconciliación
El pecadoes la interrupción de la relación filial con Dios, es vivir como si El no existiera, borrarlo de la propia existencia. Si decimos que no somos pecadores nos engañamos y somos mentirosos (1Jn 1, 8). De acuerdo con lo anterior, reconocerse pecador, es el principio indispensable para volver a Dios, quien, al estilo del padre misericordioso de la parábola, anhela el regreso del hijo, lo abraza cuando llega y alista la mesa para el banquete del re-encuentro con el que celebra la reconciliación.
El sacramento de la reconciliación es el único bote de salvación que tenemos cuando hemos naufragado en el océano del pecado grave. Es el lugar donde el pecador experimenta de manera singular el encuentro con Jesucristo quien compadecido de nosotros nos da el don de su perdón misericordioso, nos hace sentir que el amor es más fuerte que el pecado cometido, nos libera de todo lo que nos impide permanecer en su amor, y nos devuelve la alegría y el entusiasmo de anunciarlo a los demás con corazón abierto y generoso.
La Iglesia ha dado al sacramento de la reconciliación un carácter terapéutico o medicinal, corroborando las palabras de San Agustín, quien refiriéndose a este sacramento decía: “Yo quiero curar, no acusar”. Es gracias a la medicina de la confesión, que la experiencia del pecado no degenera en desesperación, y es Jesús, el verdadero médico celestial, quien viene a encargarse de nuestros pecados y a acompañarnos, continuando su obra de curación y de salvación.
Conclusiones:
- “Nuestra fe nace del encuentro con Cristo resucitado” dice el Papa Benedicto XVI, y de acuerdo con el papa Juan Pablo II, “La Eucaristía es ocasión privilegiada para un encuentro personal con Cristo”.
- Quien ha vivido un encuentro real con Jesús, se convierte en un ser nuevo, viva imagen de El. Vive un cambio profundo en la existencia, al experimentar un re-encuentro consigo mismo, con la comunidad y un impulso a salir a la misión en el mundo.
Taller:
- ¿Realmente ya he tenido mi encuentro personal y amoroso con Jesús? Si no, ¿qué voy a hacer para lograrlo?
- ¿Leo a diario la Palabra de Dios? ¿Siento de verdad que es Dios mismo quien me habla e interpela? ¿Esa lectura me lleva a obrar de acuerdo con Su voluntad?
- ¿Cuando voy a celebrar el encuentro con Jesús en la Eucaristía lo hago con entusiasmo y devoción?
- ¿Me acerco con frecuencia y con la debida preparación al sacramento de la reconciliación?
Bibliografía:
Documento de Aparecida
La Sagrada Eucaristía, Caballeros de la Virgen
La confesión explicada por el Papa, Juan Pablo II
