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COMUNIDAD HOMBRES Y MUJERES DE FUTURO
MINISTERIO DE FORMACIÓN - GUÍA DE PREDICACIÓN
Octubre 17 - 2012
SERVIR ES UN ACTO DE JUSTICIA
Mt 20, 28
Objetivo:
Hacer conciencia de que TODAS las relaciones deben estar sostenidas por la voluntad de servir; de que si todo lo que hacemos por los demás lo hacemos con y por amor, no por obligación o por interés, podremos disfrutar del inmenso placer de servir.
Introducción:
Octubre ha sido tradicionalmente el mes de las misiones; por este motivo introduciremos en este mes una motivación al servicio. Todos los cristianos debemos movernos a la misión, a salir de nosotros mismos hacia los demás. Esto es lo que es actuar como Dios. Lo propio de Dios es salir de sí hacia su criatura.
En la Biblia la palabra servicio tiene dos significados opuestos. Por un lado, se refiere a la sumisión del hombre a Dios, y por otro, la sujeción del hombre por el hombre en la esclavitud. La historia de la salvación enseña que la liberación del hombre depende de su sumisión a Dios y que “servir a Dios es reinar”. “Pues el servicio hecho al Padre no quedará en el olvido, será para ti restauración en lugar de tus pecados. Eclo 3, 14
Desarrollo:
¿Qué es servir? La Real Academia dice que es estar al servicio de alguien, haciendo lo que él quiere o dispone. También dice que es ser de utilidad, hacer algo a favor de alguien. Podemos asegurar sin temor a equivocarnos, que servir:
- Es amar con las manos
- Es darse, no dar cosas
- Es repartirse, no repartir
- Al modelo de Jesús, es hacerse pan para el otro, alimento y vida para el hambriento.
Dice el padre Diego Jaramillo que “quien sirve a Jesús, lo busca, lo encuentra, lo conoce, lo escucha, le obedece y lo ama y después de todo lo anterior, se entrega, colabora, vive y muere por El.”
Aprendemos a servir contemplando la vida de Jesús y escuchándolo en la oración. Marta de Betania quería servir al Señor pero no entendía que primero debía escucharle sentada a sus pies.
Servir no es un acto de generosidad sino de justicia: distribuyo lo que recibo de Dios para ser distribuido, y lo hago según sus instrucciones. Los dones que pongo al servicio de los demás, no me pertenecen, me han sido dados. Soy administrador del tesoro que Dios me ha dado.
El servicio, en griego "diakonía”, era, a los ojos de los griegos, una cosa indigna. Para ellos, el ser humano existía para dominar, no para servir; por eso les resultaba extraño todo sentido de servicio al prójimo. Pero, en la doctrina de Jesús, el concepto de servicio es vinculado al precepto del amor a Dios y lo propone como elemento central de las exigencias de Dios al hombre; la intervención de Jesús es la que nos hace levantarnos para que emprendamos el camino del servicio.
El servicio que nos exige Dios no se limita a un culto ritual; se extiende a toda la vida mediante la obediencia a los mandamientos. Fue sirviendo a Dios como Jesús nos salvó, y nos revela cómo quiere ser servido el Padre: quiere que nos consumamos en el servicio a los hermanos como El mismo lo hizo;...”tampoco el Hijo del hombre ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida...por muchos.... Mc 10,45. Para los judíos era un honor llamarse servidores de Dios, mas no de los hombres, pero Jesús fue el servidor de todos, dedicó su vida a servir. Él vivió siempre para los demás, estuvo siempre abierto a todos, a nadie cerró su corazón; se entregó totalmente al servicio de los necesitados, no dejó nada para sí, sino todo para los otros. Esta actitud de servicio total de Jesús a los hombres está representada en el hecho de ponerse de rodillas delante de sus amigos para lavarles los pies. Jesús ha querido ocupar el último lugar de todos, la cruz, para servir, dando hasta la última gota de su sangre por todos nosotros.
El único camino de liberación para toda la humanidad es la actitud de servicio. Seremos hombres auténticos sólo en la medida en que sepamos servir y ser útiles al prójimo, en la medida en que saquemos de nosotros el egoísmo y dejemos sitio en el corazón para todo el que nos necesita. Esta es la conversión que nos pide Jesús. El nos quiere libres para servir. Jesús, el Siervo y el Señor, es también aquel que llama. Llama a ser como Él, porque sólo en el servicio el ser humano descubre la dignidad propia y la ajena. Él llama a servir como Él ha servido. Nos indica el camino de nuestra verdadera realización humana: el vaciamiento, el camino de la cruz, la pequeñez, el servicio.
El servicio es la actitud que caracteriza al creyente; un servicio humilde, constante, atento, minucioso, sin desfallecer. Y, una vez cumplido con esmero, tener la conciencia de haber hecho sólo aquello que era su obligación, sin esperar, y menos exigir, recompensa alguna. Porque no se ha hecho nada especial, porque sólo se ha cumplido con el propio deber tanto en el servicio a Dios como en el servicio al hermano. La aspiración a lo más alto es algo grabado en el corazón del hombre, pero si el que se dice creyente "exige" a Dios una recompensa por su servicio, no ha entendido que el único camino para "llegar arriba" en el Reino de Jesús es ponerse al servicio de los demás. A la "voluntad de poder" Jesús opone la "voluntad de servicio". Benedicto XVI ha explicado que el primer servicio que están llamados a ofrecer los cristianos a sus hermanos los hombres es el del anuncio de Jesucristo, único salvador.
En el evangelio de Mateo, Jesús advierte que “Nadie puede servir a dos señores, porque aborrecerá a uno y amará al otro; o bien se entregará a uno y despreciará al otro”. Esta enseñanza la podemos aplicar a varias combinaciones: Dios y el dinero, Dios y la fama, Dios y el placer, Dios y el poder, Dios y la política, y muchas otras. A Dios no le gusta que en nuestro corazón demos cabida a otros “dioses”. Él es celoso y quiere ser el único dueño, Señor y Rey de nuestra vida.
La Iglesia, una estructura de servicios
La iglesia primitiva, como toda sociedad humana compuesta por hombres y mujeres normales, tuvo momentos de crisis, lo que los llevó a organizar mejor entre sus miembros el servicio, la “diakonía”. En la Iglesia de Cristo, todo es servicio: servicio de la Palabra, servicio de la oración, servicio de las mesas, la colecta para los pobres, y todos son servidores, empezando por los responsables de la comunidad. A partir de aquel momento, en la Iglesia el servicio no se practica como un gesto aislado, sino como un estilo de vida. Solamente una iglesia servidora es una iglesia creyente.
“La Iglesia está llamada a servir a la humanidad de nuestro tiempo, confiando únicamente en Jesús, dejándose iluminar por su Palabra e imitándole en la entrega generosa a los hermanos”. Ad Gentes de Vaticano II.
María, humilde sierva del Altísimo
María es el mejor ejemplo de servidora. Nadie ama a Jesús como ella, y el servidor, primero aprende a amar, y si ama a su Señor amará también servirle. El servicio desinteresado fluye del corazón que ama. El documento de Aparecida dice que María, pendiente de sus hijos, como en Caná, ayuda a mantener vivas las actitudes de atención, de servicio, de entrega y de gratuidad que deben distinguir a los discípulos de Jesús, pues si El “no ha venido a este mundo para ser servido, sino para servir”, ellos no deben aspirar a otra cosa que al servicio amoroso a todos sus hermanos.
El hogar, escuela de servicio
La Exhortación apostólica “Familiaris Consortio”, de Juan Pablo II, asegura que el cometido fundamental de la familia es el servicio a la vida, transmitiendo la imagen divina de hombre a hombre. Al crear Dios al hombre y a la mujer a su imagen y semejanza, los llama a participar en su amor y al mismo tiempo en su poder de Creador y Padre, en la transmisión del don de la vida.
La armonía familiar supone que cada uno de sus miembros acepta y realiza, por amor, el servicio que le corresponde; cuando un miembro falla, daña a todos. Es importante la formación de hábitos en la familia, que provoquen el interés por los demás y sus cosas, y que fomenten obras de servicio concretas en la vida diaria, en el seno familiar, con los hermanos, familiares, vecinos, amigos, etc. Hay que insistir en que es muy importante descubrir las necesidades de los más cercanos como primer signo y manifestación de un amor generoso y abierto a todos los hombres. Se debe hacer conscientes a los hijos de que en la vida, si no se sirve a los demás, el egoísmo nos incapacita para la felicidad. Es frecuente que se presente en las familias el caso de que alguno de sus miembros se niegue a ser útil a pesar de recibir el servicio de los demás; la paciencia y la tolerancia son el servicio que se le debe prestar mientras reencuentra su papel dentro del hogar, pero nunca la complicidad.
Para tener en cuenta
- Los padres deben hacer ver a sus hijos que les sirven más por amor que por obligación
- Hay personas que nos sirven porque necesitan ganarse la vida. Agradezcamos su servicio y tratémoslas reconociendo su dignidad.
- Cuando, como familia, se decida prestar algún servicio a la sociedad o a la iglesia, se debe cumplir responsablemente.
- Si nuestro trabajo consiste en dar algún servicio, transformemos la obligación en amor al prójimo y hagamos más de lo que nos corresponde.
- Debemos dar ejemplo de servir con los brazos abiertos, no importando a quién, cómo y cuando.
Conclusiones:
- El que ha resucitado a Jesús de entre los muertos, sabrá resucitar en su día a los que ahora siguen los pasos de Jesús.
- Servir es sembrar siempre, siempre, sin descanso, aunque solo sean otros los que recojan y saboreen las cosechas.
- Servir es mucho más que dar con las manos algo que se tiene; es dar con el alma lo que, tal vez, nunca nos fue concedido.
- “Servir es ser como el árbol de sándalo, que perfuma el hacha que en ocasiones le hiere"
Taller:
- ¿Es Dios el único “Señor” de mi vida? O ¿estoy sirviendo a dos o más “señores”? (el trabajo, el dinero, la belleza, mi esposo/a etc). Identifícalos y haz un plan de acción para cambiar esta situación.
- ¿Limito mis servicios? O ¿tengo como criterio el a TODOS, sin importar que la persona sea amiga o enemiga, simpática o no, que el servicio traiga beneficios a mis intereses o no?
- ¿Al prestar un servicio, me mueve el amor? O lo hago por obligación, temor, interés, o ¿únicamente por la remuneración que recibo?
- ¿Acepto incondicionalmente las tareas que se me encomiendan? O pienso ¿“Y por qué todo Yo”?
Bibliografía:
A la escucha del Maestro, Padre Fidel Oñoro
Documento de Aparecida
www.vatican.va
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COMUNIDAD HOMBRES Y MUJERES DE FUTURO
MINISTERIO DE MAESTROS - GUÍA DE FRATERNIDAD
Octubre 10 – 2012
¿A caso tengo yo una misión?
Objetivo: concientizar a los participantes de que todos hemos sido enviaos por el Señor a la misión y esa misión siempre será relativa al designio divino de salvación y la función del profeta está estrechamente ligada con la Palabra de Dios.
Introducción: La misión de Jesús se prolonga con la de sus enviados; son los obreros envidos a la mies por el maestro y los servidores enviados por el rey para conducir a los invitados a las bodas de su Hijo.
Todos los católicos, todos si excepción, por el bautismo, somos sacerdotes, profetas y reyes, pero la mayoría de nosotros hacemos caso omiso de esta realidad.
El Señor nos envía (Mt 28,18) y nos dice: “el que a vosotros oye, a mí me oye y el que a vosotros rechaza, a mí me rechaza y el que me rechaza a mí, rechaza al que me envió.” Vemos acá cómo la misión del discípulo se enlaza de forma muy estrecha con la de Jesús y debe tener muy claro que no es el enviado más que el que le envía, de tal manera que si a Él lo rechazaron, podemos vernos rechazados, si a Él lo persiguieron, podemos vernos perseguidos, aún así, nuestra misión es anunciarlo y llevar por todas partes su testimonio con nuestra propia vida.
Entonces, la misión del Hijo alcanzará efectivamente a todos los hombres, gracias a la misión de sus enviados y de su iglesia.
El siervo vino en la persona de Jesús y sus enviados llevamos a todas las naciones el mensaje de salvación. Mt 28, 18.
Realmente, todos tenemos un llamado claro y conciso y todos somos responsables del éxito de la misión del Hijo. Ese éxito será que el evangelio alcance a todos los hombres.
Cuántas cosas realmente malas pasan a nuestro alrededor, cuántos asesinatos, robos, cuánta corrupción, cuánto libertinaje, adulterio… y la mayoría de las veces nos limitamos a juzgar a los protagonistas de estos acontecimientos y pensamos, “menos mal que yo no soy así”, yo no robo, yo no mato, no soy corrupto(a), pero ¿será esto suficiente?. No, definitivamente, no. No es suficiente con no pecar, hay que ir más allá y esto lo vemos claro en esto: en lo que el antiguo testamento se nos enuncia simplemente como “no hagas a nadie lo que no quieres que te hagan” (Tb 4,15,) Jesús lo transforma, lo pone en positivo, sacándonos de nuestra inercia de pasividad y nos dice: “todo cuanto queráis que os hagan los hombres, hacédselo también vosotros a ellos. (Mt 7,12).
Nos está diciendo: no es suficiente con no hacer, hay que ir al otro y tratarlo como quiero que me trate a mí.
De la misma manera cada vez que vemos el mal a nuestro alrededor, pensemos que quizá esas personas no han tenido quien les hable de Jesús, de la nueva Vida, de su paz que no es como la que da el mundo. Pensemos que definitivamente la mies es mucha y nosotros somos esos obreros en los que el Señor tiene puesta su confianza para que muchos lo conozcan.
Vamos con infinita confianza porque Él no nos envía solos, nos da su Espíritu Santo que es el que nos hace testigos. Se nos da para que cumplamos nuestra misión de enviados anunciando la Palabra por todas partes.
Taller
En pequeños grupos compartir:
- ¿Eres realmente consciente de que el mandato misionero es también para ti?
- ¿Sabes por qué es importante que cada católico sea misionero?
- Leer Jn 13,16. – Mt 10,24 ¿Qué te sugiere a ti esta lectura? ¿Estas dispuesto(a) a asumir sus consecuencias?
- ¿Cómo te hace sentir el hecho de que gracias a la misión de sus enviados y de su iglesia, lamisión del Hijo alcanzará a todos los hombres?
- Hay miles y miles de millones de personas que aún no conocen a Jesús y su Buena Noticia. ¿Sientes, de alguna manera, alguna responsabilidad por esto? ¿Puntualmente, qué crees que puedes hacer tú para que esta cifra baje? ¿Estás dispuesto(a) a hacerlo?, ¿Cómo lo harás?
- No podemos pensar en responder al llamado a la misión sin estar revestidos de la Promesa del Señor ¿Cómo crees que puedes ser llenado(a) del Espíritu Santo?
- ¿Tratas verdaderamente de llevar una vida en el Espíritu?
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COMUNIDAD HOMBRES Y MUJERES DE FUTURO
MINISTERIO DE MAESTROS - GUIA DE PREDICACIÓN
Octubre 3 / 2012
¡ÉL TE LLEVA A AGUAS DE REPOSO!
El objetivo de ésta enseñanza es mostrar la manera como Jesús aborda a cada persona cuando se acerca para consolarla, con el fin de que nosotros aprendamos a hacerlo con los demás como El lo hace.
El Señor siempre está consolándote con palabras que llenan el alma, observa el salmo 23 y mira cómo El te cuida y te consciente:
SALMO 23
“El Señor es mi pastor nada ME falta”
El es TU pastor, es tuyo. El ve en profundidad tu necesidad, El tienen los ojos puestos en ti. El Es tu Centinela, tu vigilante, El sabe ver todo tu ser y como te sabe ver en profundidad sabe lo que necesitas, entonces nada te falta ahora y si lo tienes a El no hay nada que temer. No es que tienes las bendiciones de Dios sino al Dios de las bendiciones.
Y Si nada te falta ¿por qué tanta preocupación? ¿Por qué a veces no duermes? ¿Por qué te preocupas tanto?
“Me apacienta”
Apacentar, pastorear, es nutrir. El te da pastos verdes, alimento fresco y de buena calidad. El te da Su Palabra como alimento, ese alimento delicioso y nutritivo que te permite estar fuerte.
“Me conduce hacia aguas de reposo”
El descubre la realidad interior de tu corazón, un corazón reposado, apaciguado, un remanso de paz. Cuando estás en desasosiego, en confusión, en situación de crisis El te conduce a la paz. Tu pensamiento está revuelto, acelerado, cogestionado y tú entras entre sus brazos, te dejas abrazar por El y ése abrazo te llena de una paz que sobrepasa todo el entendimiento.
“Me Conforta”
Te lleva a tanta placidez como la placidez de un bebé dormido. Si tu respiración es agitada El te da nuevo aire, tu respiración hace volver como cuando decimos ¡Qué rico me volvió el alma al cuerpo!, volví a ser yo, volví a vivir. Tú puedes decir confiadamente en esos momentos: Si no hubiera sido por el Señor...
Es una completa conversión, un éxodo, es una ayuda eficaz, es un completo cambio de situación. No teníamos vida y el nos la dio.
“Me Guía”
El pastor es un maestro de vida. No es suficiente que te convierta, te reconforte, te haga pasar de aguas turbulentas a aguas de reposo sino que además te guía, te saca de esa situación, camina contigo, te guía por senderos de justicia, por los senderos que tú necesitas, por caminos seguros. “Si te desvías a la derecha o a la izquierda yo estaré a tu espalda y te diré por aquí no es el camino”.
“Los caminos de Dios no son nuestros caminos, sus pensamientos no son nuestros pensamientos”. (Isaías 55)
En el camino del desierto, de la sequía de nuestra vida El nos enseña a desaprendernos, a quebrantarnos y a aprender nuevos caminos, nos enseña nuevos principios de vida, nos ayuda a descubrirnos, a conocernos a purificarnos. Sin ese Pastor – Maestro, no hay maduración, por eso es necesario dejarnos enseñar con su sabia pedagogía.
“Me Consuela”
La vara te da sosiego porque con su vara te defiende, en el momento que tú necesites Él mete la mano por ti, te pone las palabras que necesitas. Puedes dormir tranquilo(a) porque El es el centinela que va a tu derecha, está a tu lado, vigila tus entradas y tus salidas y aún cuando duermas, tu corazón vigila. El no te deja estrellar, el te protege.
Con su cayado o bastón va marcando el paso, va contigo, no te deja ni un momento, tu puedes percibir su voz siempre, El no se aparta de su rebaño, no lo descuida, el es fiel. Por la mañana coloca su tula y la amarra al cayado, al bastón haciendo presencia, nunca se va de tu lado, te acompaña en toda circunstancia. Así es tu Pastor: fiel y defensor.
“Es amigo”
Es un amigo especial porque te prepara un banquete, una cena especial. El mismo prepara la mesa y además te sirve y se sirve El mismo en la copa rebosante de su amor.
La mesa en el oriente es el sitio de socialización, de mayor intimidad, de cercanía, de compromiso. En la mesa se teje una relación de amistad profunda, de comunión, es decir “Quiero que seas mi amigo” “Quiero compartir mi vida con la tuya”, es una Eucaristía. Fíjate que el salmo dice: tú preparas un banquete, es decir, tú te ocupas personalmente de mí, gastas tiempo en mí, entregas tu corazón por mí. ¿No te parece el mejor de los gestos?
Y no solamente eso sino que Perfuma tu cabeza, te unge, te brinda su amistad que es como un perfume fino, signo de amor y entrega y rebosa tu copa, comparte contigo en alegría y júbilo, hablas con El, compartes con El, danzas con El en un vals infinito de amor.
Y termina con esa gran promesa hecha realidad: “DICHA Y GRACIA ME ACOMPAÑARAN TODOS LOS DIAS DE MI VIDA”. Te ofrece todo su amor, te sientes amado(a) por El, tu recompensa es El, tu tesoro es El, tu dicha, estar con El todos los días de tu vida y aún más “HABITARÁ EN LA CASA DEL SEÑOR” ¿y cuál es la casa del Señor? Tu corazón, El se instalará en la casa de Dios, en tu santuario, allí habrá seguridad, descanso.
Para el salmista es la casa del Señor, El cielo, la casa de mi Padre, por años sin término.
Es sencillamente maravilloso lo que hace Dios por mí, El, como Buen Pastor va siempre adelante guiando, va al lado apoyando, va detrás, discretamente acompañando, resguardando. El conoce las ovejas y las ovejas lo conocen a EL. El da la vida por las ovejas.
Jesús, tu Buen Pastor supo ser pastor porque primero supo ser oveja en los brazos de su Padre.
¿Quién va a tener miedo del futuro con un Pastor así?
¿Quién no quiere sentarse a su mesa y estrechar la amistad con El?
¿Quién no quiere ser ungido con el perfume del amor y habitar en su casa por días sin término?
Imagino que te sentirás ahora mismo una ovejita consentida por El y le contarás a muchos de ése buen Pastor.
Taller:
- ¿Te sientes realmente oveja del Buen Pastor?, es decir ¿le escuchas? ¿Reconoces su voz y le obedeces?
- ¿Has experimentado el que Dios te haya guiado en algún momento puntual?
- Sólo los amigos nos invitan a cenar; ¿Te consideras un amigo íntimo de Dios?, ¿con cuánta frecuencia compartes su Cena?
- ¿Sientes angustia por el futuro?
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COMUNIDAD HOMBRES Y MUJERES DE FUTURO
MINISTERIO DE FORMACIÓN - GUÍA DE PREDICACIÓN
SEPTIEMBRE 26-2012
“EL QUE ME HA VISTO A MÍ HA VISTO AL PADRE”
OBJETIVO: Abordar El evangelio como una escuela para padres en función de la vivencia familiar.
INTRODUCCIÓN
La frase que anotamos a continuación, fue encontrada labrada en idioma caldeo 2000 años antes de Cristo. ‘’Nuestra juventud es decadente e indisciplinada los hijos no respetan ni escuchan ya los consejos de sus mayores. El fin de los tiempos está cerca. ’’
Es claro que los problemas con los hijos no son de estos tiempos modernos. Esta frase nos muestra que desde épocas remotas, la formación y educación de los hijos ha sido un problema para los padres de todos los tiempos.
La enseñanza de hoy nos puede mostrar de alguna manera una de las causas de este problema.
Juan 14,7-14
1. Una súplica intensa: Ver el rostro de un “Padre”
“¡Muéstranos al Padre y nos basta!”, le dice el discípulo Felipe a Jesús, justo en el corazón de los discursos de adiós (despedida) del evangelio de Juan (14,8). Es como decir: “ya está bueno de signos, de misterios, no nos aplaces más el desenlace de tu revelación. Lo que queremos es llegar a la verdad completa enseguida, llegar a lo definitivo que no deja atrás ninguna duda ni oscuridad”.
Aquel Padre que Felipe desea conocer con todo su ser, es lo máximo de la felicidad, de la protección, de la ternura, del cumplimiento. Eso lo ha captado en la manera como Jesús se refiere a su Padre: lo llama Abbá en la oración, con un gran sentimiento de intimidad y de ternura.
Pero infelizmente, muchos hijos –adultos- oran este “Muéstranos al Padre”, pero tratando de pasar por alto cualquier mediación.
Son hijos que cargan con fuertes desilusiones con sus papás y sus mamás terrenas. Muchos incluso arrastran grandes heridas de sucesos del pasado en la familia: marcas dolorosas que les han generado inconsistencias y serios problemas en sus vivencias afectivas ya en la edad adulta.
Es por eso algunas personas incluso tienen dificultad para recitar un “Padre Nuestro”. El término “Padre” les sabe amargo. A propósito, no olvidemos que la figura de Dios Padre en la Biblia, que es el generador de vida por excelencia, contiene tanto el aspecto materno como paterno. Según la Biblia, Dios “Padre” no es una proyección de las paternidades terrenas, es al revés: la paternidad de Dios es una revelación que viene de lo alto y que purifica las malas experiencias terrenas.
Hay una tentación en la vida espiritual: pasar por alto los signos inciertos y poco descifrables de la carta que Dios Padre nos dirige a través de nuestros propios padres; nos habría gustado más bien que nos hubiera llegado un mensaje completo, perfecto, revelación total de la paternidad divina.
2. La respuesta de Jesús
¿Qué responde Jesús frente a este punto? ¿Cómo responde frente al deseo profundo y legítimo de sus discípulos de verle la cara a ese Padre de quien Jesús habla tanto y a quien le ora con tanto amor?
Jesús les responde con algo de tristeza: “¿Tanto tiempo que estoy con vosotros y no me conoces Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: ‘Muéstranos al Padre?” (14,9).
Hay que dejarse sorprender: ver a Jesús significa ver al Padre. Es claro, en el evangelio de Juan, que no es tanto un ver físico, sino intuir el misterio de la persona de Jesús que nos muestra al Padre.
Pero Jesús dice todavía más; aterriza al discípulo para que no se pierda en abstracciones: “El que crea en mí, hará él también las obras que yo hago, y hará mayores aún, porque yo voy al Padre” (14,12).
Jesús acababa de decir: “Yo estoy en el Padre y el Padre está en mí” (14,11). Y la prueba eran las obras: “El Padre que permanece en mí es el que realiza las obras” (14,10b). Pues bien, el mismo esquema vale también para el discípulo: quien ve las obras de un discípulo de Jesús ve a Jesús que muestra al Padre a través de la cotidianidad de cualquiera de nosotros.
Todo esto es posible gracias al hecho de que Jesús ya esté habitando junto al Padre, y en nuestro propio corazón. Una presencia que hay que captar aceptando su misterio a través de los signos. Así los cristianos tenemos una responsabilidad seria que es la de mostrarnos unos a los otros el rostro de Dios Padre a través de nuestro “hacer”, a través de las obras que realizamos todos los días.
3. Palabras que le dan una nueva visión a la vida de familia
El deseo de ver al Padre que manifestó Felipe lo podemos encontrar a través de nuestros padres terrenos: hay que saber reconocerlo a través de ellos, no importa que haya alguno que otra sombra que todavía no hayamos comprendido en la historia de nuestras relaciones familiares.
Es importante que dejemos que nuestros padres sean signo de la paternidad de Dios, para cual hay verlos por encima de nuestras expectativas y dejando de lado nuestros juicios.
Antes de juzgar diciendo quizás que no fuimos suficientemente amados como hijos, que no recibimos lo que creíamos merecer, lo primero que hay que hacer es reconocer que nos han dado el don más importante: la vida y así hacer una aproximación a los papás con un respeto infinito y valorar más sus esfuerzos. Para entrar en ése ámbito, primero hay que renunciar a la agresividad y a los reclamos.
Entonces se verá que a través de ellos se me ha manifestado el Padre. Es como si se repitieran las palabras de Jesús: “Quien me ha visto a mí ha visto al Padre”. Veremos los destellos, no siempre evidentes, del rostro del Padre en ellos.
¿Qué tal si nos explicamos con una historia?
“Le sucedió a un hijo que hasta los 40 años le había repetido a sus familiares y amigos, e incluso se la había contado a su primer hijo pequeñito, la triste historia de su papá con cierto resentimiento. A todos les hacía sentir que no había sido amado. Pero un día cayó en cuenta de un recuerdo lejano que se le había quedado guardado en el corazón. Su papá, quien paraba poco en casa y que, cuando llegaba, lo hacía borracho, un día bendito, un día de lluvia, lo cargo y puso sus piecitos sobre sus propios zapatos -enormes para el niño- para ayudarlo a atravesar el charco de fango helado y así cruzar la calle. Y fue el calor de aquella mano que le acariciaba la nuca que se convirtió para él en signo de la presencia de Dios”.
De igual manera nosotros como padres debemos confrontarnos y preguntarnos si verdaderamente estamos mostrando a Jesús en nuestra cotidianidad. O si les tocará a nuestros hijos, como de pronto a nosotros, rebuscar en lo más profundo para encontrar la imagen del Padre en nosotros.
CONCLUSIÓN
Es con nuestro testimonio como educamos a nuestros hijos, y con nuestro “hacer”, como mostramos el rostro del Padre y para esto tenemos que ser verdaderos discípulos, pues como se dijo anteriormente quien ve las obras de un discípulo de Jesús, ve a Jesús que muestra al Padre.
Taller
¿De qué manera estoy mostrando el rostro del Padre a mis hijos?
¿Dejando tus expectativas y tus juicios a un lado, has logrado honrar a tu papá y a tu mamá por el hecho de que fueron mediadores para que tú nacieras?
Bibliografía
