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COMUNIDAD HOMBRES Y MUJERES DE FUTURO
MINISTERIO DE MAESTROS - Guía de predicación
Septiembre 19 / 2011
LA BIBLIA ES LA PALABRA DE DIOS
Objetivo: Recordar una vez más a los integrantes de las asambleas que sin la Palabra de Dios andaríamos en la oscuridad en cuanto a la voluntad de Dios. Ella es la guía que necesita todo cristiano para aspirar a bienes mucho más altos y trascendentes de los que le ofrece el mundo.
- ¿Qué quiere decir que es Palabra de Dios?
- ¿A quién se dirige Dios en su Palabra?
- ¿Qué hace la Biblia en aquél que la lee?
- ¿Por qué es importante leerla?
- ¿Cuáles son los frutos de la Palabra de Dios enser humano?
- Según la 2° Pe 1, 20, nadie debe interpretar a Palabra por su propia cuenta; ¿cómo debemos hacer entonces para interpretar correctamente la Palabra de Dios?
- El papa Benedicto XVI nos pide hoy que sea la Palabra de Dios la que oriente "los pensamientos, las elecciones y las acciones" de las personas y no la búsqueda de bienes o de poder que son solo nociones¿En qué consiste la falsedad de los bienes materiales o del poder? ¿Por qué son engañosos?
Querido predicador, en vista de que estamos en el mes de la Biblia, hemos planteado este pequeño cuestionario como guía de predicación para esta fecha, para que lo desarrolles y profundices en cada respuesta. Debes buscar las citas Bíblicas que iluminen tu predicación, como Heb 4,12, Is 55,10, Etc.
Que el Espíritu con que fue inspirada la Palabra, te sature para que puedas enamorar a todos los que te escuchen de la Palabra del Dios vivo que nos nutre y nos guía.
Dios te bendiga.
Ministerio de Maestros.
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COMUNIDAD HOMBRES Y MUJERES DE FUTURO
MINISTERIO DE MAESTROS - Guía para fraternidad
SEPTIEMBRE 12 /2012
“EL DÍA DEL SEÑOR HA DE VENIR COMO LADRÓN EN LA NOCHE”
(1ª tes 5, 2-11)
Objetivo:
Avivar la esperanza en los asistentes a la asamblea. Esa esperanza que debemos tener todos los católicos en la Vida que nos espera. Recordarles que, al fin y al cabo, estamos es caminando hacia la casa del Padre.
Introducción:
Por lo general el tema de la escatología, o todo aquello que tiene que ver con “el final de los tiempos”, nos produce un poco de angustia o de temor. Aprendamos hoy con San Pablo a vivir vigilantes y con la esperanza puesta en el Señor.
Desarrollo:
En esta primera carta a los Tesalonicenses, Pablo habla del regreso de Jesús, llamado parusía, adviento. (...) Pablo describe la parusía de Cristo con viveza y con imágenes simbólicas que transmiten sin embargo un mensaje sencillo y profundo: “Al final estaremos siempre con el Señor” y eso es lo que verdaderamente importa.
En la segunda carta a los Tesalonicenses, sin embargo, Pablo cambia la perspectiva; habla de eventos negativos, de cosas que deberán ocurrir antes de la venida del Señor, tendrá que venir la apostasía y manifestarse un indefinible “hombre de la iniquidad”; el “hijo de la perdición”, que la tradición llamará el Anticristo”.
Quizá ponemos más nuestra atención a estos eventos negativos y sea esto lo que nos da miedo. ¿Qué debemos hacer?, ¿cuál debe ser nuestra actitud como cristianos ante estas inquietudes sobre la venida definitiva de Cristo, la muerte, el final de los tiempos, etc.? El papa Benedicto XVI nos da la respuesta.
En una de sus audiencias El santo padre nos dice:
- “En primer lugar, tenemos la certeza de que Jesús ha resucitado y que con el Padre está junto a nosotros para siempre”.
Esto lo podemos ver por ejemplo en Jn 14,23
- “En segundo lugar, la seguridad de que Cristo está conmigo y como en Cristo el mundo futuro ya ha comenzado, esto nos da certeza de la esperanza.”
Son muchos los textos Bíblicos que nos dicen “no temas, yo estoy contigo” Ej.: (Is 43 ,2-5) (Is 41,10), (Mt 28, 20b) etc.
“El futuro no es una oscuridad en la que nadie se orienta. No es así. Sin Cristo también hoy el futuro es oscuro, es el mundo sin Dios el que es oscuro, sea el presente o el futuro. El cristiano sabe que la luz de Cristo es más fuerte que cualquier oscuridad - y por tanto vive en una esperanza que no es vaga, en una esperanza que da certeza y valentía para afrontar el futuro”.
- La tercera actitud “es la responsabilidad por el mundo y por los hermanos ante Cristo y al mismo tiempo la certeza de su misericordia. (...) Tenemos que trabajar para que este mundo se abra a Cristo, sea renovado, (...) sabiendo que Dios es un Juez justo y tenemos la seguridad de que es bueno, conocemos su rostro. (...) Por eso, podemos estar seguros de su bondad y seguir hacia adelante con gran valentía”.
San Pablo, al final de la primera carta a los Corintios, “repite y pone en los labios de los corintios una oración de las primeras comunidades cristianas siro-palestinas: “¡Marana thà! “¡Ven, Señor nuestro!”, con la que también termina el Apocalipsis. También nosotros podemos rezar hoy así, para que acabe este mundo, para que venga la nueva Jerusalén, el último juicio, el Juez Cristo. (...) Como la primera comunidad cristiana, podemos decir: ¡Ven Señor Jesús! Ciertamente queremos que ahora llegue el fin de este mundo como lo conocemos, deseamos que termine este mundo injusto, que el mundo cambie, que comience la civilización del amor y que llegue un mundo de justicia, de paz, sin violencia, sin hambre. Esa será la tierra nueva de la cual nos habla el libro del Apocalipsis.
Pero, sin la presencia de Cristo nunca existirá un mundo realmente justo y renovado”.
“Podemos y debemos decir también nosotros con gran urgencia en las circunstancias de nuestro tiempo: ¡Ven Señor! Ven del modo que tú sabes, ven donde hay injusticia y violencia, a los campos, a tantas partes del mundo donde no se oye tu voz. Ven donde domina la droga, también ven entre aquellos ricos que te han olvidado, y que viven solo para sí. Ven donde eres desconocido, y renueva el mundo de hoy. Ven también a nuestros corazones (...) para que seamos luz de Dios, presencia tuya”, ¡Ven Señor ¡ para que seas todo en todos y en todo.
Sin Cristo en nuestro corazón, no sólo no hay un mañana feliz, sino que tampoco hay un hoy feliz. Con Cristo como timonel de nuestra vida no tenemos nada que temer.
Nuestro futuro es estar con el Señor y como dijo el mismo Pablo “si Dios está conmigo ¿Quién contra mí?
Taller
Compartir en pequeños grupos y con la asamblea
- ¿Esperas el final de los tiempos con esperanza, o con pavor?
- ¿Vives en realidad con la certeza de que Cristo está contigo, de que vive en ti para siempre?
- Sabiendo ahora que tienes una responsabilidad con el mundo y con tus hermanos ante Cristo ¿Cómo estás trabajando por mejorar este mundo?
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COMUNIDAD HOMBRES Y MUJERES DE FUTURO
MINISTERIO DE FORMACIÓN - GUÍA DE PREDICACIÓN
Septiembre 5 / 2012
DÉBORA, TODA UNA LÍDER EN LA HISTORIA DE LA SALVACIÓN
(Jueces 4-5)
Objetivos
Al finalizar los asistentes habrán logrado, a través de la Palabra del Señor y de la experiencia de la mujer en la historia de la salvación:
- Comprender el papel importante de la mujer a lo largo de la historia de la salvación; ella como instrumento en manos de Dios para transformar situaciones adversas de su pueblo.
- Concientizar sobre el lugar de la mujer en los diferentes ambientes sociales y familiares, con el fin de descubrir la acción liberadora de Dios
- Redescubrir el liderazgo y la autoridad de la mujer, como esposa, madre, hija y servidora en la actualidad, con el propósito de purificar los tintes machistas y desarrollar la igualdad fundamental en derechos y deberes.
Introducción
Antes de empezar a desarrollar la reflexión sobre el tema de la mujer, conviene aclarar que no se trata de caer en un orden feminista, sino que se quiere dar lugar al significado de la mujer en la historia y en los diferentes escenarios sociales, que por largos tiempos le fueron arrebatados. No se quiere entrar a polemizar ni a rivalizar con las acciones y diferencias con el ser varón, sino, alcanzar elementos que nos ayuden a descubrir la grandeza de lo que Dios ha creado para conducir la humanidad.
Si bien es cierto que en los contextos de la Biblia parece predominar una tendencia masculina, por las costumbres que en las sociedades o pueblos orientales se mantenían, poniendo a la mujer en una realidad secundaría, también es verdad que a lo largo de la historia de Israel, Dios levantó también mujeres con una personalidad admirable para conducir a su pueblo hacia la victoria. Ester, Rut, Ana, Judit, María Magdalena, Marta, y por supuesto María, la Madre y discípula de Jesucristo, son personas que ocupan un lugar importante en el momento de reflexionar en la Palabra de Dios y en el reflejo de lo que debemos hoy nosotros ser para madurar en el carácter de ser testigos del Reino de Dios.
Contenido
Para profundizar el texto del Antiguo Testamento sugerimos tomar los siguientes textos: Gn 3, 15; Proverbios 31, 10-31; Lc 1, 26-38; 2, 21-38; Apocalipsis 12, 1-18.
Cuando murió Josué, el pueblo de Israel carecía de un liderazgo o de un jefe que condujera con un gobierno común. En efecto, el pueblo de Israel entra en una etapa de desunión y anarquía (caos, desorden, confusión). Los desordenes y desastres originaban intranquilidad. Empero, Dios que no abandona por completo a su pueblo, levanta de cuando en cuando a líderes con un carácter enérgico que lograba imponerse ante las adversidades y situaciones que afectaban a las familias del pueblo de Israel. A estos jefes que surgían en el Antiguo Testamento se les llamó tradicionalmente, Jueces o caudillos de Israel.
En los relatos sucesivos del libro de los jueces aparece una líder llamada Débora esposa de Lapidot, con una personalidad fuerte que arrastraba hasta al más miedoso a ser un gran guerrero. Su entusiasmo y alegría transformaba el carácter de los débiles en verdaderos valientes. Su discernimiento profundo y claro, hacía que se examinara los pleitos entre la gente (Jueces 4, 5). Daba consejos, interpretaba situaciones difíciles y planeaba estrategias para enfrentar a quienes les atacaban. Débora era una mujer que suscitaba ánimo, pero a su vez contagiaba su fe en el Dios liberador y salvador a todo aquel que se le acercaba.
Débora era una líder y profetisa que surgió en medio de algunas situaciones de adversidad y circunstancias críticas del pueblo de Israel. La nación estaba siendo atacada por el poder de Jabín o Jéber, un rey cananeo que gobernaba en la ciudad de Azor. El jefe de su ejército se llamaba Sísara… (Jueces 4, 2). Es Débora quien al ver estas situaciones toma la iniciativa, mandando a llamar a Barac, jefe militar del pueblo de Israel para que tomara conciencia de la Palabra del Señor y de ir a combatir, a hacer frente al enemigo para vencerlo. Barac en una actitud pusilánime, no se había atrevido a hacerlo, porque le temía al ejército cananeo. Y es Débora quien con su ánimo y personalidad ayuda a Barac a reflexionar sobre su tarea y responsabilidad, no sólo con el mandato del Señor, sino además, con el pueblo (Jueces 4,7).
Barac, casi obligado accede a cumplir el mandato del Señor y sigue las instrucciones de Débora, pero con la condición de que sea ella, la mujer que le acompañe para llevar a cabo la misión de vencer a Sísara (Jueces 4, 8). El carisma de esta mujer traerá la victoria al pueblo, y se levantará un himno, como aquel que levantó Moisés y su pueblo cuando pasaron por el Mar Rojo, como acción de gracias a Dios. Este cántico relata las reacciones del Pueblo frente al enemigo e invita a descubrir la acción de Dios en su realidad, aún en los tiempos difíciles o de vientos contrarios para nuestra existencia familiar, personal y comunitaria: No había jefes en Israel; no los había, hasta que tú surgiste, Débora…Levántate Débora, Levántate; levántate, ponte de pie entona un canto;…(Jueces 4,7.12).
En esta línea de ideas es importante subrayar el valor fundamental de la mujer en la sociedad y en la historia humana. Las mujeres, en el buen sentido son “peligrosas”, tienen un poder influyente para establecer el Reino de Dios en la tierra y en los diferentes ambientes de nuestra vida. La mujer, cuando se levanta y toma la iniciativa, aún frente a situaciones y problemas supremamente difíciles, es victoriosa y de alabanza. Cuando ellas se levantan y cantan, oran por sus hijos, por sus esposos, por la iglesia, por la humanidad, nadie puede hacer nada.
Es en la mujer donde se forman los grandes líderes, ministros, reyes, gerentes, ingenieros. Es el caso concreto de la Virgen María, que en su vientre formó al Hijo de Dios, el Señor Jesucristo, salvador y Señor de todo el Universo. Dentro de la mujer hay o existe un poder otorgado por Cristo para traer si es, posible a un país a los pies del Señor. Por ello, las palabras que se usan para agredir a la mujer, como el sexo débil, sólo es una manifestación de orgullo, soberbia, prepotencia o de impotencia, pues la mujer es tremendamente poderosa cuando está unida a la gracia del Señor (Apocalipsis 12, 13-18).
Las mujeres son verdaderas guerreras. Una identidad que desde la persona de Jesucristo ha tomado un nuevo aire, porque ya no es la mujer un ser en segundo plano, sino que puede actuar en las mismas condiciones del varón. Ella puede actuar conforme a lo que cree, y si ella cree en el Señor, es invencible: no cierra sus ojos para verse ella misma, sino para ver al Dios en quien ella, ha puesto su confianza para darle después la Gloria y la Alabanza (Jueces 5)
La mujer es la vida, el cimiente y la fuerza en toda comunidad y familia. Dios que reparte sus dones no tiene diferencias entre el hombre y la mujer. Así como el Espíritu Santo se derrama en los varones se derrama con poder en las mujeres. Por eso, ellas son también mujeres del Espíritu con la gracia de desmontar y de combatir el mal que ataca a las familias a los hogares al país, a la sociedad, sacando a la luz la verdad, la justicia y la libertad.
Las comunidades, las familias o cualquier ambiente o institución no son un monopolio masculino. El antifeminismo que en algunos sectores humanos se manifiesta sólo trae como consecuencia, desvalorizar la creación digna de Dios. La labor de la mujer es de gran competencia, porque ella es también carisma del Señor.
El papel de la mujer, por lo tanto, en los diferentes escenarios de vida humana no se puede reducir al hogar. La mujer en la sociedad constituye la mitad del género humano. Tiene ella, el derecho de encontrar en la persona de Jesucristo una voz liberadora. La mujer merece todo el respeto del varón, ya que sin ella desaparece la madre, la pureza, la vida, y con esto desaparece la familia. La mujer se festeja, se idealiza y se venera en el papel de madre y de esposa, pero también en el papel relevante de ser imagen y figura espiritual combatiente contra todo mal y poder que va en contra de la vida y de la persona de Jesucristo.
Así, como Débora y María no cerraron los ojos a la realidad de su familia y de su pueblo, sino que pusieron su fe en manos del Señor y de las promesas de Dios, confiadas e impulsadas por el Espíritu, proclamando y alabando sus grandezas, hoy la iglesia, las familias, las comunidades necesitan de nuevas Déboras y de nuevas Marías que se levanten para animar a otros que se encuentran en situaciones adversas o difíciles. Mujeres que se lancen al combate para derribar todo aquello que se opone a la obra de Jesucristo. Que su entusiasmo, alegría arrastre a otros a los pies del Señor. Que su fuerza de corazón las haga testimonio de vida y de esperanza; de gozo y de libertad.
La mujer está llamada a ayudar al hombre en su caminar, a fin de que su fe no sucumba, y por el contrario se desarrolle y crezca. También la mujer como educadora y formadora está llamada a ser la trasmisora de los valores y de los principios en la familia. Ella tiene la gracia y el poder de ser columna para que la familia no desfallezca ante el mal o ante los enemigos que quieren derribarla. Sin familia no habría continuidad ni fidelidad a las tradiciones y a las costumbres espirituales. Éstas se desmoronarían, pues sin la sabiduría de la mujer, sin la fuerza de su corazón no habría fruto y vida feliz plena (Proverbios 4, 4; 23,12).
Conclusiones
Para algunos sectores de sociedad, comunidad y de iglesia, las costumbres espirituales son cosas de mujeres. Sin embargo, esta expresión sólo marca un tinte machista que responde a una realidad incuestionable de los varones frente a la responsabilidad que se tiene por construir el Reino de Dios. Pero, también vemos el lado positivo, el papel de la mujer como influyente en la espiritualidad del hombre y de la familia. Barac, sólo iba al combate si Débora iba con él. El respaldo de la mujer en las actividades diarias del hombre es poderosa y valiosa porque reactiva la fe y la decisión del hombre en la propuesta del Señor. La mujer buena y de alta espiritualidad es una bendición para la comunidad, para su esposo, para sus hijos[1]
Taller
- ¿Cómo es mi actitud frente a las situaciones difíciles de mi existencia y, más concretamente en mi familia con mis hijos, mi esposo(a)? ¿Son de fracaso, victimismo o de entusiasmo, alabanza y decisión?
- ¿Qué estrategias he utilizado para proteger el buen ambiente de mi hogar? ¿Lleno de alegría y de alabanza mi hogar sabiendo que el poder de Dios se está moviendo en él?
- ¿He aprendido a descubrir la acción de Dios en los acontecimientos adversos de mi familia? ¿Cómo los descubro?
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Comunidad Hombres y Mujeres de Futuro
Ministerio De Formación - Guía De Predicación
Familia: lugar, fruto, santuario de encuentro con el Señor
Agosto 29 / 2012
Objetivo
Re-descubrir los valores originales propios de la familia, sacramento del amor y de la vida, sostenido y apoyado a partir de la cotidianidad, el bien común y la actividad familiar.
Introducción
El encuentro familiar puede ser considerado en este tiempo como algo circunstancial, limitado, en un espacio y en un tiempo determinado, caracterizado por la convivencia de seres humanos bajo un mismo techo. Sin embargo, la comprensión fundamental de la familia cristiana se halla en la profundidad que se experimenta al vivir juntamente un encuentro con el Señor resucitado, es decir una familia como lugar donde reinen los valores, los frutos del Espíritu (Gál 5, 22) y se contemple el “Altar”, el Santuario donde reside la persona de Dios.
Una familia que experimenta el encuentro con el Señor es una comunidad, un hogar puesto al servicio de la edificación y la construcción del Reino de Dios, de la vida y de la esperanza; de la amistad y la responsabilidad por la historia y el ser humano. Cuando la familia se preocupa por la comunión y la oración, participa de la vida y de la misión de la Iglesia, y por ende, es fruto del servicio y de la respuesta mutua ante el llamado de Dios a ser imagen viva de su Reino.
Contenido
Para la predicación se sugiere tener en cuenta los textos Bíblicos de 1 Sam 3, 1-10; Eclesiástico 3, 3-7.14-17; 1 Pedro 3, 7; 1 Cor 12, 12-31; Mc 1, 29-31; Mc 2, 1-12; Jn 2, 1-10
La familia ha sido considerada a lo largo de la historia humana como el núcleo central de la naturaleza social del hombre. Tiene su origen en la comunión o la alianza de un hombre y de una mujer que se entregan y se aceptan mutuamente.
La familia es sinónimo de fraternidad y por consiguiente, es una unidad de pluralidades, es decir que no existe la uniformidad, sino la unificación como signo de la presencia del Espíritu Santo. La familia por ser un organismo constituido por seres humanos, vivos, templos del Espíritu, moradas de Dios, sacramentos y dones del amor y la misericordia divina, está en función de sus miembros, esto es una unidad de creyentes en medio de la diversidad carismática (1Cor 12,12-13), en la cual no debe existir el dominio, ni la competencia o rivalidad, ni los intereses particulares o el poder para servirse de los otros: La familia es uno de los tesoros más importantes…patrimonio de la humanidad entera…imagen de Dios, eje transversal de toda acción evangelizadora (Aparecida Nº 432-435).
En este sentido, sin familia no hay sociedad, no hay valores no hay vida. Todo ser humano necesita del calor, de la solidaridad y de la unidad de una familia. Sin un encuentro con Jesucristo no puede existir la fraternidad el perdón y la misericordia que se origina en la relación intima de la familia. Allí en el hogar, en la relación de padres e hijos, en la respuesta mutua de los esposos se enseña cada día volverse a Dios aceptando las buenas noticias (Mc 1, 15).
El tesoro de la familia como lugar de encuentro con el Señor es sacramento, altar, santuario donde se superan los problemas, las dificultades y las adversidades que se presentan a lo largo de la vida (Mc 2, 1-12).
Cuando en una familia reina el espíritu de la división, la rebeldía, la ausencia de honra de padres a hijos y de hijos a padres, el maltrato físico, psicológico, crece la lujuria, la infidelidad, el rompimiento del matrimonio, se cultivan aislamientos, muros, barreras, adicciones, que hacen del tesoro real, sepulcros vacíos, seres individualistas y egoístas.
Hoy es importante que miremos y revisemos, la importancia de tener la familia como un lugar de encuentro con el Señor, donde reinen los frutos del Espíritu y se admire la gracia del amor y de la unidad. Los padres como buenos pastores de sus hijos no pueden alcahuetear los signos de la modernidad que disfrazados como un bien trae como consecuencia males para la vida y la convivencia de la familia, pues de la manera en que camina la familia, caminan la sociedad y el país. Sin familia no hay nación, no hay hermandad.
Hay muchas cosas que van en detrimento de la familia: el aborto, la mentira, (todo aquello que “parece” legal como el comercio del licor, pero que es inmoral. Los anticonceptivos y la prostitución son legales, pero ante los ojos de Dios son inmorales), el machismo, el feminismo son algunos ejemplos de cómo el tiempo presente se disfraza para distraer el pensamiento y el corazón de la familia introduciéndola en un mundo de destrucción y en un abismo entre los padres y los hijos, entre los esposos que compiten entre sí y se alejan uno del otro.
Romper los muros, las cercas, las fronteras es abrirse al encuentro con el Señor, pero a su vez rompe el abismo en las relaciones entre los miembros que conforman la familia. Dios dirá a los padres cuando lleguen al cielo ¿Qué hiciste con mis hijos? Pues esos hijos que engendraron son hijos más míos que tuyos[1]. Y a los hijos les dirá ¿Cómo honraste a tus padres? Pues esos padres son mi imagen, mi rostro (Efesios 6, 1-4).
El milagro de la familia es el encuentro con el Señor, pues donde está el Señor hay esperanza, transformación y vino nuevo (Jn 2, 1-10). Si hay algo que nos disgusta, lo expresaremos, pero estaremos unidos. Si hay algo que nos gusta lo compartiremos, pues es en la familia donde la amistad reinará y no esperará nada a cambio y siempre se dará correspondencia mutua.
Conclusión
En nuestra realidad humana el flagelo del machismo, el feminismo, la mentira, el aborto, la ausencia de respeto y responsabilidad han destruido a muchas familias, hogares, templos del amor de Dios. El machismo como cualquier otro virus ha crecido alrededor de la familia por tener conceptos falsos del papel relevante de los padres con el hijo y de esposo con la esposa, y de la esposa con el esposo. Hoy se ven niños y jóvenes desatendidos e irrespetados por sus propios padres dejando sin futuro a una sociedad, a una iglesia y a un país.
Qué bueno sería que los niños como los jóvenes, vean en sus padres a aquel personaje que nos muestra el primer libro de Samuel (3, 1-10): Elí. Un hombre que le mostró el camino y la dirección correcta a Samuel ante la confusión o la duda. Qué tan bueno sería que los adolescentes encontrarán en sus padres buenos pastores que le aconsejaran desde la perspectiva de Jesucristo el amor de Dios, el camino de su voluntad.
La adolescencia es una etapa de resistencia (todo les parece tedioso, fastidioso), pero si los padres caen en su juego o se descuidan, entonces veremos hombres y mujeres, familias sin seducción de Dios, sin “hambre” por experimentar un encuentro con el Señor. Padres, retomemos la mirada hacia los hijos y trabajemos por la espiritualidad y los valores que debemos legar a ellos. El padre es el catequista y evangelizador natural del hogar. Hijos volvamos la mirada hacia los padres para aprender de la experiencia, y así reine en la unidad de la familia el fruto del amor, la alegría, la paz, el dominio propio.
[1]Como apoyo, podemos leer los numerales del Documento de Aparecida 438-446
Taller
- ¿Es tu hogar un lugar de encuentro agradable para todos sus miembros?
- ¿Hay algún valor que no se haya cultivado en tu casa? ¿Qué estas dispuesto(a) a hacer para hacerlo una realidad?
- En un momento de oración permitamos que el Espíritu Santo nos suscite sabiduría para llevar a cabo una verdadera formación de los hijos en el hogar y de los valores que proceden del corazón de Dios.
