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FUNDACIÓN HOMBRES Y MUJERES DE FUTURO
Guía de Predicación - Octubre 28 al 31 - 2024
COMPARTIR EL ESPACIO DEL TECHO Y EL CORAZÓN
Dar Posada al Peregrino: Obra de Misericordia.
Mateo 25, 43ª; Hebreos 13, 2.
OBJETIVO
Acoger la presencia de Jesús que se acerca en cada persona necesitada de hospedaje, compañía o protección porque está lejos de su hogar, o en soledad. Compartir el espacio del hogar y del corazón, para albergar al misionero o al necesitado de techo y ayuda temporal.
INTRODUCCIÓN
Según el diccionario, la palabra "peregrino" significa: El que anda por tierras extrañas. Visitar en Romería un Santuario por devoción o por voto. Estar en esta vida en camino a la Patria Celestial.
Otra definición de esta obra de Misericordia es Acoger: Admitir a alguien en su casa para dar refugio, proteger y acompañar. Y en ella nos vamos a centrar. La Biblia nos muestra muchos ejemplos del hospedaje, de la acogida al peregrino o extranjero. En el texto de Mateo Jesús nos reclama la falta de ello. O por lo contrario nos bendice si lo hicimos. También el texto de Hebreos nos enseña: “No olviden la hospitalidad, gracias a ella, algunos sin saberlo, hospedaron a ángeles” (Hebr 13,2). A propósito de esta cita Bíblica, un sacerdote nos compartía su experiencia cuando una vez fue a Misión y lo enviaron a una familia que no le gustó. Estando solo en la habitación que le habían asignado se puso a orar, y encontrando el texto de Hebreos cayó en cuenta que él, como peregrino era un ángel para la familia, pero igual los integrantes de la familia, ángeles para él. Al instante su disgusto se disipó y fue a reunirse con la familia de aquel hogar.
Algunas veces, cuando hay Congresos de la Renovación Carismática en Colombia, se necesita dar hospedaje a quienes vienen de fuera de la ciudad y por tanto las diferentes Comunidades solicitan a los laicos, acoger en el hogar alguna de esas personas, sean Jóvenes o mayores.
Lo mismo sucede cuando vamos de Misión; las familias nos acogen en sus hogares compartiendo lo que tienen (techo, alimento, compañía y sed de Dios). Nosotros los mensajeros de la Palabra de Dios les llevamos la Paz de Cristo.
Otra forma de Acogida al Peregrino la realizamos cuando algún familiar o pariente cercano viene a la ciudad para un tratamiento médico y lo Acogemos en nuestro hogar con amor y dedicación acompañándolo en todo su tratamiento. También puede darse el caso de alguna familia cercana que perdió su techo y la acogemos en nuestro hogar mientras se encuentra una solución.
Peregrino es Jesús cuando nos dice: “Mira que estoy a tu puerta y llamo” (Ap.3,20)
Peregrina es María atravesando caminos para visitar a su prima Isabel.
CONCLUSIÓN
La obra de Misericordia, dar Posada al Peregrino, la llevamos a cabo cuando en el Nombre de Dios brindamos lo que tenemos con fe y confianza acogiendo en nuestro hogar al que va de paso, al que requiere un lugar para hospedarse. En esta persona está Jesús, a Él recibimos con amor y a Él servimos con dedicación y esmero.
TALLER
¿Si hoy te pidieran hospedaje para alguna persona, con gusto ofrendarías un espacio en tu hogar y en tu corazón?
¿Acoges en tu hogar a un miembro de tu familia que llega a la ciudad pidiendo hospitalidad?
¿Puedes reconocer el rostro de Jesús en el extranjero que sufre lejos de su patria?
TEXTOS DE APOYO
Lc 9,51-56; 1Tim 3,2; Tito 1,8; Col 3,17; Hechos 16,15
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FUNDACIÓN HOMBRES Y MUJERES DE FUTURO
GUÍA DE PREDICACIÓN - Octubre 21 al 26 – 2024
COMPARTIR MI PAN Y MI AGUA…
POR EL AMOR DE DIOS QUE ESTÁ EN MI
Dar de comer al hambriento y de beber al sediento
Primera y segunda obras de misericordia corporales
Mt.14,14-21
Dice el Papa Francisco “A través del dar de comer al hambriento y del dar de beber al sediento, pasa nuestra relación con Dios”
OBJETIVO
Vivir la alegría de compartir nuestro poco con el necesitado, porque fue la enseñanza del Maestro, para disfrutar desde ya el Reino de los Cielos.
DESARROLLO
Desde siempre han existido en nuestro entorno situaciones de necesidad que requieren una respuesta inmediata y urgente, por ejemplo: dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento; ambas son obras de misericordia corporales.
Es muy dura la experiencia del hambre y la sed, y desgraciadamente es una realidad actual y cercana a nosotros. Cada día encontramos personas que sufren estas necesidades y se hace inminente nuestra ayuda.
Dar de comer al hambriento y dar de beber al sediento.
Estas dos primeras obras de misericordia se complementan y se refieren a la ayuda que debemos procurar en alimento y otros bienes a aquellos que no tienen lo indispensable para poder comer cada día.
Hay siempre alguien que tiene hambre y sed y tiene necesidad de tu ayuda; no se puede delegar a ningún otro. Este pobre necesita de ti, de tu ayuda, de tu palabra, de tu empeño. Predicaba Juan Bautista, en el evangelio de san Lucas, «El que tenga dos túnicas que las reparta con el que no tiene; el que tenga para comer que haga lo mismo» (Lc 3, 11). Se refiere a cubrir las necesidades básicas del alimento y la bebida de los más desfavorecidos. Esto es parte del bien común que agrada a Dios y nos hace mejores personas. Por esta razón, dar de comer al hambriento significa también una forma de decir: pienso en ti, sé por lo que estás pasando, y quiero ayudarte. Brindar alimento es nutrir dos almas: la de la persona que satisface su hambre y la de quien ofrece su ayuda.
Y el pan y el agua nos sugieren las dos necesidades básicas del hombre, la necesidad de alimento y de bebida. Cuando Israel es sacado de Egipto, al faltarle el pan y el agua en el desierto, Dios les provee en forma milagrosa y amorosa: el pan llueve del cielo y el agua brota de la peña (Ex. 16 y 17).
El Señor nos dice en 2° de Corintios: “Y poderoso es Dios para colmaros de toda gracia a fin de que, teniendo siempre y en todo, lo necesario, tengáis aún sobrante para toda obra buena” Por tanto, en ningún momento podemos decir no tengo… porque el Señor siempre nos da todo lo que necesitamos para la vida y para compartir (1Pe.1.3).
Es necesario que madure una conciencia solidaria que considere la alimentación y el acceso al agua como derechos universales; poder comer y beber hacen parte de estos derechos para todos los seres humanos. No podemos ser ajenos a esta necesidad apremiante. Pensemos un momento: cuantas veces recitamos el “Padre Nuestro” y no damos verdaderamente atención a aquellas palabras: “Danos hoy nuestro pan de cada día”.
Promesas al cumplimiento de esta obra de Misericordia:
- Venid benditos de mi Padre a heredar el Reino preparado para vosotros desde antes de la creación del mundo… porque tuve hambre y me diste de comer, tuve sed y me diste de beber (Mt.25,34-35)
- En Isaías 58,7 dice “que compartas TU pan con el hambriento” (hace parte del verdadero ayuno que agrada al Señor) y ver la promesa Is.58,8 “entonces brillará tu luz como el amanecer y tus heridas sanarán muy pronto”
- No se olviden ustedes de hacer el bien y de compartir con otros lo que tienen; porque estos sacrificios son los que agradan a Dios. Hb.13,16
No se justifica la abundancia en nuestras alacenas mientras sigan existiendo los necesitados del pan y del agua en nuestro entorno.
CONCLUSIÓN
Los invito a salir al encuentro de las necesidades más básicas de los que encuentren en su camino, dando lo poco que tienen. Dios, a su vez, les corresponderá con su gracia y los colmará de una auténtica alegría. (Papa Francisco)
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FUNDACIÓN HOMBRES Y MUJERES DE FUTURO
GUÍA DE PREDICACIÓN OCT 15 AL 19 - 2024
PEREGRINOS UNIDOS CON LA IGLESIA TRIUNFANTE.
(2 Macabeos 12, 44-45)
7a. Obra de Misericordia. Espiritual y corporal:
Orar por los vivos y los difuntos. Enterrar a los muertos.
OBJETIVO
Comprender la importancia de nuestra oración de intercesión tanto por los vivos como por los muertos y entender el deber de enterrar a los muertos.
INTRODUCCIÓN
Recordar que nuestra fe nos enseña a creer en la comunión de todos los fieles cristianos, es decir, los que peregrinamos en la tierra, de los que se purifican después de su muerte y de los que ya gozan de la bienaventuranza celeste y que todos nos unimos en una sola iglesia. (CIC 962) Como una sola iglesia oramos los unos por los otros, pidiendo y recibiendo, de manera que no solo intercedemos para su bien, si no también se hace eficaz su intercesión en nuestro favor (LG 50).
DESARROLLO
Nos dice el papa Francisco con respecto a la primera obra de misericordia que veremos hoy, “orar por vivos y muertos”:
Esta obra de misericordia tiene un fundamento muy profundo, porque gracias a nuestro bautismo hemos sido “injertados en Cristo” (cf. Rm 6,5), formamos parte de su Cuerpo Místico. Gracias a esta íntima unión con Él, recibimos los tesoros infinitos de gracia que el Padre nos ha dado por los méritos de la muerte y resurrección de Jesucristo, haciéndonos sus hijos por medio de su Hijo Unigénito (cf. Ef 1,3-10).
Si nos ha hecho hijos suyos nos ha hecho hermanos unos de otros en Cristo. Así las cosas ¿no se encargará Él de atender las oraciones que le hacemos por aquellos que tantos queremos? (cf. Mt 7,11). Él es el primer interesado en nuestro bien, el que conoce nuestras necesidades mucho antes de que se las manifestemos. Al ver un gesto de oración sincera por el bien de otra persona, su amor misericordioso no se va a quedar indiferente.
Cuántas veces nos han dicho: “reza por mí”, o “te encomiendo en mis oraciones”. ¿Qué hay detrás de estas peticiones? ¿Cómo podemos ayudar a los demás con nuestras oraciones? No son solamente frases que buscan dar un consuelo sentimental a aquellos a quienes las proferimos. Si de verdad lo hacemos con todo nuestro corazón, y nos dirigimos a Dios pidiendo por estas personas, estamos realizando una verdadera obra de misericordia espiritual.
Ejercitémonos en este diálogo con Dios por medio de nuestra oración por nuestros hermanos, los hombres. Hagámoslo con una actitud llena de fe en la acción de Dios en favor de aquellos por quienes pedimos, para que nuestra oración sea escuchada, y la misericordia del Padre se haga presente en sus vidas.
También nos dice esta obra de misericordia que debemos orar por los muertos
Nuestra fe nos enseña que, así como Cristo resucitó, también nosotros resucitaremos con Él por el poder del Espíritu Santo (Rom 8,11). Esta es la esperanza a la que hemos sido llamados, de tal manera que el amor por nuestros seres queridos que han partido nos lleva a orar por ellos y por todos los que han muerto ya que son nuestros hermanos en Cristo.
Oramos de modo especial, por las almas del purgatorio
Las almas del purgatorio ya no tienen posibilidad de pedir auxilio y misericordia. Por ese motivo somos nosotros los llamados a dirigir nuestras oraciones al Padre, para que cuanto antes, esas almas reciban la Gloria eterna, el consuelo y la paz que tanto anhelan.
Ofrecemos nuestras oraciones por las almas que están en el purgatorio porque creemos que el amor es más fuerte que la misma muerte. Nuestra fe nos da la certeza de que podemos seguir haciendo el bien a aquellos que amamos, y ni siquiera la barrera del sepulcro nos puede impedir manifestarles nuestro amor. Del mismo modo oramos por la familia de los que fallecen pidiendo consuelo y paz para sus corazones.
SÉPTIMA OBRA DE MISERICORDIA CORPORAL
El Señor sacó al hombre de la tierra, y allá lo hace volver. Para cada uno determinó el tiempo de su venida y el número de sus días... dice el Libro del Eclesiástico 17,1- 2.
Como Iglesia es una obra de Misericordia corporal enterrar a los muertos, como ellos lo hicieron con los suyos, nosotros lo hacemos con ellos y a su vez lo harán por nosotros. Los difuntos pasan a un estado de consuelo y paz, los que quedamos damos gracias a Dios Padre por su vida, y amor por lo enseñado.
Cuando estaban en este mundo fueron templos vivos del Espíritu Santo; por tal razón deben recibir una digna y cristiana sepultura. Además, es una tradición de la iglesia desde antes de la venida de Jesucristo. En el siglo Vll.ac como lo narra el libro de Tobías 1,16. Sabemos que muchos cuerpos quedan sin sepultura por las guerras, los abandonados, asesinados y desaparecidos, los bebés abortados, etc. Por lo consiguiente, nos queda el deber de obrar con Misericordia, orando como nos lo enseña el Señor Jesucristo en el pasaje de su amigo Lázaro: primero consoló a las hermanas y luego oró al Padre por su amigo.
CONCLUSIÓN
- La solidaridad hace posible sobre llevar el duelo.
- La oración de intercesión une a los vivos con los muertos. (Une lo humano con lo divino)
- El acompañamiento a la morada final hace parte de vivir la Misericordia.
- Todos pasaremos de estar vivos a estar muertos.
TALLER
¿Sabías qué es la comunión con los santos?
¿De qué manera has honrado a aquellos que ya han partido de este mundo?
¿Has sido solidario en una situación de duelo?
TEXTOS DE APOYO
(Sab 7, 1-6) (1° Cor 3,13-15) (Fil 1,21-26). (1Co 15,44).
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FUNDACIÓN HOMBRES Y MUJERES DE FUTURO
Guía de predicación del 30 de sep. al 5 de octubre – 2024
LA FUERZA DE LA COMPRENSIÓN PARA NO JUZGAR
6° obra de misericordia
Sufrir con paciencia los defectos del prójimo
Objetivo
Ejercitarnos para formar un corazón compasivo y misericordioso, consciente de que nadie es perfecto
Introducción
Conforme vamos creciendo en la vida uno se va conociendo mejor a sí mismo y viéndose con más realismo. Nos damos cuenta de nuestros propios defectos, notando que somos impacientes, celosos, envidiosos, hacemos juzgamientos, somos desordenados… En algunos momentos parecería que hemos superado estos vicios, pero la realidad es que siempre vuelven, convirtiéndose en una lucha casi permanente. Una lucha, porque nos damos cuenta de que hacen sufrir no sólo a los demás, sino también a nosotros mismos.
Soportar con paciencia los defectos del prójimo es una de las obras de misericordia espirituales que nos propone la iglesia y quien vive esto en grado máximo es Dios Padre que soporta con infinita paciencia nuestras fallas porque sabe de qué barro estamos hechos.
Debemos pensar también en la cantidad personas que a lo largo de nuestra vida nos han soportado: padres, hermanos, hijos, maestros, jefes, subalternos… Sería interminable la lista de personas que, soportando nuestros defectos. Cuando experimentamos la paciencia de los demás con nosotros, soportando nuestros defectos o manías o caprichos, caemos en cuenta de nuestro deber moral de hacerlo con los demás.
¿Cómo soportar con paciencia a los demás?
- Se trata de formar un corazón compasivo y misericordioso, que sabe no sólo soportar, sino hacerlo con verdadera paciencia. Un corazón que no se indigna ante los defectos de los demás, sino que sabe soportar desde dentro y aguantar, porque es consciente de que todos somos débiles y de que nadie es perfecto. Un corazón así hace vida lo que San Pablo escribía en el himno a la caridad: «El amor es paciente, es bondadoso» (cf. 1 Co 13, 4).
- Aceptando que los demás tienen sus propias luchas
- Enfocándonos en nuestras propias debilidades y orando para que nos dejemos transformar.
- Orando por sabiduría y fortaleza para tolerar con paciencia al hermano.
Podemos relacionar muy bien esta obra de misericordia con la segunda bienaventuranza: Bienaventurados los mansos pues ellos heredarán la tierra.
La mansedumbre es el ejercicio de la paciencia con el otro; así los que se dejan trabajar la mansedumbre por el Señor, serán los beneficiarios de la tierra nueva prometida por Dios.
Conclusión
Sufrir con paciencia los defectos ajenos es un ejercicio que requiere amor, práctica y esfuerzo.
La paciencia nos permite crecer en empatía, comprensión y tolerancia para soportar al otro sin juzgarlo, reflejando el amor de Dios en nuestras vidas.
Textos de apoyo
(Col 3,12-14) (Ef 4,2) (Ef 4,32) (Sal 103) (Rom 5,3-4)
