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FUNDACIÓN HOMBRES Y MUJERES DE FUTURO
Guía de predicación, semana del 20 de julio
MIS METAS Y EL CAMINO DE CRISTO
Hechos 9, 1-9
1Entretanto Saulo, respirando todavía amenazas y muertes contra los discípulos del Señor, se presentó al Sumo Sacerdote, 2y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, para que si encontraba algunos seguidores del Camino, hombres o mujeres, los pudiera llevar atados a Jerusalén. 3Sucedió que, yendo de camino, cuando estaba cerca de Damasco, de repente le rodeó una luz venida del cielo, 4cayó en tierra y oyó una voz que le decía: «Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?» 5El respondió: « ¿Quién eres, Señor?» Y él: «Yo soy Jesús, a quien tú persigues. 6Pero levántate, entra en la ciudad y se te dirá lo que debes hacer.» 7Los hombres que iban con él se habían detenido mudos de espanto; oían la voz, pero no veían a nadie. 8Saulo se levantó del suelo, y, aunque tenía los ojos abiertos, no veía nada. Le llevaron de la mano y le hicieron entrar en Damasco. 9Pasó tres días sin ver, sin comer y sin beber.
Objetivo
Anunciar a Jesucristo a partir de la figura de Pablo.
Introducción
Nos encontramos con una de las conversiones más impactantes del Nuevo Testamento, el apóstol Pablo, conocido antes de su conversión con el nombre de Saulo. El libro de los Hechos de los Apóstoles narra tres veces su encuentro con el Señor Hechos 22, 4-16 y 26, 12-18. Ha sido uno de los apóstoles más importantes para la Iglesia, escribió trece cartas y formó varias comunidades, Dios lo uso para abrir el camino de la Evangelización a las regiones paganas y hoy en día nosotros somos los más grandes beneficiados.
Desarrollo del Tema
- La vida de Pablo antes de aceptar a Jesucristo (v. 1-2)
- Pablo era judío de nacimiento, muy educado, fariseo de la escuela de Gamaliel.
- Un celoso de la Ley de Dios, por eso atacaba y perseguía a los cristianos, por tanto un perseguidor de Jesús.
- Una persona irreprensible, él pensaba que prestaba un gran servicio a Dios, odiando y aprobando hasta el asesinato de Esteban.
- Al ver la propagación de los cristianos, no se quedó con los brazos cruzados, se ofreció perseguirlos más allá de los muros de Jerusalén y de Judea, por eso emprendió su camino a Damasco.
- Muchos cristianos sufrieron por causa de la persecución de Pablo
Aplicación: Cuántos de nosotros antes de conocer a Cristo, tenemos nuestras propias metas, (“mis metas”- “mis planes”), muchas veces pensando que son las mejores decisiones, pero equivocadas cuando nos damos cuenta de los errores.
- ¿Qué ocurre en el camino a Damasco?… (v. 3-5)
- Lo que ocurrió en el camino a Damasco le partió la vida a Pablo en dos: el antes de…y el después de… Este hecho fue tan trascendental en la vida de Pablo que lo narra 37 veces en sus textos autobiográficos.
- Pablo es envuelto en una luz resplandeciente, es la nueva creación de Dios en su vida. A pesar de ser una persona equivocada y cruel, Dios lo ama, y lo alcanza en el camino equivocado, para hacerle ver el verdadero plan de Dios.
- Pablo cae a tierra, un signo de postración, rendición, reconoce la presencia de Dios y entra en diálogo con Dios. Descubre que está persiguiendo al Hijo de Dios, comprende que el Señor a quien persigue es el mismo Dios.
Aplicación: En la vida existen dos caminos, la Biblia nos lo ratifica muchas veces, en ¿cuál de los dos estás tú? Muchas veces nos vemos persiguiendo al Señor, cuando no lo dejamos entrar en nuestra vida, cuando criticamos la fe de los amigos, vecinos y familia, cuando herimos a los que amamos, desconociendo que en ellos está el Señor ¿De qué maneras has perseguido al Señor?
- La conversión de Pablo (v. 6-9)
- Pablo queda inmovilizado luego del encuentro con el Señor, no solo por haber quedado ciego, sino por la revelación que acaba de recibir, de allí que recibe con docilidad las instrucciones del Señor.
- Pablo se levanta del suelo, esto es un signo de resurrección, Pablo comienza una nueva vida.
- Lo llevaron de la mano, el que era poderoso y cruel, ahora reconoce que necesita de los demás, su corazón ahora es dócil y sencillo para dejarse conducir por el Señor, para obedecer la voluntad de Dios.
- Tres días sin ver, ni comer, ni beber, un tiempo muy propicio para la reflexión, para procesar lo que había vivido en el camino a Damasco, para quedarse a solas con Dios, para orar y tomar grandes decisiones de cambio para su vida.
Aplicación: Dios tiene para cada persona un llamado nuevo, es hora de despertar y de levantarse a una vida tranquila, plena y feliz. ¿Te gustaría comenzar de nuevo con el Señor? No tengas miedo, abre tu corazón y verás cosas maravillosas que ni ojo vio, ni oído escuchó.
Testimonio de Vida
Conclusiones
- Para todo hombre y mujer que vive confundido en sí mismo, puede haber un “camino a Damasco”
- Dios te alcanza en tus caminos equivocados, porque te ama y quiere lo mejor para ti.
- Es hora de tomar decisiones y dejar entrar al Señor que se te aparece de repente en tu vida, para que lo dejes actuar.
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Fundación Hombres y Mujeres de Futuro – Minuto de Dios
LA FAMILIA AL ATARDECER DE LA VIDA
(Tomado de los temas del Centro Pastoral Para la Comunión Eclesial Departamentos de Promoción y Defensa de la Vida Matrimonio y Familia,
Año 2020 Mes de la Familia)
GUÍA DE PREDICACIÓN 27 DE JULIO 2022
Oración Inicial
A ti, Dios mío, elevo mi oración, por todos los que se sienten agobiados por el peso de los años, tu amorosa presencia permitió que se prolongasen sus días en la tierra.
Dios mío, ellos miran para atrás y ven todo el camino recorrido, desde las travesuras de la infancia hasta la fragilidad del ahora.
Retira Señor toda la amargura de sus espíritus y que recuerden con preferencia los hechos agradables y felices.
Borra cualquier señal de resentimiento causado por la ingratitud y la maldad de los que algún día pasaron junto a ellos, alegra sus corazones cansados y abatidos, dale los medios de revivir las alegrías de una vida normal y sociable,
Dios mío ahuyenta los fantasmas de la soledad, del abandono y del desprecio.
Rodéalos de amparo y calor humano en su diario vivir para que puedan mantener un ánimo bien dispuesto, abierto y feliz.
Recompensa la disposición que demostraron, con la bendición de aquella paz que viene de ti y supera todas las limitaciones de la vejez.
Amén.
Objetivo
Es importante el reconocimiento de los valores y la sabiduría que se encuentra en los adultos mayores. Desde la familia se debe hacer sentir que se aman y respetan profundamente, propiciar diálogo permanente con ellos, pues necesitan compañía y calidez.
Introducción
La vejez no es ni la edad de oro ni la edad de plomo, la vejez empieza cuando los recuerdos pesan más que las esperanzas. En la sociedad y en la familia, marginan al adulto mayor diciendo “ya han vivido suficiente”; entonces el adulto mayor asume actitudes pasivas y resignadas, encerrándose en sí mismos, y colocándose al margen de la vida; disminuyendo el contacto interpersonal y social, y entrando en una fuerte depresión que le impide su independencia y el aporte de la sabiduría a una sociedad que necesita de la experiencia y del buen tacto en las diferentes realidades territoriales y existenciales.
Es natural que el cuerpo se desgaste con los años, pierda fuerza y vigor, las enfermedades son estados inevitables para todo ser vivo que se va deteriorando, pero se deben tener en cuenta dos factores que se dan en la enfermedad: uno que es medible, observables, diagnosticable, controlable por el médico, pero también tiene un segundo factor que es como se asume la enfermedad y como la vive desde la espiritualidad.
Para afrontar el tema de los últimos instantes de la vida es necesario situarnos en una perspectiva adecuada que parte, naturalmente, de conocer la verdad profunda del ser humano y del sentido de su existencia. No es posible captar la riqueza insondable y la dignidad de cada persona si no es a la luz del amor que, como lámpara preciosa, nos hace captar la verdad y el sentido último de la realidad.
Desarrollo
1. Visión cristiana de la debilidad
En este contexto interpersonal, el sufrimiento, la enfermedad y la muerte constituyen un misterio que apenas alcanzamos a comprender, y, sin embargo, de un modo u otro, a todos nos afecta. Pero también tenemos experiencia de que son realidades que, vividas bajo la mirada de Dios que es amor, lejos de dañar la dignidad del hombre y su libertad, constituyen una ocasión excepcional en la que se revela la grandeza de nuestra existencia.
En este sentido, el papa Francisco ha realizado la siguiente afirmación: «Conocemos la objeción que, sobre todo en estos tiempos, se plantea ante una existencia marcada por grandes limitaciones físicas. Se considera que una persona enferma, discapacitada o vieja no puede ser feliz, porque es incapaz de realizar el estilo de vida impuesto por la cultura del producir, el placer y la diversión. En esta época en la que el cuidado del cuerpo se ha convertido en un mito de masas y, por tanto, en un negocio, lo que es imperfecto debe ser ocultado, porque va en contra de la felicidad y de la tranquilidad de los privilegiados y pone en crisis el modelo imperante.
En algunos casos, incluso, se considera que es mejor deshacerse cuanto antes, porque son una carga económica insostenible en tiempos de crisis. Pero, en realidad, con qué falsedad vive el hombre de hoy al cerrar los ojos ante la enfermedad y la discapacidad y la vejez. No comprende el verdadero sentido de la vida, que incluye también la aceptación del sufrimiento y de la limitación como parte inherente de esa vida.
El mundo no será mejor cuando esté compuesto solamente por personas aparentemente “perfectas”, por no decir “maquilladas”, sino cuando crezca la solidaridad entre los seres humanos, la aceptación y el respeto mutuo (…). No existe solo el sufrimiento físico; hoy, una de las patologías más frecuentes son las que afectan al espíritu. Es un sufrimiento que afecta al ánimo y hace que esté triste porque está privado de amor. La patología de la tristeza. La felicidad que cada uno desea, por otra parte, puede tener muchos rostros, pero solo puede alcanzarse si somos capaces de amar.
Es siempre una cuestión de amor, no hay otro camino… El modo en que afrontamos el sufrimiento y la limitación es el criterio de nuestra libertad de dar sentido a las experiencias de la vida, aun cuando nos parezcan absurdas e inmerecidas. No nos dejemos turbar, por tanto, de estas tribulaciones (cf. 1 Tim 3, 3). Sepamos que en la debilidad podemos ser fuertes (cf. 2 Cor 12, 10).
La concepción de las profesiones de la salud y de la tarea de quienes se dedican al cuidado de los enfermos y ancianos como ayuda, tutela y promoción de la vida es la base de un auténtico servicio que busca promocionar y tutelar la vida humana, de modo particular aquella más débil y necesitada. La sociedad actual solo considera valiosa la vida de los jóvenes, y se desestima la vida de los ancianos y de los enfermos porque se considera que ya no son útiles, al ser dependientes y, por tanto, que no tienen futuro. ¿No será esto una muestra de la falta de humanidad de la sociedad actual? Afirmaba el papa Benedicto XVI que «una sociedad que no logra aceptar a los que sufren y no es capaz de contribuir mediante la compasión a que el sufrimiento sea compartido y sobrellevado también interiormente es una sociedad cruel e inhumana.
2. Un deber de justicia y caridad
Los ancianos de hoy son los que nos dieron la vida y nos cuidaron a los que ahora somos jóvenes, de la misma manera que nosotros cuidamos hoy a nuestros hijos. Una exigencia básica y elemental de justicia reclama que ahora nosotros cuidemos a nuestros ancianos, y que en el futuro nuestros hijos cuiden de nosotros. Así lo pide la solidaridad intergeneracional que ha estado siempre en la base de toda comunidad. Con mucha frecuencia los ancianos son auténticos depósitos de sabiduría y tienen mucho que aportar a la familia. ¡Cuántos abuelos son el auténtico sostén de la misma, asumiendo multitud de tareas sin las cuales los padres no podrían vivir tranquilos! Cuando el anciano pierde la salud física, aparece la demencia o se desvanece la ilusión y queda a merced de los cuidados de los demás surge una situación difícil para el propio anciano y para su familia, que requiere de la ayuda solícita de la sociedad, de las instituciones y de la Iglesia.
3. Desde la mirada de la fe
La fe en Cristo resucitado nos ayuda a descubrir en plenitud el sentido de esta etapa de la vida, que a veces puede resultar larga y dolorosa. En primer lugar, debemos tener en cuenta que la vida en este mundo es el camino a la eternidad, y que el anciano ya ha recorrido un largo trecho. Pudiera parecer que el anciano, al menos en apariencia, no tiene futuro, pero la luz de la fe nos muestra que la vejez es una nueva etapa del recorrido vital, con sus luces y sus sombras, y que la muerte es el paso al encuentro con Cristo y, con su gracia, a la vida definitiva y en plenitud. La vejez se puede considerar una etapa más del camino por el cual Cristo nos quiere llevar a la casa del Padre.
Y cuando la persona anciana se siente cansada, y piensa que ya no sirve para nada, y siente la tentación del abandono o de la desesperanza, debemos ayudarle a reencontrar el sentido de su vida. Esta vida es siempre valiosa y hermosa a los ojos de Dios. Y así lo es también a nuestros ojos, si realmente hemos conocido el amor. Hemos de ser muy conscientes de que el peor problema de los ancianos es la soledad. Por eso decía Cicerón que el peso de la edad es más leve para el que se siente respetado y amado por los jóvenes. El momento de la muerte no es un paso hacia el vacío, hacia la oscuridad, sino que consiste en cruzar el umbral de la puerta que da entrada, con la gracia de Dios, a la vida definitiva, al encuentro con el Padre que nos ama, que nos creó, que nos ha acompañado en nuestro caminar y que ahora nos acoge en su morada eterna.
En ese momento supremo de nuestra existencia, se hace especialmente relevante el morir acompañados, el no afrontar la muerte en soledad, sino en compañía de los seres queridos y de la comunidad donde se ha desarrollado nuestra vida: Este encuentro del moribundo con la Fuente de la vida y del amor constituye un don que tiene valor para todos, que enriquece la comunión de todos los fieles. Como tal, debe suscitar el interés y la participación de la comunidad, no solo de la familia de los parientes próximos, sino, en la medida y en las formas posibles, de toda la comunidad que ha estado unida a la persona que muere. Ningún creyente debería morir en la soledad y en el abandono.
La Iglesia siempre ha estado junto a los ancianos y enfermos ayudándoles a recorrer esa última etapa de peregrinar por este mundo. Ofreciéndoles ayuda material y espiritual, compañía y consuelo. Además, la Iglesia es consciente de que los ancianos, cada uno en la medida de sus posibilidades, tienen una misión que cumplir. Por eso les exhorta a no abandonarse al desaliento; a no desatender su responsabilidad en la transmisión del Evangelio, especialmente a sus nietos; a no dejar de ser testigos de la Esperanza que nunca defrauda; a ser testigos de una vida que siempre es don irrepetible para cuantos les rodean, signo de un amor que, lejos de disminuir, quedará sellado para siempre en la eternidad de Dios.
Conclusiones
- Las personas mayores o de la tercera edad, son un insondable y maravilloso depósito de sabiduría, son un cúmulo de experiencias que se convierten en un verdadero tesoro, privilegio para los jóvenes y cualquier integrante de una familia, que sin importar la edad pueden acercarse al abuelo y escuchar sus consejos, sus enseñanzas (cfr. Job. 12,12)
- Al tener un abuelo en la familia debemos verlo como un regalo de Dios, como una bendición. Los abuelos se vuelven los niños que hay que consentir, amar, respetar y honrar con nuestro buen trato, hacerlos sentir importantes, valiosos y dándoles el lugar que se merecen dentro de la familia (cfr. Sal. 92, 14-15)
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Guía de predicación
Julio - 2022
¿AMOR O CARIDAD? EL VERDADERO AMOR DE DIOS
Lc 6,32-36
Objetivo
Precisar el significado real de esta palabra tan gastada y desvalorizada, tan manoseada y mal usada: AMOR
Desarrollo
El Señor nos dijo en Jn 13, 34ss:
“Os doy un mandamiento nuevo: “que os améis los unos a los otros. Que, como yo os he amado, así os améis también vosotros los unos a los otros. En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os tenéis amor los unos a los otros.”
Es decir que el amar es un mandato no es una propuesta, una sugerencia o una recomendación; es un mandato. Está muy claro: “que os améis los unos a los otros. Que, como yo os he amado, así os améis también vosotros los unos a los otros.”
En el mundo oímos la palabra amor muy, muy frecuentemente; en las novelas, en las películas, en los comerciales de tv, radio, etc., siempre relacionada con una pareja o en la relación padres- hijos, hasta con el afecto que surge entre un amo y su mascota, etc. En el cine, en el teatro o en la televisión, hay muchos argumentos basados en el amor; las novelas, casi todas las novelas nos traman con el romance de dos o tres parejas, en fin, esto es lo que el mundo conoce como amor. Eso justamente: atracción, romance, coqueteo, enamoramiento, “química”, sentimentalismo, etc. Y nos ha influenciado con esta forma de amar.
Todos de alguna manera hemos sentido amor; amor como sentimiento, eso hermoso que sentimos por nuestros hijos, por papá, por mamá, por un amigo, una amiga; amores entrañables que nos llenan de alegría, de buenos recuerdos y que nos ayudan a crecer y a ser mejores personas.
El amor es una necesidad básica del ser humano, así como comer, beber, dormir, vivir bajo techo, educarse, etc., amar y ser amado es una necesidad básica para el sano desarrollo psíquico y emocional del ser humano, necesitamos ser amados y amar.
¿Pero entonces qué es amar?
Hemos encontrados muchísimas definiciones de lo que es amar o el amor. El amor no se puede definir fácilmente; lo que sí podemos decir con certeza, es que no es un simple sentimiento, ni un sentimiento simple.
Desde la perspectiva del Reino de Dios, el amor es mucho más que un sentimiento, va más allá; desde la perspectiva del Reino el amor es una decisión; una decisión que muchas veces no tiene nada que ver con lo que estamos sintiendo.
Vamos a ponerlo en los siguientes términos: Amar es HACER TODO POR EL OTRO, SIN MÉRITO NI RECOMPENSA. El mandato del Señor se refiere a un amor oblativo.
A este amor sublime, a este amor poderoso, san Pablo le llama caridad.
Veamos 1 Cor 13. (Pequeña exégesis).
Leyendo este texto bíblico nos queda un poco más claro qué es la caridad;
Ahora, qué diferencia encontramos con el amor… Básicamente que el amor arriba descrito es un amor de sentimiento; siento amor= amo, no siento amor= odio, o en el peor de los casos indiferencia.
Mientras que la caridad aquí descrita por Pablo trae un ingrediente que nos complica la vida, pero que es vital para obedecer el mandato de Jesús y ese ingrediente se llama DECISIÓN.
Algunos autores en el tema de la santidad como Juan Ruysbrock, nos ayudan a tomar esa decisión agregando un adjetivo a la palabra amor y es: OBLATIVO, amor oblativo= amor de sacrificio.
Escuchemos lo que dice Ruysbrock al respecto: “La caridad es un lazo de amor por el cual, renunciando a nosotros mismos, somos transportados a la unión con Dios, viniendo Dios a nosotros, mientras que el mero amor nos hace replegarnos sobre nosotros mismos, sobre nuestros propios gustos e interés.
“En la caridad el ser humano busca la gloria de Dios, en el amor el ser humano se busca a sí mismo y su conveniencia.”
Mientras en el amor amamos porque sentimos, cuando sentimos ese amor, en la caridad estamos tomando la decisión de amar, aunque nos cueste trabajo, a pesar de que nos incomode, etc. … es decir incondicionalmente.
Aquí es donde entendemos perfectamente a Jesús cuando nos manda “amen a sus enemigos, oren por los que los persiguen”
Escuchemos al Señor siendo un poco más específico en su Palabra: (Lc 6, 32-26) “Si ustedes aman solamente a quienes los aman a ustedes, ¿qué hacen de extraordinario? Hasta los pecadores se portan así.
Y si hacen bien solamente a quienes les hacen bien a ustedes, ¿qué tiene eso de extraordinario? También los pecadores se portan así.
Y si dan prestado solo a aquellos de quienes piensan recibir algo, ¿qué hacen de extraordinario? También los pecadores se prestan unos a otros, esperando recibir unos de otros.
Ustedes deben amar a sus enemigos, y hacer bien, y dar prestado sin esperar nada a cambio. Así será grande su recompensa, y ustedes serán hijos del Dios altísimo, que es también bondadoso con los desagradecidos y los malos.
Sean ustedes compasivos, como también su Padre es compasivo. Aquí es donde tú y yo como seguidores de Cristo debemos marcar la diferencia.
¿Quién puede sentir amor por una persona que le odia?, ¿que nos hiere, que nos lastima?, ¿que nos calumnia?, ¿que levanta un falso testimonio contra nosotros?, ¿que nos persigue y nos hace la vida imposible? ¿A nosotros o a alguien de la familia? O ¿que nos amenaza de muerte?
El mandamiento del amor me dice que yo debo amarlo(a), eso no quiere decir que yo deba sentir afecto, amor por ese enemigo, eso quiere decir que yo tomo la decisión de orar por ese sujeto, que yo tomo la decisión de bendecirlo, de hacerle el bien si puedo, de desearle la gloria eterna, desde las entrañas
Una cosa importante: NO confundamos amor con afectividad. La afectividad es una muestra de amor, una muestra que puede ser de contacto, un abrazo, un apretón de manos, un beso en la frente o en la mejilla. o Una llamada, etc., pero no necesariamente yo tengo que correr a abrazar a aquella persona que me ha levantado una calumnia, sin embargo, yo oro por ella y me comporto con ella como lo haría Jesús. Eso se llama amor de caridad o amor oblativo, amor de sacrificio. Por qué, por qué sacrificio, en todo sacrificio hay muerte, y, ¿a qué muero aquí?, pues a mí misma(o), estoy muriendo a esas ganas de devolver mal por mal, de vengarme, a ese odio de me carcome. (Esto es la cruz)
El amor oblativo es aquél en el que yo muero a mí misma(o) para entregarle al otro lo que hay de Dios en mí, para orar por esa persona, aunque más bien lo que quisiera y lo que siento son ganas de darle un puño, o de insultarlo etc., muero a lo que quiero para pasar a amarlo y a desearle o hacerle el bien. Eso es amor oblativo, caridad o amor de sacrificio.
Y ese es el amor del mandato de Jesús, amaos los unos a los otros como yo los he amado. ¿Cómo es que Él nos ha amado?... … hasta la muerte.
¿Creen ustedes que Jesús sentía ganas de abrazar y palmotear a sus verdugos?, no, claro que no, su amor inefable y extraordinario se manifestó grandemente, cuando destrozado y agónico levanta su rostro a su ABBÁ y le dice: “perdónalos, Señor, porque no saben lo que hacen”.
¿En qué lugar se hace más evidente esa necesidad de amor oblativo? En la pareja… El amor de pareja debe ser necesariamente un amor oblativo, amor de renuncia, amor de donación.
Cuando en el matrimonio se nos acaba la seducción, el coqueteo, el romance, la química, el sentimiento, en ese momento en que el esposo comienza a mirar más de la cuenta a la compañera de trabajo, o la esposa comienza a darle rienda suelta al coqueteo del vecino, o del compañero de trabajo, es en ese preciso momento en que se necesita tomar la decisión de amar. Amar a su cónyuge con amor de oblativo. ¿Por qué tomar esa decisión? porque ese hombre con el que me casé, esa mujer con la que me casé es parte del proyecto que Dios tiene para mí, porque es así como Él me ama y así es como quiere que yo ame. Cualquier otra posibilidad no está dentro del proyecto de Dios para mí.
Esta es la razón por la que el matrimonio católico es indisoluble, porque la iglesia sabe que el amor de pareja no puede depender de un sentimiento que hoy puede estar y mañana no. La iglesia sabe que una pareja que se ama con el amor de Jesucristo durará hasta que la muerte los separe.
Por último, quiero decirles que la caridad, el amor oblativo no es posible sin el poder del Espíritu Santo en ti. Solamente con una relación íntima y permanente con Dios podemos lograr el amor con el que puedo responder al mandato de Jesús. Este amor necesita del poder Divino porque con las solas fuerzas humanas no es posible. Sin el Espíritu el ser humano sólo se busca a sí mismo. En la mayoría de las veces en que creemos que estamos amando, no lo estamos haciendo, estamos amándonos a nosotros mismos en el otro.
La imagen y semejanza con Dios se la dio el Señor al Hombre en su capacidad de amar. Cada vez que yo tomo la decisión de amar, me parezco más a Dios. Entre más amemos con amor oblativo más estamos creciendo en nuestra semejanza con Dios.
Amor oblativo es el que necesitamos para perdonar, porque perdonar es una decisión, cada vez que yo tomo la decisión de perdonar me parezco más a Dios, Muero a mí misma para ir a pedir perdón o para perdonar. El perdón es la forma más perfecta del amor.
Yo quiero retarlos hoy queridos hermanos en Cristo, quiero retarlos a dejar a un lado el sentimentalismo y a que tomen la decisión de amar y pidan perdón, o perdonen, porque de esa experiencia saldrán renovadas en su imagen y semejanza de Dios.
Conclusión
Amar oblativamente es amar como Dios ama, esto es LA CARIDAD, y ese es el amor que nos mandó Cristo a dar.
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Semana del 5 al 9 de julio
AL CUIDADO DEL OTRO
Texto Base: Mateo 7, 12
OBJETIVO
Comprender que todos estamos llamados a acoger, a cuidar y a respetar la vida del otro en todas sus etapas, para ser un reflejo del amor de Dios de manera que haya un mundo más humano.
INTRODUCCIÓN
El Papa Francisco precisa que «la familia es el ámbito no sólo de la generación sino de la acogida de la vida que llega como regalo de Dios. Cada nueva vida “nos permite descubrir la dimensión más gratuita del amor, que jamás deja de sorprendernos. Es la belleza de ser amados antes: los hijos son amados antes de que lleguen”. Esto nos refleja el primado del amor de Dios que siempre toma la iniciativa, porque los hijos “son amados antes de haber hecho algo para merecerlo”» (Al 166)
Cuando hablamos de “Cuidar al otro”, nos referimos a la importancia que tiene la otra persona, cuidar al otro es una actitud de guardar, asistir, conservar, proteger su ser integral, porque es un hijo de Dios que ha recibido el don de la vida.
DESARROLLO DEL TEMA
- CUIDAR AL OTRO
La palabra “cuidar” en latín significa “cogitare” que quiere decir “pensar”. En otras palabras “cuidar al otro” es poner atención, asistir, conservar, guardar la vida, respetándola y amándola en todas las etapas de la vida.
Para poder estar al cuidado del otro, es preciso que en primer lugar nos cuidemos primero a nosotros mismos, pensando cómo me gustaría a mí que me cuidasen, como dice la Palabra de Dios “no hagas al otro lo que no quieres que te hagan a ti” (Mt. 7, 12)
Nos cuidamos a nosotros mismos cuando nos aceptamos tal y como somos, cuando no atentamos contra nuestro propio cuerpo (no accediendo a los vicios, a las impurezas, al libertinaje, al suicidio, a la depresión, etc). Cuando nos amamos porque somos hijos de Dios.
Cuando tú te amas a ti mismo, podrás dar el paso de amar al otro, de perdonarlo, levantarlo, de no juzgarlo, de ayudarlo. (cfr Mc. 12, 31; Jn. 13, 34-35))
- LA FAMILIA PRIMERA ESCUELA DE LA VIDA
- La vida fluye a través de una familia, es el lugar donde se prolonga el don del amor de Dios
- La familia está compuesta por personas iguales en dignidad. La persona se define como el culmen de la creación de Dios.
- Es en la familia donde se aprende a valorar la vida, es el lugar donde se desarrolla la persona integralmente: cuerpo, mente, alma y espíritu.
- En la familia la persona debe crecer en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y los hombres (cfr Lc. 2, 52) como lo hizo Jesús en la familia de Nazareth.
- CÓMO CUIDAMOS LA VIDA
- Cuando Cuidamos Los Pensamientos
“Cuida tu mente más que nada en el mundo, porque ella es fuente de vida” (Prov. 4, 23) No se trata solo de adquirir muchos conocimientos, se trata más bien de crecer en “sabiduría”; esta palabra viene del verbo “sapere” que significa saborear, en otras palabras, significa saborear el profundo sentido de la vida. Antes de cualquier forma para ayudar en el crecimiento del niño, lo primero es inculcar en el nuevo ser, desde el vientre, el valor por la vida. La vida es un regalo de Dios. Por tanto, crecer en sabiduría es gustar por el amor a Dios.
- Cuando Cuidamos Cada Una De Las Etapas De La Vida
- Embarazo: Es una etapa un poco difícil, pero a su vez un tiempo maravilloso. La madre acompaña a Dios para que se produzca el milagro de una nueva vida (Al 168) Dios le permite a la mujer participar de este gran misterio y regalo que es la vida (Cfr Sal 139, 13). Por tal motivo, es inconcebible que se piense en el aborto, pues ese nuevo ser tiene derecho a la vida. La familia está llamada a proteger la vida.
- Los recién nacidos e infantes: El don de un nuevo hijo, que el Señor confía a papá y mamá, comienza con la acogida, prosigue con la custodia a lo largo de la vida terrena y tiene como destino final el gozo de la vida eterna (Al 166). Comienzan a recibir todos los cuidados necesarios para que puedan crecer sanamente; tienen derecho a recibir el amor de una madre y de un padre. Es importante el amor de los dos para una maduración integra y armoniosa.
- Los ancianos: El Papa Francisco nos ha hablado muchas veces del cuidado de los ancianos. Así como Dios nos invita a escuchar la súplica de los pobres, también espera que escuchemos el grito de los ancianos. (Al 191). Dice la Palabra de Dios “No me rechaces ahora en la vejez, me van faltando las fuerzas, no me abandones” (Sal 71, 9) La familia debe despertar el sentido de gratuidad con los ancianos, erradicando la mentalidad de desprecio, intolerancia e indiferencia por la vejez. Los abuelos necesitan el afecto de su familia; ellos son los transmisores de las historias familiares de generación en generación y también fueron pioneros en la construcción de la vida familiar. Es necesario erradicar la “cultura del descarte”, el abandono o la eutanasia que va en contra de Dios.
CONCLUSIONES
- Estamos llamados a respetar la vida, reconociendo al otro igual en dignidad como una persona humana y no como un objeto. La vida tiene que ser valorada tanto la naciente como la terminal, y esto se aprende desde el seno de la familia, porque ella es “santuario de la vida”, donde el amor será la fuente más importante para cumplir con esta labor.
- Acoger la vida en cualquier condición y hacerla crecer en todos los aspectos fundamentales, es una responsabilidad que todos tenemos para generar una sociedad más humana.
- Cada vida humana es un don sagrado de Dios, que hay que cuidar, respetar y valorar, en esto se reflejará el amor de Dios, en que seamos continuadores de la vida.
