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FUNDACIÓN HOMBRES Y MUJERES DE FUTURO
Guía de Predicación Agosto 24 al 29 - 2026

COMO NOÉ, OBEDECER ANTES DE VER LA LLUVIA

La Pronta Obediencia a la Palabra de Dios.

1 Samuel 15, 22; Juan 14, 20-24.

Objetivo

Comprender que la obediencia a la Palabra de Dios pide levantarnos para hacer lo que él nos indica sin que le pongamos objeciones, y confiando en que Él mismo nos capacita  y nos envía para hacer su voluntad; por ello la obediencia debe ser inmediata.

Introducción

Tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento encontramos negativas o desobediencias por parte de las personas llamadas por Dios para cumplir el mandato ordenado. En el A.T., entre muchos personajes, tenemos como ejemplo la desobediencia del Rey Saúl. El Nuevo Testamento también nos muestra la negativa de algunos para cumplir con el llamado de Dios. Jesús nos enseña a obedecer con y por la Ley del Amor. (Mc 12, 28-33).

Desarrollo

En el Antiguo Testamento, (1 Sam 15, 22) nos narra la desobediencia del Rey Saúl a la orden de Dios. Cuando el pueblo de Israel enfrentaba una guerra, el pueblo tenía prohibido quedarse con algún objeto o animal del enemigo vencido. A esto se le llamaba pecado de anatema. El rey Saúl permitió que el pueblo se quedara con el ganado del enemigo, justificando que era para ofrecerlo en sacrificio a Yahvé. Por esta desobediencia el Rey Saúl es rechazado por Dios, y por medio del profeta Samuel le dice: “Acaso se complace Yahvé en los holocaustos y sacrificios tanto como en la obediencia a la Palabra de Yahvé?  Mejor es obedecer que sacrificar, mejor la docilidad que la grasa de los carneros”…

La obediencia y el amor que Dios pide para sí, no puede ser sentimentalismo puro y estéril, ni permite al pueblo quedarse en un estado cómodo de privilegio y pasividad, sino que impulsa a un actuar constante y a una práctica eficaz, como signos auténticos del verdadero amor de Dios.

En el Nuevo Testamento, Jesús nos da un Mandamiento nuevo: El del Amor. “El que tiene mis mandamientos y los guarda, ese es el que me ama; y el que me ame, será amado por mi Padre; y yo le amaré y me manifestaré a él…Si alguno me ama, guardará mi palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada en él” (Jn 14, 21- 23). Guardar la Palabra de Jesús nos permite ser morada del amor Trinitario. El amor de Dios es el fundamento de la esperanza, el es un Padre que nos ama, y con ese amor podemos amarlo como Jesús lo ama con amor obediente y humilde, amor de entrega total y de servicio al mundo. Y ese amor nos capacita para amar a los hermanos como hijos de un mismo Padre y para guardar, meditar y tener muy presente Su Palabra, como lo hizo María (Lc 2,19).

Dios ama y siempre es fiel a su amor, pero nuestro amor humano con frecuencia falla a ese grande amor. “El Señor conoce la condición humana. Sabe de qué estamos hechos” (Sal 103, 14), por esa razón, el amor gratuito con que Dios ama se reviste de misericordia, de piedad, de compasión y lleva consigo un constante llamamiento a levantarse, a convertirse, a recomenzar el camino del amor, de la fidelidad y de la obediencia.

Conclusión

El amor Divino no está lejos de nosotros, sino que reside en nuestro corazón, en lo más intimo de nuestro ser. El amor del Padre y del Hijo, que es el Espíritu Santo, viene a habitar en nosotros como en su santuario personal. Y de esta manera ungidos con el amor Divino, podemos amar al Padre, a Jesús y al Espíritu Santo, y en seguida a nuestros hermanos.

Taller

  • ¿Qué objeciones tenemos para cumplir el mandato del amor?
  • ¿Tenemos temor a desacomodarnos para aceptar la misión que Jesús nos entrega?
  • ¿Qué miedos o inseguridades radican en nuestra mente, que impiden la pronta obediencia a la voz de Dios?

Textos de apoyo

(1ª Jn 2; 3; 4, 8-10) (Dt 6, 4-6)