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FUNDACIÓN HOMBRES Y MUJERES DE FUTURO
 Guía de predicación  septiembre 21 a 26 - 2026

CUANDO EL PAN DE VIDA SE VUELVE COSTUMBRE
 
  (Jn 6,51) ( Cor11, 27-29)
 

Objetivos

  • Tomar conciencia de que la Eucaristía no es un rito vacío y no puede ser una costumbre; es el encuentro real con Cristo en el memorial de su sacrificio por cada uno de nosotros.
  • Tomar una actitud nueva para salir renovados después de habernos acercado al altar con verdadero arrepentimiento y gratitud.
  • Reconocer que la Eucaristía es un milagro; el problema es que nos hemos acostumbrado a él. Se nos volvió rutina, perdimos el asombro por el cuerpo y la sangre de Cristo reales en cada sacrificio del altar.

Desarrollo
 
 1 Cor. 11, 27-29. La costumbre mata la reverencia
 

 “Por tanto, quien coma el pan o beba el cáliz del Señor indignamente, será reo del Cuerpo y de la Sangre del Señor. Examínese, pues, cada cual, y coma así del pan y beba del cáliz. Pues quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propio castigo.”
 
 Cuando se asiste a la iglesia, si no se profundiza en el misterio central de nuestra fe “la Eucaristía”, existe el riesgo de acostumbrarnos al Misterio Eucarístico y perder el asombro ante lo más sagrado, reduciéndolo a algo rutinario o automático.
 
 Esta rutina espiritual puede vaciar de sentido la celebración y quedarnos sin la experiencia del pan de Vida. Tenemos que evitar caer en una actitud meramente formal como advierte el Papa Francisco, “como piedras de museo”. La Eucaristía es presencia real de Cristo, Juan 6,51 dice: “yo soy el pan vivo bajado del cielo” No es un símbolo vacío, y por ello exige una participación consciente, activa y abierta al Espíritu Santo.
 
 Estamos llamados a vivirla en unidad, con fe y con una actitud auténtica que recupere la adoración y permita un verdadero encuentro transformador.
 
 Por eso, la Palabra nos exhorta con claridad a tomar conciencia de la manera en que nos acercamos a este misterio. Participar sin el debido discernimiento del Cuerpo del Señor es tomar a la ligera lo que es vital para el creyente. Por eso, se nos llama a una actitud de conversión, recogimiento interior y fe auténtica antes de comulgar. La Eucaristía no puede ser un trámite más del domingo.
 
 Cada uno está llamado a examinar su interior antes de acercarse a la mesa del Señor, revisando con sinceridad su relación con la familia, los hermanos y con la comunidad. Este discernimiento no es solo personal, sino también comunitario, porque no se puede vivir la Eucaristía sin comunión real con los demás. En medio del ruido cotidiano, es necesario aprender a escuchar a Dios, dejándonos tocar por el silencio del Espíritu Santo que nos renueva y nos libra de caer en una fe rutinaria.

La Eucaristía tiene la fuerza de convocarnos a todos, sin importar nuestras circunstancias o etapas de vida, porque en ella es Cristo mismo quien se hace presente. No es un recuerdo ni un signo vacío, es Jesús vivo que se nos da, y por eso estamos llamados a dar testimonio con nuestra vida de esa presencia real que transforma.
 

Conclusiones

  • La Eucaristía no es rutinaria; es eterna, pues el misterio de Cristo nos une en el amor que transforma el corazón, sacrificio único y eterno.
  • Estar en gracia de Dios para poder comulgar y ser ciudadano del cielo.

Taller

  1. ¿Cómo es actualmente mi relación con los demás miembros de mi comunidad, y qué necesito sanar o mejorar antes de acercarme a la Eucaristía?
  2. En medio de mi vida diaria, ¿estoy dedicando espacios reales para escuchar a Dios y dejarme guiar por el Espíritu Santo, o estoy cayendo en la rutina?
  3. Cuando participo en la Eucaristía, ¿lo hago con fe y conciencia de la presencia de Cristo, o desde la costumbre, la distracción o una actitud crítica?


 Textos de apoyo

(He 2:21–36) (Romanos, 10:9) (Filipenses, 2:11.)