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Fundación Hombres y Mujeres de Futuro
Tema asamblea virtual octubre 14 - 2026

Y LA VERDAD LOS HARÁ LIBRES 

(Jn 8,31-36)

Decía, pues, Jesús a los judíos que habían creído en él: «Si ustedes permanecen en mi palabra, serán verdaderamente mis discípulos, y conocerán la verdad y la verdad los hará libres.»

Ellos le respondieron: «Nosotros somos descendencia de Abrahán y nunca hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: sereis libres?» Jesús les respondió:

«En verdad, en verdad les digo: todo el que comete pecado es un esclavo.» 

Objetivo

Entender que nuestra más grande esclavitud no es externa sino interna y que la verdadera libertad solo se da por una relación de permanencia con Cristo, que es la verdad.

Introducción

“La Revelación enseña que el poder de decidir sobre el bien y el mal no pertenece al hombre”. (Encíclica de JP II, Veritatis splendor # 35)  

Gen 2,17: Dios impuso al hombre este mandamiento: «De cualquier árbol del jardín puedes comer, mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás, porque el día que comieres de él, morirás sin remedio.»

Esta «ciencia» es un privilegio que Dios se reserva para Él, negándole al ser humano el poder de decidir por sí mismo lo que es bueno y lo que es malo, y de obrar en consecuencia. Lo que pretendía el creador era protegernos precisamente de caer en el pecado de la soberbia por creer que seríamos capaces de decidir qué está bien y qué está mal. Y cuánta razón tenía el Creador: hoy llamamos bien a lo que está mal y mal a lo que está bien. Hoy está bien que una mujer quiera acabar con la vida de su hijo por nacer, y está mal que un médico se niegue a cometer ese crimen.

Desarrollo

Vamos a desmenuzar nuestro pasaje bíblico para poder entender un poco más lo que el Señor nos está hablando.

Decía, pues, Jesús a los judíos que habían creído en él: «Si ustedes permanecen en mi palabra, serán verdaderamente mis discípulos, y conocerán la verdad y la verdad los hará libres.»

Miremos en primer lugar el contexto: Jesús no les está hablando a ateos, dice esto a personas que ya habían creído, estaban como en un proceso de conversión en Él, como diciéndoles: creer no es suficiente, tienen que permanecer, que en griego la palabra es meno y quiere decir quedarse, habitar, hacer casa en mi Palabra. (vivir en la Palabra de Dios)

  • Serán verdaderamente mis discípulos

Solo si permanecemos en su Palabra seremos verdaderamente sus discípulos. Ser discípulo de Cristo es seguirlo, declararlo como su maestro, obedecerle y así le conoceremos. No se le conoce y se le obedece; no, se le obedece y así le conocemos.

  • Y conocerán la verdad.

¿A qué verdad se refiere Jesús? Pues no es a lo que para el mundo es la verdad que se refiere a datos correctos o ciertos. La verdad en la Biblia no es una idea, es una persona, es Cristo mismo, tal y como Él nos lo dio a conocer cuando dijo, entre otras cosas, yo soy la verdad. (Jn 14,6)

Entonces conocer la verdad es conocer a Cristo íntimamente; si llegas a conocerle así, Él te hará libre. La verdad no es algo que aprendes, es Alguien a quien conoces.

¿Por qué Cristo es la verdad?

Porque Él es la Palabra del Padre que se hizo carne. En la introducción del Evangelio de Juan (Jn1,1) se nos dice que:

“En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba junto a Dios y la Palabra era Dios”

Otras versiones dicen:

“En el pricipio era el verbo y el  verbo estaba con Dios y el verbo era Dios”

Verbo y Palabra en este caso son sinónimos. 

Esta Palabra que en griego se dice LOGOS, se refiere a Jesucristo como la expresión, y el pensamiento de Dios. Cristo como Palabra viva que expresa el pensamiento de Dios.

Así las cosas, todo lo que nos dice Jesús en el N.T. y todo lo que hizo, su forma de enseñar, de sanar, de perdonar, de amar sin medida,  es el pensamiento y la voluntad del Padre, por eso Cristo es la VERDAD, y la verdad los hará libres.

¿De qué te libera Cristo?

Ellos le respondieron: «Nosotros somos descendencia de Abrahán y nunca hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: seremos libres?»

Jn 8:34 Jesús les respondió: En verdad, en verdad les digo: todo el que comete pecado es un esclavo.

Aquí esta la gran revelación: puedes estar fuera de la cárcel, creer que eres libre y ser esclavo de tus pasiones, del alcohol, de las drogas, del rencor, del odio, de tu propio carácter violento. Esa no es la libertad de la que habla El Señor, esa es la libertad que te ofrece el mundo y que te esclaviza completamente. La libertad que te ofrece Cristo es el poder para NO hacer lo que te destruye.

Lo que te está diciendo el Señor hoy es: Yo soy la verdad y si habitas en mí voy a romper esas cadenas que te esclavizan y que muchas veces ni sabes que las tienes.

Creemos que somos libres cuando somos nuestros propios jefes y nadie nos dice qué hacer. No, no eres libre cuando nadie te dice qué hacer; eres libre cuando el pecado ya no te dice qué hacer, cuando el pecado no tiene la última palabra en ti. Cuando en medio de una tentación puedes decir no, tomar la decision de no hacelo. Has tomado libremente la decisión de no agredirte o no agredir a otro y eso es amar y solo ama quien es libre.

Libertad: para el mundo, es la facultad natural de obrar o no obrar según la propia voluntad.

Autonomía: Capacidad de gobernarse a sí mismo, mediante normas o criterios propios. No estamos hablando aquí de la autonomía de una persona para valerse por sí sola, sino de la capacidad de GOBERNARSE a sí mismo.

Pues es exactamente a esto a lo que se refiere el pasaje que estamos viendo: Dice el Señor “Si permanecen (si hacen casa) en mi Palabra”... es decir, quien hace casa, quien habita en la Palabra de Dios, no se gobierna a sí mismo con sus propios criterios sino con la verdad, con los criterios de Dios, de Cristo que es la Palabra del Padre. Es por esta razón que nosotros les insistimos tanto en la lectura y la meditación de la Palabra de Dios. ¿Cómo vamos a saber cuál es el pensamiento de Dios si no leemos y meditamos SU PALABRA?

La libertad es el gran don dado por Dios a todas las personas, para la plenitud del ser. (Documento de Aparecida # 111).

Libertad no es la capacidad de hacer lo que a uno le venga en gana, sino la capacidad dada al hombre para realizarse en comunión con Dios. La verdadera realización del ser humano está en Dios.

La libertad permite al ser humano alcanzar su máxima grandeza o su máxima degradación.

Desapego y libertad 

Mucho se nos habla en la Palabra de Dios sobre trabajar por las cosas de arriba, de no acumular cosas materiales, sino de buscar los tesoros del cielo. Pues es que el Señor sabe que en la medida en que tú posees cosas, personas, estás siendo poseído, y cuando algo o alguien nos posee, no somos libres. Debemos poder disfrutar de las cosas sin depender de ellas.  La relación posesiva con otras personas degrada su dignidad. (Ej: El machismo. El esposo que no le permite a su esposa trabajar, salir sola, que se corte el pelo.) 

Entre más cosas poseas menos autónomo y menos libre eres, pues por estar cuidando tus posesiones, pierdes tu libertad. Así cuando tú crees que eres libre, realmente eres esclavo de todo lo que posees. El padre Ignacio Larrañaga nos habla en casi todos sus libros sobre el ser libre y respecto a esto, dice de Jesús: “NUNCA NADIE TAN LIBRE, PORQUE NUNCA NADIE TAN POBRE”

La clave es el desapegarse de todo y de todos, menos de Dios.

Quien es verdaderamente libre es verdaderamente dueño de sí mismo, y sólo quien es dueño de sí mismo puede decir sí a Dios.

Tal como lo hizo la santísima Virgen María. Fuera de Jesús, pocos testimonios tan claros en el N.T. sobre ser dueño de sí, como el de María, La Madre del Señor. Una joven de unos 15 años tan dueña de sí, tan llena de la vida de Dios, tan entregada a hacer su voluntad, que ante un encargo de tal envergadura como el de ser la Madre del Hijo de Dios, no tuvo ningún reparo en decir: !Hágase en mí según tu palabra! Un SÍ que resuena y resonará en el mundo por siempre.

La libertad no consiste en estar fuera de una cárcel

Muchas personas, después de pasar años secuestrados o presos, aseguran que la verdadera libertad está en nuestro interior, en nuestro corazón. Reconocen que aceptando con esperanza las circunstancias que no hemos elegido sino que la vida nos impone, todos podemos ser libres. 

Tampoco es cierto completamente que libertad sea la capacidad que tenemos de elegir, pues hay cosas que no elegimos y que aceptamos, como por ejemplo la familia en que nacimos, el país donde nacimos o algunas circunstancias que la vida nos impone pero que aceptamos con esperanza.

La libertad interior.

El hombre tiene un espacio interior que es inviolable y que le permite mantener un amor o una creencia “contra viento y marea”: nunca podrán obligarme a amar u odiar a nadie; en ese espacio interior no es posible la coacción. 

Los grandes enemigos de la libertad, por oponerse al amor, son el egoísmo y la codicia. Y son estas dos  las que te llevan a poseer y poseer, cosas y más cosas, cosas que te quitan radicalmente la libertad.  El egoísmo y la codicia no son la verdad, son lo opuesto a lo que nos enseña la Palabra de Dios respecto a salir de nosotros mismos y a la generosidad.

Conclusión

Aquellos que piensan que ser libre es no recibir órdenes de nadie y hacer lo que quieren, no se han dado cuenta que todos los seres humanos obedecemos a algo o a alguien. Todos tenemos un ídolo que gobierna nuestra vida. Para unos es el dinero, para otros el poder, para otros cuantos los placeres; a otros los gobierna el qué dirán que los lleva a vivir de apariencias y para otros, el trabajo. Al respecto les dejo aquí una frase de Sigmund Freud, médico neurólogo creador del psicoanálisis que dijo una vez: “he conocido mi tirano y a su servicio, no he tenido límites”. Su tirano era el trabajo. ¿Conoces tú, cuál es tu tirano? ¿Qué o quién gobierna tu vida?

El único capaz de guiar tu vida siendo tú absolutamente libre, es Cristo, pues Él es la verdad y la verdad nos lleva a la libertad y ésta, a la plenitud total que es Dios.  No existe verdadera libertad humana si el hombre no es libre en Dios.   

Oración

Pidamos al Espíritu Santo que nos muestre, que nos revele cuál es nuestro verdadero tirano y entonces, con la gracia de Dios podremos trabajar en él para ser verdaderamente libres.