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Comunidad Hombres y Mujeres de Futuro
Guía de Predicación- abril 7 - 2021

¿Muchachos no tenéis pescado?

Juan 21,1-19

Objetivos

Sumergirnos con la Asamblea en este hermoso texto comprender y hacer comprender que Jesús resucitado puede cambiarnos, como cambió la vida de Simón Pedro quien fue atraído por su figura irresistible. Pedro abandonó lo suyo y se entregó sin condiciones. Arrebatos, generosidad e imprudencias son los tres hilos de su existencia, pero que puestos en las hábiles manos del ARTESANO DE NAZARET tejen la vida más armoniosa donde los contrastes no chocan, sino que se complementan.

Como Pedro al lado de Jesús podremos aprender a vivir, conocernos y aceptarnos.

Introducción

Acabamos de vivir una nueva Semana Mayor y ahora celebramos la resurrección de nuestro Señor Jesucristo. Vivamos con Pedro y sus hermanos en Cristo, los discípulos de Jesús esta nueva Pascua del Señor en nuestra vida.

Hacía tres años que Jesús de Nazaret había llamado al pescador de Cafarnaúm para hacerlo “Pescador de Hombres”. Ahora el Señor resucitado que tiene todo poder en el cielo y en la tierra va a cambiar completamente la función de Pedro. De hoy en adelante será “Pastor del Rebaño”.

Pedro llega a ser pastor, porque fue oveja del Pastor de pastores. Formado en la escuela de la comunidad, es el maestro del rebaño de Jesús. Deja las redes de pescador para comenzar a pastorear y enseñar. Su misión es dar la vida y como buen pastor entrega la suya. Pedro ama las ovejas porque ama a Jesús, Dueño del rebaño.

Ciertamente no es “el discípulo amado”, pero nadie va a negar que sea “el discípulo que ama”. Tampoco es “el discípulo fiel”, pero nadie como él puede ser testigo por experiencia de la fidelidad de Jesús.

Simón Pedro es un hermoso regalo de Dios a toda la Iglesia, gracias a su relación personal, intima y profunda con Jesús es un espejo que transparenta el fondo del corazón humano y refleja a todos los discípulos y pastores del rebaño de Jesús.

Mas, el pescador y pastor nunca esta solo, Pedro esta siempre en comunión con Jesús, y a través de Él con todo lo que Jesús ama. Primero, discípulo de un Maestro que forma a los futuros maestros en la aventura de la comunidad; luego, pastor del rebaño como es la iglesia.

Contenido

1. Los discípulos vuelven al mar en la noche

El evangelista muestra a un grupo de siete discípulos que después de la Cruz del Maestro vuelven a su antigua profesión. Ellos no van para adelante en la misión, sino que echan para atrás, como antes de ser llamados por el Señor. La sombra del silencio se extiende sobre el fracaso.

Los discípulos descubren, además, que hacer comunidad no es simplemente “estar juntos” sino hacer una dinámica interna: llegar a ser realmente “comunidad de amor” que “centra” y al mismo tiempo “irradia” el punto de unión que es Jesús confesado como “El Señor”, quien ejerce su Señorío en la Palabra y en la nutrición Eucarística, signo de vida abundante, reconciliación y fraternidad.

Bajo el liderazgo de Pedro, hay un intento de hacer comunidad, pero el vacío se siente: sin el Maestro no tiene sentido. Los discípulos no tienen proyecto, van simplemente donde la buena iniciativa del líder los lleve: “‘Voy a pescar’. Le contestan ellos: ‘También nosotros vamos contigo’”. En realidad, sin Jesús, andan sin orientación y sin resultados. La prueba es que la noche de trabajo se vuelve inútil.

Durante la noche no pescan nada. Cuando va llegando el fin de la noche también se van yendo las esperanzas de una buena pesca.

2. Jesús “está allí” y guía a los discípulos

En ese momento crítico, cuando el sol ya se ha levantado, cuando se siente amargamente la frustración de una noche perdida, el evangelista anota: “Estaba Jesús en la orilla.

Jesús está con sus discípulos no solamente en los momentos buenos y alegres de la vida sino también a la hora de la dificultad. También lo estará en medio de sus persecuciones y de la muerte. Jesús estará siempre allí.

Pero los discípulos no lo reconocen, hace falta un signo: Comienza entonces la “manifestación” por iniciativa de Jesús: “Muchachos, ¿no tenéis pescado?”. (Ya no son sus siervos son sus hermanos Jn 21 17) Los llama con una frase amable que bien podría sonar así: “Mis queridos hijitos”. De forma más o menos parecida los había llamado a la hora de la despedida, cuando sus corazones estaban desanimados por la inminente separación (ver 13,33).  En cuanto Resucitado, Jesús no se ha separado de ellos, permanece unido a ellos con amor y trato afectuoso.

La respuesta a la pregunta, evidentemente, es negativa. Entonces Jesús les da instrucciones precisas y devuelve la esperanza anunciándoles una pesca abundante.

Ellos le creen a su Palabra y obtienen un resultado impresionante: las redes quedan repletas de peces. Los discípulos han hecho esto repetidamente toda la noche. Jesús manda a lanzar la red una sola vez. Pero esta vez es diferente: es una orden del Señor.

La experiencia demuestra a los discípulos que sus logros no se deben a sus esfuerzos personales sino a la manifestación del poder de la Palabra de Jesús.

Comienzan entonces las reacciones de los discípulos. Se destaca particularmente la del Discípulo Amado y la de Pedro:

  • El discípulo que Jesús amaba reconoce al Señor: “¡Es el Señor!” (21,7a). Así como en la mañana de Pascua, junto a la tumba vacía, también ahora el discípulo que Jesús amaba es el primero en reconocer a Jesús con una gran sensibilidad de fe.  Y no sólo lo reconoce sino que se lo comunica a Pedro.
  • Pedro quiere llegar de primero donde Jesús: “Cuando oyó ‘es el Señor’, se puso el vestido y se lanzó al mar” (21,7b). Pedro no se aguanta. No ve la hora de llegar hasta donde Jesús. Se olvida de todo: los pescados, la barca, los otros discípulos y se lanza en dirección de Jesús en medio de las aguas frías de la mañana. Si acaso tiene tiempo para ponerse la ropa para llegar digno donde su Señor.

3. Jesús invita a comer a los discípulos: “Venid y comed”.  El don de la comunión plena con el Resucitado

Estando todos ya en la orilla, Jesús los invita a compartir con Él la primera comida del día. Les ofrece un pez a la parrilla y pan.  Por instrucción de Jesús, los discípulos también hacen su aporte con lo recién pescado.

En esta comida cada uno aporta lo suyo, pero el don de Jesús es superior, porque –al fin y al cabo- todo proviene de Él.

Justo a la hora del compartir se hace el conteo: los peces suman “ciento cincuenta y tres”.  Por tercera vez el relato subraya la “abundancia de peces”.  Sólo que esta vez hay un número preciso. ¿Cómo entender este número?  Lo mejor quizás sea verlo simple y llanamente como una forma de indicar -con un detalle real- la abundancia de la pesca. 

Finalmente, en la acción de Jesús en la orilla hace que lo vivido en alta mar encuentre su sentido.  La comunidad reunida en torno a Él en la playa escucha la última instrucción: “Venid y comed” (21,12).

Notemos cómo, en última instancia, todo ha sido conducido por el protagonismo-Señorío de Jesús, lo que notamos en los sucesivos imperativos: (a) “Echad la red”; (b) “Traed algunos de los peces”; y (c) “Venid y comed”.  Con los últimos imperativos la progresiva atracción a Jesús llega al máximo.

Y, entretanto, un silencio que habla: “Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle ‘¿Quién eres tú?’, sabiendo que era el Señor”. De nuevo, como al principio, vuelve el ambiente de silencio, ninguno de los discípulos dice ni una sola palabra. Pero no ya es el silencio amargo del escándalo de la Cruz, sino el silencio que reconoce una presencia viva, que acoge la identidad del Maestro, que satisface la interpelación del corazón.

Ahora que Jesús ha resucitado, Jesús rescata a sus discípulos de la noche de una ausencia que nunca ha sido tal y atrae a su comunidad a una comunión más profunda con Él.  En este comer juntos Jesús es para ellos más que nunca “el pan que da la vida” plena y resucitada.

Conclusión

Como Pedro debemos prepararnos para el encuentro con Jesús: él estaba desnudo (no le importaba nada). Pero cuando el discípulo amado le dijo “es el Señor” se vistió: volvió a tomar su dignidad, su posición, su valor, se colocó el vestido para acercarse y escuchar a Jesús. Pedro nadó y llego primero a Jesús y encontró un fuego encendido con un pescado encima y un pan.  Este fuego encendido representa el fuego del Espíritu Santo para encender de nuevo su vida en el fuego del amor de Dios: su corazón volvió a abrirse al Señor.

Cuando llegaron los demás de la barca Jesús tomo el pan en sus manos y el pescado y los discípulos volvieron a ser uno con El.

Si hasta ahora habíamos encontrado a Pedro a las orillas del mar con sus redes, ahora va a ser diferente.  Cambiará la barca de pescador por el cayado de pastor. Abandonara definitivamente las redes y colgara las sandalias de pescador en un rincón de su casa. Pedro ya no es pescador. Ahora comienza la mejor etapa de su vida: maestro y pastor que apacienta el rebaño de Jesús.

Taller

  1. ¿Qué implica la experiencia de la resurrección de Jesús para la vida de quien lo sigue?