• hambre.jpg
  • limpios.jpg
  • lloran.jpg
  • mansos.jpg
  • misericordiosos.jpg
  • paz.jpg
  • perseguidos.jpg
  • pobres.jpg

 

FUNDACIÓN HOMBRES Y MUJERES DE FUTURO
GUÍA DE PREDICACIÓN

Diciembre 5 – 2018

Caminando de la mano de María

(Lc 1,26-38)

Objetivo

Aprender de la mano de María de Nazaret a recorrer nuestro camino en el Señor, para llegar nosotros también a “dar a luz” al Redentor a quienes nos rodean y a muchos más, en la medida en que nos demos a la misión que nos dio el Señor de ir a todas las gentes y hacer discípulos suyos.

Introducción

El próximo ocho de diciembre celebraremos la solemnidad de la inmaculada concepción de María. Esto nos ha animado a mirar cuál fue su actitud para dar cumplimiento a la voluntad de Dios para ella y para el mundo.

Desde el día en que el Papa Pío IX proclamó el dogma de la “Inmaculada Concepción”, en 1854, esta solemnidad quedó inserta en pleno Adviento, y con razón, puesto que la Inmaculada prepara el Advenimiento del Señor; ella, la concebida sin pecado en el seno de su madre; ella, la llena de gracia, porque estaba destinada a ser la Madre del Salvador.

Desarrollo

  • En el libro del Génesis, (1, 26) se nos narra cómo el ser humano ha sido puesto por Dios como el centro de su obra creadora.
  • Que a pesar de esto el hombre no quiso dialogar con su Creador, ni creer en su palabra, rebelándose contra su plan de vivir en íntima comunión con Dios y con los demás.
  • Que el hombre quiso un futuro distinto e hizo mal uso de la libertad que Dios le dio.

Crea entonces Dios su plan de salvación, enviando a su Hijo al mundo a través de María, su elegida para tal misión.

A partir del momento en que el ser humano hace mal uso de su libertad, la historia se convirtió en “teatro de una lucha tremenda contra las potencias de las tinieblas, lucha que durará hasta el último día” (retomando las palabras de Juan Pablo II). De ahí que la vida en el Señor esté caracterizada por el combate, por el conflicto, por el esfuerzo para conseguir el bien y lograr la unidad interior en Dios.

Sin embargo, nuestra fe hoy proclama que, con la venida de Cristo a la humanidad a través de María, este combate tomó un nuevo rumbo y llegó a su fin con la victoria del Señor.

Es en este escenario donde emerge con mayor esplendor la figura de María. Desde su inmaculada concepción, María alcanza el punto más alto como hija de Dios en su imagen y semejanza. María es signo de la victoria de Dios sobre el mal y por eso ella nos ayuda en nuestra lucha cotidiana contra lo que se opone al Evangelio y a la construcción de un mundo que sea reflejo del Reino de Dios, porque para eso, así como ella, también nosotros fuimos llamados.

Respuesta libre y amorosa a las palabras del ángel

Hágase en mí según tu palabra” Una vez que María escucha al ángel y le comunica su inquietud, ella simplemente se dona de lleno al Señor, le entrega su libertad y su voluntad para hacer única y exclusivamente la voluntad de Dios. Le entrega a también todo su amor, su fidelidad y su obediencia.

María supo acoger la gracia: la hizo crecer dentro de ella, apoyándose en la Palabra del Señor, declarándose su sierva y convirtiéndose así en discípula perfecta de Jesús. Fue así como María permitió que la gracia invadiera la historia del mundo y creara aquella humanidad renovada de la cual ella es el modelo perfecto.

Conclusión

Así pues, adentrarnos en el misterio que celebraremos el próximo ocho de diciembre, nos da fuerza interior en nuestro caminar, muchas veces incierto y oscuro, nos da una nueva luz sobre el sentido de la historia, nos llena de esperanza para vivir los momentos difíciles que nuestro país y el mundo están viviendo.

Pidamos al Señor, que de la mano de María podamos recorrer nuestro camino en Cristo, y acogiendo la gracia del Espíritu Santo, nos declaremos sus siervos y permitamos que se siga instaurando el Reino de los cielos en la tierra.

Taller

  • ¿Qué enseñanza te deja la entrega incondicional de María, Madre de Dios?
  • ¿Cuál fue la obra que pudo llevar a cabo Dios por la respuesta de María?

Bibliografía

Tomado de la lectio divina del padre Fidel Oñoro del  Evangelio de Lucas del 8 de Diciembre de 2008.