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Cuando no hay esperanza, no dudes 

Rm 4, 18-21 

Dios es nuestro guía y nuestro camino, si confías en él, siempre te devolverá la esperanza de lo que ves ya perdido, no te limites, ten fe que su grandeza cumplirá tus deseos.

Si hacemos un recorrido por la Biblia, encontramos que a lo largo de ella se repiten con frecuencia los ejemplos de personajes que como Abraham, por sus características humanas, eran los menos indicados para desempeñar la misión que Dios les tenía preparada. Moisés, tartamudo, y Dios lo escogen para guiar al pueblo; Jeremías, joven inexperto se convierte en un gran profeta; David, siendo un simple pastor es elegido por Dios para ser rey de Israel; y así muchos más. La característica común en todos ellos es que confían plenamente en el poder de Dios como vencedor de sus limitaciones para realizar su obra. 

En esta cita, Pablo nos muestra cómo fue la fe de Abraham para que podamos seguir su ejemplo cuando no se dejó vencer por la fuerte presión de la realidad, contrario a esto, se creció ante ella para dar gloria a Dios. Nosotros como creyentes, debemos seguir su ejemplo, mirar serenamente la realidad, aceptarla en lugar de desconocerla y confiar en Dios sin poner límites a su omnipotencia, con la seguridad de que quien creó todas las cosas, hizo padre a Abraham siendo un anciano y tiene el poder para cumplir lo que promete, nunca nos fallará. 

Analicemos una a una las actitudes que describe Pablo en su carta, de Abraham 

1. Espera contra toda esperanza

En el libro del Génesis leemos: “Cuando Abraham tenía noventa y nueve años, el Señor se le apareció y le dijo “...te daré una descendencia muy numerosa”, “...tú serás el padre de una multitud de naciones”. Su primera reacción fue de incredulidad por su edad y por la de Sara, pero a pesar de eso “cayó con el rostro en tierra” en señal de adoración a Dios y aceptación de su Palabra. Dio una muestra inmensa de fe, al esperar contra toda esperanza, puesto que la razón lo llevaba a pensar que la promesa de Dios era un imposible, pero dejó de lado sus razonamientos humanos y confió en Dios. Jesús advirtió a los apóstoles horas antes de ser crucificado: “...en el mundo tendrán que sufrir; pero tengan valor: yo he vencido al mundo” (Jn 16, 33). Y es Él a su vez, el mejor ejemplo para esperar contra toda esperanza, en la cruz, cuando parecía que todo estaba perdido, se dio el triunfo más grande de la historia. 

La esperanza es el único apoyo que nos sostiene cuando estamos viviendo momentos de dificultad y grandes pruebas. No podemos dejar de luchar, con la esperanza en Dios lo podemos todo, aún en los días oscuros y difíciles de la vida. Bien nos dice Isaías: “¡Sean fuertes, no teman: ahí está su Dios!... él mismo viene a salvarlos!” (Is 35, 4), y también “los acompañarán el gozo y la alegría, la tristeza y los gemidos se alejarán” (Is 35, 10b). 

2. Es firme en la fe 

La fe de Abraham se ajusta a la definición que da la carta a los Hebreos: “…fe es la plena certeza de las realidades que no se ven”, y es un ejemplo para la fe cristiana suscitada por Dios. Aunque para él era un imposible lo que Dios le prometía, creyó. Si todos los cristianos acogiéramos sin condiciones la Palabra de Dios, dotaríamos al mundo de un poder sobrehumano, porque cuando la fe es fuerte y firme, nos libera de gran parte de nuestras limitaciones. Además, cuando tenemos en todo momento de nuestra vida presente al Señor no tememos pesadillas ni obstáculos, sino que andamos por el camino de la vida con paso ligero y con alegría, aunque sea duro. El vivir por la fe hace que aunque estemos llenos de problemas, siempre tenemos salida; si tenemos preocupaciones no nos desesperamos; “nos persiguen pero no estamos abandonados y nos derriban pero no nos destruyen”, como dice Pablo en la segunda carta a los Corintios. 

El Documento de Aparecida, hablando de la pastoral urbana, afirma que por la fe reconocemos que Dios vive en las ciudades en medio de las alegrías, anhelos y esperanzas como también en sus dolores y sufrimientos, y que las situaciones de violencia, pobreza, individualismo y exclusión no pueden impedirnos que busquemos a Dios en estos ambientes. 

Y finalmente, “...la fe de ustedes, una vez puesta a prueba, será mucho más valiosa que el oro perecedero purificado por el fuego, y se convertirá en motivo de alabanza, de gloria y de honor…” (1 Pe 1, 7). Lo que significa que las pruebas y dificultades producen en el creyente efectos maravillosos que de otra manera no se lograrían. 

En contra de lo que podríamos pensar, la fe no se puede desarrollar ni crecer si la persona confía excesivamente en sus propias capacidades, al contrario, la debilidad, la impotencia y la incapacidad nos llevan a reconocernos necesitados de Dios y a esperarlo todo solamente de Él, lo que conocemos como pobreza de espíritu. 

3. Glorifica a Dios

¿Qué es glorificar a Dios? Es darlo a conocer a otros, y ¿cómo se hace? Además del ejemplo de Abraham, recordemos el caso que narra el profeta Daniel de los tres jóvenes lanzados al horno, en donde se dedicaron a cantar himnos alabando a Dios; Pablo y Silas, después de ser azotados y encarcelados también oraban y cantaban himnos a Dios mientras los demás presos escuchaban; y finalmente, el profeta Habacuc, en medio de las dificultades afirma: “...la higuera no volverá a echar brotes, ni habrá más frutos en las viñas, los campos no darán alimento, faltará la oveja en el aprisco, y en los establos no habrá vacas. Mas yo en Yahvéh me regocijaré, me alegraré en Dios mi Salvador” (Hab 3, 18). 

Afirma con gran sabiduría una escritora que quien no ha sufrido tampoco ha vivido, puesto que el sufrimiento es parte de la vida y ningún ser humano puede librarse de él. Sufren los ricos y los pobres, los hombres y las mujeres, los adultos y los jóvenes, los enfermos y los que cuentan con salud, todos. La diferencia la hace la actitud ante las dificultades. Hay dos opciones, lamentarse, desesperarse, perder la esperanza y el deseo de vivir, pelear con la vida y hasta con Dios, o seguir el ejemplo de los tres jóvenes, de Pablo y Silas y del profeta, que en medio de la más dura prueba siguieron confiando en Aquel que todo lo puede y que, como dice el poema de “Huellas en la Arena”, cuando mayor es la dificultad, dispone sus brazos amorosos para acunar en ellos a sus hijos necesitados. Quien opta por esta segunda opción, glorifica a Dios, como Abraham, pues demuestra a todos los que lo rodean, que cree y confía en quien todo lo puede, es fiel y cumple a cabalidad sus promesas. 

4. Reconoce que Dios tiene poder para cumplir lo que promete 

Abraham no es el único personaje bíblico que creyó en que Dios podía cumplir lo prometido, aunque fuera algo en contra de las leyes de la naturaleza humana. Recordemos algunos de estos ejemplos: Rebeca madre de Esaú y Jacob, Raquel madre de José, Ana madre de Samuel, que concibieron en contra de las posibilidades humanas de hacerlo, y el caso de la Virgen María, más extraordinario aún puesto que quedó embarazada sin tener contacto con hombre alguno. Pero su fe en que Dios todo lo puede los hizo aceptar sus designios. 

¿Cuántas promesas hechas por Dios a los hombres de todos los tiempos encontramos en la Biblia? Son innumerables, pero si no las conocemos ¿cómo podremos confiar en que serán cumplidas en nuestra vida? Veamos algunas de ellas: 

Is 41, 10: “No tengas miedo, pues yo estoy contigo; no temas pues yo soy tu Dios. Yo te doy fuerzas, yo te ayudo, yo te sostengo con mi mano victoriosa”. 

Nah 1, 7; “El Señor es bueno con los que en él confían, es un refugio en el día de la angustia…” Eclo 34, 16; “Los ojos del Señor están fijos en los que le aman, él es para ellos protección poderosa, apoyo firme, refugio contra el viento abrazador y el calor del mediodía, defensa para no tropezar, auxilio para no caer…” Después de estas promesas de Dios para nosotros, y muchas más, ¿cómo desanimarnos y perder la esperanza en el momento de la prueba? 

Conclusión

Quien acepta vivir debe aceptar también el dolor, puesto que vida y dolor siempre estarán juntos. Por difíciles y oscuros que sean los días no se puede abandonar la lucha. Con la esperanza puesta en Dios, TODO se puede. El Papa Benedicto XVI en su encíclica Spe Salvi afirma: “Lo que cura al hombre no es esquivar el sufrimiento y huir ante el dolor, sino la capacidad de aceptar la tribulación, madurar en ella y encontrar en ella un sentido mediante la unión con Cristo, que ha sufrido con amor infinito”. 

Para reflexionar

¿En qué o en quién tienes puestas tus esperanzas? ¿En tus fuerzas, en los seres humanos, en la ciencia y el progreso, en el dinero, o en Jesús de Nazaret, el único que todo lo puede? ¿Cómo es tu actitud ante las dificultades? Te angustias y desesperas o al contrario das gloria a Dios y confías en El?