• hambre.jpg
  • limpios.jpg
  • lloran.jpg
  • mansos.jpg
  • misericordiosos.jpg
  • paz.jpg
  • perseguidos.jpg
  • pobres.jpg

FUNDACIÓN HOMBRES Y MUJERES DE FUTURO
TEMA PREDICACIÓN - Mayo 5 / 2021

Vivamos en el Reino de los cielos

(Mt 13, 44-46)
 

Objetivo: Reforzar el concepto de Reino de los cielos para poder hacerlo vida en nuestra vida, para encarnarlo y comenzar a vivir en Él desde ya, aquí y ahora.

Desarrollo:

Jesús se dirigía a los que lo escuchaban con palabras simples, que todos podían entender. También hoy nos habla a través de breves parábolas, que hacen referencia a la vida cotidiana de la gente de aquel tiempo. Lo similar del tesoro escondido en el campo y de la perla de gran valor es que tienen como protagonistas a un pobre campesino y a un rico comerciante. El comerciante está desde siempre en busca de un objeto de valor, que sacie su sed de belleza y da la vuelta al mundo, sin rendirse, en la esperanza de encontrar aquello que está buscando. El otro, el campesino, no se ha alejado nunca de su campo y hace el trabajo de siempre, con los acostumbrados gestos cotidianos. Sin embargo, para ambos el resultado final es el mismo: el descubrimiento de algo precioso, para uno un tesoro, para el otro una perla de gran valor. Ambos están identificados también por un mismo sentimiento: la sorpresa y la alegría de haber encontrado la satisfacción de todo deseo. Finalmente, ambos no dudan en vender todo para adquirir el tesoro que han encontrado. Mediante estas dos parábolas Jesús enseña qué es el reino de los cielos, cómo se encuentra y qué se debe hacer para poseerlo.

¿Qué cosa es el reino de los cielos?

Jesús no se preocupa en explicarlo. Lo enuncia desde el inicio de su Evangelio: «El reino de los cielos está cerca»; también hoy está cerca en medio de nosotros; ¡eh!, sin embargo jamás lo hace ver directamente, sino siempre por reflejo, narrando el actuar de un propietario, de un rey, de diez vírgenes… Prefiere dejarlo intuir, con parábolas y semejanzas, manifestando sobre todo los efectos: el reino de los cielos es capaz de cambiar el mundo, como la levadura oculta en la masa; es pequeño y humilde como un grano de mostaza, que sin embargo se volverá grande como un árbol. Las dos parábolas sobre las cuales queremos reflexionar nos hacen entender que el reino de Dios se hace presente en la persona misma de Jesús. Es Él el tesoro escondido y la perla de gran valor. Se entiende la alegría del campesino y del comerciante: ¡lo han encontrado! Es la alegría de cada uno de nosotros cuando descubrimos la cercanía y la presencia de Jesús en nuestra vida. Una presencia que transforma la existencia y nos abre a las exigencias de los hermanos; una presencia que invita a acoger toda otra presencia, también aquella del extranjero y del inmigrante. Es una presencia acogedora, alegre, fecunda, así es el reino de Dios dentro de nosotros.

¿Cómo encontrar el reino de Dios?

El Reino de los cielos es el gobierno de Dios en la vida de cada uno; de tal manera que, encontrar el Reino de Dios es encontrar a Cristo y dejarse gobernar por Él, entregarle el control de nuestra vida. Cada uno de nosotros tiene un recorrido particular, cada uno de nosotros tiene su camino en la vida. Para alguno el encuentro con Jesús es esperado, deseado, buscado por largo tiempo, como nos es descrito en la parábola del comerciante, que da la vuelta al mundo para encontrar algo de valor. (Mt 13,46) Para otros ocurre de manera improvisada, casi de casualidad, como en la parábola del campesino. (Mt 13,44) Esto nos recuerda que Dios se deja encontrar de todas maneras, porque es Él quien en primer lugar desea encontrarnos y en primer lugar busca encontrarnos: ha venido para ser el “Dios con nosotros”. Y Jesús está en medio de nosotros, hoy está aquí, Él lo ha dicho, yo estoy en medio de ustedes, el Señor está en medio de nosotros. Es Él quien nos busca y se hace encontrar también por quien no lo busca. A veces Él se deja encontrar en lugares insólitos y en tiempos inesperados. Cuando encontramos a Jesús nos quedamos fascinados, conquistados, y es una alegría dejar nuestra acostumbrada manera de vivir, a veces árida y apática, para abrazar el Evangelio, para dejarnos guiar, gobernar por la lógica nueva del amor y del servicio humilde y desinteresado. La palabra de Jesús está en el Evangelio, abrirlo un instante y ver las palabras de Jesús y el reino de Dios viene. El contacto asiduo con la palabra de Jesús es aquel que nos acerca al reino de Dios, al gobierno de Dios en la vida de cada uno.

¿Qué cosa se debe hacer para poseer el reino de Dios?

Sobre esto Jesús es muy claro: no basta el entusiasmo, la alegría del descubrimiento. Es necesario anteponer la perla preciosa del reino a cualquier otro bien terrenal; es necesario poner a Dios en el primer lugar en nuestra vida, preferirlo, ante todo. Dar el primado a Dios significa tener el coraje de decir no al mal, no a la violencia, no a los abusos, para vivir una vida de servicio a los demás y en favor de la legalidad y del bien común. Cuando una persona descubre en Dios, el verdadero tesoro, abandona un estilo de vida egoísta y busca compartir con los demás la caridad que viene de Dios. Quien se deja gobernar por Dios se vuelve amigo de Dios, ama a los hermanos, se compromete en salvaguardar sus vidas y su salud respetando también el ambiente y la naturaleza. Reclama de todos ser servidores de la verdad y de asumir en cada situación el estilo de vida evangélico, que se manifiesta en el don de sí y en la atención por el pobre y el excluido.

Conclusión:

El Reino de Dios, que es el mismo Reino de los cielos lo podemos vivir ya, aquí, ahora mismo si nos dejamos gobernar por Cristo. El Reino de los cielos es de los humildes y los valientes porque solo los humildes y valientes le entregan a Dios su propia voluntad, sus propios intereses para dedicarse a vivir en Su voluntad, en Su paz, en Su amor; porque el Reino de Dios es eso, es abandono en Él, libertad, paz, amor, perdón, misericordia…si nos dedicamos a darle gloria a Dios con nuestra vida. Que cada acto de nuestra vida, cada palabra, cada pensamiento sea gobernado por el Señor para que de verdad le demos gloria a Dios y santifiquemos con nuestras vidas el Nombre poderoso del Padre.

Bibliografía: Extraído de la Homilía del Santo Padre Francisco en Caserta. 26 julio 2014