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Reflexiones

Bienaventurado el corazón dulce del Adorador

Por Luis Fernando Castro, Teólogo PUJ
 
…Dad culto al Señor, Cristo, en vuestros corazones… (1Pedro 3,15)
 
Se busca un verdadero adorador. Recompensa: 1.000.000 de bendiciones por orden del CreadorHay un camino para el adorador que lleva a la verdadera felicidad: el camino de ser bienaventurado, y no el malaventurado. Es decir, el camino a la vida y no a la muerte; el camino de la felicidad y, no a la desgracia; el camino del bien, y no el de estar inclinado al mal, al pecado, a la oscuridad; el camino, la búsqueda y abandono constante en Dios, y no sólo, en los intereses particulares y egoístas del ser humano.
 
El hombre ha sido creado para adorar a Dios, para adorar lo eterno, ya que ha sido creado por Amor y para el Amor. Quien adora a Dios hace de su tierra, de su vida y de su existencia un cielo, una eternidad, una experiencia de relación profunda en el Amor. Y, es ese el mayor culto que el cristiano, el servidor, el adorador puede dar desde su corazón al buen Señor, aún en medio de las persecuciones, del dolor, de la aflicción, o de los problemas que pueden estar tocando a su puerta.
 
Quien se niega a adorar a Dios, es aquel que se postra a los intereses y poderes que ofrece el mundo, y guarda en su corazón basura que con el tiempo sólo le ocasionará cantidad de virus, de enfermedades que harán daño al cuerpo, al alma, y al entorno. He aquí, el reto que debe discernir el corazón adorador de Dios, para apartarse de la rebeldía, de la desobediencia, la agresividad, la violencia, y la indiferencia para rectificar el camino y volver la mirada a lo eterno a lo esencial, a lo que da al ser humano, vida y una vida en abundancia (Jn 10, 10b); y, no quedarse en los objetivos temporales, que si bien son importantes, no son suficientes para alcanzar y dar sentido a la vida, y a la misión que se nos encomienda en nuestra existencia.
 
El hombre busca sólo hacer lo que le conviene, ocasionando destrozos, rompimientos, negando a las personas la felicidad, creando miedos, irritaciones, sentimientos de culpa, bajas autoestimas, insultando, gritando, maltratando, saltándose procesos, reaccionando con indiferencia; no se deja guiar, desintegra, dispersa, reparte, impone, destruye. Un corazón dulce, por el contrario es un corazón que sabe obedecer cueste lo que le cueste, porque el acto y la actitud de obedecer exigen al ser humano, hacer lo que no le gusta hacer, de manera ininterrumpida, y esto desacomoda.
 
La adoración en un corazón dulce pide un encuentro con Dios; una relación que desinstala, desubica y mueve el piso del ser humano porque nos lleva a sentirnos verdaderamente amados, pero, que a su vez, nos impulsa y nos mueve a amar sin medida, actualizando la presencia de Dios con nosotros, en medio de la humanidad.
 
Cuando se entrega y se abandona en lo eterno, nace un corazón dulce que es suave y, a la vez, es firme porque sabe soportar, resistir ante lo adverso y lo difícil que se muestra en momentos el don de la vida. Un corazón dulce que irradia miradas cariñosas, expresa palabras bonitas que animan, hace brotar de su rostro sonrisas que cautivan creando ambientes de vida, de esperanza y de verdadero amor.
 
El corazón dulce del adorador sabe callar y sabe hablar en momentos oportunos y con palabras oportunas. El mundo, tu familia, la sociedad, tu esposo o esposa, tus hijos, necesitan de hombres y de mujeres llenos de vida, de rostros alegres, llenos de paz y de gozo, de ganas de vivir y de dar seguridad a los de su casa. No necesitan de rostros duros, amargados, violentos, cansados y sin vida.
 
Es hora que se levanten hombres y mujeres adoradores, con un corazón dulce que busquen proponer, sugerir y no imponer, sabiendo esperar el momento oportuno de Dios...yo haré que se realice pronto, a su debido tiempo… (Is 60, 22). Es hora de poseer tu corazón, tumbando las murallas de los miedos, de los temores, de las apariencias que sólo harán que actúes ignorando a los demás y pensando sólo en sí mismo.
 
Enfrenta, hoy tu corazón sin golpearlo porque si no lo haces te verás como un extraño y te verán como un extraño porque tal vez vivirás en las sombras en las tinieblas, lejos de la verdadera libertad de los hijos de Dios. Deja caer hoy sobre tu familia, sobre ti mismo, la bendición de Dios a través de las palabras bonitas, de la ternura, de lo dulce de tu corazón llegando a conmover al mismo cielo.

Que el Inmaculado Corazón de María que es modelo de un corazón dulce, adorador de Dios, nos acoja para que a ejemplo de ella, obremos, actuemos y pensemos a la manera del Señor, guiados por la Persona Adorable del Espíritu Santo.