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FUNDACIÓN HOMBRES Y MUJERES DE FUTURO

GUÍA DE PREDICACIÓN - JULIO 24 / 2013

LA OBEDIENCIA, EL SECRETO DE LA FE


Objetivo:
Dar a conocer a la asamblea el verdadero significado de la obediencia cristiana y el precio que debemos pagar por la desobediencia.

Introducción: Dios Padre crea al mundo por su Palabra (cf 2° Cor 4,6) llamando la nada a la existencia (Rom 4,17).  “El creó el mundo y todo lo que encierra” (Ap.  10,6). Esta acción primera la continúa el Señor vivificando a sus criaturas: “en Él vivimos, nos movemos y existimos”  (Hech 17,28). Es por esto que nosotros, sus criaturas debemos obedecerle  y respetar todas las leyes del orden natural.

Desarrollo:

La obediencia, lejos de ser una sujeción que se soporta y una sumisión pasiva, es una libre adhesión al designio de Dios para sus hijos; adhesión que permite al ser humano hacer de su vida “un servicio de Dios” y entrar en su gozo.

La creación toda, fuera del hombre, obedece a Dios y esto lo podemos  ver cuando Jesús calma la tempestad y expulsa los demonios; los vientos, al igual que los demonios le obedecen. Estos gestos de poder provocan en nosotros un cierto asombro de ver al universo entero reconociendo a su Dueño y nos hace prorrumpir en acción de gracias y alabanza.

El libro de Baruc 3,34s nos habla hermosamente del ímpetu gozoso con que las creaturas obedecen y acuden a la voz de Dios: “Brillan los astros en su puesto de guardia llenos de alegría, los llama Él y dicen: ¡aquí estamos y brillan alegres para su hacedor!

El drama de la desobediencia

Esta belleza y este gozo que nos muestran las criaturas cumpliendo  la misión que Dios les asigna en el universo, evoca dolorosamente lo que habría debido ser la obediencia de la humanidad si la rebelión de Adán no se hubiera llevado a cabo.

Adán desobedece y arrastra en su rebelión a todos sus descendientes, sometiéndolo a pagar por ello un alto precio, la ruptura del ser humano con su creador.

Aún así Dios le hace ver y esperar al ser humano lo que puede llegar a hacer la obediencia espontánea mostrándonos lo que la obediencia de su Hijo significó para el Hombre.

El gran secreto

Ese justamente, es el gran secreto para que se cumpla el designio de Dios para el mundo y para la humanidad. Sí, Dios tiene un designio divino y perfecto que realizar, un universo que construir y para esto necesita nuestra colaboración, nuestra adhesión en la fe. La fe entonces no es la obediencia, sino su secreto. La obediencia es el signo y el fruto de la fe. Podremos entonces, medir nuestra fe, no por lo mucho que oremos, o recemos rosarios o por que vamos al grupo o a la comunidad, sino por el grado de obediencia a Dios, a su Palabra, a su voluntad en que vivamos. Esta obediencia, que no es otra cosa que fidelidad a Dios porque hemos hecho un pacto con Él, una alianza amorosa guardando sus preceptos. Ya lo dice Ex 20,6 “Los que me aman y guardan mis mandamientos” Así las cosas esta obediencia no es una sumisión de esclavos, sino un proceso de amor entre el Creador y su creatura, entre el Padre y nosotros sus hijos.

Por la obediencia, es decir, por  la adhesión del ser humano al Evangelio alcanza el hombre a Dios, escapando a la desobediencia original y entra en el misterio de la salvación. La admirable obediencia de Jesucristo es nuestra salvación, toda su vida fue, desde su entrada al mundo hasta su muerte de cruz, obediencia, es decir adhesión al Padre, a su voluntad.

Esta ley comprende también la obediencia a las autoridades humanas legítimas, padres, maestros, etc., reconociendo en todas ellas la autoridad de Dios, (Rom 13,1- 7 / Jn 19,11) como nos lo enseña el mismo Jesús obedeciendo a sus padres y hasta a las autoridades civiles pagando los impuestos, aunque Él estaba libre de esa obligación;  y la mayor muestra de obediencia nos la da a conocer en su pasión al entregarse sin resistir a poderes inhumanos e injustos, haciendo a través de todos estos sufrimientos la experiencia de la obediencia (Heb 5,8)

Conclusión

El gran secreto de la fe, de vivir en ella, en el Camino, es la obediencia.

La obediencia, lejos de ser una sujeción que se soporta y una sumisión pasiva, es una libre adhesión al designio amoroso de Dios para sus hijos, haciendo de ésta un proceso de amor entre el Padre y todo aquél que adhiera a Él.

Nuestra desobediencia no nos afecta a nosotros solos, la desobediencia es un pecado social.

Por la obediencia, es decir, por  la adhesión del ser humano al Evangelio alcanza el hombre a Dios y entra en el misterio de la salvación.

Bibliografía: VOCABULARIO DE TEOLOGÍA BÍBLICA. Xavier León Dufour