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FUNDACIÓN HOMBRES Y MUJERES DE FUTURO
GUÍA DE PREDICACIÓN

Mayo 20 2015

Un profeta sólo en su patria, entre sus parientes y en su casa carece de prestigio.

Evangelio Según San Marcos 6, 1-6

Salió Jesús de allí y vino a su patria, y sus discípulos le siguen. Cuando llegó el sábado se puso a enseñar en la sinagoga. La multitud, al oírle, quedaba maravillada, y decía: « ¿De dónde le viene esto? y ¿qué sabiduría es ésta que le ha sido dada? ¿Y esos milagros hechos por sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María y hermano de Santiago, José, Judas y Simón? ¿Y no están sus hermanas aquí entre nosotros?» Y se escandalizaban a causa de él. Jesús les dijo: «Un profeta sólo en su patria, entre sus parientes y en su casa carece de prestigio». Y no podía hacer allí ningún milagro, a excepción de unos pocos enfermos a quienes curó imponiéndoles las manos. Y se maravilló de su falta de fe. Y recorría los pueblos del contorno enseñando.

Objetivo

Aceptar que cualquier persona de nuestra familia puede ser la elegida del Señor para que entre Su luz a nuestras vidas, a nuestra familia. Mantener los ojos abiertos y los oídos atentos para poder reconocer a ese profeta del que se vale Cristo para salvarnos

Desarrollo

El ambiente que describe el evangelista Marcos en este texto, gira alrededor del culto sinagogal, en un día sábado. Jesús toma la iniciativa de evangelizar a quienes lo conocen desde niño: vino a su patria…Sin embargo, la reacción de sus parientes y asistentes frente al testimonio de la persona de Jesús, en principio parece ser de admiración y de maravilla. Pero, los interrogantes elaborados, hacen ver que los propios paisanos de Jesús son incapaces de reconocer a alguien distinto y se escandalizan de la persona de Jesús. Sus actitudes y palabras no comunican aprecio, sino un acto simplemente despectivo: …éste…, En efecto, en la patria de Jesús, no hay confesiones de fe sino, incertidumbre, rechazo, sordera y ceguera espiritual.

¿Por qué se desprecia y no se admite a un profeta en su propia tierra? La respuesta a luz del evangelio es la falta de fe de la gente, en este caso de los parientes de la persona de Jesús. Cuesta mucho creer en una persona que ha convivido mucho tiempo con nosotros y de un momento a otro llegue a dar lecciones de vida y de esperanza: ¿No es éste el carpintero, el hijo de María y hermano de Santiago, José, Judas y Simón? La gente cercana a Jesús no podía creer en él, se niegan a creer en sus enseñanzas y signos. No se da el paso de fe, y aunque en esta escena no hay peligro de muerte ni de agresión, tampoco se toma en serio la propuesta de Jesús.

¡Qué importante es poder interesarnos por la vida, las enseñanzas, los signos de las personas que tenemos cerca y de hallar el valor que hay en ellas! Pues en lugar de admirarnos, maravillarnos y de ponernos orgullosos de nuestros coterráneos, nos escandalizamos, tal vez porque se guarda envidia, la cual nos distancia de lo que nos puede orientar y ayudar a crecer, madurar en nuestro camino de fe.

No se trata de aplausos ni aceptación solamente, sino de un reconocimiento por la otra persona. ¿Cuánto nos cuesta escuchar al otro y hallar en él un mundo lleno de bendición y de gracia? Recordemos que cada uno de nosotros es un regalo para el otro. No actuemos actuamos con soberbia, creyendo que lo conocemos, fomentando el desprecio, el rechazo.

Sin embargo, la enseñanza de Jesús, es no sucumbir en estos mares o situaciones que, como  profetas están cerca a nuestra historia, en nuestra familia, comunidad y sociedad. Jesús se aprovecha de este rechazo para realizar su misión con un nuevo método, una nueva estrategia, que lo conducirá a ampliar el camino de su misión.

No dejemos que la envidia, la duda, el miedo, nos domine. Abrámonos al caminar del Buen Jesús, teniendo la seguridad de que en este camino se puede llegar a sufrir, caer, pero también levantarse para volver a comenzar. Y, a través de esta nueva etapa alcanzar más de lo que se esperaba. Es decir, aprender a mirar con los ojos de la fe, pues si nos quedamos viendo como quisiéramos verlo, nos invadirá el desánimo y la fe dejaría de ser fe. Confiemos en el Buen Dios, con un corazón humilde y realicemos con amor, honestidad y responsabilidad la misión que él nos ha encomendado en nuestra existencia. ¡Aprovechemos cada día, como una oportunidad de salvación y no dejemos que las enseñanzas de otros se pierdan, pues ellos algo tienen que decirnos para crecer y profundizar en nuestro camino! ¡Vivamos y disfrutemos la vida y el contacto de aprendizaje con las personas cercanas, buscando dar en todo la gloria a Dios!         

Conclusión:

Tal como la experiencia de Jesús, hemos sentido que ser sus testigos y evangelizar en nuestra propia familia es muy difícil, pero es justamente allí a donde el Señor nos pone a dar luz.

Quizá nosotros también hemos caído en el error de rechazar a aquél profeta que el Señor ha enviado a nuestra familia, porque viene precisamente de ella.