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FUNDACION HOMBRES DE FUTURO
Guía de predicación

Noviembre 16 - 2016

SOMOS COMO BARRO EN MANOS DEL ALFARERO

(Jeremías 18, 2-6)

 

Objetivo:

Llevar a las personas a identificar qué es el quebrantamiento y cómo dejarse moldear para tener Nueva Vida en Cristo Resucitado.

Introducción:

“Levántate y baja a la alfarería, que allí mismo te haré oír mis palabras.
Bajé a la alfarería, y resulta que el alfarero estaba haciendo un trabajo al torno.
El cacharro que estaba haciendo se estropeó como barro en manos del alfarero, y éste volvió a empezar, transformándolo en otro cacharro diferente, como mejor le pareció al alfarero.
Entonces me dirigió Yahvé la palabra en estos términos: ¿No puedo hacer yo con vosotros, casa de Israel, lo mismo que este alfarero? —Oráculo de Yahvé—. Lo mismo que el barro en la mano del alfarero, así sois vosotros en mi mano”.

 

¿Qué hace el alfarero?

El alfarero permanece en contacto con el barro, lo toma en sus manos limpiándoles las impurezas, moldea y humedece los terrones duros que impiden que el barro se deje moldear, para hacer la vasija apropiada de acuerdo a la necesidad. Esto mismo hace Jesús con nosotros cuando le permitimos moldearnos: primero nos limpia, nos purifica de nuestro mal camino, de nuestra mala conducta. Él, como buen alfarero, restaura en nosotros su imagen, la que nos dio desde el principio, Gen. 1,27. Dios restaura su imagen en nosotros, que ha sido desdibujada por nuestro pecado.

Somos barro en las manos de Dios, pero no un barro cualquiera; un barro escogido, especialmente un barro amado por Él mismo que nos dio la vida. Por eso no cambia el barro sino que vuelve a amasarlo y comienza una nueva vasija, pero siempre con el mismo barro.

El quebrantamiento

Quebrantarse es dejarse moldear, dejarse quebrar; es tomar conciencia sobre quién es usted, cómo está viviendo su vida, si realmente la está viviendo según el querer de Dios. Es tener la suficiente humildad de decir: Señor, rompe la vasija que soy y hazme de nuevo.

Recordemos el hijo que se rebela con su buen padre y se aleja de Él a vivir como él cree que debe vivir, Lc. 15. El hijo alejado del padre ha perdido su dignidad y lo reconoce, se quebranta. Toma Conciencia de su dignidad de Hijo y emprende el camino de regreso al padre. Allí es amado, esperado, reconocido, se siente hijo. El quebrantado experimenta el amor de Dios.

Quebrantarse es reconocer desde lo profundo del ser que hay Alguien que guía nuestra vida y que las iras, los enojos, las inconformidades, los rencores, los miedos, los odios, los chismes, la crítica destructiva y todo lo malo que se alberga en el interior del corazón y que no nos deja ser recipientes útiles, se convierte ahora por acción del Espíritu  y renueva nuestro corazón. Leer Salmos 32 y 51.

El Hombre o la mujer que se dejan moldear se convierten en vasijas útiles para los mejores servicios.

Jesucristo muerto y resucitado en quien tenemos salvación

Esa transformación de nuestro barro, es, precisamente, pasar de la muerte a la vida con el Resucitado. Jesús, el siervo sufriente de Is. 53,7: “Fue maltratado, se humilló y no abrió la boca, como cordero al degüello era llevado y como oveja que ante los que la trasquilan está muda, tampoco abrió la boca”. Jesús el Siervo sufriente soportó en silencio los insultos, las burlas, los golpes…” “Y POR NUESTRA CAUSA FUE CRUCIFICADO” (Leer los capítulos 14 y 15 de Mc).

Jesús es el camino al Padre, quien es finalmente nuestra meta. Con nuestras fuerzas humanas no podemos cambiar nada en nosotros, ni en nuestra pareja, hijos etc. Por ello Dios se despojó de su Hijo, quien padeció, murió, resucitó y ahora vive en el corazón de cada uno de nosotros, es Dios vivo, habitando en nosotros para hacer posible la transformación de cada uno en otros cristos. Jesús vino a mostrarnos el ser humano que el Padre Dios quiere que seamos todos.

Su pasión y su cruz. Por nuestra salvación

“Toma tu cruz y sígueme”.Tenemos sufrimientos que no podemos superar, dificultades, enfermedades del cuerpo y del alma, algunas crónicas o de largo proceso. Son sufrimientos que debemos colocar en la cruz. Unir nuestros sufrimientos a la cruz de Cristo, crucificarnos con Él y morir con Él para resucitar con Él.

¿Y qué es resucitar con Él? Resucitar con Él es alumbrar nuestra vida con Su luz, que es amor, bondad, misericordia, perdón, paciencia, confianza, esperanza. Creer con absoluta fe que con Él            “somos más que victoriosos… todo lo podemos en cristo que nos fortalece” Rm, 8-31

Rm. 6,10-11: “Su muerte fue un morir al pecado, de una vez para siempre, mas su vida es un vivir para Dios. Así también vosotros, consideraos como muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús.”

Taller:

  1. ¿Qué área de tu vida vas a colocar en las manos del ALFARERO Divino para que te moldee?
  2. ¿Cuál de las Bienaventuranzas aún no has disfrutado porque no te has dejado quebrantar por el Señor?
  3. ¿Cómo entiendes tu resurrección con Cristo y en Cristo?
  4. Haz una oración pidiéndole fortaleza a Cristo crucificado para que te de la fuerza de crucificar con Él aquel pecado que no has podido dejar.