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Reflexiones

Temas que nos invitan a superar las adversidades y a acercarnos más al Padre.

Quiero dar frutos en tu viña

Serie de Talleres "Familia vive tu misión", Obras Misionales Pontificias, Nro. 10
 
Introducción
 
Dios es nuestro Padre, Él nos ha escogido como sus hijos, somos sus elegidos, se ha fijado en cada uno de nosotros, por ello tenemos la vida de Cristo, la vida cristiana.
 
Como elegidos y escogidos como hijos suyos nos envía para que vayamos y demos fruto y fruto  en abundancia y que este fruto permanezca; Poseemos el elemento fundamental para dar fruto: La unión con Cristo.
 
 El fruto que el Padre espera de nosotros es el de las buenas obras, el de la práctica de las virtudes para dar testimonio de aquello en lo que Jesús insiste: “Yo os he elegido a vosotros, y os he destinado para que vayáis y deis fruto” (Juan 15,16).
 

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La gracia de ser intercesor

Por María Adix Marín V.
 
Dios creó al hombre con tres propósitos principales
 
1. Reflejar la naturaleza de Dios
 
Entonces dijo Dios:”Hagamos al ser humano como a nuestra imagen y semejanza” (Gn.1, 26). Esto nos indica que fuimos creados para tener su naturaleza y su carácter moral.
 
Para que el hombre desarrolle la imagen y el carácter de Dios, es indispensable tener comunión intima con El.  Es este uno de los grandes propósitos para lo cual Dios nos creo y así reflejemos, su carácter, amor, bondad, misericordia, santidad, paz, autoridad y poder.
 
2. Plasmar sus planes, propósitos y voluntad en la tierra
 
Dios dota al hombre de características especiales para este fin:
 

¿Para qué me sirve la Fe?

Por: Marina Espinosa de Salgar
 
Este año de la fe que ya casi termina hemos aprendido mucho sobre ella; ha refrescado nuestro conocimiento y nos ha hecho pedir con mucho más fundamento Señor aumenta nuestra fe.
 
Hemos leído durante todo este año muchos de los documentos que tanto el papa emérito Benedicto XVI, como Ss. el papa Francisco han publicado, para afianzarnos en nuestra fe católica y crecer como discípulos misioneros del Resucitado.
 
Todos esos documentos nos han dicho qué es la fe, cómo nace, cómo vivirla, cómo la hacemos crecer, cómo transmitirla, etc.. Pero después de hablar de todo esto en un panel en el que participábamos, especialmente hablando de cómo transmitirles la fe a nuestros hijos, una señora tomó la palabra y dijo que a ella le parecía por su experiencia, que lo que se debía hacer era dar mucho  amor y afecto a nuestros hijos; habló de la seguridad que esto daba a los hijos y de otras cosas más.
 
En ese instante yo pensé: para eso no se necesita fe. La señora tiene razón en que todo ser humano necesita muchísimo amor y afecto en su vida, especialmente en los primeros años, para crecer sano y emocionalmente estable. El “pero” está en que cualquier persona puede amar a su hijo, darle afecto, inculcarle valores y buenas costumbres y no tener fe. En ese momento me surge la pregunta que titula este artículo: ¿De qué me sirve la fe?

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¿Qué es la Familia?

N.R.: Queremos presentar este interesante documento acerca de lo que es la familia, escrito por el padre Jaime Restrepo Saldarriaga, Secretario Adjunto del Episcopado y Director de la Sección de Familia y Movimientos Apostólicos. Confiamos en que este tema nos siga ilustrando en lo relacionado a lo que es la familia y su misión.
 
Familia1. Fundamento antropológico:
 
► Dignidad de la persona humana: Todo intento de definición del hombre debe partir del presupuesto bíblico de que éste es una criatura hecha a imagen y semejanza del Creador, al cual puede conocer y amar, de ahí que la primordial vocación del ser humano es el amor.
 
 
Dios al darle al hombre el aliento de vida, constituyéndolo en imagen suya, lo puso frente a la creación para que la rigiese con sabiduría, buscando glorificar a su Creador. Pero para que el hombre no estuviera solo puso a su lado una compañera con la cual se complementara, siendo éste el primer modelo de comunión de personas.
 

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Aquí estoy en tu divina presencia

Por Nelly Rincón G.
 
Capilla del Santísimo - Hombres y Mujeres de Futuro
 
Aquí estoy en tu divina presencia, Jesús mío, para visitarte.
 
He venido, Señor, porque me has llamado.
 
Tu presencia real en la Sagrada Eucaristía, es el eco de aquellas palabras que nos diriges en el Evangelio: "Vengan a Mí todos los que están cargados con sus miserias y pecados y Yo los aliviaré". Aquí vengo, pues, como enfermo al Médico, para que me sanes; como pecador al Santo, para que me santifiques; y como pobre y mendigo al rico, para que me llenes de tus divinos dones.
 
Creo, Jesús mío, que estas en el Santísimo Sacramento del Altar, tan real y verdaderamente como estabas en Belén, como estabas en la cruz y como estas ahora en el Cielo.
 
Espero en Ti, que eres poderoso y bueno, para santificar mi alma y salvarme.
 
Te amo con todo mi corazón, porque eres la Bondad infinita, digno de ser amado de todas las criaturas del Cielo y de la tierra; y me has amado hasta derramar Tu sangre y dar tu vida en la cruz por mí.
 
¡Dadme luz, Señor! ¡Que yo te vea presente en el Sagrario con los ojos de la fe; y que mi corazón beba hasta saciarse de la fuente del Amor divino que brota de Tu Corazón Sacramentado!
 

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La adoración a través de la danza

Por: María Herminda Morales Wilches (Ministra de Danza)
 
Danza de alabanza
“¡Alabad al Señor con pandero y danza!”
(Salmo 150, 4)
 
La danza como elemento de adoración en las comunidades cristianas.
 
Es propio de la naturaleza humana expresar los sentimientos y pensamientos; el ser humano jamás ha podido ni podrá reprimirse a sí mismo, su cuerpo será el instrumento primordial para expresarse y comunicarse, para manifestar sus necesidades más vitales: de alimento (caza y la recolección), de culto (ritos fúnebres, lluvia, trueno, rayo, salida y ocaso del sol, la luna), de lo social (galanteo, matrimonio, guerra). Estas manifestaciones se van convirtiendo en danzas, incluyendo siempre en ello un carácter colectivo. La procesión en torno a un objeto sagrado o a un árbol es una de las formas de coreografía más antigua.
 

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